lunes, 5 de diciembre de 2022

CUATRO LIBROS, CUATRO TRAYECTOS, CUATRO CARTOGRAFÍAS





Personalmente, tengo que hacer un considerable ejercicio de liberación de grasas y densidades verbales, para poder disfrutar de estos supermínimos poemas de Aram Saroyan. O estoy acostumbrado a material más sustancial y deba confesarme incapaz para la ascesis verbal o es que habrá de acusar a Saroyan de presunta tomadura de pelo. Saroyan triunfa como poeta en los sesenta, en el dinámico ámbito de las revoluciones sociales y artísticas de Estados Unidos. Comienza a escribir, pues,  en un contexto propicio a todo lo vanguardista, atrevido, novedoso.

Todo poema puede resultar efectivo según el entorno, la puesta en escena, el adecuado recitativo. Los poemas de Saroyan no estaban ideados para ser leídos sin más en un volumen. Precisan de soportes especiales, de paredes o fachadas callejeras, de una intercalación en eslóganes publicitarios, etc...

Cito dos poemas: Yo loco, y pájaros incomprensibles.  Un verso que es un poema lanzado a la infinitud de los espacios urbanos e imaginarios puede resultar estimulante ocasionalmente, pero también hay que decir que Saroyan no inventa nada: continúa la labor experimental que dadaístas, futuristas y surrealistas realizaron en su momento con la poesía y la plástica.

Otro modo de enfocar estos poemas sería ensayando una visión mitológica de la palabra, visionando los poemas como apariciones instantáneas de una arquitectura verbal arcana, dotando a la palabra de una potencia física, como si el propio verbo surgiera ante nosotros. Imaginando el poder que los antiguos egipcios y místicos griegos otorgaban a la palabra, podríamos valorar la relevancia de estos poemas rabiosamente modernos.

 




La misteriosa  Clarice Lispector. Siempre me intrigó esta autora, pero hasta ahora no había leído nada de ella. Esta Agua Viva  ha sido la mejor oportunidad para conocer su estilo de escritura. Se trata de una virguería literaria. Lispector se pone a escribir porque sí, para aclarar, precisamente porqué escribe y de qué, asemejando pintura y escritura literaria, ratificando que la confesión literaria surge en el instante y este es la medida de todo tiempo y experiencia. A medida que el texto avanza, los alambicamientos y complejidades se articulan como pasajes de un proceso que puede invertir el sentido de lo explicitado. El resultado: una delicia para la lectura,  una gema sutil que no cesa de esfumarse bajo sus brillos y reconstruirse tras cada conjunto de frases.

 

 

 

 

Lo mágico que tiene la obra de  Georges Perec es que apenas entras en su lectura, lo lúdico, lo curioso, lo chocante salta ilustrando ópticas y perspectivas estimulantes a propósito de cualquier temática.

Perec despliega un juego literario en el que el humor y la inteligencia materializan sus principales coordenadas. Para Georges Perec todo es virtualmente objeto de su inventiva escritura, y como escritor profesional que se considera, el primer y más inmediato destino de experimentación es su propia biografía. La memoria es un cómputo de cómputos en el que los recuerdos hilan motivos y pretextos para organizar una escritura que no hace sino plantearse la peculiaridad del vivir, la aventura que supone contarla.

La evocación minuciosa de una ocasión en que de niño se fugó de casa, la experiencia estimulante y angustiosa de saltar en paracaídas, el valor literario de los sueños, son alguno de los ejemplos que bastan para que el genio de Perec nos ponga en situación novedosa o divertida. En la obra de Perec lo experimental no se estanca en algo banal o ineficaz: vincula términos cualesquiera de realidad a los principios de la imaginación creadora.  

 


 

Esta reedición de El libro del frío  nos recuerda qué soberbia y firme creatividad poética nos lega un autor tan veterano que todavía sigue, en observante silencio, con nosotros. Creo que una de las virtudes de la prosa poética es la de recuperar el poder definidor de la razón, es decir, el carácter numinoso del logos. En la prosa poética toda lógica lo es de una formulación compacta y harmónica, sublimándose el discurso en expresión de lo intelectivo. Las facultades del lenguaje funcionan para detectar y priorizar la materia poética de la experiencia representada y precisarla en alusión poderosa. La serie de imágenes que Gamoneda conjunta, define con solidez y fascinación un espacio rural y telúrico cuya evocación tributa a la memoria y colinda con la intensidad metafórica del mito. La manejabilidad del formato de esta colección hace muy grato el disfrute de los libros.      

