lunes, 28 de octubre de 2024



LA INVESTIGACIÓN PARANORMAL 

CONVERTIDA EN PRÁCTICA ARTÍSTICA

 

Recuerdo cómo bien pronto las primeras psicofonías que hice, allá por el año 1980, se transformaron en otra cosa que investigación de lo extraño, cuando tuve que esforzarme en escuchar minutos y minutos de grabación a la espera de que saltara el fonema inexplicable de entre el flujo de sonidos restantes que la cinta iba recogiendo.

Tras los primeros intentos infructuosos y tras realizar grabaciones de media hora en las que la escucha era asimilable a rastrear desiertos sonoros salpicados de chasquidos, y cumpliendo con el rigor del buen investigador que me obligaba a escuchar tales tediosas grabaciones varias veces, las cintas en que no había aparecido nada realmente extraño, fueron siendo asimiladas y torneadas por la memoria,  adquiriendo “forma” y transformándose en otra cosa además de muestras de investigación. Las experimentaciones psicofónicas de resultado negativo en vez de desaparecer al ser descartadas y como yo no las borraba sino que las iba guardando, adquirieron un signo distinto al de investigación paranormal: se habían convertido en fragmentos de tiempo grabado.

Recuerdo cómo cada grabación presentaba una  identidad singular dentro de su monotonía esencial. Tenía grabaciones que incluso me fascinaban por el “ambiente”  específico que le prestaba el hecho anecdótico, por ejemplo, de haber llovido recientemente, o de haberme encontrado con algún amigo aquella tarde antes de grabar o por el lugar en el que se había realizado la grabación. Llegó a tal obsesión con la escucha desolada y mágica de aquellos fragmentos de tiempo registrado que había cintas que las escuchaba como partituras azarosas de sonidos, como obras anónimas del puro y duro fluir temporal.

Aquellas grabaciones se habían metamorfoseado en mi imaginación en una suerte de muestras descoyuntadas  de la llamada por la vanguardia experimental música concreta o bien, captación libre de ambientes sonoros.  Naturalmente para que tal cosa se produjera, la sensibilidad de uno en aquellos años se prestaba al efecto alucinatorio que cualquier cosa mínimamente rara, pudiera provocar.

Yo grababa en los lugares más heterogéneos: escondiendo el aparato en rincones de casa, en medio del pasillo cuando no había nadie, en el campo, bajo unas moreras o al lado de una acequia, en el ascensor, en mi propia habitación a las tantas de la madrugada, dentro del congelador o de una caja de zapatos...

De algún modo, esta metamorfosis de investigación psicofónica a ambiente sonoro, era previsible. Antes de que se me ocurriera investigar psicofonías, cosa que la motivó la lectura de un libro muy audaz sobre lo paranormal que en el año ochenta discurrió por librerías, en mi casa era normal que con mis hermanos grabásemos en casa, a parientes y amigos. Titulábamos aquellas cintas Ambientes y recuerdos y su contenido era un cajón de sastre de todo lo que se nos ocurriera grabar: por la calle, por las escaleras del edificio, de madrugada con mis padres durmiendo, grabando anuncios y programas de la tele, a mi hermano tocando el piano o aporreándolo yo mismo, a mi abuela cantando, etc.

Aquellas cintas las guardábamos y yo, al menos, las disfrutaba escuchándolas tiempo después en sesiones especiales. Recuerdo cómo algunas me gustaban más que otras. Eran el depósito del tiempo, del pasado inmediato, inmediatísimo.

Ahora bien, pronto me di cuenta de una cosa: que la realidad es una fuente proteica de efectos infinitos que pueden disfrutarse con mínimos retoques, pero que en el caso de las grabaciones, el tiempo ofrecía un aspecto tan vertiginoso como banal: su duplicación sin término y sin gracia, ya que el atractivo que tenían las grabaciones, en suma, era poder reproducir lo que había ocurrido para divertirnos comprobando cómo sonaba.    

