martes, 21 de mayo de 2024

  



RETROFUTURISMO

 

Todo lo que, a fines de los años cincuenta y primeros de la década de los sesenta supuso, en cuanto a diseño aeronáutico y de interiores inmobiliarios,  electrónica, industria automovilística, cibernética y elaboración de electrodomésticos, en Estados Unidos, fue objeto en esa misma época de una serie de documentales que vista hoy en día, produce una fascinación difícil no tanto de explicar como de asumir culturalmente. Nos estamos refiriendo a lo que viene en llamarse retrofuturismo 

Este término compuesto es verdad que podría aplicarse a cualquier faceta de la industria humana, a todo saber y arte, y no sólo a los distintos episodios del  progreso tecnológico. Lo que ocurre es que aplicada la visión retrospectiva a lo que fue la vanguardia tecnológica, la impresión con respecto a los contrastes emergidos, es más elocuente.  

Como ya he esbozado, el término es, constructiva y relativamente fácil de concebir, pero conceptualmente difícil de analizar ya que está basado en una percepción paradójica de la realidad. Es decir, afirmo algo, lo defino a través de su contrario. Es como si dijera que lo blanco me gusta por lo negro que tiene.  

Lo que el término retrofuturismo está afirmando es que podemos echar un vistazo hacia atrás sobre lo que fue el futuro o se prometía como tal, que el futuro tiene historia, que el futuro fue un asunto emocionado del pasado inmediato de nuestra cultura moderna.

La fascinación conceptual que encierra el vocablo reside en la inversión temporal que afirma. Lo que fue elogiado como el futuro refulgente de nuestra sociedad y de nuestros países en los campos específicos que he mencionado al inicio, es visto hoy como un conjunto de eclosiones vintage, como una antigualla curiosa. Aunque también es cierto que no todo resulta extraño y patéticamente pasado de moda: los diseños minimalistas de interiores en casas,  viviendas y edificios institucionales de primeros de los sesenta, resultan hoy en día sorpresivamente actuales y totalmente eficaces.

En uno de estos documentales realizados entre 1958 y 1965, he podido ver unos modelos de ordenadores - es decir, computadoras - con pantallas increíblemente planas, cuando las pantallas planas de nuestros ordenadores empezaron a popularizarse después de los noventa.

¿Qué implica, en definitiva, que lo que se anunciaba como la más furiosa vanguardia se haya convertido en una pintoresca momia del diseño?

Las audacias en el diseño, ¿repercuten en la velocidad con que pueda trabajar nuestra mente en la recepción y ordenamiento de datos?

¿Lo más avanzado es lo más cómodo, lo mejor, lo más bello?

Un aspecto que sí pudiera resultar conclusivo es el relativo a que el progreso supone una linealidad continua de avances en el tiempo que no implica humana o moralmente el mismo tipo de evolución en el sujeto.

La modernidad son nuestras producciones, sí, pero sobre todo nuestra disposición anímica real ante lo que la tecnología va elaborando, cómo la asumimos y la utilizamos sin que sea un fin en sí mismo sino un medio de mejoramiento.  

Decía el poeta Rimbaud que: hay que ser absolutamente moderno. En la admonición del poeta hay implícita una vertiginosa aventura del espíritu. Lo tecnológico aquí está ya más que dado y superado. Es una faceta más de esa batalla del ser de hoy.   




A la drecha de esta modernísima cocina ¿es un monitor? La imagen es de 1965




El auto parece muy moderno. Me choca el aspecto de la mujer. 




Las computadoras, abuelas de nuestros ordenadores personales. 




Esta vista, de primeros de los sesenta, se parece bastante a la Ciudad de lasArtes y de las Ciencias de Valencia, según el diseño de Calatrava. 