 

sábado, 3 de diciembre de 2022

OMAR KAYAM Y DELMIRA AGUSTINI: PAREJA SÚBITA Y ENSOÑADORA



 

Por una feliz  casualidad se han juntado ante mi gusto lector dos libros que, aunque bien alejados en el tiempo, quizá tengan como elemento común la sensual evocación de un estético vivir, el considerar como destino humano el paraíso que nos guarda y concede la poesía.

No sabía que el famoso Omar Kayam escondiera un instinto tan hedónico y apolíneo ante las amargas limitaciones de la vida. Su decidido canto al vino rodeado de bellos mancebos contrasta con esa imagen pobre y antipática que nos hemos hecho del mundo musulmán. Claramente, no se puede conceptuar a Kayam como un musulmán modelo, sino más bien, de todo lo contrario. Su contundente distanciamiento de las prácticas religiosas oficiales, su llamada a la aceptación de la cortedad de la vida y su canto a la ebriedad alcohólica como único lenitivo a esa duración efímera del existir, lo aproximan notoriamente a las llamadas escapistas de un Baudelaire. Si este último detesta la vida tal cual se presenta y decreta la embriaguez a toda costa para poder subsistir, el persa avisa una y otra vez que la vida se acabará antes de que nos demos cuenta y por ello aconseja y canta el placer del vino y de la poesía experimentado en comunidad o en el retiro exquisito de un jardín.

Toda esta invocación de, precisamente, exquisiteces nos descubre a la otra autora que ha acabado en mi mesa junto al volumen de Kayam, la poeta uruguaya Delmira Agustini y  su sublimado esteticismo modernista.




Veo a Delmira Agustini como una suerte de sacerdotisa, de criatura  majestuosa cuyo magisterio especial se ejerce a través de las palabras, en conexión  con mundos preciosos y sutiles. La justeza de esta consideración se corresponde con el sino - y el misterio -  de una sensibilidad histórica: la del mundo que le tocó vivir. Al amparo mayor de simbolismos y experiencias sensitivas derivadas del posromanticismo, en un ámbito de esteticismo total, la obra de Delmira se erige compacta y frágil, simultáneamente, ubicada de modo indiscutible en el marco vibratorio de su tiempo.

Otros poetas de aquella época de hiperestesias y éxtasis verbales pudieron filtrar más o menos las razones de una vivencia así ante las particularidades circunstanciales que les tocó en suerte lidiar. Delmira, no explica los motivos de su delirio, no le dio tiempo, quizá porque no murió sino que la asesinaron. Su argumento vital se traduce en imágenes, en abanicos de imágenes: hadas, zafiros, atardeceres, músicas, nubes, ninfas…

En el recuento encantado de tales imágenes calibramos la calidad de una producción y localizamos el onírico imaginario de una época.

Esto es lo que tienen tanto Omar Kayam como Delmira Agustini que tanto me está acompañando estos últimos días: la oferta precisa de mundos poéticos, la ausencia de justificaciones o críticas, la llamada a una secreta reconciliación con la vida trascendiendo sus asperezas a través de la magia harmónica de la palabra y la voluptuosa imaginación.

Cuando uno se cansa de espigar razones, de rebatir opiniones adversas, de intentar explicitar la legitimación de posiciones personales, se busca un refugio ante tanta cháchara y ruido ambiental, se busca un lugar que habitar. Ese lugar más que compensador, remoto remedo del paraíso, me lo dan, ocasionalmente, las obras poéticas de estos dos autores, un persa del siglo XI y una uruguaya de 1900, y en tales obras que son mundos, me encuentro bien y me divierto. Leer estas poesías es jugar a habitar tales universos.  

martes, 29 de noviembre de 2022



ACOSO ESCOLAR

Rosa Bernabé

Afirmaba el pensador francés Michel Foucault que toda relación humana es una relación de poder. Podría parecer más o menos sensato aceptar el contenido de este enunciado, es decir, confesar que en sociedad las cosas se efectúan de este modo. Desde esta perspectiva, lo que denominamos acoso escolar podríamos contemplarlo como una suerte de aplicación perversa de lo afirmado, independientemente de que lo que en realidad se trata es de una grave anomalía en el ámbito de la educación.

