miércoles, 31 de julio de 2019

EL SACRIFICIO DE LAS HIJAS DE LOS HOMBRES





La enorme industria de la publicidad, la de las telecomunicaciones, junto al universo específico del cine, suponen otras masas igualmente enormes: las de los consumidores de sus productos. Y tales productos son transmitidos, generalmente,- en el caso del cine, exclusivamente - a través de un mismo envase: el visual. Y esa visualidad, continuando con los términos de la exposición, no sería nada sin un conjunto cuasi cósmico de espectadores más o menos inertes, o bien, semidispuestos al viaje catártico de la imagen en movimiento. Y parece claro que para estimular o no perder a esa masa de espectadores tendentes a la inercia o a la mera expectación, el mundo audiovisual, en sus distintas expresiones, ha tenido que ofrecer carnaza especial. La sociedad de hace algunas décadas, a través del cine, precisó de esa carnaza que actualmente ofrece variaciones mediáticas de otro orden.
La comedia erótica de los años setenta consagró fatalmente a una serie de actrices que en su conjunto y fenómeno representa esa carnaza de la que hablo.



Confieso mi envidia a los actores: envidio esa capacidad de trabajo, esa sólida maleabilidad, valga la contradicción, esa entrega psíquica y física que define su profesión. La cuestión es que tal entrega, cuando se ha tornado literal y ha transcendido los sanos límites en que consiste la vocación, pervirtiéndose en una suerte de esclavismo consentido e irremediable, se ha llevado por delante la salud del actor y de la actriz.     
Nadiuska, Karine Schubert, Bettie Page, Amparo Muñoz, Adriana Vega, Blanca Estrada, Margaux Hemingway, son nombres nacionales e internacionales que me vienen a la cabeza de esa furtiva galaxia hecha de estrellas heridas, actrices y modelos que tras el éxito y la fama se aproximaron al límite: intentos de suicidio, locura, internamiento en psiquiátricos, o bien, melancólicos retiros del baño de multitudes al olvido, cuando ya la belleza que exhibían, empezaba a velarse.
Todas estas actrices que estimularon nuestras fantasías de adolescentes a mediados y fines de los setenta, se me antojan no las meras protagonistas de comedietas chispeantes sino ejemplos trágicos del comercio sexual de las imágenes que entonces, en aquellas décadas de modo singular, aunque creo que nunca ha acabado tal cosa, nos sumió una época del cine, convertido furiosamente en  industria.



No eludo la implicación feminista, sólo subrayo la protesta: cuando a una artista que vive de sus cualidades interpretativas y especialmente, de su apariencia, la industria utiliza y  explota hasta que ya “su cuerpo” y su psique no dan más de sí.
De un modo singularmente evidente el cine representa con generosidad de escenarios la utilización y alienación del cuerpo femenino, por ello culpabilizar al cine no deja de ser algo ambiguo, pues, como decimos, el cine confirma la explotación sexual de la mujer y se convierte, a un tiempo, en protesta de ello. Al fin y al cabo, el medio artístico que es el cine, conserva la complicidad de sus mensajeros y ejecutantes.
El mensaje que el cine articula, en suma, es la indignante reducción de la belleza a objeto de violentación y posesión destructora. Que la belleza de tales mujeres fuera tanto lo que les lanzara a la fama como lo que las condenara al exilio profesional tiene el aire fatal de una fábula acerca de la avidez humana, de su lucha contra el deseo más poderoso. Pues cómo es que lo que semeja ser tu virtud más elogiable se convierte en elemento de tu condena. El destino de todas estas mujeres se me antoja, simbólicamente, como una suerte de  inextricable sacrificio cuya elección responde a esta mecánica atroz: la mujer es culpable por ser bella y por ello es sacrificada, lo cual también semeja un siniestro y confuso anillo de Moebius. 


