martes, 23 de julio de 2019

27 poetas en conjunción verbal





De aquí a mediados de octubre, queda toda una eternidad de calores  y días de refriega solar como para esperar a la clausura probable del siguiente ciclo de poesía. Sería entonces cuando la publicación de las intervenciones del ciclo anterior gozase de su justa presentación. Como, además, hay dudas acerca de que tal presentación se produzca, me adelanto a toda alarmante virtualidad remitiendo al piélago internético esta nota sobre tal publicación que, materialmente, ya tiene vida efectiva.
Aitor Larrabide y José Luis Zerón, artífices del proyecto, en los prólogos del volumen ya comentan todo lo que oficialmente hay que comentar con respecto a las distintas circunstancias de llevar a cabo una publicación como esta.
Yo, simplemente, subrayo la estupenda oportunidad que no sólo para la memoria de Miguel Hernández sino para la poesía misma se ha dado con la serie de encuentros que tuvieron lugar en su casa natal durante el otoño, invierno y primavera pasados.  
Un poeta supone una obra poética consecuente, una biografía y una geografía real como itinerario de los accidentes y acontecimientos que hilaron la vida de tal poeta. En este sentido, con Miguel Hernández tenemos suerte, pues los lugares en los que moró y la propia estructura de lo que es hoy el casco antiguo de Orihuela, facilita esa ubicación precisa en las labores de la memoria que rastrea anécdotas y episodios.
Yo preferiría contemplar a Miguel Hernández, antes que motivo de uniformantes recordatorios, como pretexto para la invocación de la poesía y la actualidad de sus mensajes.
Y tales mensajes no pueden darse sino a través de la obra de los poetas que desde distintos registros escriban hoy.
27 poetas han sido los que “han cabido”, los que han entrado en la celebración del último ciclo de poesía en la casa donde nació nuestro querido vate.
Toda iniciativa sobre cualquier motivo puede producir cualquier cosa más o menos memorable. El hecho de reunir a más de veinte poetas tanto de la provincia como de comunidades vecinas en torno a un poeta tan vívido como Miguel Hernández y que las intervenciones ordenadas de todas estas personas se incluyan en un volumen colectivo, implica siempre un trabajo de resultados generalmente entrañables, aunque posteriormente tanto los distintos encuentros como el libro que reúne la suma de los textos leídos y el nombre de cada uno de los autores, se vayan borrando en el horizonte con el paso del tiempo. De todos modos, la publicación, hecho hermoso en sí, ahí está.  
Decía Octavio Paz que a veces sucede: no que la poesía se aleje de la sociedad sino que sea esta la que se distancie de la poesía. Con la tontuna tecnológica, y las exquisiteces humanísticas que nos faltan, creo que algo de esto es lo que pasa hoy. Desde luego, no es irremediable. Basta que haya medios y que los estímulos funcionen para que los devaneos lúdicos y los intereses conceptuales recuperen cierta línea saludable. Y cierto es que la poesía puede encontrarse en lugares distintos a la palabra, pero no sólo de cine o de móviles vive el hombre.
Hay que potenciar las oportunidades de la poesía y de lo poético. No se beneficia ninguna abstracción más o menos ideológica con ello sino el lenguaje por el que transmitimos nuestras creaciones y nuestros sueños. Es entonces cuando recordamos nuestra excelencia y nuestra memoria común.      


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