19.8.15

NOTAS SEUDOLÚCIDAS


 
 
 
 
 
 
 
Incidencias atómicas definen cuerpos soberbios.





Una relación simple es la base de estructuraciones complejas. 






Hay imágenes que fascinan y desconciertan al mismo tiempo. Por ejemplo esas miniaturas medievales, tan encantadoras y de trazo infantiloide, donde se escenifica una batalla y se observan las cabezas decapitadas de los soldados que exhiben una leve sonrisa.




Mientras siga pensando, seguiré afirmando mi cuerpo en el tiempo y en el espacio, aunque lo divise con dificultad o, incluso, cuando no lo vea.
 
 
 
 
 
Mi confín: ahora: la hora voluptuosa que habito.
 

 
 

El pensamiento  deposita sus alumbramientos en copiosos índices secretos: los libros que retornarán con cada lectura.

 

 
 
 

12.8.15

POBRE TELEVISIÓN







Rafael Sánchez Ferlosio, en uno de los “pecios” de su último libro, Campo de retamas, se dirige a la televisión como “ese miserable electrodoméstico”.

 

A propósito de Ferlosio: el escritor accedió a aparecer en un estudio de televisión y fue en un programa dirigido por Sánchez Dragó, quien tras mil súplicas, logró convencerlo. Que yo sepa, esta ha sido la única vez en que se ha podido ver a Ferlosio en directo.

 

El papa actual, hizo una promesa en 1990 y desde entonces no ha visto la televisión.

 
 
 
 

Ferlosio fue a la televisión, como hemos dicho, una vez. Agustín García Calvo no fue jamás. Era una cuestión de estrategia. Si hubiera ido a la televisión, el discurso del “régimen”, como él llamaba al estado socio-político actual, lo hubiera atrapado a través de su propia imagen, y a partir de ahí, hubiese sido muy difícil deslindarse del juego de los estereotipos y los prejuicios, es decir, de la manipulación. Creo que fue coherente y que hizo muy bien.  

 







Ya lo he referido en este blog, pero lo recuerdo por lo novedoso que resulta: uno de los mayores historiadores de religiones del siglo XX,  narrador y ensayista, Mircea Eliade, tras su primer encuentro con un televisor, escribe en su diario que los tres cuartos de hora que le había dedicado al nuevo aparato, no habían supuesto para su conocimiento sobre el mundo ningún avance que valiera la pena recordar. 
 





En el convento Santa Ana del Monte, de Jumilla, en que ingresé como postulante, en 1981, no había televisión. Durante casi un año y medio de convivencia en la comunidad, la televisión no existió. Sólo recibíamos el periódico.    



 

Por la radio, me entero de que una población española de sólo unas docenas de habitantes, las parejas más jóvenes ha decidido prescindir de la televisión. Después de cenar, se sientan a la puerta de su casa a charlar (tal y como hacía mi madre de pequeña).
 
 
 
 
 
 

5.8.15

TEST INFINITÉSIMO (SURREALISMO RESPIRADO)


 




¿Qué le consuela, estimado amigo?
 
Como una vez confesó Mallarmé, el batir de las espigas bajo el sol, al borde de los caminos.
 
 
 
¿En qué consiste, entonces, la solución política?
 
En que los descendientes de Adán acaricien el costado de los descendientes de Eva y en que estos, inviten a aquellos a dar un paseo por los polos.
 
¿Cuál es la regularidad cósmica?
 
La del átomo de aire alrededor de mi habitación
 
¿Pero el aire se traga?
Sí, pero se expulsa en cómodas unidades químicas de aliento real.
 
¿Cómo se aman las mujeres?
A través de ecos densos absolutamente giratorios
 
¿Cómo cruzaría el desierto?
En una piragua de cristal
 
¿Ha muerto usted alguna vez?
Sí, cada vez que ingreso en el lecho del sueño.
 
¿Por qué, a veces, hay tantas nubes en el cielo?
Porque alguien las piensa y se producen
 
¿Hay algo notorio en la historia?
La cantidad de gente de la que no sabremos nada
 
¿Qué ha descubierto usted?
Que hay perfumes desolados y arenques subrepticios en los marcos de las ventanas
 
 
 
Una definición de poeta
Secreto arrendatario de prismas.
 
El título de su último libro
Condensaciones erráticas
 
 
 
¿Cómo constataría una teoría científica?
Sólo soy una supuración ectoplasmática de mi cerebro. Pero el sueño poético supone ectoplasmas, teorías y abismos concretos en un suspiro lúcido. Después, vienen los análisis.
 
 
 
¿Entonces?
Soy un mensaje dentro de una botella arrojada a un mar en constante tormenta.
 