Cuando muy a fines de los setenta y principios de los ochenta mis hermanos y yo hacíamos aquellas grabaciones no sabíamos que estábamos llevando a cabo una suerte de diario sonoro de nuestras vidas en lo que primaba, desde luego, era el gesto lúdico, aunque una cinta entera de grabación, una hora de recuerdos, supusiera algo de gravedad, de relativa importancia con respecto a lo que le habíamos arrebatado al azar.

Ahora bien, más de una vez nos ocurrió que al realizar aquellas grabaciones caseras en un ambiente también bien casero, apareciese una voz o exclamación cuyo origen no explicábamos. Y más de una de aquellas voces que contrastaban con las circunstancias en que habíamos grabado se convirtieron en contundentes parafonías.

En estos momentos la memoria deja escapar una esquirla líquida de tiempo añejo y recuerdo que las primerísimas grabaciones que hicieron en casa se remontan al año 1973 o bien, 1974. Entonces éramos unos críos y apenas sabíamos utilizar el micrófono.

 La impresión general que se me queda es que del puro juego se derivó una suerte de contemplación primaria de lo que hoy sería un documento, un registro informativo de aquellos años. También es cierto que hay trampa en querer darle a todo esto un estatus: basta que grabe un par de segundos de cualquier cosa para que lo que acaba de ser se convierta en un “acontecimiento”.

Cuando en la búsqueda de la parafonía, los resultados eran nulos, caíamos en la tentación de “estetizar” lo grabado a través de la mera escucha repetida. Del mismo modo que el cerebro completa los datos de una percepción sea auditiva o visual, la práctica de la escucha remodela lo informe e inventa un acontecimiento.

En suma, con aquellas grabaciones realizadas por la lúdica inocencia, nos adentrábamos en el azar atómico del sonido, en el laberinto de los tiempos cruzados, sin excluir que en tales borrosos confines revelados por la cinta magnética, pudiera aparecer la expresión temible.  



viernes, 18 de octubre de 2024

DIARIO DE INTENSIDADES INSTANTÁNEAS

 


La poesía y obra ensayística de poetas como Antonio Orihuela, Jorge Reichman. Nada de barroquismos conceptuales o vuelos místicos. Poesía práctica, concienciación y militancia ecológica, mucha literatura sobre las últimas vanguardias artísticas. Bueno, ese tipo de poesía hace su función, también es necesaria. Reconozco que a mí me cuesta leerla, porque es un tipo de escritura que funciona realmente en combinación con otras cosas: performances, exposiciones, mesas redondas… Yo prefiero otra cosa, poesía sustanciosa y nada espartana, bien alejada de todo lo que se parezca a un panfleto. Aunque, bueno, Reichman tuvo sus escarceos experimentales a partir de una interpretación extensiva de nada menos que René Char. Los últimos libros de este poeta ya no me seducen. Más que un poeta es un pensador que coloca sus advertencias especiales a través de esas formas encantatorias que son el verso y los párrafos de la poesía en prosa. A Reichman le sale demasiado, asoma en exceso en sus últimos libros, el discurso, casi diría, prácticamente, la ideología y eso reseca la dinamicidad del verso.

 

 


