31.7.14

DON FERNANDO PIÑEIRO EN EL CARIBE


 
 
 

Si la literatura nos dice la verdad sobre las cosas y como dice Jodorowsky, navegar por la genealogía familiar nos facilita desentrañar la porción de enigma que nos corresponde y que viaja a través de cada uno de nuestros parientes como un código secreto, creo que puedo permitirme interrogar esta imagen de mi bisabuelo aunque sólo sea para hacer recuento de contrastes y ensoñaciones.
Esta foto de Fernando Piñeiro Piñeiro, mi bisabuelo,  con indumentaria colonial, data de 1877, y es la más secular y civil de las que poseo de él. En el resto de fotografías, aparece siempre con uniforme y pose grave. Mi bisabuelo fue militar y su graduación máxima, poco antes de su muerte, fue la de teniente coronel. Es el padre del padre de mi padre y nació en Forja de Viñes, en Lugo.

Observando la imagen, pienso en lo engañosa que puede ser la fotografía. Diríase que parece un colono, un indiano, que un buen día, alejándose de su finca de cañas de azúcar, se le ocurriera hacerse una foto bien elegante; sin embargo, la estadía de mi bisabuelo en Cuba no fue precisamente tranquila.
Estuvo destinado allí para reprimir revueltas independentistas, en un clima de guerra abierta entre Cuba y España. Fue capturado y hecho prisionero. En un sobre encerrado en otro sobre, poseo los bigotes y barbas que se afeitó tras ser liberado, y en el que con un lápiz que ha resistido bastante bien el paso de los años, escribió : barba que me corté al salir de prisión de guerra el 17 de marzo de 1878, desde el 14 de marzo de 1872 al citado 17 de marzo de 1878 en que fuimos cangeados.  El participio que cierra la inscripción no es una errata mía ni un error de mi bisabuelo. Produce cierta extrañeza leer algo escrito por un pariente con una ortografía distinta a la actual pero admisible en su momento.
El baile de fechas también resulta extraño, ya que según el año que figura en la foto, el retrato se lo hizo estando prisionero, lo que resulta algo chocante, pero no imposible. Mi bisabuelo acabó su carrera militar arrendando tierras en Orihuela y pasando los veranos en Torrevieja, tras haber residido en Madrid, Barcelona, Valencia, algún punto del sur de Francia y la Habana. Una crónica local lo definió como "pundonoroso". Murió en 1916.

Examino su vida y me veo tan claramente en las antípodas- él un hombre de acción, figura épica de la memoria familiar – que siento cierta vergüenza, esa vergüenza que sentía Borges comparando vida militar y vida literaria.

También compruebo algo interesante: esa cosa a veces tan fastidiosa e ineludible que es la historia no se configura por sí sola: su articulación depende de la contribución de personas reales que ejecutaron hechos reales cada vez más complejos y extensivos. Mi bisabuelo es parte indiscutible -  molecular, casual -  de ese período algo áspero que fue nuestro siglo XIX. 
Recientemente escuchaba yo un programa de radio en el que hablaban de los carlistas y de que la ciudad de Estella se había convertido en el eje de la resistencia de ese movimiento. La ciudad fue finalmente tomada por Manuel Primo de Ribera y mi bisabuelo, isabelino siempre, estuvo allí, tal y como lo documenta su historial militar.
   

Observando la foto, no puedo evitar sumergirme en ensoñaciones coloniales: imagino sabores y espacios blandos; el color blanco de la chaqueta me hace pensar en el jugo de coco y en la luz del Caribe; veo a mi bisabuelo tan indiscutiblemente insertado en el (su) tiempo, tan inapelable y para mí, tan poéticamente engastado en las cadenas del tiempo…
Sin dejar de vislumbrar aquella cantidad hechizada que Lezama Lima definiera como la pulsión cubana, la génesis de un país en devenir, imagino una isla blanca flotando en un piélago blanco, una isla que danza quieta sobre la espuma, la isla como el confín donde vivir la dicha sobre arenas blancas.       