La fugacidad de la belleza en la mujer es una advertencia de la temporalidad de la pasión, un recordatorio de la naturaleza acerca de la no eternidad de su don. Y esta delicada circunstancia, en el caso de modelos y actrices se convierte en un motivo mortificador de la persona cuando no, en un destino de tintes trágicos.
Quién es el culpable de esta crueldad, por qué la belleza tiene este fin tan injusto, qué mundo gansteril permite que las mujeres bellas acaben así tras “un uso” perverso y alienante de su imagen. Recuerdo lo que decía Antonin Artaud, que fue además de poeta, actor: El cine es una cueva de ladrones. Aplíquese este funcionamiento mercantil de intereses a momentos históricos de la misma industria cuando la sociedad europea descubrió sin censuras ni oficialidades, el mundo del sexo.
Quizá , en comparación con el destino de aquellas actrices de los setenta, el de las de ahora no ofrezca finales tan abruptos ni tan crudos: suficiente tienen con la obsesión anoréxica y con que los productores cuenten con ellas para alguna serie o película.
Pero no puedo visionar a aquellas mujeres sin evitar la fascinación morbosa de sus trayectorias e interrogarme sobre las razones profundas de sus magulladas biografías. Pensemos en el icono por excelencia: Marilyn.
Lo repito, este sacrificio de la belleza me parece un misterio como el de los poetas malditos, emblemas de la modernidad, o, incluso, como el de la entrega a la redención humana de la figura de Cristo. Basta examinar la lógica del sacrificio para confirmar que las existencias complejas, tortuosas y desdichadas de actrices, artistas y poetas comparten con la vida de Jesús la expiación total por la excelencia que representan, de modo específico, cada uno.  


La vida de un Leopoldo María Panero y la de una Amparo Muñoz, por ejemplo, aunque aparentemente una esté a años luz de la otra y viceversa, insinúan un paralelismo inquietante y elusivo que no se reduce a la vulgaridad de la expresión “se quemaron en vida”, sino que muestra cómo esta, la vida, se trunca cuando insistimos en vivirla hasta sus últimas consecuencias, hasta el dionisíaco exceso sin que la pregunta deje de insistir: cuál es el límite del existir cuando los márgenes que lo vehiculan han volado por los aires y no soy yo quien ha minado intencionadamente el camino.
En el caso de las actrices que acabaron mal como en los  cuentos aparentemente de hadas pero con un desenvolvimiento inesperado y siniestro, la famosa y polémica cita bíblica del Génesis vendría a afirmar la inocencia humana y a exculpar a las mujeres por ser bellas: Y vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas y tomaron mujeres de entre las que le gustaron.
Esos hijos de Dios son, según la exégesis común, los ángeles, o al menos, una singular partida de los mismos.
Si los ángeles ya marginaron y discriminaron por la belleza física, qué no irían a hacer la lujuria y el egoísmo humanos. La gracia de la divinidad se revela, en este episodio, algo ambigua: los seres más bellos son también los más vulnerados. ¿Quizá por estarles reservados un destino ultraterreno de infinita gloria, o por un descuido de  incomprensible crueldad?



jueves, 25 de julio de 2019

Nota rápidas.





Acabo de “descubrir” a Vernon Le, seudónimo de Violet Paget. Sorprendido por las descripciones que hace del universo romano y de los entornos vaticanos, esa ceremoniosa eclosión de colores y efigies sin fin rotando sobre veteranas auras. Me intriga el título de una de sus obras: Proteus o el futuro de la inteligencia. Digo que me sorprende su estilo en las múltiples piezas dedicadas a describir los fastos romanos porque su escritura integra las valoraciones negativas en un contraste que hace pululante y sólida su escritura. En tierra italiana es sensible tanto a la belleza que no para de brotar de los restos de tanta historia circundante como a la intencionalidad equívoca de alguna de las imágenes sacras de iglesias y panteones.