Yo sigo con mi discreta campaña pro Lezama Lima. Leí ayer el texto Balada del turrón. Vaya virguería, qué delicia. Qué aporte de riqueza al mundo, a la percepción de los sabores y sus orígenes gastronómicos a través de la mitología, del desenlace barroco, de la imaginación poderosa. Me sigue reventando ese atenuado puesto que tiene en la literatura en español. Si fuera norteamericano, lo tendríamos grabado en la frente como un Poe o un Whitman. Si Pablo Neruda es un grande, no acabo de comprender por qué leches Lezama Lima se desvanece de un puesto semejante o incluso mayor, continuamente. La razón es que, claro está, ya no quedan lectores exquisitos, complejos, soberanos de mundos únicos. Estamos hechos unos pobres diablos sin hermenéutica ni imaginación. Pero qué espíritu actual va a reivindicar a Lezama, qué espíritu se declarará alumno y seguidor de una creatividad así, de la acción de un verbo demiúrgico como el suyo. No entiendo la ignorancia de la docencia, su poco brío ante un coloso de la escritura como este. Me parece insólito. Las especiosas lecturas que Lezama ha realizado de Juan Ramón Jiménez, de Garcilaso, de Góngora, del orbe hispanoamericano, no sé cómo es que no motivan al profesorado actual. … Lezama, que como Borges, es el nobel que no fue. Yo lo cuento como que se lo concedieron. Recuerdo cómo hace años Goytisolo  reivindicó a Lezama Lima y casi se tenía que excusar por ello ante el silencio general. Parece que nos guste suicidarnos. Mi última observación: ignorar a Lezama en nuestras letras es signo de una sorpresiva debilidad, de una cuasi imbecilidad literaria.   





Anoche estuve viendo con alguna que otra distracción la película de Hitchock Alarma en el expreso. Como me ocurre siempre que veo una película los últimos años, no puedo dejar de pensar en la cantidad de gente trabajando para que una narración tan compleja y multilingüística como la cinematográfica sea posible. Uno agradece la labor que llevaron a cabo todas estas personas. Me llena de esperanza el que un montón de gente, cada uno especializado en algo, se hayan juntado para hacer algo como es una película. Siempre que se nos ocurra pensar en la maquinaria que articula una película, que es una película, sus implicaciones corales me llenan de entusiasmo. Si esto hacen unas cuantas personas en convergencia, qué otras cosas magníficas podremos llegar a realizar.

 

 

Nueva edición de la obra poética de Rimbaud en la editorial Hermida. Confieso que nunca leí bien y del todo a Rimbaud en comparación con todo lo que sí he leído sobre su personaje y sobre su biografía. Y eso que a mí quien me fascina es Mallarmé y no Rimbaud, aunque reconozco que lo que su aventura existencial y literaria supone es algo bastante complejo y que está ahí en la historia como para ilustrar los límites a que Occidente ha llegado.




Jenaro Talens es un poeta de los más destacados de las últimas décadas, un poeta digamos, ya consagrado por la altura y calidad de su obra, tanto poética como ensayística, pero del que no se puede decir que sea un poeta famoso. Es más, la densidad transparente de su poesía yo diría que viene a chocar con las poéticas más políticas y actuales de otros autores algo más jóvenes. Leyendo la obra de Talens uno se da cuenta de que la altura de concepto y selección creativa, necesitan de lectores atentos, de una hermenéutica comprometida. De lo contrario esa capacidad intuitiva para el viaje metafórico se invisibiliza entre las propias palabras. Lo que quiero señalar es que la alta calidad de los poemas de Talens hay que señalarla y comentarla. De lo  contrario perderíamos en nuestro idioma otra ocasión de diferenciar registros poéticos a través de un nombre relativamente nuevo.   

miércoles, 2 de octubre de 2024

TIERRA EN BLANCO Rosell Meseguer



 

Desde que Marcel Duchamp bautizara  como “objeto encontrado” a cualquier cosa que hallada en cualquier lugar, estimulara la imaginación creadora del artista, el abanico de opciones que se abría para el creador, no solo suponía articular nuevos espacios de representación, potenciando la capacidad de metaforizar el mundo, sino que el propio artista venía a investirse de un poder soberano a la hora de dotar de significación estética a todo aquello que él señalara o escogiera del variopinto repertorio de cosas del mundo.

Las derivas del arte actual,  los requiebros teóricos con que se ha justificado y  arropado toda emergencia plástica nueva, lo que  han buscado ha sido reubicar al artista frente a su trabajo y la sociedad a la que pertenece.

