martes, 25 de abril de 2023

DIARIO DE LECTURAS, AUDICIONES Y FASCINACIONES



Día tremendo, hoy, tras venir de hacerme una analítica y un electro. Mezcla de malestares: por un lado, no hago sino ver personas mayores por todas partes y amigos envejecidos, la continua confirmación de que el tiempo ha pasado, de que a mi generación se le acabó la juerga casi definitivamente; por otro, al hacerme las pruebas y verse uno formando parte irremediable del género humano, sensaciones patéticas acerca de la fragilidad del cuerpo al tiempo que valoraciones sobre las características preciosas que lo definen. El cuerpo de uno, mezclado con otros cuerpos maltrechos de los que orgánicamente no es ajeno. Al llegar a casa, más tarde, no he levantado el ánimo hasta que he escuchado por casualidad la música discotequera del gran Hamilton Bohanon. De repente, la memoria se ha convulsionado y me ha lanzado algún mensaje de esperanza. Recuerdo escuchar a este compositor de música funk en un disco de vinilo en Torrevieja, allá, a finales de los setenta. Sonaba su ritmo machacón teniendo el horizonte azul del mar en frente. Recuerdo el texto que se encontraba en la contraportada del disco, en el que el músico dedicaba todo su trabajo concentrado en ese LP a la Divinidad. Recuerdo lo que eso me extrañó,  produciéndome también admiración: a mis 14 años me costaba relacionar a Dios con la música discotequera. Cuando me he ido reanimando, he mirado un retrato suyo y he recordado que murió hace un par de años. Contemplando el gesto simpático de su rostro, no he podido sino pensar que en esta vida cumplió con lo que tenía que hacer, entregarnos la belleza que creó. He estado a punto de las lágrimas. No paro de ver signos de la muerte por todos lados lo que me hace pensar que el orden de la vida no puede sino contar con la función de aquella.

 

 





Leyendo al poeta Guillevic, su obra Del dominio.  Interesante. Del dominio describe un espacio ideal, una suerte de jardín del edén profano, no exento de accidentalidades y virtualidades. Nuestra completud íntima tiende a un espacio delimitado de observaciones y estancias. Lo curioso de Guillevic es su versificación procesual, su dosificación virtuosa y minimalista de la imagen. Celebro que los poetas inventen estos mundos, articulen estos escenarios del pensamiento.  

 


 



Leyendo los diarios del escritor portugués Miguel Torga. Qué humanidad, qué verdad en sus confesiones. Combate cierta tendencia al pesimismo con la fuerza moral que da practicar el pensamiento y particularizarse en sus criterios. Se siente a contracorriente de su entorno, pero ello no le abate sino que persevera en su ética y en criticar la caída en la mediocridad. Elogia aspectos históricos de nuestra nación y a intelectuales nuestros, contemporáneos del escritor. Y qué pena me produce que la idea de que la península es una sola entidad cultural, defendida por Torga, no fructificase y se les ocurriera a tan pocos de este lado.




Leo una reproducción facsímil de poemas de Rubén Darío. El volumen apareció en 1918 y las estilizadas ilustraciones de Enrique Ochoa le dan un aire encantador a la publicación. Independientemente de consideraciones epocales en la cuestión de escritura, motivos, tópicos y estereotipos, el tono de Darío es sacral. El poeta habla como la encarnación del oráculo o de la autoridad trascendental: determinativo y delicado a un tiempo. Esta voz es la del poeta en grandes términos. Me gusta esta combinación: lo tremendo (por fatal) y lo sensible ante cualquier matiz, profiriendo la palabra definitiva sobre las evoluciones de las cosas. Ya digo: a pesar de las probables cursilerías o chocanteces que pueda ocasionar la rima y el gusto del momento, Darío es el Poeta. Además, el tono poético que se desprende de su poética es un modo de restitución de la justicia  a través de la harmonía.    

viernes, 21 de abril de 2023

PRESENTACIÓN DE SUMA DE AURAS DE JOSÉ MARÍA PIÑEIRO

 



Por Carlos Javier Cebrián.


Antes que nada, quisiera pedir disculpas a todos ustedes, a la librería Códex, a Javier Puig y especialmente a José María Piñeiro, por no estar hoy, físicamente, en esta presentación, aunque sí lo estoy en esencia. Para mí, venir a Orihuela siempre es un placer, y si el motivo es literario más aún, tengo grandes amigos aquí y siento una gran admiración y también perplejidad ante tantos buenos escritores que aquí viven y respiran, me parece increíble el nivel de la literatura oriolana. Lamentablemente asuntos de trabajo me impiden estar hoy acompañando a José María y a Javier.

Mi labor en esta edición del libro de José María ha sido única y exclusivamente técnica, editorial, no al modo del editor anglosajón, intervencionista, sino al de una labor puramente técnica: maquetación, diseño, gestión editorial etc.

