28.7.16


 
 

 



REVELACIÓN DE ESTÍO

 
Ante el mar la memoria se hace liviana,

y el cuerpo, tranquilamente,

reina sobre el tiempo.

 
Vetas de luz secuencian la hora,

En que despliego mi cortejo

Y clausuro el periplo de los besos.


Tenernos y sondearnos blandamente

y divisar un mismo horizonte,

esa blancura que nos lleva,

como discreta melodía

que la brisa destrenzara en torno a las sienes:

 la órbita total que trazamos mirándonos.
 

Eso somos

sobre los confines de arena,

frente al sol que fulge paramentos y cimas:

una plenitud soberana

remontando los naufragios de invierno.


18.7.16


Sumido en la rabia por el atentado en Niza, escribí, me salió esto el sábado por la noche.




AVISO A LOS SANGRIENTOS

A vosotros, a los que vivís de la muerte de otros,

A los que os creéis invencibles,

Os digo que he visto una filmación

En la que filas y filas de presos nazis

Temblaban al paso de la cámara que los filmaba,

Dándose una pierna contra la otra,

Temblando como hojas,

Muertos de frío en una tierra

En la que habían despreciado el poder de la nieve y el hielo,

Ellos, que eran los hiperbóreos.

A vosotros, abstrusos y criminales,

Os digo que he visto a un terrorista islámico

Preso en manos de los kurdos,

Sentado en una silla como un niño aplicado,

Mirando al suelo, obedeciendo a sus captores,

Temiendo recibir una bofetada humillante

O un grito que le atravesara las venas.

El famoso grito alá akbar ya no se oía,

La consigna siniestra  

Se le había secado en la garganta.

El terrible terrorista ahí estaba,

Como un fardo de paños sucios,

Inofensivo, nulo, convertido en nadie,

En nada,

un niño podría tumbarlo de una patada.

 

Por ello os aviso,

A todo aquel cuyo orgasmo es matar, 

a todo aquel cuyo éxtasis es disponer de la vida de los demás,

os aviso que llegará un día en el que se volverán las tornas,

y que seréis vosotros los que, entonces, suplicaréis piedad,

llegará ese día, que puede ser hoy, mañana, dentro de lustros,

llegará el día en que seréis derrotados,

aniquilados,

y entonces comprenderéis qué inenarrable miseria

es la que os ha engendrado.

12.7.16

OBSERVATIONS


 


 


Están los poetas y los que se dedican a escribir poemas.

 

Por mucho que se rompan la cabeza ciertos cineastas reivindicativos, la incursión en las circunstancias de un amor homosexual  sólo será una curiosidad más o menos morbosa para una sensibilidad no homosexual.  La relación de Romeo con Romeo no da el relato que sí da la relación de Romeo con Julieta. En la relación entre Romeo y Julieta hay diferencia real no sólo de cuerpos sino de caracteres, fantasías, y energías; hay incluso una oposición que se convertirá en convulsiva y luminosa convergencia final. La relación heterosexual entre ese Romeo y Julieta hipotéticos es de tal calibre que podremos extraer de ella una ejemplaridad vital; mientras que la aventuras de un Romeo con otro Romeo, por muy pasionales que puedan ser, no trascenderán un relato cerrado sobre sí, monosémico porque, a fin de cuentas, se reduce a la relaciones de lo mismo con lo mismo.

   

Cada vez que me he enamorado, todo lo que he escuchado sobre las relaciones entre hombre y mujer, todas las historietas sobre sexo vistas en películas, todos los chistes y leyendas, chascarrillos y estereotipos, todas esa literatura, toda esa basura, ha volado por los aires fulminado por una sola y virginal realidad: la que constituye mi amor.  

 

Estoy leyendo una obra de García Bacca sobre Parménides y Mallarmé, y dos libros de viajes al mismo destino - Roma, Italia - de Castelar y Henry James. Considerar o calcular cuál resulta más importante o profundo, incluso, resulta, finalmente, banal y poco interesante. El gozo de la lectura de estos libro no compite entre sí, aunque sí debo admitir que es más fácil, más inmediatamente grato dejarse llevar por las obras de viajes, es decir, por el despliegue sensorial de impresiones y fascinaciones temporales, que por la exposición precisa y rígida de la teoría. En un caso se analiza un objeto vivo, móvil, repleto de reflejos y conexiones vivas, y en el otro es la intensidad erótica del examen conceptual lo que identifica el placer lector. En el primer caso el texto se hace flexuoso, se impregna de lo que habla, paisajes, personas, colores, y en el otro, es la propia capacidad del pensamiento la que informa un texto sobre lo que este revela y define.   