El artista ya no puede representar a la sociedad de su época pintando jardines o paisajes. Al menos, no haciendo solo eso. La aventura del arte en las últimas décadas ha sido tan vertiginosa como sorpresiva a partir del rebasamiento del concepto tradicional de representación. Y cierto es que, traspasados todos los límites, el objeto estético, parece rebotar de confinamiento algo aturdido a la hora de legitimarse.

Por fortuna para todos, el artista de hoy todavía puede presentarse como señalador de lo que posee una significación propia en el orden de las instituciones y productos humanos.

Si el arte ya no puede representar o explicar el mundo, la sociedad a la que pertenece, sólo tiene que diseñar estrategias  interpretativas que desplieguen capacidades visuales o performativas nuevas cuya finalidad sea  la de recuperar ese poder representativo.

Cuando la obra de arte es auténtica, haga lo que haga, presente lo que presente, el arte poseerá ese poder nominativo de señalar un fragmento de mundo emprendido, de universo resuelto.






Que el arte recupere su ministerio implica que nos muestre lo que nos muestre, eso que nos muestre es el mundo hoy. Y tenga la apariencia que tenga, se trata de un misterio.

Si para el artista que desea ponerse manos a la obra, el mundo actual implica un despliegue de fenómenos y espacios, circunstancias y universos disponibles para ser tratados, secuenciados, multiplicados, borrados,  también el mero curso de lo real posee un atractivo medular por ser, precisamente, eso, real.

Si me extiendo en la reseña-presentación de la artista que expone en Las Verónicas es porque su tipo de obras tienen mucho que ver con esta búsqueda estratégica que desde la invención teórica, obliga al artista a poner su mirada de nuevo en los grandes concursos simbólicos, y provoca que el arte recupere su ministerio representativo.

Como lo ha sido siempre, el artista se parece al poeta: es una suerte de médium que localiza las fuentes significativas de algo, percibe el empaque metafórico de enclaves y actividades, y a partir de un trabajo pictórico o fotográfico, “documenta” lo que viene a convertirse en fenómeno, en acontecimiento simbolizante.

Si el poeta consigna con palabras aquellas experiencias que serán trascendentes para la memoria, la labor del artista es hacer lo mismo pero a través de otros lenguajes. Fotografía, video e instalación son los medios con que  Rosell Meseguer ilustra su viaje especioso.







Con esta exposición y que se nos presenta de modo más que explícito en el título de la convocatoria, Tierra en blanco, el artista es otra vez quien escoge los espacios naturales y los modificados por la acción humana, como referencia motivacional. Las simas de la tierra, las obras antiguas en minerías, excavaciones, descubrimientos arqueológicos son los elementos que articulan en contundentes relieves, los itinerarios de Meseguer.

Es cierto que me pregunto: ¿alguien que no conozca en detalle la historia del arte en los últimos 50 años, puede disfrutar de una exposición como esta?...

Las vertientes conceptuales, el empaque académico no debieran determinar en exceso la obra de arte, pues si no captamos la incidencia simbólica, las alusiones numinosas que albergan las obras, todo podría quedar en el simple documentar una actividad…

La elección del artista tanto de su objetivo a representar como del desarrollo de las técnicas a utilizar, no son porque sí, obedecen a un deseo comunicativo, a una provocación del hecho o lugar a convertirse en testimonios plásticos.

Vuelvo a señalar y a la vista de la exposición de Rosell Meseguer, que el trabajo de pintores y poetas se revela como muy próximo. La naturaleza está viva y el repertorio de enclaves que el hombre va dejando sobre su anfractuosa superficie son urdimbres de signos de los que tanto la memoria escrita como la sensibilidad del artista, darán específica cuenta.   






lunes, 30 de septiembre de 2024

FRANCESCA: LAS METAMORFOSIS DE LA MUERTE




Esta chica que nos mira con blanda pero persistente fijeza, dejó de existir hace 43 años. Se suicidó lanzándose por la ventana de un edificio en New York. Dicho así, parezca que tal suicidio tenga más glamour que otros: desaparecer del mundo en una de las ciudades más dinámicas y espectaculares del mundo. O es una tautología que encierra al mismo tiempo una paradoja o tal afirmación implica que los lugares más vívidos incluyen márgenes siniestros.

