19.6.14

DISCRETAS VISLUMBRES DE RESURRECCIÓN



 
Cuenta Claude Monet que visitando, en una ocasión, el Museo del Prado, y dejándose atravesar por las rutilantes obras de Tiziano, Rafael, Velázquez, no pudo remediar echarse a llorar. Exactamente lo mismo le ocurrió a un amigo mío, pintor también, Cayetano Gómez, cuando hace unos años, visitaba el museo D´Orsay. Se encontraba recorriendo las salas del museo, junto con su mujer, y en un momento dado, viéndose rodeado de las obras juntas de tantos genios de la pintura, no pudo remediar el ponerse a llorar de la emoción.

Creo que en ambos casos, tanto mi amigo como el famoso impresionista, lloraron de alegría.
Monet reflexionaba sobre la duración de las pinturas, sobre cuántos años un óleo podría mostrase lozano y exhibir de ese modo su belleza. Al comprobar el flexible estado en que se encontraban las mejores piezas del Prado, creyó que el tiempo podía ser vencido, se llenó de esperanza y lloró, estremecido.

Mi amigo, viendo ante sus ojos reunidas las grandes obras de los maestros que tanto había adorado durante años en los libros, sintió, como un flechazo, que el paraíso se hacía posible delante de sí; le abordó la luminosa esperanza y lloró igual de estremecido que su ilustre colega hace un siglo.   

Las dos historias aluden de modo muy especial a la noción de lugar. ¿En qué lugar, en que punto del universo se encuentran las obras pictóricas que forman parte de la memoria de la humanidad? De pronto, ese lugar se encarna en uno concreto, en un museo. ¿Cómo llamar a esa aparición?

En ambos casos, la repentina presencia, tranquilamente flamígera pero emocionante, de las pinturas, como una multitud serena y llena de belleza ¿no recuerda metafóricamente a lo que no podríamos llamar de otro modo que resurrección?

17.6.14

GALERÍA

 
 
La mascota surrealista de las mercancías inútiles:
los bovinos también producen plástico




 
Paisaje no apaisado


Trampantojo
  


Fuera de catálogo

 
 

Cuasi perspectiva




La chulería de Mercurio
 
 
 

Ideal
 
 

Ayer y hoy




Dos amigas


Cortejo y titubeo
 
 

Zuuum

Casi El Bosco

trans -lúcidamente


Gabinete

10.6.14

DIETARIO







El año pasado me perdí una buena foto por no llevar la cámara conmigo. En la playa del Postiguet, en Alicante, en medio del montón de cuerpos tomando el sol, una mujer árabe sentada en la arena, quieta, sin moverse un ápice, cubierta de arriba a abajo, permanecía de esta guisa frente al mar, como hipnotizada. Al verla, me eché a reír. Francamente, aquello o era un chiste o una provocación.  El contraste era espectacular. La foto podría haberse titulado: la disidente.
 
 
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Las ideas pueden exponerse, comunicarse. Las mentalidades suelen apalancarse.
 
 
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Cómo me fastidia que esta entrada mañana sea una "entrada antigua". Cierto es que el tiempo discurre de modo distinto entre las galaxias que entre la vida cotidiana. Nada más melancólico que leer la prensa de ayer. 
 
 
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Hace un par de años abrieron una tienda esotérica en Orihuela. Tuvieron el atrevimiento, creo yo que por ignorancia, de colocarla en la calle más tradicional de la ciudad  y su comercio, en la calle peatonal por antonomasia. Entre las tiendas que toda la vida han estado vendiendo ropa y  zapatos, generalmente, se encuentra esta que ofrece un género no ya infrecuente o extraño, sino extraterrestre: libros de alquimia y espiritismo, péndulos, piedras mágicas, barajas de cartas, bolas de cristal, etcétera. Al fondo, tras unas espesas cortinas negras, se realizan consultas personales, de tarot sobre todo. La dueña, una chica muy campechana y resuelta, me asegura que ni el lugar ni la crisis, han afectado negativamente a su negocio. Al revés. "Te sorprenderías, me dice, de la cantidad de gente que viene a que le echen las cartas, las mujeres que necesitan que les haga un apaño para asegurar su matrimonio, o, incluso, las que me piden, directamente, un mal de ojo contra una vecina que les está molestando. Viene gente también de fuera, de las pedanías y de la huerta". Bueno, me digo, la función del esoterismo está en satisfacer este tipo de demandas; función  que no se basa sino en la fuerza de su puro simbolismo. Lo que menos importa es si, objetivamente, funciona o no. Lo que importa es lo que yo crea o imagine. Umberto Eco ya dijo que lo hermético no tenía otra misión que afirmar la existencia de lo hermético.
 