En este insensato y maravilloso mundo de la edición uno se ha encontrado de todo, pero rara vez se ha topado con un libro de esta hondura y calidad, por eso creímos que el libro merecía llevar el sello de una de nuestras colecciones bandera en Ediciones Frutos del Tiempo, Frutos secos Narrativa. En literatura carecen de importancia muchos prejuicios absurdos, en la edición también: A veces se desdeña la autoedición y la coedición sin atender a nada más que a la impostura sin tener en cuenta lo realmente importante, la literatura, su calidad. Y este es el caso de Suma de auras, poéticas y sueños, una colección de textos, un libro de gran calidad literaria.

Del libro me llama la atención su hondura de pensamiento, su rasgo filosófico y poético y también su temática, o temáticas. El aura se define como como un campo electromagnético que rodea el cuerpo de una persona y está asociado a su energía. Los colores de esta aura pueden ser vistos e interpretados por una cámara especializada o lector de auras. Puede llegar a sonar un poco esotérico, pero no lo es o no pretende serlo.

La primera acepción del DRAE la define como un viento suave y apacible y en la segunda como un hálito, aliento o soplo. También podríamos acudir al aura epiléptica o histérica: sensación o fenómeno de orden cutáneo, psíquico, motor, etc., que anuncia o precede a una crisis de epilepsia o de alguna otra enfermedad.

Pero José María enlaza esta aura, es un nombre femenino, a las poéticas y los sueños. Nos narra sueños de una manera literal y también nos muestra la poética de su escritura. Como decía nos relata sus sueños tal como los recuerda, o cree recordar. De la interpretación de los sueños se conservan registros escritos de más de 3800 años de antigüedad y se la define como el arte y la técnica de dar un significado a los componentes, imágenes, etc. que nos aparecen mientras soñamos Todos soñamos, de hecho, p arece claro que tenemos como mínimo 4 sueños por noche, o incluso más. Otra cosa es que seamos capaces de recordarlos, parece ser que si no lo hacemos es porque nuestro sueño es muy profundo. Si nos acordamos es porque los sucesos están asociados a nuestro subconsciente. Yo no suelo recordar mis sueños ni mis pesadillas, sé que he soñado y a veces sé que he tenido pesadillas, normalmente sí recuerdo los sueños eróticos, que los tengo, pero por lo general no recuerdo los sueños, José María sí, y es capaz de narrarlos, y además con la carga literaria con la que lo hace, benditos sueños los de José María.

Por otra parte nos construye su poética, que técnicamente se trata de la construcción de un sistema de principios, conceptos o modelos, y metalenguaje para escribir, describir, clasificar, interpretar, el arte literario. También es el arte de componer versos, y finalmente el conjunto de razones de una poesía propia, el motivo del fondo y de la forma de la creación literaria o poética. José María construye sus poéticas con todo su bagaje cultural, literario y personal, y de paso construye su propio mundo, o sus propios mundos, el real y el onírico.

Suma de auras, poéticas y sueños, un magnífico ejercicio literario, estamos muy contentos de que pertenezca a nuestro sello editorial, es un orgullo.

No me queda más que insistir en mis disculpas por no poder acompañarlos y desear que vaya muy bien la presentación de este magnífico libro de José María Piñeiro, merece todo mi halago y toda la suerte.

 





miércoles, 12 de abril de 2023



EN NOMBRE DE LA LUZ

 

He leído todo Borges, pero es muy probable que en el caso de encontrarme con una  edición agradable de, por ejemplo, sus ensayos, la comprase por pura adicción al verbo borgiano, por el gusto de volver a encontrarme en un formato nuevo con el poder definitorio de una prosa ejemplar. Este tipo de razones ha sido lo que ha hecho que me decidiera a adquirir este, el último libro de Antonio Gracia.

Conozco bien la obra poética de Gracia, es decir, la he disfrutado en más de una lectura, así como creo imaginar la dimensión objetiva-valorativa que supone.  Por ello pienso que sus libros debieran conocerse un poco más allá del límite geográfico-autonómico en el que, al parecer, se ha instalado en los últimos años su recepción. Gracia no es para nada un poeta local, como dijera desmañadamente Luis Antonio de Villena a modo de justificación en aquel momento de confusión en el que decidieron dejar sin premio Loewe al poeta de Bigastro.    

Un crítico podría decir que llega un momento en el que un autor, sea poeta o incluso novelista, alcanza el límite de su creatividad, que a partir de determinado momento de su producción no haga otra cosa, probablemente,  que repetir con mayor o menor acierto lo que ya ha escrito con bella exactitud anteriormente.

Confieso que al encontrarme con este libro de Gracia en las estanterías de una librería, experimenté dos sensaciones antinómicas en una sola: por un lado, cierta alegría al encontrarme con la nueva producción de un autor que conocía, agradecimiento, en suma,  porque el poeta haya decidido seguir adelante, y por el otro,  cierto temor ante la posibilidad de que el libro pudiera decepcionarme por el hecho puramente cuantitativo de constatar lo que la conocida frase reza: “este poeta ya ha dicho todo lo que tenía que decir”, o sea, el temor a la falta de innovación.