Esta chica, vestida como una protagonista de cuento, con ropas algo infantiles o de otra época, es Francesca Woodman, una de las artistas más sobresalientes de las últimas décadas.

Yo casi no la tildaría, meramente como fotógrafa. Veo a Francesca Woodman más como una performer  que daba cuenta de su actividad a través de la fotografía y ocasionalmente, el video. Estamos hablando de una artista  implicada literalmente en su trabajo, es decir, que ella misma, su cuerpo, era el objeto exclusivo de su misión estética.

Francesca recoge el abanico creativo de la demiurgia surrealista y las concreciones discursivas del arte conceptual para centrarse en un análisis de las obsesiones y vulnerabilidades que el cuerpo femenino experimenta y articular a partir de todo ello una onírica e intensa narrativa del dolor.

Francesca convierte su cuerpo en la retorta alquímica de toda investigación artística, en el emblema vivo de la acción cruel. Su obra fotográfica es un suculento  y apretado muestrario del sueño masoquista  y la perversión en trance. Y nos ofrece todo ello como testimonio complejo de una experiencia y como protesta.

Teniendo en cuenta cómo acabó Francesca, no puedo observar algunas de sus fotografías y dejar de detectar espectros pululando por las mismas. Espectros que son metamorfosis de sí misma.

Siento por Francesca un amor oscuro. La convulsión onírica de sus imágenes quedó rubricada por el hecho fatal de su suicidio. La figura artística, la relevancia de Francesca no son cosas banales. La significación artística y humana de Francesca ha alcanzado una cima muy ardua que el paso del tiempo no hace sino confirmar y adensar más.

Dicho así parece una afirmación tonta o banal- Francesca es insondablemente auténtica - pero tal percepción se impone según vamos conociendo su historia y su presencia se ubica en el centro desplazado de las perturbadoras imágenes.

 

Mirando esta foto de Francesca, desaparecida hace 43 años, me pregunto fascinado: ¿Dónde estás, Francesca, en qué confín pulula tu  espíritu?

Pues, precisamente, Francesca se encuentra hoy, ahora, para siempre, en el universo que configuró su obra artística. Francesca se encuentra en sus fotos. Ella está en su arte.

Es en sus fotos donde tenemos que inquirir,  en donde tenemos que aplicar la mirada para contemplar lo que no existe, lo que no deja de desaparecer y afantasmarse. Son sus fotos las que explicitan con detalle estremecedor  la eternidad sobre la que se desliza el alma de Francesca.

Desde el punto de vista de la sucesión del tiempo, la misión de las fotografías de Francesca resulta tremendamente inquietante: habilitar un mundo que será el destino que la muerte futura facilitará.

La imagen fotográfica de Francesca sentada como una aplicada niña tras haberse suicidado hace tanto tiempo, es un interrogante que se me lanza tan etérea como contundentemente a mi ahora intelectivo.

Moriste hace más de cuatro décadas y no dejas de estar ahí, mirando de modo tan candoroso como persistente desde tu sillita de madera. Me das miedo, Francesca.

Pero hay un punto remotamente vacilante. Si el suicidio, además del dolor y la tragedia que significa, también puede interpretarse, parcialmente, como una decisión de la soberanía del individuo al que no le quedaban más salidas, quizá tu angustiosa protesta, Francesca, la protesta suprema que fue tu suicidio, no deje de indicarme la belleza de tu sensibilidad y la razón de tu arte, que somos, a pesar de todo, capaces de trascender lo que nos condiciona y lo que nos destruye.

