martes, 10 de febrero de 2026

LOS SABORES CONCEPTUALES DE LA LITERATURA

 

Factores sociales, educacionales, lingüísticos determinan a veces los productos de la inteligencia. Estos períodos pueden ser flamígeros en lo que descubren o describen, en cuanto al centro semántico que abordan y dan a la luz. La pléyade de filósofos alemanes que nos da la definición primera de lo que fue el romanticismo, configura un número de autores que aparecen tanto consecutivamente como simultáneamente en el espacio-tiempo. ¿Cómo definir esta suerte de  implicación en un solo fenómeno representado por poetas y filósofos? ¿Qué suerte de consigna compartida hace que trabajen en el desciframiento de una nueva sentimentalidad, de un mismo concepto de mundo?

Algo semejante ocurre con ese conjunto de artistas y poetas que con el advenimiento de una sociedad cada vez más tecnologizada y urdida al compás de una velocidad notablemente incrementada con respecto a generaciones anteriores, produjo los grandes movimientos de vanguardia a pesar de la escenografía de fondo de la primera guerra mundial: el dadaísmo, el expresionismo, el surrealismo, etc...

Necesitaba de esta proyección general para ubicar el objetivo que comprende el porqué de la sensibilidad y singularidades del estilo levantino en literatura.

Unas lecturas de Josep Pla me han hecho plantear la razón profunda de la composición o composiciones que articulan una escritura como la suya, tan clara como rebosante, tan directa como elocuente, tan entretenida como reveladora. Pero lo que me interesa no es el recuento de propiedades estilísticas en sí para la redacción de programas de estudio o captación de tendencias generales que fueran a definir qué tipo de literatura se hacía décadas atrás. Lo que rastreo es la capacidad de la imaginación a través de la literatura para describir estados espacio-temporales, huidizos o marginales por su propia naturaleza, cómo la mente imaginativa  halla o recrea estos imposibles fugaces como estelas de un estado del mundo. No me refiero a los viajes barrocos que la palabra inspirada puede trazar en ocasiones de deslumbramiento intelectual, sino a esos flancos desleídos que perteneciendo a pasajes de la historia, esta no describe.

Esta vez, mi lectura de Pla se ha encontrado con que el poder de la elocuencia no consiste en presentar la realidad en toda su vivacidad e interés vital, sino en llegar a visionar lo que la perspectiva común arroja a los márgenes o desprecia, los momentos huidizos que aunque insignificantes para el desarrollo narrativo, poseen una existencia virtual que sólo la literatura puede captar y presentárnosla, aunque sea casi como una fantasmagoría.

Pensando en las características de la literatura levantina, he dado con otros nombres que ahora me lanzan rayos de una tornasolada intensidad.

Azorín, con su visor de maceramiento analítico para concebir las cosas como masas sutiles de detalles; Miró envolviéndonos en flujos y reflujos de texturas desprendidas de una materialidad musical y espectral; un Ramón Sijé, que prefiere celebrar las propiedades de los objetos a través de una comprensión jubilosa y lúdica de su significación conceptual; un Joan Fuster que en el ámbito estricto del ensayo y la producción aforística, se especializa como hiperagudo tirador sarcástico. Incluso citaría aquí a Miguel Hernández, quien a través de sus contadas muestras de prosa poética, demuestra una capacidad sobresaliente para sintetizar los complejos fenomenológicos concretos de los motivos que componen temáticamente la ciudad y el campo.



Quizá sea algo vago citar a estos autores excluyendo otros por la sola razón de la pertenencia de tales autores a una ubicación geográfica concreta. Las similitudes pueden brotar y nosotros elegir el momento oportuno de asociarlas. Pero no creo que la relación espacial como acuñadora de una sensibilidad o de un humor sea algo olvidable. Lo que uno tanto a Josep Pla como a un Joan Fuster con un Gabriel Miró o un Ramón Sijé, es una sensorialidad conceptual que se resuelve en una escritura tan rebosante y voluptuosa que parece clarividente en los conjuntos descriptivos. Podríamos hablar de un elemento definidor como hilo común de este tipo de prosa: independientemente de la base cultural real, compartida generacional e históricamente, el criterio que determinaría un instinto.

Una geografía intelectual localizaría temas y propósitos, no sabemos si someramente inteligencias y ambiciones. Habitar la tierra supone la prestación de hacerlo harmónicamente si sabemos hacer eso, habitar la tierra, no sortearla o adaptarse compleja o conflictivamente a ella.

