miércoles, 14 de abril de 2021

POEMA



SECUENCIAS

 

La copa del árbol,

súbitamente, se eleva,

sostiene el margen celeste.

Es el difuso límite

de dos cielos.

 

La copa flota como una nube.

Bajo su verdor horizontal

el tronco se desliza

como serpiente mitológica

y penetra en la esponja terrestre.

 

En torno al perímetro del árbol

se extiende

el aire redondo,

hornacina de implosiones,

rosa invisible.

 

**

 

 

Muerdo la hora

y la sustancia del tiempo

hace brillar mis sienes.

Soy de pronto

una estatua que,

sin embargo,

titubea entre los nimbos,  

producto

del atrevimiento del sueño.

 

**

  

En el ángulo más insensible,

soy,

pálpito no infundado.

La lluvia

me hace recordar

ese grato fluctuar

en la sombra.

Entonces, soy la hojarasca del tiempo,

la herrumbre de un pensamiento milenario:

yo, que me obstino en morir

bajo tanta luz

sin conseguirlo.

 

**

 

 Me refugio en la sombra

pero soy luz.

Ahora lo sé, de nuevo,

cuando las horas han mirado

mi abandono

y los rayos del sol

han reconocido

el brillo propio

de mis pupilas.

Retorno

con esa melodía

en la que identifico genealogías y océanos.

 

**

 

Lo vegetal acuña mitologías blandas

y milenarias.

Todavía arrastro mi nombre

bajo las lianas petrificados del atardecer.

Me venció la molicie de un morir melancólico,

pero debo encarnarme en mí

si deseo doblegar

las heridas del presente.

 

**

 

Comprendo el sueño de las violetas,

la desazón de los helechos.

No me encarno

en ninguna demiurgia gnóstica:

me trasciendo,

ahora

que me reconozco

y el día me lleva.

 

**

 

Imagino la raíz del árbol

articulándose

entre los gránulos

y las vetas profundas.

Las raíces

son como una mano hambrienta

que no traza brechas

sino para inseminar

a los soles de la noche,

esos cuerpos que

danzan al final de las savias. 

lunes, 12 de abril de 2021

TEMPERAMENTOS FILOSÓFICOS PETER SLOTERDIJK



Peter Sloterdijk es el intelectual más destacado de Alemania. Este libro recoge sus impresiones sobre los filósofos más importantes de la historia, según su perspectiva. El texto funciona como una actualización, como una lectura sintetizada de la obra de estos autores.  

 

San Agustín.

La figura del pecador, es decir, del hombre que ha perdido la unidad con la divinidad, recuerda el desamparo del hombre moderno, sumido en la crisis existencial, ansioso y atormentado por las dudas vitales. Con severidad, San Agustín advierte que no hay salvación sino volviendo a Dios. De semejante modo, el hombre actual piensa que un vínculo precioso ha sido dañado y está pendiente de una operación reparadora que le resultará íntimamente vital.

 

Schopenhauer.

Sin control, el desasosiego de la vida deja de ser pulsión ordenada de mundo para convertirse en alienación, en pululación deformadora. Hay que domeñar a la voluntad para dejar de ser su víctima perentoria. Con la figura de Schopenhauer, la razón pierde la pureza  de su escalafón. Los virajes de la vida, del cuerpo se anclan en lo inconsciente, en lo brumoso orgánico y originario.

 

Jean-Paul Sartre.

Para Sloterdijk, el filósofo francés fue el autor filosófico más aplicado, más activo del siglo. Sumergirse en la subjetividad humana equivale a hacer interminable el absurdo. Ahora bien, sólo el ser humano se hace inteligible desde de la libertad. La lucha por ella es una constante natural.   

 

Wittgenstein.

La fascinación por el personaje se explica por la radicalidad de su planteamiento filosófico, por el distanciamiento del mundo desde el que produce su obra y vive. La ejemplaridad de su obra se confirma a través de las consecutivas y nuevas interpretaciones que se hacen de ella, que convierten a Wittgenstein en un eje prismático de prometedoras invocaciones. Por ello, Sloterdijk le augura futuras y sugestivas lecturas y reediciones.

 

Husserl.