Me pregunto por qué una obra filosófica escrita o comenzada a escribir por Miguel Espinosa a finales de los cincuenta, no está publicada que yo sepa, todavía. De Espinosa, como de Borges, hay que leerlo todo. Si su epistolario ha tenido tanto éxito, seguro que sus seguidores celebrarían la edición de esos ensayos. No me refiero a sus reflexiones sobre Norteamérica, sino a un trabajo estrictamente filosófico y del que habla en sus cartas. Espinosa escribe desde unas trincheras semánticas tan especiales que el interés que despierta se mantiene vivo. Un caso parecido ocurre con Estanislao Sánchez Calvo, el famoso alcalde de Avilés – lo fue durante un día – cuyas especulaciones sobre milagros y espectros hemos disfrutado, pero cuya obra filosófica restante permanece ocluida en cajones o archivos.




Ayer vi de nuevo El hombre de la Mancha, la película musical que interpreta Peter O´Toole. Sensaciones curiosas al comprobar cómo se interpreta un clásico nacional y universal por mentalidades foráneas, aunque, claro, si es un clásico universal esas mentalidades foráneas no lo serán tanto pues también tendrán su derecho a versionar una entidad estética que será asunto e interés de todos. Lo que me resultó tedioso fue el tratamiento de la figura de Aldonza. Peter O´Toole a veces parece un robotito moviendo la cabeza, pero resulta conmovedor en los momentos musicales. Desde luego, la famosa canción Un sueño imposible no puede sonar aquí más emocionante, a propósito de ideales quijotescos y de la vida, dividida, engañosamente, entre poesía y realidad.




Hojeo el diario de viaje de Benedetto Croce durante su viaje por España y leo, también, la publicación en Renacimiento del conjunto de artículos que Vicente Blasco Ibáñez escribió sobre el orbe parisino durante su exilio francés.  Las crónicas, los libros de viajes convertidos en anecdotarios de los fugitivos confines del tiempo y de los espacios. Uno se da cuenta de que el mayor laberinto, el tramo más insólito es el que se configura a través del tiempo. En realidad no hay mayor itinerario de viaje que el tiempo. El espacio y la vivencia del espacio se modifican a través del baño del tiempo. Y, además, uno puede convertirse en un extranjero en su país propio.    



Leo El intercambio imposible de Jean Baudrillard. No creo, en absoluto, que el pensamiento de Baudrillard sea un bluf, después de tantos libros notables y de la fama que adquirió, pero esos análisis vertiginosos sobre la realidad, esa especialidad en lo definitivo y apocalíptico, corren el riesgo de quedar reducidos a lo espectacular, a la intensidad de una prosa efectista y brillante. A pocos filósofos contemporáneos he leído con tanta emoción y placer intelectivo, pues parecía que a Baudrillard se le había encomendado la misión de revelar la naturaleza profunda de la actualidad. Precisamente por ello, por centrarse en lo actual a través de balances relampagueantes y fatales, es que su figura ha quedado confinada a un discurso o a teorías ya recurridas socialmente y convenientemente deglutidas. Baudrillard pretendió definir la realidad, pero lo que la vida te puede dar es mucho más que ataques de elocuencia. No olvido sus escritos, las capas y grosores de realidad que descubre en sus obras, pero la experiencia de que te puede hacer partícipe la vida borra los límites que la inteligencia describe como definitivos. La vida es más que la actualización crítica de sus derivas. A pesar de la inevitable gravedad histórica de las grandes teorías,  uno puede atender a la marcha de la vida y sus sorpresas, ignorando convenientemente tales estatus o pronósticos.      