Tu obra está ahí, Francesca, tus imágenes nos hacen volver a ti, y nos obligan a replantearnos qué esconde el misterio de la vida, cuánta muerte hay en la vida, en qué trance visionamos tu anfractuosa eternidad. 

jueves, 12 de septiembre de 2024

EXPLOTAR NUESTRA CAPACIDAD DE ASOMBRO



LOS SENTIDOS DEL TIEMPO

ANTONIO G. MALDONADO

 

Poseer el conocimiento aparentemente cuasi absoluto de las cosas, el llamado conocimiento científico tiene una importante contraprestación: el alejamiento de la percepción poética del mundo. El misterio de esta suerte de paradoja o canje desmesurado podría explicarse en términos de mera funcionalidad y competencia  pero no es tan sencillo. Cómo aplicar el conocimiento científico a las cosas y al mismo tiempo disfrutar de la entidad numinosa, poética, mitológica de tales cosas sin que ello vaya en contra de los postulados propios del saber físico.

Aquí es cuando Antonio Maldonado,  se pregunta por qué época es la suya. Vivimos actualmente un despliegue tecnológico, inimaginable hace unas décadas, y aunque la seguridad de nuestro mundo, de nuestros bienes y propiedades  se base en tal despliegue, ocurren dos cosas: por un lado el sujeto mismo se convierte en objeto de ese control, y por el otro, tal seguridad puede venirse al traste con una mera incidencia accidental o provocada.

Si la extensión y articulación automática del conocimiento científico supone la profanación del mundo, ya que creemos haber accedido a los centros de funcionamiento de las cosas, el pensador, el intelectual, el artista buscarán en los territorios alterados o desbancados, simbolizaciones que escapen a tal conocimiento físico-teórico, explorarán en ámbitos más puramente semánticos o marginales, en los linderos del sueño, la metafísica o el arte en cualquiera de sus expresiones lingüísticas, intentando hallar ese lugar reacio al control profanador.

En definitiva, ante el paisaje desolador que implica y produce el mundo moderno, Maldonado al preguntarse a sí mismo sobre nuevas vías de discernimiento, lo que está haciendo es inquirir en las posibilidades de aquel enunciado tan directo como prometedor que rezaban las poéticas de los grandes poetas: la capacidad de asombro. Precisa y significativamente, Maldonado dedica su libro a su hijo, el más reciente y cotidiano de sus asombros. Ya sabemos que con un hijo se plantea el universo entero en toda su complejidad y originariedad...de nuevo, porque volvemos a vivir a través de otra persona. 

Podríamos acabar pronto afirmando lo siguiente: el señor científico que ha descubierto o investigado exhaustivamente las características geográficas o meteorológicas de la luna, no tiene porqué informarnos del mismo modo sobre su entidad estética o  la relevancia del satélite en el orbe literario de la mitología. Al científico le toca estudiar la luna físicamente. Descifrarnos la belleza no es misión suya.

La capacidad de asombro del poeta implica no sólo ver las cosas de otro modo, de un modo originario y primordial, sino descubrir espacios nuevos para la discusión ante cualquier anécdota o confín.

No se trata de que dudemos del conocimiento científico como tal sino que lo hagamos con respecto al supuesto dominio del que se enseñorea.

Significativamente, Maldonado nos dice que ha vuelto a aquellos planteamientos sobre las cuestiones últimas que se trataban en los libros del instituto, es decir: no sólo hay que releer, sino que no hemos superado lo que tradicionalmente el conjunto de los saberes exponían y exponen como fundamental.

Pero el origen de cualquier cosa puede ser hoy o mañana. Apliquemos, pues, nuestra capacidad de asombro y sus efectos creativos.

Bellamente, Maldonado escribe: En la indeterminación y contingencia de los monumentos también hay misterio y esperanza. No hay fronteras claras entre el escombro y el diamante, entre la ruina y el tesoro.

La función del texto de Maldonado es la de llamar la atención sobre la necesidad de escapar del trance científico-tecnológico y detenernos ante las posibilidades de descubrimiento reales que nuestra sensibilidad posee ante el evento del mundo.  