   








  

29.7.14

 
 
 
 
HAY
Guillaume Apollinaire
 


Lo dijo Octavio Paz en una ocasión y efectivamente, a mí siempre me lo ha parecido: Apollinaire es un poeta misterioso, y no por lo que hiciera o dejara de hacer sino por el fascinador enclave temporal en el que se nos aparece; por ser lúcido y jovial testigo del mundo que devenía, poco antes de que este estallara completamente y la estética, la política y la sociedad cambiaran de modo definitivo la faz de Europa.

¿A qué época pertenece, realmente, Apollinaire? podríamos preguntarnos. Vaticinó la modernidad, puso nombre a uno de los movimientos estéticos más notables del siglo XX (surrealismo) sin conocer lo que, en realidad, iba a suponer; se movió siempre con gente de vanguardia, y al mismo tiempo nos parece un barón de la belle époque, un personaje que posa para postales con su nueva novia. Estos aspectos aparecen también reflejados en su poesía: una elegía ribeteada de humor y giros sorprendentes. En Apollinaire la audacia en la imagen se da con una inocencia reveladora: nos muestra la autenticidad del poeta y los nuevos tramos que se iban despejando en el protagonismo de la imaginación literaria. Obras como Alcoholes o El poeta asesinado, son ejemplos de estos cursos postsimbolistas del lenguaje.

Sus poemas son como estampas fugaces, fotografías de un mundo que acaba de nacer y que ya ha dejado de existir. ¿Qué espacio le corresponde a Apollinaire? El tiempo es precisamente lo que lo afantasma por un lado y lo precisa, notoriamente, por otro.

Este volumen titulado con la libertad habitual de Apollinaire, HAY, recoge poemas no publicados hasta ahora, según afirman los prologuistas, aunque yo juraría que alguno de ellos sí aparecieron en la edición de Obras completas del autor que sacó en su momento Ríonuevo.

     

 

24.7.14

TRACTATUS PRISMATICUS: EL DESBOZAMIENTO DE LA BROZA






 

La broza no es basura natural. Es el terciopelo denso y calcáreo resultante de las sustancias en tránsito de conversión biológica. Todo regresa al polvo del origen.

 

El que la broza pueda ser dispersada por el viento, no determina previamente la dirección en que tal broza pueda ser desbrozada. Por ello, el objeto de estudio podría ser la gravitación pura de la broza y sus consecuencias.

 

La intensidad del viento puede obrar una circunferencia de dispersión mayor o menor, según los accidentes del terreno, y por lo tanto, hablar de una forma de la dispersión, resulta inviable.

 

El que “la broza se desbroce” es un riesgo tautológico que debemos sortear a la hora de  describir el efecto del viento real sobre la broza física.

 

A propósito de lo anterior, tengamos en cuenta que la mecánica del viento es susceptible de sintetizare en una poética de los efectos y de las configuraciones accidentales.

 

 La broza podría ser considerada como el punto seminal de otros brotes de broza o similares que la naturaleza produce en terrenos y climas diversos o más propicios.

 

Esta circunstancia multiplica el examen fenomenológico, pero no supone el engrosamiento de los sistemas de investigación ni de las jerarquías. La broza es broza en cualquier punto del planeta, hay un hermanamiento botánico de fibras y bacterias que considerándolas, reduce las diferencias a unas características comunes.

 

El que la broza se tornasole en otoño excusa el motivo poético, pero no determina una filiación mórbida o evocadora al fenómeno de la lenta putrefacción de las masas de las hojas que forman la broza. El motivo poético llena de significado un fenómeno natural, invisibilizando el fenómeno en sí con la madeja verbal, con la imagen poética. El motivo poético ya es sustancia suficiente. La broza es además de ello inmortal, pues ya está muerta.

 

La broza es el conjunto de ramas y hojas víctima de la inercial carga del tiempo. El tiempo suma sus microedades en la formación de los estratos del humus. El tiempo se hace una almohada con la broza de los siglos. El confinamiento residual de la broza, supone, sin embargo,  la confirmación de un concepto: su estatus negativo.

 

Es posible que la broza sueñe con las brozas flotantes de otras fibras y del polvo estelar. De ser así, esto debe  tener una reciprocidad en esa broza célica errante, pues de lo contrario quedaría en buena parte anulada la configuración del destino universal en la unidad de los contrarios. 

