30.1.13

MINIMÍSIMA MORALIA


 
 
 
 

 Una desesperación desquiciante: que tu palabra soberana esté impedida, que no te fluya el discurso sino a trompicones, que no puedas manifestar tu energía sino a través de la compacidad distante de un texto.




Lo que me gusta de Baudelaire, lo que me hermana a una sensibilidad como la suya: el hastío ante la persistencia de la imbecilidad, el hartazgo de este mundo obstinado en sus ciclos, repeticiones, limitaciones y pobreterías.




Observar la belleza implica defenderla. Y hay muchas personas que escriben y sienten y valoran la dimensión ético-estética del mundo. Por ello todo ese discurso que denuncia la inexistencia de genios o de grandes escritores y poetas, actualmente, me parece no erróneo, sino falso y mitologizante.




En cada movimiento corpuscular del pensamiento se destejen grumos de suposiciones y se actualizan índices de relaciones.





Cada mirada supone un retoque del paisaje, una especificación del espacio.



La impaciencia esculpe poetas de pensamiento salvaje.




Se puede elegir decir todo acerca del mundo o escoger el silencio. Lo agradecerán, en un caso, los lectores de novelas o ensayos, y los biógrafos de arrobos solitarios, en el otro. No creo que ninguna posición sea mejor que la contraria.




45, 50, 55 años: las edades de la equidistancia.

 


Lo cualitativo no reside en el contenido sino en la forma.

 


Para un africano, por ejemplo, Europa se permite el lujo de hasta estar en crisis.
La crisis sería un atributo más de nuestra épica.





El difuso presente.




Un exceso de evidencias camuflan el misterio de la vida, del mismo modo que un exceso de información sobre un mismo asunto reduce, paradójicamente, el conocimiento sobre ese asunto. 


23.1.13

LUMEN DOMÉSTICA

 
 
Fascinación de Stella ante mi lámpara de papel vegetal
 
El otro día hice algo nada banal: comprarme una lámpara. Las lámparas son el electrodoméstico que más me fascina. Su significación numinosa es evidente: relacionada con la concreción del Conocimiento y los niveles de espiritualidad, la lámpara posee una historia rica en alusiones y leyendas: desde la lámpara de Diógenes, que inspirara acaso al Arcano del Tatot de  El Ermitaño, hasta las lámparas eternales de las vestales, o su presencia en la elaboración del mito de Psique. Resultaría curioso estudiar, teniendo en cuenta todas estas referencias, la mutación de la simbolización actual de las lámparas según su funcionalidades y diseños.
 
 
 
El Arcano de El Ermitaño.
La lámpara aparece suspendida a la izquierda y atravesada por una flecha.
Tarot primitivo de Bolonia.
 
Por ejemplo, está claro para lo que sirven las lámpara de estudio o trabajo. Los flexos producen una luz muy precisa y clara, de extensión media o pequeña, delimitando un espacio de atención de las mismas características. De este modo consiguen la concentración inmediata del lector sobre el texto o la del arquitecto en la ejecución de los trazos sobre el plano.
Las lámparas decorativas o ambientales más que delimitar luminosamente, bañan o tonifican el espacio, lo sumen en una atmósfera de ensoñación y de relax, inducen frecuencias anímicas. Las psicodélicas lámparas de lava juegan a fascinarnos con las evoluciones del ectoplasma encerrado en los esbeltos tarros de vidrio. Las lámparas halógenas nos envuelven en una masa de luz atomizada; ese polvo luminoso nos suspende en una suerte de grata ingravidez y hace surgir los objetos que vemos todos los días,  virginales y serenamente límpidos. La demiurgia de la luz es ésa: la de transformar las cosas y hacérnoslas ver de un modo nuevo y primero. Karl Jasper hablaba de la luz como noción cognoscitiva fundamental en sus estudios sobre la poesía de Hörderlin.
 
 
 
 
 
Las lámparas de diseño son una prueba de la energía domeñada, de la soberanía del hombre , quien a través de la virguería y la fantasía, corona de este modo su conquista del hogar. Nada tan natural como la luz podría producir un abanico tan sofisticado de ámbitos, ya que la lámpara es escuetamente eso, un dosificador de luz.
 
 
 
 
La cabeza plateada del Buda también agradece un baño nuevo de luz
 
 

 

22.1.13

MOSAICO

Seré el inquisidor de lo maravilloso



Africa emerge del río Segura


Melancolía moderna


La fascinación de Humboldt



Es un mal necesario que el conocimiento precise, para su exposición correcta,
hacer abstracción del cuerpo y seccionar, dividir, separar, sajar
lo que no son sino elementos vivos de una unidad.
Pero el término, el destino de esa operación es conjuntar todos los datos
y producir luz.
 