martes, 23 de julio de 2019

27 poetas en conjunción verbal





De aquí a mediados de octubre, queda toda una eternidad de calores  y días de refriega solar como para esperar a la clausura probable del siguiente ciclo de poesía. Sería entonces cuando la publicación de las intervenciones del ciclo anterior gozase de su justa presentación. Como, además, hay dudas acerca de que tal presentación se produzca, me adelanto a toda alarmante virtualidad remitiendo al piélago internético esta nota sobre tal publicación que, materialmente, ya tiene vida efectiva.
Aitor Larrabide y José Luis Zerón, artífices del proyecto, en los prólogos del volumen ya comentan todo lo que oficialmente hay que comentar con respecto a las distintas circunstancias de llevar a cabo una publicación como esta.
Yo, simplemente, subrayo la estupenda oportunidad que no sólo para la memoria de Miguel Hernández sino para la poesía misma se ha dado con la serie de encuentros que tuvieron lugar en su casa natal durante el otoño, invierno y primavera pasados.  
Un poeta supone una obra poética consecuente, una biografía y una geografía real como itinerario de los accidentes y acontecimientos que hilaron la vida de tal poeta. En este sentido, con Miguel Hernández tenemos suerte, pues los lugares en los que moró y la propia estructura de lo que es hoy el casco antiguo de Orihuela, facilita esa ubicación precisa en las labores de la memoria que rastrea anécdotas y episodios.
Yo preferiría contemplar a Miguel Hernández, antes que motivo de uniformantes recordatorios, como pretexto para la invocación de la poesía y la actualidad de sus mensajes.
Y tales mensajes no pueden darse sino a través de la obra de los poetas que desde distintos registros escriban hoy.
27 poetas han sido los que “han cabido”, los que han entrado en la celebración del último ciclo de poesía en la casa donde nació nuestro querido vate.
Toda iniciativa sobre cualquier motivo puede producir cualquier cosa más o menos memorable. El hecho de reunir a más de veinte poetas tanto de la provincia como de comunidades vecinas en torno a un poeta tan vívido como Miguel Hernández y que las intervenciones ordenadas de todas estas personas se incluyan en un volumen colectivo, implica siempre un trabajo de resultados generalmente entrañables, aunque posteriormente tanto los distintos encuentros como el libro que reúne la suma de los textos leídos y el nombre de cada uno de los autores, se vayan borrando en el horizonte con el paso del tiempo. De todos modos, la publicación, hecho hermoso en sí, ahí está.  
Decía Octavio Paz que a veces sucede: no que la poesía se aleje de la sociedad sino que sea esta la que se distancie de la poesía. Con la tontuna tecnológica, y las exquisiteces humanísticas que nos faltan, creo que algo de esto es lo que pasa hoy. Desde luego, no es irremediable. Basta que haya medios y que los estímulos funcionen para que los devaneos lúdicos y los intereses conceptuales recuperen cierta línea saludable. Y cierto es que la poesía puede encontrarse en lugares distintos a la palabra, pero no sólo de cine o de móviles vive el hombre.
Hay que potenciar las oportunidades de la poesía y de lo poético. No se beneficia ninguna abstracción más o menos ideológica con ello sino el lenguaje por el que transmitimos nuestras creaciones y nuestros sueños. Es entonces cuando recordamos nuestra excelencia y nuestra memoria común.      


