28.7.11


Moralidades Actuales
Rafael Barret
Confieso que mi ignorancia de este escritor era absoluta (ignorancia no culpable por las vicisitudes o desidias que nos lo han hurtado hasta hace bien poco) y tan total como considerable ha sido la sorpresa de su descubrimiento. Algo había oído en algún sitio sobre un personaje que fustigó - literalmente - a un miembro destacado de la nobleza en un lugar público, a la humillante vista de todos. El ofendido castigador fue nuestro escritor, y tal encontronazo determinó su vida, pues tuvo que salir de España y errar, desde entonces, de país en país, de Sudamérica a Francia y de Francia a Sudamérica, hasta su temprana muerte en 1910, a los 35 años.
Después de haber leído esta selección de sus mejores artículos, el único libro que publicó en vida, se me hace incomprensible el hecho de que un autor como este haya podido estar tan absolutamente ausente de nuestra historia de la literatura moderna, del ensayo o, al menos, de la estilística. Con razón un joven Borges le echó rápidamente el ojo y se hizo lector suyo a los 17 años. La frase mesurada y precisa, el juicio sorprendente e iluminador, sabedor de la realidad de las injusticias y de su grado de irresolubilidad si no se produce un cambio en las mentalidades. Lo estoy leyendo y me parece estar disfrutando de cualquiera de los mejores prosistas del ámbito finisecular europeo. He subrayado con placer muchas líneas de estos artículos: la frase de Barrett tienen el redondo hacer del aforismo que contempla con sabiduría las características específicas que unen y separan las realidades que contempla. Me atrevería a decir que en el pensamiento de Rafael Barrett se produce una suerte de operación alquímica: su ascendencia aristocrática le hacer ser precisamente crítico con las monarquías y sus aledaños, sentirse un extraño a ese mundo, alcanzar una nobleza mayor que la meramente social: la nobleza intelectual. Ello le otorga una libertad y una lucidez que le permiten aproximarse a opciones extremas, sin confundirse con ellas, o exponer sus simpatías sin librarlas de la crítica. No justifica la violencia anarquista, pero comprende su acontecer histórico; elogia la crítica social que hay en la obra de un Zola, pero le reprocha no haber tenido "el valor de ser pobre"; ironiza sobre los proyectos miopes de culturizar a la gran masa, cuando apenas acaba de salir de la esclavitud, y, como un Agustín García Calvo diría y dice actualmente, recuerda a utópicos y afines, que no hay otro (maldito) dios que el oro, es decir, el dinero.
Misión obligada se vuelve recuperar la memoria y la obra de este autor. Ánimos a Gregorio Morán en su empeño de realizarlo. Lo repito. Celebro haber descubierto a tan notable escritor y felicito desde aquí a Pepitas de Calabaza por haber hecho tal descubrimiento en su editorial. En frascos modestos, las mejores esencias.

23.7.11


RECTICURVAS
No me había fijado en lo audaz del calificativo: trans-lúcido. Un cristal que siendo cristal, está empañado de opacidades. Así la vida y sus desenlaces.
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El poeta es un hombre translúcido: la brillantez de su verbo expresa agitadas oscuridades.
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La muerte tiene algo de "magia": de pronto, alguien desaparece. ¿Dónde está?
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Mónadas nómadas. Así explica Leibniz, someramente, el desenlace del universo.
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Me gustaría escribir un libro que se llamase La Harmonía de los Principios Generativos
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Vocación de náufrago.
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Se desprende vida de mí. Entonces cuento el acontecimiento. De ahí sale o un poema o un relato.
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Cada latido es una vértebra de tiempo.
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El latido ¿late hacia adelante o no lo hace sino ensañándose siempre con el mismo sitio?
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(Grados de esperanza): allá al fondo está el alba