17.1.13

MUSICÁSTICA





Leo una entrevista hecha a Philip Glass. El músico va estrenar, en breve, una ópera sobre Walt Disney en Madrid y otras ciudades de Europa. Glass se muestra felizmente ignorante de la música europea. Felizmente porque esta no ha condicionado su obra. Ahora bien, el minimalismo no es un invento norteamericano: las músicas monódicas medievales, el mismo canto gregoriano, las obras de Pérotin El clave bien temperado o las músicas orientales son indudable y sustancialmente de carácter minimal. El Glass actual, digamos el Glass neoclásico, es sólo un gran músico que vive del retorno domeñado de las consecuciones anteriores. Comparado con el Glass fieramente minimalista de antaño, resulta un tostón, demasiado localizado en un gusto estereotipado. Si el Glass de los setenta y ochenta realiza obras brillantes y encarna, personalmente, al genio musical, el de los noventa hasta ahora es un autor que ha sacralizado su estilo: conversión de la elocuencia anterior en tempo cadencioso y en juegos de tonalidad agradecidos pero poco sorpresivos. Lo que en la madurez-vejez hace Glass es reciclar lo que ya ha compuesto pero en soportes orquestales y ampulosos. Sus sinfonías me parecen, ahora sí, monótonas: les falta el ritmo y la electrónica que ha suprimido y que era lo que precisamente irrigaba sus obras anteriores con un dinamismo espléndido. De todos modos, Glass, que ha supuesto lo espectacular y lo excesivo, es siempre un excelente músico y quizá pueda darnos sorpresas, aunque en el formato ópera, dudo que ofrezca algo realmente distinto de lo que últimamente compone.



Después de 35 minutos de canto georgiano, (de la ex-república soviética de Georgia), Pérez de Arteaga pide excusas al exquisito publico de Radio Clásica. Al parecer, la bella música coral georgiana es sólo un vocerío salvaje porque resulta ligeramente infrecuente para el oído occidental. Pero esto es dudoso. El Canto de la Pasión, que se escucha por las calles oriolanas días antes de Semana Santa tiene un aire que recuerda los cantos georgianos, del mismo modo que músicas vocales del sur de Italia, especialmente Sicilia, ofrecen la misma semejanza.



El mundo de Disney es, según la clasificación de mundos posibles de Umberto Eco, alotópico, es decir, encantadoramente tontorrón. De ese modo no será, sin embargo, utópico, y mucho menos ucrónico, lo cual dificulta que ofrezca visos de ser metatópico.  
 
 
Dickens, en uno de los relatos de sus viajes a Italia, cuenta que un cochero italiano hablaba rápidamente. ¿Se refería con ello a que el idioma italiano le daba la impresión de pronunciarse velozmente, o a que aquel individuo, en cuestión, se expresaba, en efecto,  sorpresivamente rápido? Debe ser una mitomanía personal, pero se me hace difícil imaginar a alguien hablando rápidamente en en el siglo XIX.              

16.1.13

POR EL ESPACIO


 
 
 

Lo teatral de la imagen, es decir, su ostensible falsedad o artificialidad, curiosamente, la hace más extraña, cuasi numinosa. Lo artificial cobra un estatus de irrealidad. Lo que comparten las películas de serie B con películas de terror mudas, es precisamente, esa irrealidad onírica que crean sus escenarios de cartón piedra.

 



Aquí se corta, absurdamente,  la superficie lunar.  

 
 
Teletransportemos nuestros cuerpos con un solo movimiento



Pero... mira, Joe, aquí hay un rastro del monstruo.



 
 
 

9.1.13




 
CONSTRUIR AL ENEMIGO
                                                                       Umberto Eco

Es un lujo de la modernidad presentar el multifenómeno de la cultura a través de variopintos batiburrillos de temas y motivos tan diversos y heterogéneos como libremente relacionables entre sí. No sabríamos decir si, finalmente, la multiplicidad temática se resuelve en la unidad macrocósmica, unidad que interpretaríamos como signo de pertenencia de lo multiforme a una cultura que se regocija en la multidireccionalidad de sus andaduras y competencias.
Umberto Eco tiene la virtud de ser claro y transparente con asuntos de densidad considerable. Su docta dosificación de los motivos que trata, suele facilitar la lectura y la comprensión de los mismos. Esa familiaridad con lo diverso y lo complejo alimenta su obra literaria y se refleja amenamente en sus ensayos.
El presente volumen reúne una serie de conferencias, formato que no es óbice para que la variedad de lecturas de Eco surta el efecto de presentarnos el tema lo suficientemente ilustrado y aludido.

En la conferencia que abre el libro y le da título, Construir al enemigo, Umberto Eco refiere, a través de citas históricas y literarias, que toda civilización precisa, finalmente, de un enemigo para definir su propia identidad. Más exactamente, el enemigo – el extranjero, el inmigrante, el bárbaro - es el componente que cierra, por contraste, el concepto que la sociedad en cuestión pretende tener de sí misma.