Los trajes del personal de la sofisticada IBM parecen de película de cine negro.


miércoles, 8 de mayo de 2024

DULCES LECTURAS MOVEDIZAS




 

Habría que festejar de verdad el hecho de que todo tipo de textos, anónimos,  raros, extraños,  íntimos, con intención literaria o sin apenas la misma, hayan llegado hasta nosotros a través de los eones de la introhistoria. En esta ocasión, leo con gusto ese diario a la limón que Nataniel Hawthorne y su mujer llevaron cuando se instalaron como matrimonio reciente en el campo. Qué detalles van sumando del día a día, cómo se van indistinguiéndose las voces de cada uno en el texto. Lo que me llama la atención es la fuerza antediluviana con que lo mágico y lo tenebroso echa raíces tan pronto en los intereses y obsesiones de los norteamericanos. Esa obsesión por lo tenebroso, por la muerte, como diría Foucault. Resulta curioso cómo en el diario se detallan los aspectos fantasmagóricos que, de la mano, en este caso de Nataniel, van percibiendo: vientos que ululan fuera y se cuelan por las rendijas, crujidos extraños de las maderas de la vivienda, sombras huidizas y repentinas. Vamos, el surtido elemental de toda narración de terror y de casa encantada que las películas han representado en sus filmes y que alrededor de 1842  nuestro autor y su esposa consignaron por escrito.   

 



 Adquiero El mensaje reencontrado de Louis Catiaux. El volumen es, valga la redundancia, voluminoso pero el inteligente diseño lo hace manejable. Cómo afrontar este texto sino como una suerte de ejercicio literario.  Las cientos de páginas están articuladas en forma de aforismos-versículos, y divididos, solemnemente, en esotéricas  materias como La luz, El tiempo, la noche, etc… Este orden del texto le da al libro un aura bíblica, y casi te invita a abrir el libro por cualquier parte y leer el fragmento así captado en vez de llevar a cabo una lectura lineal y ordenada.  Hay versículos que me parecen luminosos. Otros, en los que la recurrencia a Dios me asfixia, me lleva a la confusión por la cantidad de cosas anuladas ente sí que pueden amparase bajo tal nombre. Echo de menos que en Europa ya no existan iluminados de este tipo, como Catiaux y otros, poetas que se atrevan a buscar el sentido gnóstico de este mundo asolado por el cáncer de la información, del espectáculo y del ahormamiento cultural. Y no aludo a empresas fundamentales sino a ensayar la esperanza a través de la imaginación-. En Europa ya no hay místicos como tampoco filósofos, poetas, bohemia. Y si los hay que se manifiesten de una puñetera vez.

 



Leo con entusiasmo Decir los márgenes, un libro en el que encontramos los sustanciosos diálogos entre Chantal Maillard y Muriel Chazalon. Por qué no son más frecuentes libros como este, por qué no soltamos lastre a la imaginación soberana para no sólo inventar mundos sino describir distintos modos de concebir la realidad, provocar la lucubración, la indagación ilustrada. Cuando el  pensamiento vuela, hacemos magia con la masa inerte de los datos y de las observaciones. Aquí no hay ningún dios que censure nuestros atrevimientos intelectuales. Nosotros somos la medida del mundo. Es a  través de nosotros como se dilucida el universo.

 

 

Leo el Diario veneciano de Ángel Crespo con cierta cautela. Aquellos primeros años ochenta, desde los que el poeta escribe,  se preñan de melancolía y antigua fascinación en mi memoria.  Es cuando uno creía comerse el mundo y podía hacerlo a través del arte, de la poesía, reviviendo el mensaje surrealista… Y de un modo simultáneo, en mi caso, fueron los años en los que podría haber ocurrido algo  y no ocurrió, lo cual determinó mi vida, incluso hasta hoy. Esas notas de Crespo disfrutando del encanto de Venecia, de sus callejuelas, de sus tiendas y gentes, de las delicias de los atardeceres, de arte sacro, de kilos de arte, conviviendo con traductores, escritores y otros viajeros, mientras uno deambulaba solo con veinte años cumplidos por las entonces ya tristonas calles de Orihuela….

 

 

Leo con placer el ensayo de bello nombre La dimensión tácita de Polanyi. El placer que siento al leer es proporcional a la cantidad de texto que voy entendiendo. Me parece muy interesante lo que dice Polanyi. Este autor se me antoja como el neozelandés ….. , ensayistas que han dejado en trabajos breves, ideas geniales a cerca del conocimiento, del funcionamiento del pensamiento o bien sobre el tema del tiempo. Polanyi sostiene, groso modo, que el conocimiento progresa y mejora porque ya existe una cantidad de mismo que funciona al permanecer tácitamente en nosotros. Con el tiempo, vamos asumiendo contenidos que, sin ser plenamente conscientes de los mismos, se incorporan a nuestras interpretaciones del mundo y a nuestras investigaciones. Las observaciones de Polanyi rozan la genialidad. No hay mayores ni más sustanciosos  descubrimientos intelectuales que los detectados en la superficie de los fenómenos del día a día.