 

 


16.7.14

GALERÍA MARINA II


Masas de agua que parecen humo, paredes de estrías que caen
 


 
¿Estamos en la tierra o en el espacio exterior?
 
 


Dunas del desierto azul 







15.7.14

GALERÍA MARINA


 
El barco



El barco flota sobre el mar, deslizándose por encima de la valla en forma de xilófono. 




El barco no se cae. 



El barco sigue sin caerse 

10.7.14

JORNADA EN EL PARQUE


Casi.... 



 

Ramaje fosfórico 

 
 

El verbo poético en la umbría
 
 


Antediluviano 

 
 

¡Huy! 




Aquí irrumpe mi bella presencia 
 
 


Tentáculos 




La membrana de la cúspide




El dios tutelar 




Mi navío invisible 
 
 
 

Muchas caricias 
 

8.7.14

SUPRESIÓN DE PERSPECTIVA


 
En esta imagen se ha producido, azarosamente, un acoplamiento de horizontalidades que borra la perspectiva. Si nos fijamos, podemos darnos cuenta de que entre la cabeza de la chica y el personaje de verde, hay una sola horizontalidad, lo que convierte al lejano merodeador en un micro-hombre, en un personaje fantástico dispuesto a dirigirle la palabra a la chica
gigante.  
 
 


 
Si la chica levantara la cabeza, vería un hombrecito de unos pocos centímetros sobre la barandilla.  El efecto, debido a la supresión de la perspectiva, podemos visionarlo mejor si dejamos que nuestra mirada se incline hacia la cabeza de la chica, percibiendo al hombrecillo de verde con el rabillo del ojo.

2.7.14

SEMIOSFERA






En grandes paneles se proyecta la ruta de las galaxias, y debajo, en pantallas menores, fulguran tiras ardidas de alfabetos mezclados en un flujo estallante. Se inician las nupcias de la arqueología del instante y de la espeleología teológica. Las sumas universales reposan solemnes en las vidrieras de los taxidermistas, rodeadas del ruido de la creación, pero esas sumas y otras enciclopedias, acaban por integrarse al murmullo general como proyecciones singulares de saberes tangibles. Ondas de radio, éter exfoliado, demiurgos ebrios repartiendo bandas de definiciones y espectros. El caos está ordenado, sin embargo. Incluso el rugido de la bestia está convenientemente codificado.

Todo se integra en una sola órbita y esa órbita es la del arte, la ciencia y la naturaleza inventando el universo que escupe todas las definiciones que pretendan descifrarlo sobre panoplias giratorias. Las definiciones totalizantes nos abruman, pero ya nuestro mundo sólo adopta esta forma totalizante. Lo pensado se afiebra en distancias moleculares. Mi pensamiento hace ruido y pronto parirá su libro prescindible y encantador. Ahora bien, los científicos de Minesotta no paran de hacer descubrimientos sobre la vida sexual del topo del desierto e incluirán irremediablemente su programa genético como condicionante en la redacción de nuevos decálogos.

Esta órbita es el fin sin fin, esta órbita de clamor y gloria difusa es también un principio. La abrumadora cantidad de signos, de universos, de bibliotecas, iglesias y discursos, confluyen en el ábside de este falansterio de los compartimentos estancos del conocimiento que navega quieto sobre el pie de arena rebosando de su propio afianzamiento. El acontecimiento no dispersa el conocimiento, revela una naturaleza del ser distinta al estatismo del saber enciclopédico. Pero también el grito está registrado, y los grados de angustia que nos dicen bajo qué fisuras del afecto se hiere el costado la bestia humana. El mundo y sus pulsiones secretas son objeto del conocimiento, de todo hay un discurso dispuesto a mezclarse con otros de otras disciplinas para dar una versión prismática de ese objeto y describir-crear la gramática de esas pulsiones. Y ese objeto es una ameba, el sfumatto renacentista, la perpendicular de la pirámide… 

No se trata de anular paradigmas sino de combinar dinámicamente  las adecuaciones cognoscitivas de lo semiotizado con el horizonte de los  retornos vitales de la cosa.