sábado, 20 de julio de 2019

MOROS Y CRISTIANOS. RECUERDOS DE LA FIESTA





El tiempo funciona como el agente mecánico del existir, el agente que modifica y metamorfosea el conjunto de las apariencias. En el tiempo, sobre esa cinta corrediza que transporta a los confines recuerdos e impresiones, van también los míos, mis estremecidos recuerdos de esta fiesta. Quizá esos recuerdos se han grabado de ese modo, emocionalmente intensos en la memoria por ser, ni más ni menos, que los primeros de una experiencia tan acorde y no haber sido desplazados por impresiones posteriores ya que no he tenido experiencia más crucial sobre la fiesta. Aquellos festejos de fines de los setenta y principios de los ochenta, inauguraban una era en la memoria del adolescente que se veía arrebatado por el entusiasmo y por mareas de sensualidad.
Algunos familiares míos desfilaban y ello hizo que no fuera un extraño total a estos días de agradable caos, porque la timidez y el temor al mundo funcionaban como cerrojo invencible a mis probables atrevimientos de rebeldía.
En Orihuela, las fiestas más representativas, son dos y que considero, en cierto sentido,  antagónicas e igualmente productoras de fervor: la Semana Santa y los Moros. La primera es una fiesta seria, valga la paradoja, se impone la formalidad sacra de la procesión y las correspondientes imágenes de cada paso. El fulgor estético es eminentemente visual y el tipo de emoción que vehicula se atiene al común lujo barroco que define históricamente un gusto y un espíritu. Los Moros es también fiesta, pero de otro orden. Es la fiesta báquica del pueblo, por excelencia, la fiesta de la explosión de música y jolgorio.
Cómo recuerdo aquellas fiestas de finales de los setenta, qué vaharada indescifrable de libertad sentía el cuerpo, que sensorialidad despertada, qué justo festejar porque éramos soberanos del tiempo y del espacio. Hablo en pasado, en primer lugar, por recordar unas sensaciones inaugurales en un espíritu, el mío, que no se atrevía a lanzarse a la vida por considerarla un laberinto imposible que, sin embargo, le otorgaba esta ocasión extraordinaria; y en segundo lugar, por hacer duelo, precisamente, de tal manojo de bienestares concentrados en unos días que ya no han sido igual de intensos ni significativos.
Hablando con un amigo, el otro día, y recordando los tiempos en que nuestros padres eran casi los dueños del mundo, fue él quien de pronto llegó a decir: era como el paraíso. Mi amigo estaba esa tarde algo melancólico y apenas iniciada las rememoraciones fue igual de consciente que yo del vertiginoso paso del tiempo.
Cierto es que todo esto parece demasiado derrotista, y además, es como si estuviéramos sublimizando ridículamente aquellos años. Pero es lo que decía al iniciar el artículo: es el tiempo lo que nos atraviesa y nos lleva, lo se acumula sobre nuestras ansiedades produciendo esplendorosas ruinas, edificando tramos y muros infranqueables.
La efectividad de la Fiesta radica en su unanimidad, en el funcionamiento pleno de lo que expresa o tácitamente se ha convenido. La Fiesta es manifestación de la voluntad de todos. En eso consiste su éxito, en que todo el mundo está de acuerdo en que ha llegado, en que ha retornado la Hora: la de un primer día de felicidad y estruendo.   

    


miércoles, 17 de julio de 2019

Poesía y prosa en los libros de viajes. Impresión/ narración. Lorca y Warton.




