30.10.14

EL PATIO DE LA POESÍA.


No es fácil describir las sensaciones que se experimentan cuando un disciplinado grupo de cinco personas, lee tus versos ante el público. Literal y milagrosamente, dejan de ser meramente tuyos tales versos, y la voz que pudiera corresponderte, se metamorfosea en algo mayor, en algo que ni el propio creador podría imaginar: reconoces tu escritura pero trascendida en un sonido majestuoso, insólito.
Esto es lo que ocurrió ayer, en el recital que el grupo de teatro Expresión, dirigido por Manuela García y Atanasio Die, realizó en la Casa Museo Miguel Hernández de mi poemario Profano Demiurgo.

Al escucharme a través de otros, de veras emocionado, pensaba que con las palabras no se juega, que si escribes, y sobre todo, poesía, la elección de las palabras es decisiva y fundamental; que si añades un poema al mundo, aunque utilices todos los recursos retóricos existentes, ese poema debe acotar un estremecimiento; que el universo al que aluda, justifique su propio emprendimiento verbal.     

Desde aquí, de nuevo mi agradecimiento al equipo de Atanasio y Manuela y a la iniciativa de la Cátedra Loaces por estos encuentros en lugar tan especial para la poesía.  

 





 

 

23.10.14

SOBRE EL AMOR: LA LLAMA DOBLE



 
 
 
Fijémonos en los finales trepidantes de los ensayos largos de Octavio Paz, (no lo olvidemos, los ensayos de un poeta) : tras una abundante información que el autor articula sabiamente, sintetizando con brillantez grandes períodos del espíritu en un par de párrafos, conforme se aproxima al final de su siempre ilustrativa exposición,  se inicia la coda final, la fuga y variaciones del tema del que ha estado hablando, se suceden los enunciados poéticos, la información se metamorfosea en imágenes y la continuidad de la prosa se deshace en flecos imaginativos, totalmente alusivos.

En el final de La llama doble, he percibido en Paz, dentro de su habitual integración prismática del objeto reflexionado,  cierta cautela. Sin dejarse llevar por euforias que le harían perder demasiado pronto el hilo de un enfoque mesurado y lúcido, Paz se mantiene en su sitio, vigía de transformaciones y sacudidas, y  su percepción final del amor, que es el tema central de este libro,  no ubica dicha pasión en los confines de un paraíso borroso ni la desplaza a mundos ultraterrenos en donde perderla de vista, sino que la observa confundida con el tiempo, y, simultáneamente, haciéndolo reverberar y franqueándolo en la proyección de la plenitud, el deseo realizado.  Aunque final y paradójicamente, el amor no deje de ser, latido de tiempo, vida que se eleva y refulge, transformada y renovada.

Paz es un poeta intelectual. Quizá de ahí venga el que, descartados el grito o la confianza en la sentimentalidad exclusiva, piense que lo equitativo se corresponda más justamente con una imagen del amor plenamente contextualizada, es decir, en liza con las condiciones del vivir y en continua y fugaz trascendencia de las mismas. El amor actúa aquí y ahora. La elevación y el gozo, son frecuencias sublimadas de tiempo, intensidades que son más que intensidades: vitalidad suma.

Tenía pendiente desde hace tiempo este libro de Paz, y lo he leído con el deseo de que el inteligente aliado, que el poeta mejicano fue, del surrealismo, movimiento que me parecía la vanguardia para encarnar la harmonía salvaje del mundo moderno, me comunicara algo nuevo, distinto, esperanzador, sobre el tema.

En este sentido, creo que podemos reducir a un par de cosas capitales lo que Octavio Paz afirma sobre el amor en este ensayo. 

Una de ellas es el papel subversivo que ha supuesto el amor en la historia de Occidente. A través del amor cortés, en principio,  y después, a través del romanticismo, el amor ha traspasado fronteras, sociedades, ideologías y religiones, mostrándonos parpadeos del paraíso, confirmando las conexiones insólitas y vibrantes de la vida y convirtiéndose en garante, en símbolo de un persistir más allá de todo ineludible límite y convencionalismo.