¿Esconde usted algún defecto?
De vez en cuando estoy por apoyar pequeñas catástrofes.
 
¿Por qué no triunfa el amor?
La mediocridad y la pereza son muy comunes en las tapias vecinales
 
¿Algo que recordar?
Los hechos no opinan: acontecen.
 



 

1.8.15

VEJACIONES SONORAS. Vexations, de Erik Satie



 

Erik Satie compone alrededor de 1893 una pieza para piano consistente en una breve frase musical de 18 notas que se repite más de 800 veces. Parece ser que la compuso tras un rechazo amoroso, lo que la convertiría en una suerte de secreta auto- expurgación sentimental.

La pieza tiene una duración variable- desde unos minutos de curiosa exhibición, hasta las varias horas de catarsis posible tanto para el ejecutante como para los oyentes – según expectativas y contextos.

Existen versiones grabadas y remezclas varias, disponibles en la red; más difícilmente en otros circuitos.

Personalmente he realizado una audición de dos horas, y las sensaciones durante y tras la escucha, pueden ser contradictorias.
En un momento dado te das cuenta de que la música se repite descarada e interminablemente y piensas que estás siendo víctima de una broma, de un experimento. Luego tal repetición se camufla en la limitada variedad de sus notas,  - limitada pero incontable - y pierdes de vista el inicio y el final de la frase que calmosa e inmisericordemente se repite y que pretendías rastrear con la intención de desenmascarar la farsa.

Pero no, la supuesta farsa mezcla términos y tenues desarrollos en una vibración dolorida que parece  diluirse para, imperceptiblemente, reaparecer una y otra vez, esfumándose de nuevo. Principio y fin de la frase de que consta la pieza diluyen, mezclan, y confunden sus inmateriales extensiones, convirtiendo la ínfima pieza en un prodigioso e inaparente anillo de Moebius sonoro, que es imposible modificar o trasladar.


 
 

Vexations es como un punto fijo que reverberase continuamente sin trascender realmente su ubicación en el espacio-tiempo. Esta es su función cuyo título revela: hacerte recordar lánguida e infinitamente el pequeño lugar que ocupa tu existencia y el carácter anodino de tu aventura infinitesimal en tal lugar.  
Tras haber escuchado durante una hora la música, es precisamente la dimensión tiempo la que se ve afectada, la que te avisa de que algo está ocurriendo aunque, cuando te repongas brevemente y seas consciente del desarrollo puntual de la música,  parezca lo contrario. La sensación es paradójica, pues el transcurso del tiempo deja en la percepción una huella que deviene fantasmal: ha pasado una hora y la música está comenzando, al tiempo que pronto va a concluir.  

Hay una significación masoquista más que sugerida en el epígrafe de la obra. Ya sabemos que a Satie se le ocurrió la obra en el transcurso de un desengaño amoroso. En esta sentido, creyendo haber definido la causa de la génesis de esta pieza insólita, uno se imagina a Satie autoflagelándose interminablemente, castigando, por extensión, a toda alma existente, con su llanto, con su prisión anímica, con su máquina de producir suaves delirios que es VEXATIONS.


 

Vexations es violenta por el afantasmamiento a que, finalmente, reduce al oyente.
No es nada, y su duración es incalculable. Esta continuamente empezando y ya ha acabado. La incidencia que narra es relativamente ilusoria. En tanto el tiempo de audición sea mayor y uno se convenza de la imposibilidad de saber qué nos dice la melodía, el oyente se dará cuenta del grado de encantamiento a que está sometido. Porque escuchar Vexations es algo parecido a pasar una prueba: comprobar la fantasmidad de la temporalidad con la condición de no poder reamente abolirla, de naufragar en el umbral mismo donde se diluyen las hebras de tiempo.
Toda obra artística que rebase sus marcos formales, que cuestione, incluso, la naturaleza y límite de su propio género, se convierte en un hito negativo espectacular, en un fenómeno, en algo de carácter extraordinario. Por ello Vexations me hace recordar, por ejemplo,  la obra de Mallarmé, aquellos versos dispersos por el espacio vacío de la hoja de Un golpe de dados; o bien, algunas obras de Goya – esa cabeza de perro absurdo asomándose por el rincón de un piélago de nada amarilla; o también aquellas apocalípticas obras sinfónicas que el ruso Scriabin compuso poco antes del estallido de la revolución rusa, y cuya interpretación imaginaba en la India, durando semanas de concierto y de danzas.  

Este tipo de obras quizás no sean, humanísticamente entendidas, “grandes” obras, pero resultan extraordinarias al ensayar una trascendencia del concepto convencional de obra, abriendo una sutura entre obra y recepción, sutura que supondría la totalización artística, la no distinción entre arte y realidad.