Mostrando entradas con la etiqueta José Lezama Lima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Lezama Lima. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de junio de 2011



PLIEGUES

Leyendo El Pliegue, del filósofo francés Gilles Deleuze. Inspiración, exhibición verbal, explosión descriptiva. La elocuencia como un vicio.Términos y conceptos a porrillo. Deleuze explica la filosofía barroca de Leibniz. Ninguna excusa mejor para exhibirse que escribir sobre filósofos antiguos. Uno puede emplear todos sus recursos estilísticos y retóricos no preocupándose sino por una "verdad singular o antigua", es decir, por un objeto intelectual ampliamente especulable en el también amplio abanico de los objetos y motivos intelectuales existentes. En definitiva ¿cómo ser sobrios si se quiere ofrecer datos exhaustivos del modo de ser del Barroco? El texto de Deleuze es notable, pero aún así, si lo comparo con los ensayos de poetas, éstos son más generosos. Pienso en un Lezama Lima, en un Octavio Paz, por ejemplo. No hablo de grados de inteligibilidad ni de penetrabilidad conceptual, sino de tratamiento de la palabra. En Deleuze, la dinámica hiperlucidez produce cierto efecto alucinatorio. En Lezama, el espacio se abre y palpita como un cuerpo de múltiples miembros, se realiza una comunión místico-especulativa con el Logos bajo el amparo del deseo poético de unidad, la historia cultural adquiere un estimulante carácter de cifra (como en Borges), florece el reino de la analogía. El texto lezamiano es una totalidad viviente, el de Deleuze, un discurso virtuosístico. Cómo no leer obras de este filósofo sino como complejas obras literarias. Me impongo, de todas maneras, como deber, contrastar este libro de Deleuze con lo que Eugenio D´Ors esribió sobre el Barroco en su famoso ensayo.

lunes, 25 de octubre de 2010


MIGUEL HERNÁNDEZ +JOSÉ LEZAMA LIMA.
A PROPÓSITO DE HOMENAJES Y CENTENARIOS

Las librerías de Orihuela y Alicante rebosan de publicaciones sobre Miguel Hernández: biografías, reediciones de su obra poética completa, epistolarios, adaptaciones infantiles sobre su vida y su poesía, etcétera. Además el número de conferencias, exposiciones, mesas redondas y encuentros en su nombre se producen casi a diario. Demasiado sigilosamente está pasando el otro centenario, el del poeta cubano José Lezama Lima. Inadvertido, habría que decir. No he visto nada en la prensa - habrá sido una extraña casualidad - sobre esta efeméride. Y esta suerte de silencio, es tanto más sorprendente teniendo en cuenta que pocos autores han festejado el lenguaje poético como Lezama. Si por hacer justicia con las cronologías celebramos a Hernández, hagásmolo del mismo modo con un poeta al que también le ha llegado su centenario y que, encima, es hermano de lengua y tradición literaria, y autor de una obra cuya ubicación en la historia de la literatura todavía trabajan los filólogos.
Lezama, podríamos decir, es el "maldito" del boom latinoamericano, el autor que se quedó fuera del reconocimiento y de la fama que disfrutaron Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa. Siendo la obra de Lezama una de las mayores aventuras verbales en español, el que su reconocimiento haya resultado tardío y titubeante, es todo un signo de la escasa capacidad para el lujo intelectual de nuestro estimado y agitado orbe. Me atrevería a decir que Lezama es según la terminología barthesiana, un logoteta, es decir, un creador de lenguaje (como quien crea un idioma propio), pero que a diferencia de otros autores que han engendrado modelos referenciales, resulta difícilmente imitable. Pongo un ejemplo. Cioran dijo que lo malo de Borges es que le habían pillado el tranquillo, es decir, que su propia genialidad traicionó a su misterio: legión son los textos que han imitado-estereotipado el estilo y las temáticas literarias de Borges. Pero, tal y como Luis Cernuda recriminó al propio Lezama, el múltiple cubano no le puso las cosas fáciles a los lectores. Si lo comparamos con Neruda, el hálito del chileno es oceánico, pero resulta claro y lineal en su totalidad; mientras que Lezama, sumando las armas de los depósitos barrocos y simbolistas que en el mundo han sido, lleva a cabo una empresa literaria torrencial en la que la imagen se convierte en expresión suprema de un sistema que integra el azar en una lectura órfica del mundo. La lectura nerudiana fluye, la de Lezama no lo hace sino exigiendo al lector que se introduzca en el magma del lenguaje con el avituallamiento cultural ya deglutido sobre sus espaldas. Lezama es el poeta como demiurgo, un demiurgo no estático: cada verso suyo, cada línea, cualquier artículo o ensayo está magnetizado por esa demiurgia cuya complejidad reside en afrontar la totalidad en movimiento, aliando singularidad y significación estética. El resultado de ambas cosas es la imagen poética.
Conocimiento y sensorialidad, alusión cultural y expresión metafórica, convergen en las aristas de un móvil diamante: el que configura la palabra poética investida de sus más delicadas y laberínticas potencialidades.
Celebremos, pues, ambos centenarios que nos ofrecen la ocasión de redescubrir y afirmar dos tesoros literarios. La vida y la obra de Miguel Hernández son un ejemplo de integridad para un mundo escaso en heroicidades. De Lezama, el ejemplo a seguir es total y converge con el de Hernández: ratificar que, pese a los vaivenes de la sociedad, los poetas deben seguir ahí, guardando el lenguaje, siendo los médiums mal pagados de los misterios y de las confidencias más entrañables.

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....