Podríamos decir que un conjunto seguido de impresiones crearía una narración, y que una narración consistirá en la descripción y análisis de impresiones. Según el interés de la descripción vaya del contexto de la impresión a las características de la impresión misma, obtendríamos un producto literario más próximo a la narrativa, según el primer caso, o a la poesía, en el segundo.  Por esto se hace posible diferenciar libros de viaje basándonos en dos modos elementales e idiosincrásicos de contar: por un lado, el que se centra en la  exposición de la impresión en sí, como si fuera un microcosmos de relaciones, enumerando imágenes de lo visto, y otra, que sin detenerse tanto en la poetización, nos hable de las singularidades vividas constituyendo sobre todo, un relato de lo vivido o experimentado. Una muestra de cada uno de los dos modos de contar encuentro en estas dos publicaciones, estupendas muestras del género, que son el libro de Edith Warton, Paisajes italianos, publicado por Desclasados, y la obra Impresiones y Recuerdos de F. G. Lorca que encontramos en   Biblioteca Nueva.
En algún diccionario internáutico he creído leer que lo contrario a la poesía es la narrativa y la novelística, conceptuando a estas últimas como representantes clásicas de la literatura, mientras que no recuerdo en qué límbico y numinoso puesto se ubicaba la poesía.
Si la poesía, por su mayor formalidad, guarda una relación más inmediata con la memoria, no hay duda de que el texto de Lorca es más descriptivo que el de Warton. Lo sucinto en Lorca consiste en la golosa precisión con que capta el detalle identificador de lo visto.  Warton describe lugares razonando sus ascendencias culturales, Lorca secuencia imágenes al borde de lo numinoso. El texto de Warton es una línea recurrente, el de Lorca se constituye de fragmentos autónomos. La relación que define el estilo de cada uno resulta clara: Warton es la prosa y Lorca la poesía.
La forma, como vemos, afecta a lo semántico (recordemos la aportación cuasi fugitiva de Barthes cuando insiste en que el significante no tiene referente, es decir, que significa por sí mismo sin vinculaciones de sentido externas). El texto de Lorca, susceptible como todo texto poético, de fragmentaciones de significado autónomo, recuerda la gravidez del verso por la definición graciosa de la imagen, por la condensación expresiva y esto se vincula a significaciones espacio temporales muy precisas y absolutas en cuanto al grado de acuse semántico. El tiempo no transcurre en el texto de Lorca porque su percepción es poética, porque describe espacios de significación pura y no se diluye en accidentes o estos no adquieren una extensión narrativa que llegue a alterar el diapasón, el nivel de valoración de mundo.
Warton, naturalmente, no es ajena a la impresión estética y la incluye en su descripción seria y pormenorizada del lugar que visita. Pero lo estético, es decir, la condensación poética en un detalle absoluto no es algo prioritario o determinante en su escritura. Warton se desplaza junto a su descripción por el espacio que explora y su numen no excluye aspectos sensoriales en tanto que privilegia otros o superlativiza uno en el que se especializa o detiene. Su finalidad es la de redactar un informe culto en el que la sensibilidad literaria no imponga especificidades sino que se amolde al carácter general de la impresión.  
En Lorca el adjetivo es casi un sustantivo en tanto que soporta, lleva y trasluce la esencia específica de algo. El nombre en poesía es numinoso, pero el adjetivo coloca la guinda final a la obra de arte que va configurando la escritura y sus brillantes tramos. En Warton, el adjetivo también es potente, pero se adosa al conjunto de las palabras que se traslada continuamente en un conjunto móvil. De hecho, la prosa es un continuum con principio y final creíbles y reales. El adjetivo pone aquí su calificación a la cosa, revela la intensidad de la percepción.
Warton ejerce el periodismo ilustrado, Lorca aprovecha la capacidad poética para convertir su viaje en una fuente de imágenes preñadas de tiempo fuera del tiempo. Warton, en tanto que tiene la misión de informar, compara, elogia y critica; Lorca tiene ante sí una serie de “cosas”, de cuyas texturas, formas, colores, atmósferas, en definitiva, realiza su redacción. Warton atraviesa la historia, Lorca, sustancias.      
En el texto de Lorca, la imagen es imantación de toda potencia expresiva, homocentro de mundos, confín vivo de relaciones. En el de Warton, la maestría escritural obedece al arte de una lectora selecta que dispone de tiempo para esbozar historias y articular perífrasis que la intención del artículo justifica.  
Lorca, como poeta tenía un trabajo por delante muy gustoso y fácil para él, ya que el viaje que realizaría con su profesor para reconocer lugares históricos, se comprimiría en densas y concretas imágenes que tan sólo tuvo que transcribir. El dato contextual, - el juicio histórico -  unido al perfil de la imagen despliega el rosario de percepciones que Lorca generosamente distribuye. Para Lorca, los conventos, los mesones, las criptas, los castillos, los jardines conforman un compacto conjunto de conexiones que sin necesidad de desglosar históricamente, analiza y describe con genio porque los percibe como heredad del tiempo y como imagen real, aunque añeja, del país. Para Lorca cada sitio visitado es “un lugar”, casi un lugar de poder, y toda la imantación histórico-cultural está ahí mismo, frente a nuestros ojos y sensibilidad. Para el genio de Lorca la condensación histórica equivale a la condensación metafórica de tales lugares.
Para Warton tal condensación histórica no es tan inmediata, o al menos, no funciona agotada en los límites exhibitorios de su imagen. Warton visita un lugar y, respetuosamente, y con todo el interés del mundo, decide recorrerlo a la búsqueda de la extrañeza repentina y estatuaria, atributos de la sensibilidad de una civilización mítica y de la historia, preñada de empresas y hallazgos.


miércoles, 10 de julio de 2019

KIOSCO DE VERANO



Incursiones en lo indecible.
Thomas Merton.