 

La gran historia, la historia de los acontecimientos, la historia dramática y excelsa del siglo XX está escrita en las mejores sinfonías de los grandes autores. No me estoy refiriendo a Shostakovich y compañía, por ejemplo, sino a esos otros compositores que por una suerte de azar mimetizante, han quedado relegados a un penumbroso segundo lugar. Escucho en este momento a Charles Koechlin y su música me parece de una calidad que no se corresponde con ese puesto secundario que le ha tocado en suerte. Percibo esos matices, esas espesuras, esa intemperie sentimental que suena a aire de familia y nos hace recordar que el mito salvaje del siglo XX se encuentra singularmente cifrado en en estas soberbias músicas.

 
 
 

6.7.16

BREVE RECUERDO de EMIR AHMED TALMAHAN, O BIEN, LO QUE ES CASI LO MISMO, TRINO TRIVES






Encontrarme por un azar, en la red con unos cuantos fotogramas de Trino Trives ha sido como una revelación, un fogonazo de lo que hasta ese momento sólo era vida sospechada, leyenda, suposición, virtualidad, cosa ya acontecida  o referencia remota. Sabía que Trino había sido director de teatro y traductor. Su faceta de actor no la conocí sino hasta hace muy poco: ante la ausencia de otro tipo de información, ha sido, tras un rastreamiento  minucioso en la red, como he podido dar con su nombre en el elenco de actores que trabajó con regularidad a las órdenes de Jesús Franco. En alguna de estas páginas web se puede visionar alguna de estas películas, eso sí, tras haberse apuntado, dado todo tipo de información, datos personales, numero del D.N.I y horarios de visita al cuarto de baño,  persuadiendo de este modo que la gente no lo haga, como me ha ocurrido a mí. Por lo tanto dejaremos para una próxima ocasión ver a Trino en plena acción.

Reconozco que me te tientan la morbideces de la melancolía y estas imágenes de Trino, tras darme una agradable sorpresa y tras interpretarlas como un mensaje del tiempo – Trino no murió sino que está ahí, en ese trance del interpretar – también me han sumido en una morbosa ensoñación de carácter retrospectivo: las veces que me lo encontraba por la calle , lo que me contaba sobre las personas relevantes que había conocido, su posibilidad frustrada de ser director del Teatro Nacional en Madrid, sus anécdotas con Ionesco en casa de Ionesco, su trabajo en Sudamérica, sus tempranas lecturas de Artaud, sus colaboraciones con la revista Empireuma….

Con Trino, sobre todo en los últimos y fortuitos encuentros, sentía lo mismo: su “curiosa capacidad de movimiento espacial”. Residía en Orihuela, pero ignoraba la vida provinciana, no era de aquí, considerarlo un oriolano más por verlo transitar por la rúa era un error. Aquel caballero de aspecto distinguido y claro que hacía cola en Mercadona era el introductor en el mundo de habla hispana de la obra de Samuel Beckett. Aquel paseante anónimo que tomaba un tren de cercanías para ir a Murcia a ver películas de estreno cuando en Orihuela habían desaparecido los cines, había dirigido a alguna de las actrices más importantes del escenario español.

No hay contraste alguno entre el Trino que se paraba a hablar conmigo en algún punto de la glorieta sobre cómo Azaña hizo una visita secreta a Orihuela buscando la consulta de un prestigioso oftalmólogo, o de la vulnerabilidad de la cultura ante el poder político, y el Trino que veo facialmente transmutado en estas imágenes. Yo lo traté con gran placer y naturalidad en la prosa de los días corrientes; el Trino de las imágenes fílmicas es, simplemente,  el Trino consecuente con su arte, un Trino trascendido, digamos, con respecto al Trino común y visible, y cuyo recuerdo, desde luego, me produce admiración, una admiración que en las póstumas evocaciones del amigo  me satisface ratificar.

Luego hay que contar con esas casualidades que parecen sincronizar términos de realidad: casado con la prima de Juan Benet, escritor que se casaría con Blanca Andreu, la fulgurante poetisa y  chagalliana niña de provincias oriolana; agradecimientos a un tío abuelo mío por ser la única persona desde Orihuela que le escribía dándole ánimos cuando en los años cincuenta emprendió el camino artístico a París, recuerdos juveniles de mi madre cuando alguna vez salieron en pandilla…  

Nunca vi a Trino en acción, la gestualidad, la tensión que muestran los fotogramas jamás los vi en él. Quiero decir que las apariencias pueden a veces ocultarnos las excelencias de la persona que vemos con cierta regularidad, que lo insólito y la belleza son posibles si sorteamos esa barrera frágil pero obstinada de la cotidianidad.  

Nunca dialogué con el malvado personaje de una trama policial ni traté con el sacerdote de una extraña religión de otros tiempos, pero me siento orgulloso, secretamente gratificado de haber conocido y hablado con placer con la persona que interpretó tales personajes,  alguien que perteneció al metamórfico mundo de la ficción fílmica y la verdad representada del teatro.