La obra extraordinaria de Husserl correría el riesgo de convertirse en una rareza museística si no marcase por sí la plenitud del pensamiento en el periodo pretécnico. Lo cual convierte a Husserl, inventor de la fenomenología, en un auténtico fenómeno. No es chiste.

 

Foucault.

Foucault es el filósofo que ha sido economista, psicólogo, sociólogo, historiador y archivista de saberes a la hora de desempeñar su labor reflexiva. Tras su trabajo de investigación sobre la formación de paradigmas y la difusión de estrategias sociales y mentales que configuran a las épocas, el destino de la disquisición intelectual es dinamizar la vivencia de la realidad, la apertura del horizonte humano ante las siempre bien  distribuidas presiones del poder.

 

Nietzsche.

La obra de Nietzsche supone todavía un reto para las generaciones actuales y futuras. Se elude aquí toda caricatura o nazificación tanto del personaje como de la interpretación de sus obras, aunque el propio filósofo parece que lo dejase todo botando a propósito… Nietzsche puede ser rescatado como conductor de las almas, en todo caso, es decir, como un notable médium de las fuerzas que una comprensión estética del mundo puede provocar en las sensibilidades.

 

Pascal

Para Sloterdijk, Pascal es quien, entre las bambalinas prestigiosas de la ilustración y el pensamiento científico, advierte antes que nadie, los primeros desencantos y angustias de lo que se denominará el hombre moderno. Curiosamente, a Valéry, esta actitud, antes que un motivo laudatorio, le parecía una estrategia demasiado evidente para destacarse entre otros autores. 

 

Leibniz

El optimismo y la energía creadora del “representante diplomático del ser”, se vuelven envidiables para los laxos cultivadores del pensamiento débil. Emprendedor fulgurante de la Teoría, modelo romántico del sabio, la figura de Leibniz es un ejemplo y un estímulo para la imaginación filosófica, aunque la distancia de sus presupuestos a los nuestros sea considerable.

 

Schelling

Sloterdijk destaca el período de la obra tardía de Schelling, en la que se  produce la penumbrosa despedida a un complejo proyecto filosófico, que urde las últimas posibilidades exploratorias de la razón emparentada con la ilustración. Schelling es también un caso de investigación de escritura filosófica.

 

Fitche

A pesar de todas las filosofías críticas de entelequias y metafísicas asignaciones, la enseñanza final de Fitche es que sólo en el ser, en el yo, podemos hallar las últimas residencias de la divinidad.

 

 Marx

Según Sloterdijk, el pensamiento de Marx ha sido malbaratado por intérpretes ansiosos y mesiánicos. Sus ideas se merecen una segunda oportunidad, bien lejos de la ansiedad filosófica o el contraataque. La cuestión: ¿qué condiciones, qué contexto serán los propicios para llevar a cabo esa segunda lectura?



viernes, 9 de abril de 2021

DAGUERROTIPO DEL AÑO 2021




Cuando el robot Perseverance se posó sobre la terrosa y supuestamente belicosa superficie  de Marte, hace un par de meses, la primera imagen que nos envió del panorama encontrado y que también fue la primera imagen que los telediarios emitieron, me produjo una extraña sensación. Lo que se veía es una suerte de desierto, con alguna que otra piedra perceptible sobre el terreno, y con la sombra de parte del mecanismo de aterrizaje del propio satélite estampada en el suelo. Pero no fueron los elementos visibles de la desolada imagen lo que llegó a perturbarme sino el cambio drástico de movilidad de la imagen en comparación con cualquiera de las que pueda captar  una cámara fotográfica aquí, en la tierra. Es decir, percibía la imagen sumida en un tempo distinto, remoto, reticente, que me resultó, asimismo, familiar. Enseguida recordé los daguerrotipos. La semejanza era admisible. Los daguerrotipos fueron las primeras imágenes de carácter fotográfico que se obtuvieron. De este modo, presentaban características estilísticas, temáticas, propias. Del mismo modo, la imagen del satélite era la primera imagen que se tenía de la superficie del planeta rojo tras un aterrizaje inmediato y el aspecto que ofrecía se correspondía con cierto arcaísmo ambiental.