 




Leo con un pelín de aburrimiento el Diario Secreto de Wittgenstein. Lo que me conmueve son sus apelaciones a la divinidad para que en el penoso trance de la guerra, el espíritu persevere y nuestro filósofo, el diarista, no se venga moralmente abajo. Wittgenstein se encuentra fuera de lugar en este escenario de guerra. Él está hecho para el pensamiento, para la delicada tarea de analizar y teorizar, no para cambiar grotescamente el mundo a base de petardos.

 

 

Releo ensayos de Borges. Como si lo leyera por primera vez. Tono del discurso: soberbio; adjetivación: de precisión automática; articulación prosística: de sobresaliente. El texto se va esculpiendo conforme la lectura avanza. El placer de leerlo se renueva como si nada, sin perder un ápice de novedad. El “nervio” del estilo borgiano  construye un texto admirable. De lo que habla Borges, se ennoblece, adquiere un sólido estatus al ser tratado con semejante estilo.   

 

Leo La inspiración y el estilo de Benet. Cómo me molestan esos estereotipos sobre la escritura de Benet. Como si a cualquier gran maestro de la literatura no pudiéramos reprocharle semejantes cuestiones. A mí me gusta lo barroco y lo complejo, las distintas maneras de narrar y de explicar. La escritura de Benet la interpreto como un reto, cuyo emprendimiento produce gratas compensaciones finales. Por otro lado, este libro no es, precisamente, de los complicados de Benet. Prima el análisis histórico sin que tienda a deslizarse por superpuestos meandros de consideraciones condicionales. Benet siempre me sorprende. Me ocurre como con Barthes o Borges, en un nivel de expresión distinto. Un ensayo o un artículo de su autoría es garantía de  calidad. Lo que también siempre me ha intrigado de Benet es la naturaleza de su inteligencia: las capacidades de la mente de un ingeniero al servicio del pensamiento y de la escritura.



jueves, 2 de mayo de 2024

ESTAMOS ARREGLAOS SI EL GRAN HERMANO NOS VIGILA




Debería haber grabado un video para dar cuenta del acontecer del sonido en esta instalación. Las fotos son un testigo remoto de la emotividad inmediata del sonido. Pero bastará, para hacrnos una idea de en qué consta la singularidad de esta exposición en aturdirnos con el rojo ambiente de la sala y los atronadores altavoces. 


















lunes, 29 de abril de 2024

TRES DIARIOS



 

TIEMPO POR VENIR

Miguel Ángel Hernández

 

Que la lectura de una obra literaria tenga que articularse a través de la segunda persona, confieso que es algo que nunca ha sido de mi gusto: resulta demasiado conminatoria, demasiado inquisitorialmente pegada a la conciencia. Por otro lado, a mi modo de ver, no permite desarrollos puntuales  en el hilo narrativo, precisamente, por esta inmediatez de centinela, por esa, digamos, falta de oxígeno que arrebata al narrador.  La segunda persona anula el distanciamiento necesario para que determinados aspectos del espacio contextual  se muestren en su autonomía narrativa. Pero quizá sea esto, precisamente, lo que haya deseado producir como efecto implícito de su texto el escritor Miguel Ángel Hernández que  aquí nos presenta su diario Tiempo por venir, crónica íntima de los días inmediatamente anteriores a la pandemia y los transcurridos a través de la misma. Esta constricción en el ritmo narrativo, en realidad, una aceleración, es lo que el diarista se autoimpuesto como disciplina con la intención de resultar tan auténtico como eficaz en un documento cuya privacidad es relativa, pues las notas se han ido publicando en el periódico apenas redactadas, con lo que este diario también supone un compromiso con unos lectores que han esperado las fugitivas confesiones de un sutil cotilleo. Cabría preguntarse si un diario cuyas entradas se ha pactado publicar por entregas es en realidad un diario personal. Ahí todo depende de la habilidad del escritor en dosificar la información.  

El diario refleja las actividades del escritor, las del profesor universitario y las del articulista, integradas en una sola secuencia que cubre el día entero del que se pretende darnos noticia.  La elección de la tercera persona, vuelvo sobre ello,  estaría, de este modo, justificada tanto por motivos económicos como emotivos. El amanuense no desearía ir más allá de lo que es normativamente un diario de toda la vida: constatación cuasi mecánica, ordenada cronológicamente,  de los hechos y experiencias tanto de la vida diaria como de la profesional, indistintas, a fin de cuentas, en el seno del texto.