Pla da la sensación de saber moverse en distintos ámbitos reflexivos sin tener que abandonar la casa. La completud de Pla como escritor profesional y periodista logra este acaparamiento. La vivacidad de Pla es consecuencia de un intelecto dinámico, accionador de una escritura que se despliega combinando el dato histórico con un desciframiento lúcido e instantáneo.

Y como he señalado, lo que me emociona en la tornasolada prosa de Pla son esos instantes en que describe, localiza, identifica rincones y ambientes cuasi virtuales que el historiador desprecia o ignora y que el escritor articula en una adivinación imaginativa de momentos del pasado o del presente inmediato.

No se trata de algo que Pla explote sino que forma parte de su sandunguera escritura, de su despierto  modo de entender el mundo. En definitiva para un escritor la historia no es sino una sucesión de escenas y cuadros que funcionan como provocadores de su arte narrativo o escritural.  Y en la creatividad en que una escritura tal reposa, se advierte el poder hermenéutico de la imaginación. Tan sólo un ejemplo extraído del libro de Pla sobre el pintor Rusiñol (Rusiñol y su tiempo): En verano, en el verano sensual y húmedo de Barcelona, se organizaban las sortiges en los terrados, con las sandías y melones  puestos en los cubos a refrescar y el griterío alocado de la juventud bajo el cielo lechoso, ligeramente amoratado, lánguido, pesado.

¿Cómo que el cielo de aquellos veranos finiseculares barceloneses eran lechosos, ¿ligeramente amoratados! Y encima, lánguidos, pesados… ¿Vio Pla ese cielo o se lo imagina? Y si los imagina, ¿cómo llega su sensor a ser tan específico como para indicar que la lechosidad del cielo estaba teñida ligeramente de violeta y que su densidad era lánguida y pesada? El atrevimiento de Pla es sorprendente, pero Pla no inventa, crea a partir de su información y de los detalles recogidos por la experiencia, y si inventa lo hace acertando. Con sólo un ejemplo como este ya podemos afirmar el carácter tanto documental como fantástico de la literatura, cómo esta nos sirve de medio de contacto con los mundos que fueron para ofrecernos una vívida representación de los mismos ante otros modos representativos más formalizados como la pintura, por ejemplo. Podríamos buscar otros ejemplos de sobriedad distinta pero de plasticidad similar. Pasajes escogidos de El humo dormido de Gabriel Miró, nos parecerían igual de estimulantes pero de tempo más concentrado, revelaciones sabias del propio tiempo hablando de sí a través de detalles paisajísticos y emergencias poéticas. La realidad, pues, no se extingue: halla en la expresión artística un marco de ubicación sorprendente desde el cual sus episodios transcurren vivos para siempre, renacientes tras cada lectura.  

 

martes, 3 de febrero de 2026

LA ESCRITURA DIARIA DEL DIARIO




Estos días me encuentro leyendo el diario íntimo de Cesare Pavese. Hasta hace dos días creía que Oficio de vivir era el epígrafe de un poemario del autor, pero se trata del nombre de este diario. Pavese siempre me pareció un tipo durillo, difícil de ánimo y de trato, pero desconocía sus incursiones en los laberintos subjetivos y torturados del yo. Con esta lectura a mí también me han entrado ganas de hacer alguna que otra confesión. Padezco esta estimulación digamos mimética.

 

La gracia es descubrir, constatar que el conjunto de tus experiencias al intentar ser explicadas o relatadas a otros, cubran una dimensión de lenguaje lo suficientemente relevante. Entonces parece que tu vida o lo que vas viviendo alcanza una trascendencia que el lenguaje ratifica y consagra. Que lo que vivas encarne, lingüísticamente, un orden, un empaque conceptual, aunque lo que se describa sea una madeja de desastres íntimos o todo lo contrario, compensa tu dolor. Ya estás ahí, ubicado en el árbol anónimo de los sufrientes cósmicos.

 

 Pavese resulta muy inventivo a la hora de realizar crítica literaria. Habla de tipos de imágenes como determinantes del cariz narrativo o poético de un texto. Se adelantaba al modo en que algunas escuelas semióticas han analizado los elementos funcionales de una obra literaria. Hay en Pavese una voluntad de ser muy correcto y preciso cuando desea hablar críticamente de una obra literaria o de un autor. Por otro lado se revela en sus notas un carácter difícil de tratar, contundente en su relación con los demás, antipático y directo. Esto es lo que parece que le pasó fatal factura en vida amorosa. 


La vida me espanta y me fascina. Jamás seré un adulto.

 

La felicidad del diario es la legitimación de la percepción lúdica de tus propios abismos. Eres dueño de ser exhaustivo o sintético con el material de tus deseos, sueños y felicidades vividas. Es de nuevo el destino lingüístico de tus experiencias lo que determina la intensidad y epicidad de las mimas.