Pero ¿qué significaba que una imagen planetaria del siglo XXI, supiera, recordase, pareciera un daguerrotipo decimonónico?

La imagen de Marte produce perplejidad: podemos ver algo que nos resulta inalcanzable e inhabitable, salvo para la tecnología, lo cual añade conocimiento pero nos produce cierta impotencia. Este desfase espacial y biológico se traduce en dimensión temporal: tendrá que pasar  mucho tiempo para que el hombre llegue a colonizar Marte y lo haga parcialmente habitable, (o no). También hay otro contraste desolador: la imagen producida por la máxima vanguardia en viajes galácticos nos ofrece un paisaje digno del desierto de un espagueti western: la sombra esquelética de un enrejado y un montón de arena donde no hay un bicho viviente. Marte está ahí, sí, es verdad, existe, pero se muestra bien indiferente a nuestra presencia, a que le inoculemos vida a su montón de arena rojiza.

miércoles, 7 de abril de 2021

Esther Abellán Pasado en la boca



 

El mar como metáfora de multitudes o del infinito, como imagen de la memoria o incluso de la libertad (esa falta de un territorio demarcado que es el océano y que Barral señalara) se ha ido sucediendo en la disposición romántica o en la imaginación moderna a la hora de abordar el acopio mayor de la experiencia y su penumbroso destino.

El mar como motivo literario implica cierto gigantismo semántico. Pero su experiencia concreta por el individuo puede producir interpretaciones menos masivas, menos uniformes y más subjetivas, más relativas y puntuales.

El mar como expresión del destino universal es reversible: la experiencia sumada  de la vida puede compararse al efecto de infinito remoto que produce el horizonte marino.

Sea como sea, este libro de Esther Abellán, nos comunica, ciertamente una experiencia labrada en torno al motivo del mar, confundiéndose con el mismo, como ocurre en los tramos más intensos de toda experiencia vital, y nos da una imagen de las aguas nada folklórica, como tampoco meramente sentimental. El mar es en estos versos tanto el motivo de la hilazón poética como el punto final de toda una concurrencia, es decir, efecto y causa de lo vivido. El mar como elemento especulativo, como signo ambiguo, como seno del misterio, se desvela en la razón de estos poemas cuya dosificada escritura fluye en la lectura como las propias aguas del mar incoado. La discreción formal de los versos facilita el ritmo y la efectividad lírica, la intensidad con que se ha querido retratar un mar no siempre olímpico o glorioso. Que el destino de toda existencia se diluya en la nada, es algo que el motivo literario del mar vuelve a plantear con la dulcedumbre inconfesada que la conciencia poética presta, mitigando amenazas de absoluto. Algo de esta característica, sin que se niegue la realidad del dolor, encontramos en la súbita confesión: después de un largo viaje por la sangre,/ el dulce sosiego de la palabra.

Hay momentos en que la evocación profunda se siente impotente y aunque tengamos al mar delante, personaje de nuestra íntima odisea, no despejamos interrogantes precisamente porque nos sumimos en los rebosos del lenguaje y exigimos una ruptura de las inercias: las frases siempre se parecen, ¡háblame!

Por otro lado, el núcleo de la experiencia y de la significación del mar lo podemos encontrar en el poema de la página 53. Ante la esencialidad de todos los versos, prefiero no citarlo íntegramente.

La relación entre el motivo ostensible del mar y el tiempo como proceso que engloba los ciclos del vivir, es una constante, y podríamos decir, en este ámbito de la evocación lúcida, algo que confunde términos entre sí  y que resulta ineludible. Un súbito reconocimiento de esta articulación en el espacio simbólico, la encontramos, por ejemplo aquí: Los años pasan de largo, de incógnito… Recuerdos que nos traspasan la piel/ para volver siempre donde nacieron.

Esther Abellán emplea unas bellas y precisas expresiones para designar esta unión confusa, esta convergencia compleja y de ambiguos fulgores, de los grandes procesos vitales que sobre el escenario del mar, en este caso, se producen, como si entre los orígenes de las cosas y los abismos finales existiera un parentesco perceptible pero indescifrable: El día y la noche siempre se encuentran,/flor de silencio, aurora derrotada,/senda junto a un mar oscuro y huidizo/ que trasciende el mensaje de los cuerpos.