Cuesta admitir y resulta desagradable contemplar lo que en telediarios y programas informativos se nos cuenta sobre casos concretos de acoso escolar. Ante la insólita gravedad de algunos de tales casos que incluyen la muerte del acosado como sumun inimaginable de los hechos denunciados, uno ya no piensa tanto en el dato teórico de que entre las relaciones humanas se filtre un sadismo más o menos velado, tal y como tantos psicólogos y críticos señalan, como en la extraordinaria vulnerabilidad de una sensibilidad concreta, la del joven o preadolescente, sometido a una situación de presión y crueldad soterrada.

Parece ser que es con la entrada en el nuevo siglo (2000) cuando el fenómeno ha sido claramente detectado como algo real y de preocupante gravedad para padres, alumnos y profesorado.

Sobre la naturaleza del fenómeno, su historia reciente y el diseño de programas de prevención trata el estudio realizado por Rosa Bernabé, publicado por Anaya en su colección Pirámide.

La autora cita a los primeros teóricos que captaron y definieron el fenómeno, añade después los resultados de los estudios de otros investigadores y tras presentar qué medidas generales se adoptan contra el acoso en cada una de las autonomías, propone un marco de ejercicios concretos para el profesorado. Para Rosa Bernabé este punto es clave en el estudio y prevención del fenómeno: la implicación del profesorado.

Teniendo en cuenta que el medio en que se produce el acoso puede volverse muy mimético, ya que se produce a la sombra numerosa del alumnado, con la complicidad de algunos de sus componentes, y la huida del acosado al silencio, es decir, a la interioridad más pura y angustiosa, la acción del profesorado para advertir el hecho del acoso se presenta como primordial.

Es en el ámbito escolar, en el perímetro inmediato del espacio físico de la educación - zona de recreo, aledaños del centro - donde se produce el acoso. En ese ámbito son los profesores quienes se encuentran más próximos al alumno acosado que los padres, aunque también es cierto que existen nuevas variantes de acoso gracias a la utilización de las redes, como es el caso del acoso digital. Sea como sea, es a la sensibilización del profesorado a quien se dirige el presente estudio con la intención de que se produzca cuanto antes la concienciación y una reacción importante.   

La temible ambigüedad que presenta el fenómeno - presencia de signos no lo suficiente manifiestos, testimonios confusos, carácter furtivo de las evidencias - es combatida con precisión en las propuestas formales que la autora presenta en su estudio. La intención no es otra que el acoso sea detectado, el profesorado se haga consciente de tan amarga realidad y se tomen las medidas correspondientes que también han sido debidamente calculadas y diseñadas. La exposición de Rosa Bernabé postula que, independientemente de la importancia de todos los trabajos realizados por los profesionales en estos aspectos, la implicación efectiva del profesorado se revelará crucial para combatir y frenar este tipo de prácticas denigrantes en el seno de la formación educativa de los alumnos.   

martes, 22 de noviembre de 2022

REDESCUBRIMIENTO DE KARLHEINZ STOCKHAUSEN




Hacía bastante tiempo que no escuchaba música de Stockhausen ni frecuentaba al personaje. Ayer, por una casualidad, di en las redes con videos musicales de obras suyas que no conocía y el zurriagazo que experimenté, el fogonazo que me atravesó rememoró en mis recuerdos la indiscutible imagen del genio con la que me cautivó cuando lo descubrí hace cuarenta años. Es curioso comprobar cómo funciona la intuición. Ya no logro distinguir con precisión si primero descubrí a Stockhausen en las enciclopedias, en los libros, me fascinó y esa fascinación se corroboró al escucharlo por Radio Clásica, allá por 1979 ó 1980, o fue al revés: primero escuché la música mágica de un tal Stockhausen y después lo busqué con ansiedad en las enciclopedias. La cuestión es que la imagen del músico y su música, producen uno de los mayores efectos de fascinación de la música moderna culta y del mundo de las obras artísticas, en general.