 

Un diario íntimo como un relato de delirios lúcidos.

 

La materia más inmediatamente literaturizable es la vida propia. Si sabes cómo extraer los fragmentos de interés objetivo y sopesar las consideraciones subjetivas dignas de un interés critico o general, estás en disposición de articular un diario que se convertirá pronto en obra literaria considerable.

 

Necesito parar o esquivar la cantidad de cosas que suceden, pero no por el mero aspecto cuantitativo sino porque la importancia de lo que ocurre ha adquirido con los años una significación total y a veces, aniquilante. Mi mundo se está llenando de personas ausentes, de gente que ya no está, de muerte, en definitiva, paulatina y progresivamente. Pero es que al mismo tiempo me voy dando cuenta de que resulta imposible asumir cada desaparición, por ello me acuerdo de ese dicho más o menos popular que dice que  es necesario olvidar para seguir disfrutando de la luz del día. En realidad no olvidas meramente, sino que tu memoria va colocando a los que se han ido en un depósito ingrávido que permite el que la percepción del espacio vivo cotidiano no se oscurezca o colapse. Olvidamos pero sin olvidar. El olvido está poblado de ausentes que ocupan una suerte de ahora sin ahora, cuya única actualización es el recuerdo.  

miércoles, 28 de enero de 2026

FUENTES MANANTES


 

Podríamos llamar fuentes eternamente manantes a esos motivos, símbolos, obras literarias, o autores cuya consulta o frecuentación irrigan nuestro ánimo creativo y  renuevan las razones por las que nuestra escritura retoma caminos y perspectivas.

En mi caso podría especificar que mis dos platos más exquisitos al respecto lo constituyen, por un lado, toda la gama investigativa que las tramas semióticas articulan sobre cualquier tema cultural de relevancia, y por otro, la persona y obra de Lezama Lima.

Ambas cosas tienen mucho en común, yo lo advierto así: el despliegue conceptual de la semiótica se corresponde con los apiñamientos y evoluciones de la poesía y el discurso barroco de Lezama.

Si los cito aquí, es con toda la intención reivindicativa. La semiótica es una disciplina que se actualiza constantemente, que no se estanca en definiciones formuladas décadas atrás, y que permite a través de una multiplicidad concentrada de cauces la exposición de enfoques y análisis notablemente audaces. Por ello los análisis semióticos me dan seguridad intelectual, porque trabajan obras y fenómenos actuales. Por su lado, la obra de Lezama es un fuego demiúrgico, una corriente lustrosa de agua primera que brota constantemente renovando la sucesión de imágenes que encarna las metamorfosis de la realidad.

Cada vez que me acerco a la palabra de Lezama, me asalta una novedad, el giro prismático de un verbo que ha captado la esencia del mundo y puede nombrarla diversamente porque presenta una lucidez multidimensional. En Lezama el experimento verbal es legítimo, es más, en Lezama no hay experimento sino la toma de lo real en la que interviene toda oblicuidad devenida expresión sustancial. El decir de Lezama es insustituible, su tesón elemental se responsabiliza de la multiplicidad de las apariencias, de los devenires súbitos, de la complejidad de las conformaciones, por eso su barroquismo no es ningún ismo tendencioso sino la encarnación de un registro originario y fundante. A veces es insólitamente literal, pero lo es cuando la realidad se ha conformado de tal modo. Es entonces cuando parece más barroco aún, pues su poesía no utiliza voluntariamente espejos deformantes. Lezama conoce qué virtualidades atraviesan a los objetos, qué relieve fosforescente adquieren estos cuando a través de la imagen conformada acontecen como entes significantes. Y Lezama conoce porque no es un mero fabricante sorpresivo de imágenes y acendradas exposiciones prosísticas sino que asiste al punto de eclosión en que relación de hechos y expresión de los mismos producen soberanamente la metáfora. La copiosidad que facilita la localización de lo analógico es una virtud de la percepción lezamiana. El mundo exhibe su energía y riqueza entre arborescencias lujosas. Lo que descubre y define este mundo en su esplendor flamígero y selecto es el verbo. Lezama lanzando desde los confines del verbo su rosario de fulgores oscuros es sabio, porque su aposento es el propio verbo, las fibras nominadoras de lo que el tiempo guarda en sus pliegues.

Y sigo sin entender ese desvaído puesto que Lezama ocupa en las letras latinoamericanas teniendo en cuenta que es creador de un idioma propio dentro de nuestra lengua común, como si la docencia prefiriera obviarlo por su compleja singularidad. Sigo sin entender que falte apasionamiento ante la obra de Lezama incluso entre los propios poetas españoles, teniendo en cuenta que nuestros clásicos son barrocos y contemos entre nuestras esplendentes listas a poetas como Juan Ramón Jiménez, Góngora o Lorca.