Hernández no se detiene en los detalles de lo que pueda ocurrirle, entre otras cosas porque no puede. No tiene espacio ni tiempo para ello. A marcha martillo el escritor más que consignar, filtra y recoge sensaciones y anécdotas a discreción, las articula sintetizadamente, las capta todas pero sin atomizarlas a través de una demora analítica. También es verdad que este tipo de escritura funcional y escueta puede resultar muy efectiva a la hora de no perder de vista las primeras impresiones de las cosas que pueden resultar las más cabales, a fin de cuentas, en la vida de todos los días. Es por ello que este diario, aunque pretenda serlo “de escritura” es más informativo que puramente literario. Hernández por querer decirlo todo, expresa menos. Por querer abarcar todo lo que ocurre, resulta menos, digamos,  enjundioso. Pero es que es de Perogrullo. Y este es el signo que se eleva del texto y lo ubica en el tiempo de la vida. No hay más u otra cosa porque este ritmo que es el que se vive es todo lo que es,  y ofrece, en principio una imagen suficiente de la vida de nuestro escritor que se confiesa desde el centro de la actividad que despliega.

Uno se pregunta leyendo este diario qué se pretende comunicar o qué impacto producir en el lector para que atienda con interés a los dolores de menisco o de cabeza, a la extrañeza urbana de moverse en la calle con desfiles de enmascarillados, o a la recurrencia ocasional y terapéutica a la masturbación de nuestro protagonista, entre otras cosas. Es posible que las instantáneas que conforman las notas de este diario se leyeran con interés distinto en su publicación en el periódico donde aparecían, cada equis tiempo, en Murcia, de donde es oriundo el escritor. La lectura rápida se efectuaría de este modo más puntualmente que ante la posibilidad de asimilar la cantidad íntegra en un libro de las notas publicadas periódicamente. No es porque al escritor le resulte difícil ser selectivo sino porque, quizá,  en el diario de un escritor haya que escribir de absolutamente todo, ya que todo es materia de escritura, de ficción, de confidencia. Ello justificaría la escritura cuasi como una pulsión que naufragara a placer en la loca idea de reflejar, a través de su registro, toda percepción de la realidad.   

El tipo de lenguaje elegido por el escritor para su diario es convencional y escueto, pero no por ello deja de transmitirnos las características elementales de una imagen global de su existir, de la que   irradian, además de algún que otro achaque físico, un gran dinamismo intelectual y brotes súbitos de felicidad.

       

 



DIARIO DE SUEÑOS

H.P Lovecraft

 

A pesar de que he disfrutado con alguno de sus cuentos, siempre he tenido una imagen pobre de Lovecraft, supeditada, en mi caso, a la de Poe, que inauguró mi imaginario con “ese puñado de obras maestras”, como decía Cortázar, “que son sus cuentos”, en una lejana y alucinada adolescencia, allá, por los setenta.

Comparado con Poe, Lovecraft se me antojaba un escritor de segunda, un autor de serie b, a veces, una cuasi patética copia del maestro de Boston. Esta circunstancia, de todos modos, no me ha impedido, con los años,  situar a Lovecraft donde creo le corresponde, vencer en parte mi prejuicio y reconocer las peculiaridad de su obra literaria. A mí Lovecraft se me antoja el proto-creador-guionista de todas las fantasías hollywoodienses de ciencia ficción y similares. Si comparamos las fantasías lovecraftianas con  cómo se ha representado en el cine norteamericano a través de las décadas el universo de lo fantástico-galáctico, creo que comprobaríamos que han salido de un mismo espíritu religioso y de unas mismas obsesiones.