Stockhausen es el iluminado por los dioses cósmicos, el mago de las sonoridades salvajes, el alquimista de los sonidos interespaciales, uno de los últimos y más grandes genios que ha dado Occidente.

Con Stockhausen no hay término medio: o viajas con él, o te dejas arrebatar por los mundos vertiginosos que ha creado o contémplalo desde lejos con sorpresa o incluso con aturdimiento o repulsión.

Redescubrir, más o menos, ayer tarde a Stockhausen me alegró, me llenó de vitalidad luminosa el fin del día, abrió un margen a la libertad creadora, me aseguró en la idea de que cuando se presenta la posibilidad de experimentar productivamente, el hombre debe lanzarse y explotar todas esas posibilidades a la conquista de mundos y espacios nuevos e insólitos.

Recuerdo con qué ilusión encantada escuchaba las obras electrónicas del artista alemán que de vez en cuando, sorpresivamente, se emitían por Radio Clásica en aquellos años de adolescencia y descubrimientos continuos.

Naturalmente que escuchaba otros tipos de música y me gustaban otros músicos, pero Stockhausen era especial, estaba nimbado por un aura poderosa, tocado por las musas galácticas, era el más alto predistigitador del sonido del futuro.

Ahora bien, el paso del tiempo que todo lo va metamorfoseando, también ha añadido y restado matices no tanto a la personalidad del compositor como a la calidad de recepción personal de sus obras. Quiero decir: ¿por qué en aquella algo lejana ya adolescencia las obras de Stockhausen me eran totalmente inteligibles hasta el punto que podía silbar largos pasajes de las mismas, y luego, con el paso de los años, aquella magia descendió al ir descubriendo que salvo aquellas obras que conocí en la juventud, el resto de la casi totalidad de sus obras que escuché después, ya no me impresionaron tanto y apenas si me gustaron ya?

Alguien me dirá que, naturalmente, la clave reside en mí, que es puramente psicológica, que tiene que ver con los márgenes de expectación saturados de mi persona y las capacidades de la memoria.

La cuestión es que ayer casi me remonté a los grados de revelación de aquellos años y me convencí, tras algunas consideraciones relativas, que la obra musical de Stockhausen es una fulguración sonora que nos lleva a otros mundos y que como tal experiencia se presenta como un reto a la interpretación estética y a la sensibilidad individual.   

    

 


jueves, 17 de noviembre de 2022

MONITORES ROTOS, SOLITARIOS




Qué sensación más extraña producen estos monitores de televisión destrozados o funcionando apenas todavía, que recogen estas fotos sesenteras y setenteras. No es que un objeto altamente tecnológico por estar tirado en la calle nos apene de algún modo o nos produzca cierta estupefacción o asombro: es que al estar desprendido de su contexto doméstico, la utilidad, los rasgos civilizatorios asociados a él, estallan y desaparecen y sumen al aparato en la desolación más estricta. Si apenas funciona o, simplemente, no lo hace, la fulguración inexistente de la pantalla convierte al notable electrodoméstico en un espectro, en un fantoche tecnológico, es decir, en un cacharro.

En las casas, funcionando en el centro del salón era el punto de atracción de todo el hogar, expulsaba por su pantalla luz, rostros, cuerpos, paisajes, músicas, océanos. Tirado en medio de la calle esa pantalla implosiona lúgubremente, sin remedio y sin gracia, es una ruina moderna. Ya sólo emite sombra muerta que encima no sale despedida de la pantalla sino que rebosa por los bordes entrando dentro de un modo incesante.



No obstante, si todavía le queda vida, y emite alguna imagen en el espacio descontextualizado de la calle, aun es capaz de plantarle cara al entorno y ofrecer su realidad paralela, su pequeño universo virtual ante la amplitud total de la realidad que le rodea. Aunque un televisor funcionando en la calle lo que hace es reclamar por piedad algo de atención, el aire fantasmático de las imágenes que desprende se diluirá en la espaciosidad que lo ha incluido en el paisaje urbano como elemento surrealista de atrezo.