La semiótica también encarna riqueza con su respuesta intelectual a los trayectos diversos que a veces suponen las cosas y los hechos de orden social y cultural. Imagino la semiótica afrontando esas galaxias de signos que son el mundo, descifrando relaciones de enunciados como las hojas pululantes de una enramada.

Practicar los balances semióticos ante cualquier fenómeno, supone practicar una fe, así como confiar en que la excelencia retórica de la poesía, en este caso la de Jose Lezama Lima, salve mi espíritu: la fe en la palabra, en la cultura.

Los signos se destrenzan sobre los paneles desleídos de la tarde. Un flujo fosfórico delinea rastros de estrellas en tu mano, al tiempo que un diligente  velo incandescente protege lo que unos labios remotos nos van a confesar.    


jueves, 22 de enero de 2026

 

SENTIMENTALMENTE

Lo que últimamente me está ocurriendo cada vez que evoco algún recuerdo relacionado con los últimos años o me vienen a la cabeza cosas ocurridas hace mucho tiempo, se parece a la sensación que uno tiene al sumergirse lentamente en una bañera: una suerte de velo vibratorio me recorre el cuerpo y me cubre la mente y una mezcla de melancolía intensa y dulzura mezclada, me sume en un estado de fuerte abandono. Me atomizo, por instantes, en lo remoto que fue y ya no volverá a suceder. Este no volver a suceder de las cosas se refiere a que no volverán  a suceder del mismo modo que antes. Lo pasado se preserva en la memoria como en una suerte de cámara frigorífica pero es imposible resucitarlo, o, al menos, resucitarlo del modo en que uno lo desearía, es decir, de modo inmediato, casi por arte de magia. Esperanzar el presente puede realizarse, claro está, a través de la lectura de un poema, gracias al poder evocador y cordial de la música, reinstalando motivaciones varias que impliquen a tu inteligencia en el ahora, recuperando las relaciones personales con los demás, limpiando de pronósticos pesarosos la vida que te es dado vivir y que legítimamente te pertenece…

Mi estado de ánimo postnavideño es este: una especie de crepitación continua del pasado que cada vez se afantasma más y más, perdiéndose en un túnel oscuro y junto a ello una sensación que sí es patógena y que tiene que ver con lo más amargo que soterradamente me tortura: lo que nunca llegué a vivir y con el tiempo, se envuelve en la cuasi certeza de que nunca viviré.


Todo esto se vivificó el otro día cuando, examinando páginas en internet de fotografía artística, de pronto di con esta imagen que me hizo viajar enseguida a los años ochenta y a las ilusiones que un chico de veinte años, entonces, quizá pudiera tener: una delicada señorita sirviendo en una sofisticada cafetería.

¿Por qué esta imagen me atravesó el alma como una flecha y me hundió de inmediato en una tristeza dulce y letal,  a la vez: porque tal flecha quizá fuera de Cupido? Ay, ay… Llegué a pensar que esta chica anónima quizá me recordaba a alguien, a alguien a quien viera fugazmente sirviendo en algún local hace décadas y me hiciera tilín… No sé. La cuestión es que al dar con esta foto, todas las delicias y sueños de los ochenta se levantaron simultáneamente en mi imaginación para volver a sumirse en la sombra en donde permanecen enterrados. La reacción típica del alma que reverdece ante una alusión a las maravillas vividas para desilusionarse casi al mismo tiempo y regresar a su letargo indefinido. En ese limbo de virtualidades y vida no vivida es en donde, actualmente, me encuentro.

lunes, 12 de enero de 2026

RECUERDOS DEL PARAÍSO

 

Las grandes pinturas son apoteosis del paraíso. Según la anamnesis platónica ya estuvimos allí, ya residimos en la felicidad. La circunstancia dolorosamente novedosa que vivimos es que actualmente se nos arrebató y erramos  de sueño en sueño, buscando, de nuevo, sus lindes mágicas.



Estas imágenes de ninfas y otras deidades menores en el baño, evocan a través del velo de la melancolía la experiencia fuera del tiempo cronológico, la estancia en la ventura infinita. Qué placer más natural que disfrutar del agua, convertido ello en expresión de la plenitud.



LOS SABORES CONCEPTUALES DE LA LITERATURA

  Factores sociales, educacionales, lingüísticos determinan a veces los productos de la inteligencia. Estos períodos pueden ser flamígeros...