Leyendo estos sueños, no puedo evitar la sospecha de que forman parte de una suerte de estrategia inconsciente para no hablar de lo realmente importante, el sexo, la muerte, el amor, tapándolo todo con un enorme despliegue de imaginería más o menos ingenua. Me gustan los sueños de Lovecraft, pero no logran transportarme como me ocurre en los casos de otros escritores. Los sueños de Lovecraft son prolongaciones de sus fantasías literarias o desleídos semilleros de las mismas. Por qué no logran fascinarme del todo estos sueños reside quizá en ese carácter un tanto mecánico o previsible que se encuentra en la escritura del autor. Pensando, precisamente, en el cine y en su corte de estereotipos, hay sueños de Lovecraft que recuerdan estos aspectos. Por ejemplo: Lovecraft sueña que persiguen a un monstruo. Este escapa dando un salto, cayendo sobre el caballo de uno de sus perseguidores. Echa a correr montado en el animal y se aleja, no sin antes, volverse y lanzar unas escalofriantes carcajadas, tal y como miles de veces hemos visto en películas y dibujos. Y tal gesto, Lovecraft lo sueña… ¿Quién instituye el tópico?  Ahora bien, Lovecraft apunta un sueño tenido en 1934, una experiencia onírica, más bien, y que el antologador Javier Calvo bautiza como El penúltimo despertar, que viene a ser la excepción a toda determinación escritural. La insólita persistencia del sueño sobre la vigilia, cómo el soñar se impone sobre la realidad cotidiana hasta indistinguirse, ocasionalmente, de ella, hacen de este sueño una experiencia fascinante. 

 Lovecraft llega a enorgullecerse de que sus sueños no se ajusten al  tipo de análisis que Freud lleva a cabo de los contenidos oníricos sometidos al psicoanálisis, explicando en una carta a un amigo que él sueña con paisajes de la infancia y los puebla de seres y experiencias extrañas escapando así a la exposición probable de conflictos personales. O bien el aparataje de la autocensura inconsciente le funcionó tan bien que no dejó fisuras, o bien todo el despliegue de sus monstruos es la amplia y palpable metamorfosis en que su psicosis se camufló. O bien la mente de Lovecraft era de tal virginidad que no se dedicó en su vida a otra cosa que a imaginar mundos innombrables y seres gomosos evolucionando por sus confines, tal y como la remota tradición mitológica anglosajona que, arcanamente, viajaba por sus venas, le dictó.

       

      

 

 

DIARIO DEL ÚLTIMO AÑO

Florbela Espanca

 

Son poco más de cincuenta páginas las que constituyen este diario, pero resultan ser las últimas que la poeta portuguesa escribió antes de despedirse voluntariamente del mundo. Considerada por Pessoa como un alma hermana, como una igual al autor luso, al examinar su obra poética, el temperamento y las incidencias finales de su vida, no cuesta imaginarse la vida de la poeta lindando con rumores y umbrales, a punto de atomizarse bajo los rayos de un sol de poniente, sumida en la evocación más típicamente poética.

A veces, un autor, sea novelista o poeta, por el grado de autenticidad, de franqueza en el sentir,  por las características de su persona y de su obra, permite este tipo de asociaciones que lo definen en el cuestionario histórico de los creadores. A veces, el artista, se nos muestra tan próximo a su obra, tan impregnado del simbolismo que se derive de la misma que fácilmente surgen los estereotipos y las consideraciones fatales. Florbela es un alma delicada y efímera. Cualidades semejantes justifican el juicio fascinado y la justificación mitológica y más cuando un suicidio ha consagrado tal sensibilidad para la eternidad, para la memoria literaria.

Las notas de este diario último estaban preñadas de languidez y de precisión calificativa, de abismo y de asunción de ese abismo. Florbela está a punto de despedirse de nosotros en cada anotación, sin perder la lucidez, o quizá, precisamente, por ello mismo.   Florbela ironiza sobre sí misma, sobre sus pretensiones, sobre su hipersensibilidad, se lamenta por la juventud perdida,   sin dejar de entregase a intuiciones alucinadas sobre su destino, considerando que la inteligencia produce la dilucidación de objetos que luego, la miseria de los días se llevará o ignorará.

Como gesto ineludible de narcisismo nos dice que es una lástima que la belleza moral que habite en su persona, acabe por no ser valorada o percibida por los demás. Pero la vida y la obra de nuestra poeta ya resultan lo suficientemente elocuentes como para que eso suceda.

Las entradas consecutivas de los días 20 y 24 de noviembre de 1930 son impresionantes. En la primera se pregunta si la muerte será el fin de todo o un paso a otro lugar, la indescriptible metamorfosis hacia la esperanza. 