El amor no asegura la felicidad eterna, pero se convierte en visor privilegiado de esos momentos en que fulgura la vida y en los que podemos creernos inmortales, en sintonía con un cosmos no hostil.

Mucho se ha escrito en nuestra época sobre el sexo, sobre las enfermedades del mismo, sobre sus perversiones y modalidades; menos sobre el papel del amor y la dimensión de su significación actual. Independientemente de que multifraccionemos el átomo, de que descubramos más planetas y galaxias y sembremos la tierra de herramientas y máquinas, el gran misterio seguimos siendo nosotros mismos. Ligado a todo ello, se interroga Paz hacia el final del libro, sobre  la orfandad de almas en el mundo contemporáneo y lo que esto ha supuesto para la infelicidad de las sociedades. En el mundo actual, a pesar del abanico de derechos y ventajas, la persona es un número más, una cifra anónima en medio del flujo económico y funcionarial. El estalinismo, por ejemplo,  desposeyó a la gente de un alma a través de las operaciones masivas de ingeniería social. Para el poeta, el mal es bien perceptible: un mundo sin alma acaba siendo un mundo sin significado.

A través de la historia de la literatura y del pensamiento, Paz, serena y fluidamente, no deja escapar los aspectos más importantes que el amor ha ofrecido para las distintas sociedades y ofrece en nuestra vidas: “la historia del amor es inseparable de la historia de la libertad de la mujer”.

Señala algo misterioso y que obsesionó a Breton: cómo y porqué se produce el amor entre dos personas. Paz recuerda la accidentalidad de la que puede surgir el amor, y ratifica que sin libertad entre ambos amantes, el amor es indiscernible. El amor no es el contrato que fue en otras épocas: se resuelve en un afiebrado y recíproco ir de una persona a la otra. En ese contacto de dos corrientes pueden salir chispazos de rechazo y lucha, pero, mezclados a ello, brotes de vida verdadera y de entusiasmo máximo.



Hechicerías de la escritura y atolondramientos de la lectura: he dicho que hacia el final de su ensayo, Paz se muestra inclininado a mezclar el amor con la vida, antes que divinizarlo, y colocarlo, sin más, por encima. En realidad, el amor es una exaltación de la vida; es, en ese momento, la vida misma. En párrafos interiores del libro, Paz es casi más rapsódico que al final, indicando la génesis de las excelencias que el amor propicia como expresiones indescriptibles de la felicidad.

 

 

13.10.14

LOS OTROS AFORISMOS DEL AFORISTA







Sólo podría adherirme a esta o a aquella teoría por gusto estético, por el placer formal, no por sus pretensiones. Lo que postula la teoría puede justificarse o entenderse, en el mejor de los casos, como literatura.  
 
 
Una pirámide es una montaña geometrizada del mismo modo que la espiral reproduce la frondosidad interna de una rosa.
 
 
A algunos, la verdad les ilumina tanto que les ciega…
 




Todas las teorías que intentan explicar el origen del mundo, del universo, etcétera, son tanto brillantes como arriesgados aportes al juego de las fascinaciones reflexivas.
 
 
Hay una especie de nihilismo idiotizante que por pura inercia pretende despojar de significados al mundo porque sí.
 
El olor adusto de algunos libros…
 
 
Toda teoría es una explicación parcial del universo, aunque esa parcialidad pueda ser vertiginosa.
 
 
Tras el primer paso de identificación de los signos de que se componen las cosas o las relacionan- semiótica- vendrá la siguiente fase de identificación final, lo que todo ello significa, humana, filosófica, estéticamente – la hermenéutica-.
 


 
 
Buscar significados en las cosas es otro modo de buscar almas por el mundo.
 
 
Que lo que conocemos no se limite a las herramientas a través de las cuales conocemos.
 
 
En un día sin horas aparecerá la música y se producirá la resurrección.

8.10.14

LA HORA DE LA MISERICORDIA


Las tres de la tarde: la hora de la divina misericordia. Me fascina este motivo católico que acabo de descubrir. Al parecer tiene su origen en una de las apariciones de Jesús a Santa Faustina Kobalska, a quien exhortó rezar a esa hora, con la intención de que pensara, precisamente, en la misericordia (es decir, en la Misericordia) como argumento de confianza para la salvación.
 