En Lo absoluto y lo relativo, yo destacaría el rebate que hace Eco del famoso ¿apotegma, aforismo, advertencia? de Nietzsche:: "no hay hechos morales sino interpretaciones morales de los hechos." La aceptación lógica de lo que tal pensamiento supone nos llevaría, finalmente al absurdo y a la negación del pensamiento y de la persona del mismísimo Nietzsche. Siempre he pensado que el sacrificio del sacerdote polaco Kolbe, quien se entregó para morir en las cámaras de gas, en lugar de otra persona que se salvó de este modo, supone un hecho moral como una casa.

Eco vuelve a sus lecturas juveniles y sorprende (gratamente) su reivindicación de Hugo. El atractivo de este autor radica precisamente en los defectos que su obra acusa, denostados por la crítica durante décadas y décadas: retoricismo, exceso verbal, ampulosidad. Esto recuerda por qué nos gusta el cine de serie B: precisamente porque es así de malo y previsible. A Eco le gusta el efecto Hugo, inmarcesible e inagotable, quizá porque lo disfrutó en la adolescencia y de ese modo, ya se ha vuelto eterno. Pero el gusto o el interés por Victor Hugo no radica en el mero placer de la repetición de su descubrimiento. Eco, como hábil semiólogo, piensa que el estilo visionario de Hugo estaba diseñado para el probable lector del futuro.

En su conferencia sobre el fuego, dice brillantemente: “El fuego nos recuerda la primera inhibición universal (no hay que tocarlo), convirtiéndose de este modo en epifanía de la ley."

En Astronomías Imaginarias, Eco combate ciertos estereotipos: la Edad Media tuvo una astronomía propia y supo, que la tierra era redonda. Además, fue en la Antigüedad donde se gestó la idea revolucionaria de los mundos infinitos.

Wikilealks ha supuesto la reversibilidad de la monitorización que el poder ha mantenido siempre sobre la ciudadanía. Ahora es a través de los mismos medios con que somos vigilados como el poder puede ser hostigado. Circularidad del control. 

3.1.13

DIARIO FILIFORME







Necesitaba decirlo. Las horas me alejan cada vez más de salpicarme con mis propias precipitaciones aurorales. Sentencio cada minuto con el suspiro que respira mi dispersión. Soy mi cáscara, el envoltorio de un signo sin lector. Las oclusiones exhiben un pentagrama de notas sordas. Implosiono, soy fantasma de mi presencia.  Hoy fue ayer. Conozco el juego de espejos del tiempo. Acaso el otoño consiga adelantar la caída estruendosa de un par de hojas. Me recojo en el instante que me descodifica en series de copos blandos. Me desintegro para convertirme en nube de ocaso, reflejo fugitivo de soles agonizantes, ristra polvorienta en los ojos de Ayax.



Sólo ahora estoy conmigo, para desembarazarme en las volutas posteriores del sueño. Agito palas de caucho para espantar  murciélagos translúcidos, repito el número de las losetas desprendidas con lentitud vertiginosa.



En paramentos de cuarzo, el día vuelve a velar las horas como concisas imantaciones de vacío que desconciertan toda épica tentativa de repetir los primeros besos.



La jornada es una arborescencia de  horas y alfabetos. Sólo la salva la respiración brillante de una estrella convaleciente. Al borde de cada abismo, una quimera piensa el sino de las otras quimeras y de los pasillos bifurcados. En cada gota de agua cabe un castillo levitando boca abajo.



Nada es tan definitivo que no acabe convertido en estremecido banderín de un acontecimiento sumido en otro más complejo.
 
 
 
 
 
 
 

Sidéreas permisiones determinan la pureza de cada triángulo. Si la noche volviera la cabeza, vería todas esas tapias deslizarse hacia un futuro casi cómico. Nada se estanca en una definición antojadiza. Es precisamente ese movimiento súbito lo que desplaza los grandes bloques de mercurio y la presión de los bastidores, tensando el ala defenestrada. Me permito firmar esta disolución de intervenciones. 



La concordancia de masas en evolución discontinua confirma la temblorosa lucidez de un pensamiento surtido de azar y molecularización de la percepción. Cuanto más confuso advierto el devenir del universo, más próximo estoy de definir el chasquido de sus engranajes y la sorpresiva resolución de sus productos.


Tras cada brote erótico, la escritura escupe un poema como consigna expresa de la materialización del Deseo deseante.



En la secular retorta del minuto diario en que los universos arden como uno solo, el porcentaje de transmutaciones imperceptibles que determinan el avanze del día es similar al número de moléculas microscópicas de arena que el caracol marino expulsa en cada aliento burbujeante. Cuantificaciones silenciosas articulan migraciones de savias en dobles hemisferios giratorios. El Sentido guarece mil alusiones compartimentadas en sintaxis radiales.



Horadar la cumbre en horizontal. Los sortilegios son un haz de pétalos desprendidos.



En cada desfibramiento crepuscular, rotan universos infinitésimos. Quien lee hace constar esta fábula de lo real acontecido. Las montañas son mitológicas y la hierba, el coro de las almas elegidas.