En la anotación del día siguiente, el fulgor velado de las imágenes anula todo comentario de nuestra parte: hay sueños muertos, como violetas aplastadas, en la piel fina y macerada de los párpados.

martes, 16 de abril de 2024

VIDEO DE MIGUEL HERNÁNDEZ


 

Algo tarde me he enterado de la insólita noticia de la existencia de un video en el que aparece el poeta Miguel Hernández. El hecho lo daba a conocer Televisión Española y la curiosa ocasión en que el poeta pudo ser efímeramente registrado por las cámaras fue en Valencia, en el famoso congreso antifascista al que también asistió, entre otros intelectuales, Octavio Paz, que entonces conoció al poeta oriolano y nos dejó elocuente testimonio de ello.  Cuando he visionado la grabación he experimentado una sensación doble o dos sensaciones de carácter complejo en una. En primer lugar: cuando no existen imágenes grabadas o incluso fotografías de un autor famoso, a este lo imaginamos engastado en el espacio mítico de la historia, bien lejos del espacio gestual de la cotidianidad. Por ello cuando a tal autor lo podemos contemplar en un video descubierto por algún investigador o fruto súbito del azar,  la sensación es de incredulidad, como si a tal personaje no le correspondiese el mundo de todos los días sino el de la trascendencia pura. Al ver a Miguel Hernández moverse y sentarse en las escaleras del lugar donde se celebraba el congreso, remangándose los pantalones, aplaudir y prestar atención al discurso que se emitía apoyando el brazo, uno tiene que admitir que ese personaje fue también persona, persona común y que no evolucionó en atmosferas remotas de la narrativa histórica o poética sino que perteneció a la realidad.

La otra sensación es de índole más divagatoria pero que a mí me golpea con la misma intensidad y sorpresa que la primera. Tras ver no una mera imagen analógica del poeta sino al propio creador moviéndose, desmitificante y real, preciso y vivo, tengo la sospecha de que su ser existe en algún sitio del tiempo y del espacio. No se trata de una percepción mecánica, y desde luego no me refiero al testimonio de  los libros de historia ni inercialmente a la memoria como depósito estático de hechos. Esta serviría, en todo caso de plataforma para saltar desde ella hacia un punto transtemporal en el que imagino vivo y actuante al poeta. ¿Sería este punto la eternidad? No lo sé, habría que emprender la gran aventura de su definición. Yo sólo sé, sospecho, tengo la brumosa intuición tras ver a Miguel Hernández  extraordinariamente real, que su persona o espíritu pervive en algún lugar en el que quizá vayamos a encontrarnos todos.     

 

 

miércoles, 10 de abril de 2024

CARNE DIVINA

 

 

 

Creemos que es fácil citar, nombrar un cuerpo a través, ni más ni menos, que del propio término “cuerpo”. Pero este vocablo es demasiado crudo y somero, engañosamente inmediato. Pareciera que cuerpo fuese un contorno duro que deviniese en el espacio hacia nosotros o hacia otros limites espacio-temporales. Cuerpo no tiene nombre propio ni apellidos y es ahí donde y cuando el anonimato forzoso nos arrebata una identidad, clave para la activación definitiva de nuestros sentidos y de nuestra capacidad emotiva.

Si amo un cuerpo, amo una forma en su descenso inercial, una geometría blanda, un nudo harmonizante de miembros pero cautivo del vacío que lo lanza multidireccionalmente a mi mirada o a la recepción de los otros.

Al cuerpo le hace falta un rostro: sin rostro el cuerpo es carnalidad errabunda, acicate animal, vibración sorda en la estancia del reconocimiento anímico del sujeto pensante y amante.

Los cuerpos avanzan, desfilan, se suceden, pero no sé hasta qué punto solicitan fuera de esa pasarela de abstracciones motoras, una comunicación dignificadora. El cuerpo devenido persona ha transitado por el vacío de las nominaciones errantes, y ha aterrizado frente a una mirada, frente a otro rostro que le ha bautizado con sólo percibirlo. Lo ha bautizado no con un nombre propio sino con la propia percepción: ha requerido un rostro para que emergiera de la sombra envolvente y propiciara el mínimo encuentro verbal que inicia a su vez la comunicación indispensable.

Un cuerpo con rostro ha recuperado la humanidad, el color de la vida certera, el abrazo cognoscitivo y sensorial. Esta hermosura que me vuelve loco, esta carne indescifrable al mostrarme su rostro se entrega de verdad a mí.    

    RETROFUTURISMO   Todo lo que, a fines de los años cincuenta y primeros de la década de los sesenta supuso, en cuanto a diseño aeronáutic...