Si debemos asumir el desenlace  final de la existencia como algo, en el mejor de los casos, misterioso, como una desembocadura hacia algún sitio en donde todo halle un cumplimiento, sea este dependiente de la fe o de la imaginación, también es cierto que el modo óptimo de dar cuenta de todo ello es la escritura poética, una forma misteriosa en sí misma, y luminosamente vacilante, que  tiende a adensarse si preguntamos por la naturaleza de la palabra misma. Escribir, enigmática metáfora, dice sorpresivamente Esther Abellán, recordando lo que un Octavio Paz, afirmara en varios de los pasajes más brillantes de El mono gramático.  Finalmente, la escritura que proyecta imágenes y articula conceptos, es ella misma una metáfora del proceso infinito de la significación. El anillo de Moebius de la escritura poética reside aquí: la escritura es metáfora, la metáfora se resuelve en escritura. La polisemia de la palabra poética es lo que define su frondosidad alusiva. Esta generosidad de la expresión debiera satisfacernos, aunque también es posible que ante las espesuras simbólicas, nuestro interrogar quede sumido en la indiferencia de cierta saturación y  se escape una protesta legítima: Siempre hablamos con intermediarios. Esta queja de probable orden metafísico, descubre la clave semiótica en que a veces, se enreda nuestra cultura. Si no hubiera intermediarios en nuestro ensayo de diálogo con el cosmos, con el prójimo, con nuestros propios dolores y deseos, ¿cómo se efectuaría la comunicación, con quién, con qué?

Pero en nuestra interioridad estremecida hay una persistencia que nos salva: un lugar que nunca recuerdo y que me pertenece.

El máximo garante, el agente visibilizador de ese lugar interior, tan remoto como cercano, tan extraño como entrañable, se resuelve en una imagen: la del mar de la adolescencia o de la infancia. Como en el juego señalado por Paz con respecto a las evoluciones de la escritura, aquí, con el mar delante de nosotros, alcanzamos el Fin que fue el Principio, o bien, el Principio de algo que no conocemos y que marca el Fin de nuestra andadura. Pero la poeta confía en la imagen que la serena belleza hace retornar, pues antes que desesperarse, evocar el nombre de lo deseado nos devuelve el bienestar de lo que hemos disfrutado e ilumina la memoria: susurro tu nombre y mi mente descansa.

 

EL PASO DECISIVO


 

lunes, 5 de abril de 2021

MÁS AFORISMOS AFORRÍTMICOS




El aforismo no expide oráculos ni posee la verdad. Es una descripción sintetizada de las relaciones del hombre con el universo.

 

 

El virtuosismo del aforismo supone una escritura y un modo, súbitamente concentrados, de percibir las cosas.

 


La escritura musical no puede eludir las variaciones que de ella produzca la interpretación de la obra de tal modo cifrada.

 

 

Paradójicamente, en ocasiones, ser literalmente justo tal y como reza la ley, produce injusticias. Seamos, pues legales, no tanto legalistas.

 

 

Que la descripción de una rosa, de una confesión personal, de una mirada produzca su correspondiente poema.

 


El aforismo es un virtuosismo del pensamiento.

 


Lo que justifica la creencia casi universal en la reencarnación es lo que la analogía postula en sí: la relación de semejanza existente entre todas las criaturas.

 


La analogía articula vinculaciones multidireccionales, despierta la significación y potencia la alusión. Todo el aparato hermenéutico se pone en marcha en cuanto lo analógico inspira las narrativas que debemos estudiar o descifrar.

 


La naturaleza arroba: con arroyuelos, arboles, flores y lagos; mata: con virus, terremotos, tormentas; sorprende: con animales fluorescentes, con fósiles, con bichos límbicos como el ajolote.

 


El exceso lo devora todo: con la inflación editorial, la poesía se mimetiza entre las palabras y se hace inhallable...

 

La poesía reconcilia al hombre con el universo, propicia la alianza más esplendente entre la inteligencia, la belleza y el devenir del mundo.