 

martes, 10 de septiembre de 2024

UNA ROAD-MOVIE EN UN LIBRO





CARRETERAS AZULES

 

Hasta hace dos días, como aquel que dice, no tenía ni idea de quién era Heat-Moon y la cuestión es que  todavía no tengo un concepto claro de la competencia literaria de su obra.  Podría decirse que a estas alturas de la vida, uno  ya ha escogido suficientemente tanto a los autores y literaturas que  nos gustan como a los que deberíamos haber leído. Uno ya no se equivoca con respecto al tenor de los autores que nos procuran determinados tipos de universo y lenguaje. Lo que ocurre es que según la temática narrativa, un escritor no internacionalmente célebre, o incluso meramente efectivo a nivel funcional, puede ofrecernos una pieza en cuestión que puntualmente nos haga disfrutar o incluso nos encante.   

El libro de Heat-Moon es un libro de viajes pero no alrededor del globo sino alrededor de un mundo en parte todavía salvaje y no exento tanto de aventuras y anécdotas  como de personajes y lugares singulares: Estados Unidos a través de sus carreteras más antiguas, las denominadas carreteras azules.

El libro se publicó en el 82, o sea, que el viaje de nuestro amigo, se produciría uno o dos años antes. Esto hay que tenerlo en cuenta en el momento que Moon nos hable de la idiosincrasia de determinados pueblos y personas, así como de las características de los paisajes rurales que va encontrando. Literariamente, resulta curioso que este viaje coincidiera, más o menos, en el tiempo, con el viaje que Julio Cortázar acompañado de su mujer, realizó por autopistas francesas, estacionándose en los márgenes de estas a lo largo de un par de semanas, si no recuerdo mal. El libro que salió de aquella experiencia fue Los autonautas de la cosmopista, obra que en mi memoria guarda un delicioso y  placentero recuerdo tanto por el encanto de su contenido como por la coincidencia de su redacción con momentos muy especiales de mi vida en aquellos principios  de los ochenta. 

Ahora bien, el libro de Heat Moon no se queda atrás en cuanto al recuento de ambientes que conllevan sus capítulos. Ya el escenario que pretende surcar el escritor, se encuentra cuajado de interés gracias a las películas norteamericanas, sobre todo a las Road-movie, películas de carretera, que con su despliegue ficcional aluden a espacios de la naturaleza reales y a lugares habitados aliñados por la peculiar personalidad de sus residentes.

Heat-Moon sabe aderezar su relato de cada encuentro curioso con poblaciones desiertas, de un solo habitante o directamente, fantasmas, con comentarios y citas que aligeran el texto y lo justifican de modo eficaz.

Los mundos que las carretas antiguas conectan entre sí suponen un paisaje improbable y desconocido, un reto continuo al viaje que Moon emprende con los elementos mínimos indispensables en su furgoneta para la supervivencia.

Este libro, mejor dicho, este desafío que Heat-Moon se autolanza a sí mismo, me ha hecho recordar las excursiones y viajes que los autores de la Generación del 98 realizaron con la intención de redescubrir las geografías y esencias de la vieja piel de toro de nuestro país. Si en los escritores de la generación del  98 latía la idea de elaborar una definición nueva y más justa de las características culturales de España, en Heat-Moon, y como ocurre en la mayoría de las ocasiones, la razón del viaje no fue en absoluto gratuita y además fueron varias: la pérdida de trabajo como docente y otra pérdida más incisiva: la de un amor. Es por esto que nuestro escritor, huye de su lugar de hábitat y nacimiento y pretende enterrar o sublimar sus pérdidas personales con el enriquecimiento de nuevas experiencias que le hagan resucitar en un lugar bien diferente y distante al que residía. Como él mismo dice, buscaba con este viaje la harmonía…

La fascinación de los viajes consiste en esa expectación que nos toma ante el contacto con espacios, tierras y ciudades desconocidas junto con las posibles aventuras que ello puede implicar.