18.7.11


DIARIO
Leyendo la poesía de Borges. Cuanto más la leo, más me fastidian sus límites y más me gusta la precisión renovada con que esos límites - temáticos, tónicos- se presentan. Es una adición al orden.
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A veces, en la tarde-noche, a eso de las diez en punto me subo a la azotea a pensar en el porqué de mi destino o a ver si por fin veo un ovni. Frente al costado izquierdo, hay una vieja casa desvencijada, en la que se han instalado una numerosa familia de gitanos. No son rumanos, mas bien parecen, por la lengua que hablan, de la zona de la antigua Yugoslavia o incluso de Bulgaria. Debido al calor abren todas las ventanas y balcones y, al estar yo varios metros más alto y en la sombra, los veo perfectamente sin que ellos puedan verme a mí. De vez en cuando los investigo. Suelen sentarse toda la familia alrededor de la mesa y pasar el rato así. No parece que tengan televisión, sólo un radiocasette en el que suena una música que me resulta familiar: me gusta bastante la música de Rumanía, Serbia, Macedonia, en fin, de toda aquella zona, y tengo unos cuantos discos de grupos e intérpretes de aquellos lares. A veces, en mis sesiones de espionaje, he asistido a escenas tiernas: en un viejo sofá, una pareja se recostaba, acariciándose y hablando relajadamente, como una pareja cualquiera de españoles, de suecos, de siberianos, de no gitanos.... Cuando disfrutas de esta "perspectiva", la de poder entrar por unos instantes en la intimidad de un colectivo centenariamente estigmatizado, acostumbrado al desprecio y a la marginalidad, se produce un efecto gratamente desmitificador. ¡Y pensar que los gitanos están en Europa desde el siglo XV! Pienso qué frutos daría la famosa capacidad musical de los gitanos si se aplicara a cualquier otro ámbito especializado de la cultura.
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Lo humano es más concreto que el dinero.
El movimiento del 15 de mayo ha impedido, hasta ahora, más de una decena de desahucios. No importa si llevan o no, razón. La cuestión relevante es que lo estrictamente humano, la solidaridad, se ha impuesto a cualquier otro interés. Al mecanicismo de los intereses del capital se les responde con la inmediatez de los sentimientos agredidos. Sin más.

15.7.11


LAS PARTES Y EL TODO
Compro en el Museo Arqueológicio de Murcia un pequeño juego de 40 piezas que representan las partes y la imagen completa de 20 objetos: vasos, jarras, pequeñas esculturas, pinturas... Se supone que su finalidad es la de estimular la memoria. El juego no parece cosa del otro mundo, pero conforme voy mirando las representaciones y estableciendo correspondencias, la simplicidad del asunto se transforma y me revela un par de cosas: por un lado, lo fascinante que resulta dividir un objeto en partes, - como hicieron en su tiempo con la realidad un Demócrito, o un Lucrecio -, cómo las partes divididas llegan a alcanzar cierta autonomía, a convertirse en unidades de sentido, tal y como hacemos al realizar un análisis morfosintáctico de frases, cómo las partes se convierten en signos independientes y a la vez, susceptibles de vincularse a un signo mayor; por otro lado, percibo, de pronto, el objeto arqueológico en toda su importancia estética y significativa, en su absoluta peculiaridad, como cosa propia añadida al conjunto de cosas diversas del mundo. Ese lobo que figura en un vaso íbero me parece alucinante, lleno de movimiento loco, venido de no se sabe qué imaginación remota. El ojo dislocado, el esquematismo extraño, el flujo eléctrico que recorre la figura: es todo un testimonio de lo fantástico. Percibir es considerar de un modo fragmentario y perspectivo las cosas. La ubicación distinta del objeto genera gradaciones distintas de realidad y significación.

13.7.11


RECTICURVAS
La llama danza sin moverse del punto.
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Qué genialidad de los arquitectos: la sala de estar. Pero, ¿y la sala de ser?
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Ruina celeste.
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Todo es posible porque cada uno atiende a su propio mundo.
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Decir que Joan Miró engendra logotipos es un gran elogio. Tengamos en cuenta el poder esquemáticamente simbolizante del logotipo: España sintetizada en la imagen de un sol rojo y negro pintado por un niño alucinado. Lo que hace Miró es, ni más ni menos, que descubrir un lenguaje utilizable por todos, es decir, universal.
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A veces la luz del día esconde los tesoros del día. recuérdese la nostalgia de París de Walter Benjamin estando en París.
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En tu memoria apenas equivaldré a un beso, torpemente robado. ¿Es algo, es nada?
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Un poco de patafísica. Un par de matemáticos españoles acaba de descubrir la dinámica de las moléculas del agua. Al parecer, la presión que ejercen las unas sobre otras puede considerarse como un juego de estimulación erótica de energías movedizas que tienden a operar de abajo hacia arriba y en espiral. Lo curioso, como en todo, es que los giros y evoluciones multidireccionales de las moléculas no sean sino la expresión material de algo no material: la energía. La conocida lectura semiótica de las cosas como significantes de un significado, se sigue aplicando aquí, aunque se haga muy complejo deslindar ambas cosas.
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Estoy solo con mis palabras.