 
 
 
 
La elección estratégica de esa hora como momento de conexión divina  no deja de ser algo chocante y curioso. A la hora en que unos se disponen a comer, otros a tomar un café ante la inminente sobremesa, o bien a amodorrarse frente al televisor, a una santa se le comunica en exclusiva y extraterrenalmente que es en ese preciso momento de inadvertencia y relax, cuando la conexión súbita con Dios es posible.  Pero, ¿son las tres de la tarde el instante óptimo para el devaneo trascendente, para el sobrecogimiento íntimo?

Personalmente desde que me enteré de la sacralidad fugitiva de las tres de la tarde, y a propósito de las bondades mediterráneas de la luz y el clima, me abandono, antes de hincarle el diente a las rebosantes viandas , a una invocación voluptuosa de la generosidad circundante de la vida, pensando que el paraíso no hace sino insinuarse cada día en esta tierra nuestra. Por ello, haciéndome eco de tan singular propiciación horaria, de hoy en adelante, las tres de la tarde es el centro, el eje efímero del universo. 





























Ahora bien, para el genio nórdico, las tres de la tarde y las horas inmediatas que le preceden, son el lugar de lo espectral. Jensen, el autor de la famosa Gradiva, la primera novela en ser víctima del escrutinio psicoanalítico, ubica alrededor del mediodía, las apariciones fantasmales que obsesionarán al protagonista de su narración. El autor escoge esta hora porque un lugar soleado en pleno mediodía y desierto es doblemente desolador.
 
 



Por otro lado, para el demasiado inteligente y suicida Otto Weinninger, la soleada hora del mediodía es, también, la hora de los espectros. La razón simple pero algo inquietante es que bajo los contundentes rayos del sol,  no hay escapatoria: asistimos a una siniestra modalidad de justicia divina. La luz total implica algo oscuro, contradictorio. Si el fulgor celeste quema nuestra piel y nos destruye, ¿cómo  se encarnarán nuestras almas en la Luz?  
 
 
 
 
 
 
 





Foto del azul del cielo


 
¿Podríamos imaginar una conjunción teológico-poética de ambas concepciones – la hora luminosa del mediodía como hora espectral y las tres de la tarde como hora divina – que solucionara la antítesis, la diferencia tan grave de significado? Es posible.
 
Entiendo la desolación de los austríacos. Una calle o una plaza solitarias, huérfanas de gente y de peatones pero inundadas de luz, tienen algo de secretamente apocalíptico, de final de mundo sin gloria. La luz debiera convocar a las gentes y a la vida. Yo mismo en mis excursiones fotográficas he experimentado esta desolación bajo la luz más generosa. El que lo espectral se produzca a plena luz, significaba para Weininger algo así como una traición divina, el gesto más desconcertante de la creación. Pero quizá haya aquí un punto de exageración dramática porque quizás no sea, precisamente, en el espacio exterior donde debamos ubicar el desenvolvimiento final del alma. La luz espectral de horas tan solares como el mediodía o las tres de la tarde, son percepciones de temperamentos nórdicos e hiperestésicos, que quizás creyeron vencer una mitología risueña del Sur, al cruzar, anecdóticamente, una calle solitaria en Pompeya a las doce en punto del día.


Qué hubieran pensado los grávidos germánicos  de las reflexiones poemáticas de un Macedonio Fernández sobre el valor simbólico excepcional de la Siesta, así, con mayúsculas. La siesta es para el gurú errante Macedonio, la hora de entrada del panteísmo universal. El imperio de la luz a la hora de la siesta despeja tranquilamente el horizonte de pesanteces teológicas y de dualismos en cansinas refriegas dialécticas. La siesta inaugura sin pompa ni circunstancia ni otras violencias originarias, el Pensar. A la hora de la siesta todo se desliza lejos de mitologías fundantes, de jerarquías y de  presunciones ontológicas.

Los sustanciosos pensamientos de Macedonio, ¿apoyan, rechazan, ratifican la idea de las tres de la tarde como hora propicia a la beatitud, a la contemplación? Quizá si el mismísimo Jesús aconsejó a Santa Faustina Kobalska que propagara la idea de reparar en la misericordia divina a una hora tan relajada como las tres de la tarde es porque de ese inadvertido y relajado modo habitaremos y llegaremos al paraíso.           
 