 

Militar en algo implica cierta alienación.

 

No soy racionalista sino racional. Ser racionalista ya implica un énfasis distorsionador.

 

Aunque parezca grotesco, al mirar con detenimiento a un chimpancé uno advierte un remoto aire de familia.

 

Sigue persistiendo un lamentable distanciamiento entre los pueblos de Europa: el marcado por el imperio comunista en los países satélites de la antigua U.R.S y Occidente que hace poco esfuerzo para desasirse de su ignorancia del espléndido folklore, la música y los escritores de aquellos países.

 

La ideología es un corsé mental.

 

Las palabras forman empalizadas conceptuales que hay que descifrar para poder disfrutarlas o sortearlas; la música describe órbitas en las que perderse grata e instintivamente.   

 

El sueño arrastra imágenes en aluvión de las eras remotas de nuestra vida.

 

Una definición es un laberinto semántico resuelto.

 

Qué supondrá despertar de la vigilia, qué grado de realidad alcanzaremos al despertar del sueño de la vida. Pero es inútil hacer un retrato del “otro lado”. No podemos tener el erróneo gusto y la impaciencia de querer describir algo así como la trascendencia.

 

Tenemos un alma mejor que nosotros. Hagámonos digno de ella.

 

jueves, 1 de abril de 2021

HOJAS DE DIARIO. CITAS.

 

 

Ojeando distraídamente una película del popular Jackie Chan, una escena me pareció singularmente emocionante. Tras una serie de luchas, un personaje se dirige a su maestro, Jackie Chan, y le pregunta, angustiado: “¿Eres inmortal?”

Jackie pone cara de evidencia, como queriéndole decir, a su pesar: pues, claro que no.

De todos modos, su discípulo, emocionado por el respeto y amor que le tiene, le dice: “Nunca te olvidaré.” Chan le contesta: “Quizá ese sea el sentido de la inmortalidad”.  

 

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Interesantes palabras de Cayetana Álvarez de Toledo: El apocalipsis es otra forma de utopía y el pesimismo, otro modo de populismo.

 

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Un amigo me cuenta recuerdos de su niñez. Vivía en la zona de los andenes, en Orihuela, en una época en que todo aquel lugar estaba, como lo sigue estando en la actualidad, pero subterráneamente, surcado de acequias. Jugando en la calle, cuando la pelota se caía al agua, había que hacer una serie de maniobras sobre la orilla del limo, para rescatarla. Me cuenta singularmente emocionado, cómo desde la ventana de su habitación, divisaba la terraza de la casa de enfrente, cómo el sol caía ahí, y que tal imagen, terraza inundada de sol, la recordaba con total precisión actualmente. No me citó ninguna anécdota, ninguna historia en especial, sino que evocaba los ratos que dedicaba a la contemplación ensimismada. Al intentar hacerme una idea de aquellos recuerdos, de un modo especial, la terraza de la casa de enfrente, me di cuenta que el sol, la luz del sol, atravesaba periodos, décadas y modas, y de que era lo único que permanecía igual ahora que hace 50 años. La ciudad puede cambiar la fisionomía de sus calles y comercios, nosotros crecer, hacernos adultos, ostentar distintas modas en la ropa, o envejecer: la luz del sol sigue cayendo con la misma rotundidad sobre la plaza.

A la noche, vi una película de los setenta en la que aparecía, espléndida, una actriz española, María Luisa San José, que actualmente, está visible y lógicamente envejecida. Esto me impresionó: cómo contrasta nuestro tiempo, el humano, del que disponemos y el que vivimos y bajo cuyo marco nos vamos transformando, en comparación con el tiempo sideral de los astros y los soles. En ellos, la edad se calcula en cientos de miles de años. La luz del sol no representa meramente un presente infinito, alude a lo infinito pero es algo más que lo inactual: es un símbolo de lo que nos espera más allá de toda sucesión o cronología, lo que las trasciende.

LA VENUS DE ALICANTE II. CONSIDERACIONES MISTERIOSAS

Cuando mis padres se casaron en 1962, cuando nació mi abuelo en 1900; cuando se sucedían las guerras carlistas a mediados del XIX, o los esp...