El volumen reúne una serie de ensayos breves que el monje norteamericano acabó de redactar hacia 1966. Esta edición en español es de 1973. En estos textos Merton nos ofrece su talante más comprometido y ecologista. Critica la enajenación y la insensibilidad de la sociedad moderna ante las bellezas y misterios que la naturaleza ofrece de modo gratuito a la contemplación. Merton reivindica el silencio sólo cuando este se convierte en sello de una experiencia real y gratificante y cuenta, en su visión crítica de la realidad, con la complicidad inteligente de los poetas, entre cuyo  casi clandestino gremio, se cuenta. Resulta gratificante constatar con qué material  argumenta Merton sus posiciones, teniendo en cuenta su pertenecía a una orden de clausura: el teatro de Ionesco, Julien Green, la obra del ermitaño Piloxenos, la obra del sufí Ibn Abbad, los beats, Rimbaud, Baudelaire, el periódico Times, la bomba atómica, etc.. Es decir, Merton no emite, meramente, un discurso místico desde la pureza de su aislamiento sino que construye una crítica lúcida a través de artistas, escritores y temas contemporáneos. En sus libros, Merton hace converger lo secular con lo sacro en una misma, densa y sola realidad temática. Uno de los artículos del libro habla de Eichman, el tétrico diseñador de la solución final de los judíos, quien le sirve de pretexto para denunciar que a veces, el mal, se encarna en individuos totalmente cuerdos.





Cuentos de un bebedor de éter.
Jean Lorrain

Jean Lorrain es un producto típico de la Belle Epoque, personaje de saturación y de exceso, emergido de un momento histórico en que el simbolismo y el decadentismo conviven, adensando percepciones e imaginaciones. Lorrain viene a ser con su obra teatral, poética y narrativa una suerte de informador del espíritu de tal momento, sin tratarse de un escritor de primera línea. Precisamente por ello, Lorrain es más un efecto sintomático que un signo del devenir que fue. Hijo de su época, pues, más que profeta de la misma, y hasta la médula: de una época enferma de estética y de vaticinios, de vislumbramientos suculentos y deleitosos hastíos.
Los cuentos, sin ser genialidades en su género, tratan de lo extraño, de lo fantástico y terrorífico y se leen con ligereza entretenida. Es el epígrafe bajo el que se reúnen estas ficciones el que realiza la confesión que justifica su temática alucinada.






La obra gráfica de Félix Vallotton

Estupenda iniciativa de la editorial valenciana El Nadir al crear una colección dedicada exclusivamente a la obra gráfica de pintores, ilustradores y dibujantes pioneros en el género de la estampa, la caricatura o el cómic.
En este caso se nos ofrece el peculiar trazo de Valloton, uno de los fundadores del grupo de los Nabis. El dibujo de Valloton es espeso, globoso, húmedo, pegajoso, de una densidad ambigua, pues nos podemos refugiar gratamente entre sus sombras o interpretarla como tímido signo de oclusivos devenires.  







Franz Grillparzer
Autobiografía, diarios y otros escritos.    