Las pantallas hipnotizan. Al ver una tele hecha polvo en medio de la calle lo que uno piensa es en la posibilidad aplastada de un mundo que se podía haber asomado por allí. Ahora es sólo un agujero y el mundo que quería asomarse hacia nosotros, está definitivamente muerto, reposando en el lecho mohoso de ese pozo cuadrangular, es decir, en ningún sitio.     

 

lunes, 14 de noviembre de 2022

EL SUEÑO Y EL ARTE


 

Es una obviedad decir que se sueña con lo que no se posee. Ya lo dijo Freud al definir la función del sueño como expresión y satisfacción del deseo. Qué ocurriría si fuéramos capaces de imaginar la improbable vida de un sujeto tan peculiar que hubiera llegado al extremo de rechazar la vida por la entrega más mórbidamente imaginable al sueño. Ya existen personas así, toda la larga y patética retahíla de sujetos ligados fatalmente a  alguna adicción: drogas, alcohol etcétera...

Pero ¿y si como digo hubiera algún tipo que viendo imposible una relación normal con la sociedad, con el trabajo, hubiera tomado la decisión de retirarse del mundanal ruido y se hubiera refugiado, no tanto en la soledad rígida y disciplinada de un convento sino en la más pura esencia del sueño, es decir, en la poesía, en la música, en el arte,  hasta el punto de ver reducida su existencia a la presencia y experimentación placentera de estos mundos de la estética? Estaríamos hablando, entonces, de alguien próximo a la locura. Pero, ahora bien, los tiempos modernos son muy laxos con los locos, simula comprenderlos y  les ofrece la plataforma de los medios para que se expresen libremente con la intención de promover alguna suerte de terapéutica.

Los sueños y el arte ofrecen términos semejantes: la gratuidad. Un poema, hoy, no es canjeable por una suma de dinero, del mismo modo que un sueño puede hacerte volar de placer sobre continentes sin que hayas realizado ninguna operación positiva al respecto. La gratuidad de la poesía en la modernidad ha arrojado a los poetas al destierro social y profesional. Ya no pueden vivir del canto y loor de duques y cardenales. Su objetivo único se vuelve el de la belleza del mundo y de las personas a través de la experiencia propia. Esto implica darlo todo por nada a cambio. El sueño nos envuelve de parecida forma. Nos dona su potencialidad sin que nos atrevamos a descifrar su naturaleza ni sus límites.

El arte por el arte, la consigna de simbolistas y decadentes, es el mensaje secreto pero obvio de la mayoría de las propuestas artísticas. Un  poema, una película, una obra de arte plástica nos dicen la verdad del universo y ello apenas es valorable en supuestos económicos concretos. El sueño nos demuestra cada noche que pertenecemos a una memoria común y pocos filósofos se aventuran a describir con rigor tales itinerarios y relaciones.

Soñar puede quitarte o mermarte la vida. Implicarte en la misión profunda que es el arte o la escritura también propicia la proximidad de abismos y complejidades existenciales. Pero todo ello se hace al precio de darle al alma propia lo que desea y que no encontramos en las inmediaciones de la agitada y monocorde vida común.      


 

jueves, 3 de noviembre de 2022

COMO UN POEMA



 

CASI UN POEMA


Longitudes violeta, urdimbres

de brechas blandas,

Trizada superficie de infinito.

 

La tarde deposita copos de ceniza azul

En tu mano transparente.



Prolongación vagarosa, escamas desprendidas

De izamientos blancos,

Luz rota bajo el anaquel de hilos.

 

 

El lienzo de las horas es esta tapia

En la que el sol escribió sus testamentos diarios.


 

La destreza del tiempo es configurar la caída de los átomos,

Evidenciar la impronta del cuerpo posado que fue.

 

 

¿Es la memoria del cosmos este largo vacío que se despeña,

Este hollamiento sin gracia

Blandiendo arenales contra arenales?

 

CUATRO LIBROS, CUATRO TRAYECTOS, CUATRO CARTOGRAFÍAS

Personalmente, tengo que hacer un considerable ejercicio de liberación de grasas y densidades verbales, para poder disfrutar de estos supe...