Esa suerte de excitante inseguridad, mezclada con el deseo ilusionado de experimentar otros ambientes le presta al viaje un grado de aventura no predecible y fascinador.

Todo viaje es iniciático, y Heat-Moon lo sabía al atravesar cada rincón que descubría y poniendo, con ello, tierra por medio entre su persona y de lo que huía hacia un nuevo renacimiento con el sol de cada día, allá, en los confines polvorientos del oeste. Porque viajar también implica conjurar los espectros interiores esperanzándote con lo de singular y nuevo que supone cada tramo o población, este libro es tanto  la expresión de un viaje huida-encuentro como una guía histórica,  escrita día a día, de la Norteamérica bizarra y desconocida hasta el momento.  

jueves, 5 de septiembre de 2024

ESCAPARATE

 


 

 CARTAS A UNA JOVEN POETA

Rainer Maria Rilke

 

La anacronía de ciertos autores puede, súbitamente, trocarse relativa según la idoneidad de la lectura que nos acerque a él. Resultaría difícil imaginar hoy una eclosión masiva de lectores que se pusiera a devorar la poesía de Rilke, como no fuera ello causado por alguna película holibudiense o reto televisivo. Ahora bien, a nivel individual puede surgir la sorpresa.  Si le citas a alguien, de pronto,  algún  verso concreto de este poeta o bien de cualquier otro, la reacción del sujeto podría ser altamente positiva, funcionar como la revelación concreta de algo para esa persona,  y entonces la perspectiva sobre los artistas y los estereotipos que manejamos sobre ellos, transformarse en otra cosa mucho más interesante.

Digo esto porque con respecto a Rilke siempre se me presenta el mismo debate: si su mensaje poético resulta hoy imposible de asumir o de comprender, con la maldición que ello supone tanto para la obra del autor eslavo-germano como para nuestra, espiritualmente, indigente sociedad.

Este epistolario totalmente inédito y que podría interpretarse chocantemente como la réplica en femenino de su famoso libro Cartas a un joven poeta,  es una ocasión más para aproximarnos al criterio del poeta y comprobar su reacción a las preguntas vitales que una joven lesbiana le propone, sumida en la confusión de la época y de la edad.

Las respuestas de Rilke a las tribulaciones de la joven que oculta dolorosamente su tendencia sexual, son de una exquisitez y discreción tan notables que para la joven, este epistolario que mantiene con el poeta, se tornará uno de los momentos más ilustrativos e importantes de su vida. Y hablando precisamente de ello, de la vida, una y bastante agitada le esperaría a esta joven en el entramado trágico de los días de la Segunda Guerra Mundial.

Leyendo estas cartas es ineludible reparar en los códigos educativos y éticos que pertenecieron a la época y cómo a pesar de ellos o a través de ellos, Rilke elabora un diálogo tan soberbio y brillante en alguno de sus pasajes.

Ya he mencionado la rareza que envuelve a Rilke y que hoy traduciríamos ni más ni menos que como exquisitez personal, sublimidad de pensamiento. Esto es lo raro pero no entonces sino hoy en día, también. Los libros, los mensajes que albergan los libros y la esperanza que se agita en los poemas que bullen en la memoria están ahí para que renovemos nuestro pensamiento, para que articulemos de nuevo otra interpretación del tiempo y del mundo y continuemos con nuestro viaje a las eternidades. Este epistolario es otra ocasión que nos brinda esa memoria del universo para conocernos a nosotros mismos a través de las delicadas psiques que activó un diálogo singular.  

 

LA VENUS DE ALICANTE II. CONSIDERACIONES MISTERIOSAS

Cuando mis padres se casaron en 1962, cuando nació mi abuelo en 1900; cuando se sucedían las guerras carlistas a mediados del XIX, o los esp...