Recuerdo que conocí a este autor austríaco en una mención que Kafka hacía de él en sus diarios. Famoso en su tiempo por su obra poética y por sus dramas basados en piezas de Calderón y de Lope, lo que se nos ofrece aquí es un material que, probablemente, pueda interesar más al lector actual: su diario personal, la autobiografía, otros diarios de viaje y relatos. Interesante resulta la relación del autor con el emperador austríaco y los problemas que le surgieron con los poderes políticos a raíz de la publicación de un poema sobre el país y la monarquía entonces reinante. Los diarios nos ofrecen esas curiosidades que sólo la metamorfosis del tiempo hace surgir en la sensibilidad del hombre. Por ejemplo, cómo abandonó el teatro una noche de noviembre de 1810, en un ataque de irreprimible  repugnancia tras escuchar a un castrato, que visitó Viena y dio un concierto allí; o la sensación espantosa que le produjo la actuación de unos derviches en Estambul, que consistía, al parecer, una sucesión de gritos animalescos, bien distinto, con toda seguridad, a lo que actualmente se ofrece como espectáculo en dicha ciudad. También me han parecido curiosas las notas que en su diario registra sobre la situación política en España y el inicio de las guerras carlistas. Grillparzer celebra la libertad, mostrando sus simpatías isabelinas. La afición de Grillparzer a la literatura del siglo de Oro española, me ha hecho recordar aquellas palabras de Borges, un poco antipáticas, sobre “el autoengaño” a que se sometieron con placer los autores germanos románticos ante las obras teatrales hispanas. Si el ensalzamiento del teatro español clásico fue sólo una singularidad romántica de alemanes y austríacos, ¿a quién culpamos de ello: al poder de febril ensoñación de los germanos, o a la azarosa estrategia de las coordenadas espaciotemporales que la creatividad hispana accionó, sin saber, varios siglos antes? ¿Hasta qué punto la interpretación de Borges es exclusiva o cabe, también, la posibilidad de esa curiosa y episódica sincronización inspiratoria entre alemanes y españoles?





Hermes Trimegisto
Corpus Hermeticum

En español existen varias ediciones recientes del Corpus Hermeticum. Mi única duda ante unos textos, en principio, tan filosóficamente suculentos, es el tema de la traducción y la confirmación de que los textos traducidos correspondan, efectivamente, al tan famoso Corpus, teniendo en cuenta la cantidad de publicaciones sobre, presuntamente, los mismos textos y la libre floración de apócrifos de la época (cuando no, de la propia actualidad). En este caso, la confusión y el titubeo acerca de la originariedad de los textos herméticos, está servida porque la editorial Arca de la  Sabiduría,  ha tenido el detalle de confesar que su edición es la traducción de una prestigiosa versión aparecida en Londres en 1924, es decir, es la traducción de una traducción. De todos modos, aunque estos datos puedan descorazonarnos, si nos conformamos con el texto que tenemos delante, apenas leídas unas pocas páginas,  la satisfacción intelectual no parece que vaya a ser insatisfecha, pues el surtido temático que surge resulta fascinante: “si el alma del hombre no tiene ni hijos ni hijas, se ve obligada a entrar en un cuerpo que no es ni femenino ni masculino; la función de la naturaleza es la extinción y la renovación universales; el Bien es la Luz arquetípica; Dios es el hacedor tanto de las cosas que son como de las que no son: las primeras la ha hecho visibles y comunicables, mientras las otras las mantiene dentro de sí; sólo el pensamiento puede ver aquello que está oculto”, etc…
Teniendo en cuenta que a uno, le ilusionaría considerar este manojo de reflexiones como referentes del pensar por gustarle el pensamiento hermético y considerarse poeta de raigambre simbolista, me surge la duda hermenéutica de hasta qué punto  los que escribieron estas líneas eran pensadores libres de toda tendencia o pertenecían a escuelas neoplatónicas de la época. También, tengo otra dudilla: que si alguna que otra audacia expresiva pertenece a la invención del traductor anglosajón a través de la versión española, o pertenece al lenguaje originario de los seguidores de Hermes.        
  

IMAGEN NUEVA, MUNDO RENOVADO

  El otro día mi hermano, gracias a una de esas carambolas que propician las redes, se encontró, en la página de facebook del Colegio Jesú...