2.10.14

LAS ENRAMADAS DEL LOGOS. LEZAMA LIMA




 

Alguna vez soñé con un autor en cuya obra convergiera, como un prisma fascinante, la musa barroca y simbolista. Todavía estoy sacudiendo la cabeza, sin acabar de creerme que tal autor es superado por alguien sorpresivamente real: Lezama Lima.

En lo que se refiere a la producción de ensayos escritos por poetas, este libro, que recoge una frondosa selección de los ensayos largos de Lezama, sería para mí el ideal entre todos, la Suma Poética por excelencia.

Una Suma, en el fondo, arbitraria, pues como digo, es una antología de textos y no una obra concreta, pero cuyas incursiones trazan tan densa urdimbre de conexiones que la unidad temática surte como efecto del propio movimiento de las invocaciones iluminadoras.

Me abstengo de emprender minuciosa reseña o comentario extasiado, para no resultar redundante. Las mañas, las reacciones del propio Hacedor, se hacen visibles a través de las sedes de la naturaleza, del verbo y de la historia. Lezama señala estas derivaciones, la lógica de las fulguraciones, con una palabra que zigzaguea, comprendiendo trayectos luminosos, definiendo laberintos.

Ya hablé en otro punto de este libro-red (blog) sobre mi perplejidad acerca de la tímida gloria que disfruta el autor por estos lares. Los lectores lo respetan, saben que es uno de los más grandes autores en lengua castellana, y que tiene ese puesto primero en la historia literaria, pero no parecen haberlo disfrutado de veras como sí ha sucedido con Borges o Cortázar, por ejemplo. Su presencia se agita ante la masa de los lectores potenciales como esa asignatura pendiente que no acaba de expedirse.

Lezama, más que crear una teoría poética que se reduzca a doctrina y produzca adeptos, resume funcionamientos arquetípicos, explica, a la luz de los desenvolvimientos modernos de la poesía y el lenguaje, qué mecanismo es el que a través de las conjunciones temporales de la vivencia y la asistencia metafórica, funda la imagen. Lezama expone lo que sucede en la retorta demiúrgica de la creación, sin olvidar que, finalmente,  el papel del azar consiste en permitir la convergencia de los elementos que intervienen en el proceso poético.

La tensión entre la causalidad y lo incondicionado deja un testigo de las fuerzas en liza: el poema. En la lectura de la obra de Lezama, resulta preferible ir dosificando observaciones, filtrar el detalle suntuoso de la  reflexión tentacular, ratificar fascinaciones, pues un solo dato ya implica a la integridad pululante y magnética que se reúne en la definición de la imagen.

Se me dirá,  que la poética de Lezama es sólo una entre otras. Sí, claro,  pero sólo el descuido más sospechoso puede obviar la aventura sacral y diamantina de su escritura en el ámbito de las literaturas escritas en español.

Casi diría que, por fin, alguien se atreve a escribir utilizando la imaginación de un modo contundente y selecto, justificando desde tales capacidades la descripción de los mundos y poéticas, sintetizando en bellas formulaciones, la densa historia de las evoluciones del verbo.

Estos son los ensayos de un poeta, por lo que nos encontramos con obras maestras de prosa y pensamiento, resúmenes de los albores de un decir y de los mundos que le corresponden.

Lezama es riqueza, y su lectura hace emerger riqueza. Por ello, yo, como lector moderno, enfrentado a las miserias de la crisis económica, a las confusiones actuales de la poesía y a los desquiciamientos con los que los poderes pretenden robotizarnos a través de la información, no puedo sino defender este libro y celebrar como un bien precioso la obra de Lezama.  

(Las piezas que recoge este volumen, editado en Barcelona en 1971, son un rosario de meteoros: Las imágenes posibles, Exámenes, Introducción a un sistema poético, La dignidad de la poesía, Preludio a las eras imaginarias, La imagen histórica, A partir de la poesía, Introducción a los vasos órficos, Las eras imaginarias: los egipcios, Las eras imaginarias: la biblioteca como dragón, Confluencias)