 
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El universo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra postura: o, recuperando entusiasmos, nos implicamos en la resolución de cualquiera de estas cuestiones, por interés, por competencia, por proximidad; o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.
 

5.6.14

MUNDO AFORÍSTICO



Tres libros sobre la mesa y tres autores bien distintos  Ángel Gabilondo, Rafael Barrett y Karmelo Iribarren -   lanzando sus agudos dardos desde la misma lengua.



 
 

El más singular de los tres aforistas es Rafael Barrett, autor que los lectores y el mundo editorial español  acaban de descubrir, como quien dice, pero que murió, ni más ni menos, que en 1910. Barrett, es uno de esos ejemplos de intelectuales que obligan a plantearnos – de nuevo – quiénes son los protagonistas de nuestra historia cultural reciente y que confirman que la requisitoria de personajes brillantes,  marginados por las circunstancias, no ha cerrado todavía  sus sorpresivas listas.
El pensamiento de Barrett es agudo, atrevido, políticamente comprometido, valiente como la vida que llevó, y atravesado de eléctricos ramalazos de un anarquismo soberano. En Barrett el saber no es meramente ilustración sino que supone un grado de asunción moral. Vinculado a la aristocracia, la metamorfosis interior que se produce en Barrett se cifra en su interés por las desigualdades sociales y en su crítica abierta a la violencia que ejerce el estado. La figura, la historia y la obra de Barrett sorprenden y es un feliz término que se vaya recuperando su obra.

Un poeta ha de ocultar sus miserias civiles

Napoleón amaba la guerra sin odiar a nadie

Lo violento es estéril





 

En su diario aforístico, Karmelo Iribarren sabe muy bien explotar la imagen de sí mismo como errante personaje urbano, visitador melancólico de parques y bares, amante de los viajes en tren y de los encendidos atardeceres playeros.
Sus aforismos  acordonan un campo semántico muy concreto, en el que convive la observación estética y la crítica social.
Una atmósfera existencialista se desprende de sus anotaciones ( esa K del título sugiere la clave kafkiana en la lectura de los días). Son los aforismos de un poeta que hace balance del tiempo que pasa y sus armas contra ello son la agudeza y el humor. Aunque el aforismo puede cultivarse como un género literario más, aquí funciona también  como la acida confesión de un hombre maduro.

 En las memorias de los escritores las ausencias suelen ser venganzas.

Los muy feos tienen algo de héroes

Entre lo posible y lo probable a veces está lo mejor de la vida

 



 

Ángel Gabilondo, que fue uno de nuestros ministros de cultura más imperceptibles,  es el autor de los aforismos recogidos bajo el nombre de Por si acaso. Máximas y mínimas. Sus aforismos son auténticas mínimas, como explicita el subtítulo de la selección, a lo sumo son dos líneas o línea y media. Este tamaño le basta a Gabilondo para sorprendernos constantemente con reveladoras apreciaciones de esos nudos invisibles que se forman en las relaciones humanas y  en nuestra común cotidianidad. Como suele ocurrir, en lo más llano se encuentra lo más abrupto, del mismo modo que, por inercia o por común acuerdo,  lo supuestamente evidente es lo que más trabajo nos cuesta detectar o denunciar.

A veces nos asusta coincidir

Si nunca reímos juntos, más vale sacar conclusiones

No es frecuente reconocer a quienes se conoce demasiado

Una de sus mínimas máximas justifica el arte del aforismo:

Decir puede ser una forma irremplazable de pensar