De la belleza podemos dar versiones y diversiones, prácticamente infinitas que nos produzcan el mismo placer. Es por ello que la relectura es posible: cada vuelta a un autor que nos gusta supone leerlo por primera vez, incluso se dan muchos casos que esa relectura descubre aspectos y matices que se nos habían escapado anteriormente. Un poema es un objeto prismático: cada ocasión de lectura es un rayo de luz que incide en una de sus facetas móviles revelando aspectos nuevos de un contenido. Un poema nos puede gustar por su ritmicidad verbal, por la plasticidad de sus imágenes, por la belleza que nos muestre o descubra. Los poemas de Antonio Gracia poseen estos aspectos pero su aparente accesibilidad, es eso, aparente. Lo que hace atractiva la poética de Gracia es que a pesar de esta sencillez, o, precisamente, por causa de ella, la exigencia de sus versos es mayor de lo que podría parecer: se dirigen no tanto a lectores experimentados como a espíritus comprensivos que saben trascender los estereotipos de la sociedad y de la cultura.

 Gracia nunca hace concesiones. En todo poema de altura hay una exigencia no solo de registro en la lectura sino de carácter ético, conceptual también. En los poemas de Gracia nos encontramos con  retos más o menos ocultos: lo grato de su lectura termina por colocarnos ante alguna grave contradicción existencial, ante algún tipo de duda que cuestiona tanta luz concedida por los años y la contemplación.

 La estrategia secreta de Gracia consiste en insertar, entre grupos de versos gratos a la lectura y a la comprensión media, uno que contradice la harmonía anterior  y nos obliga a pensar, a darnos cuenta de algo. Este verso oscuramente luminoso, puede presentarse como un brillante aforismo o una llamada audaz a la reflexión.

 Cuando Gracia escribe: No anticipes tu muerte por temor a morir, hace estallar una mina de meditaciones en medio de una compulsión de luces convergentes. Y hay que afirmar que lo logra, que todavía lo logra: producir un efecto de extrañeza intelectual a través de un conjunto textual de harmonías poéticas y estéticas.

 Sus poemas amorosos o cosmológicos me interesan menos que estas repentinas fulguraciones que corroboran la creatividad aguda de Gracia.

Por el conjunto de su obra y por esos “efectos especiales” en medio de la solemnidad, hay que celebrar que la poesía siga en pie a través de nombres de poetas como Antonio Gracia,  obligatoriamente furtivos si los enfrentamos al deleznable canon actual.

lunes, 10 de abril de 2023

MEMORIAS DE UNA COSACA

 



En ocasiones, los textos, literariamente menos elaborados producen en la lectura impresiones contundentes o resultan más sinceros en la exposición de lo que estén contando. Este el caso, sin duda, de estas memorias, de la condesa cosaca Olga Janina escritas en 1874, motivadas, sobre todo, por un amor frustrado: el que la protagonista sintió´ por el gran compositor Franz Lizst. No he terminado de leer el libro, me quedan unas pocas páginas, pero lo que he disfrutado con su lectura lo conceptúo como una confesión explícita sin apoyos retóricos, es decir, esta aristócrata cosaca, mujer de temperamento salvaje y talante pagano, amante tanto del arte como de la naturaleza, escribió como vivió: sin inventivas ni ficciones elusivas, al día, sin demorar nada de lo que deseaba o disfrazar lo que amaba apasionadamente.

Las noches vividas en la tundra, el contacto con los animales, el cabalgar diario, poseer un castillo que adornó y habilitó a su aire cerca de Kiev, el placer del descubrimiento del mundo mediterráneo, de Roma y sus palacios, jardines y museos, ciudad en la que vivía su gran amor, el compositor húngaro Franz Lizst, todo ello es vivido con la naturalidad y con la intensidad de una personalidad inteligente e indomable, intuitiva y profundamente musical. Olga, para desenvolverse sin problemas extras por las calles nocturnas de Roma llegó a vestirse como un hombre y a hacerse pasar como varón que contestaba a las provocaciones. En fin, una persona poco dispuesta a atemorizarse o a desistir de sus planes.  

Y esta autenticidad de su psique le lleva a dejarnos un testimonio del que no están ausentes los matices de una vida sensibilísima al arte y tomada por la pasión. Por ello, ante el desenlace no feliz de su amor por el músico, este texto es también el relato de una venganza sutil, de un despecho vivido secretamente.

Resulta curioso, con respecto al actual, absurdo y sangriento conflicto en Ucrania, que siempre que Olga Janina, en sus recuerdos, se refiere a su patria, no menciona ni habla de Rusia sino que sólo nombra a Ucrania.

martes, 4 de abril de 2023

LEYENDO




 

Leyendo la edición integral en Siruela de los Tratados de Harmonía escritos por Antonio Colinas. Se nota la sensibilidad del poeta en la elección de temas y espacios, en la tónica con que disfruta del silencio, de las noches de verano, de los estados de contemplación. Propiamente, Colinas no analiza en profundidad: detecta revelaciones huidizas. En definitiva,  se porta como un poeta no como un filósofo: señala los signos.  

 

 



Leyendo las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer en una edición facsímil aparecida en los años treinta. El librico resulta tan delicioso con sus ilustraciones de época, que lo adquirí sin pensármelo. Cómo afecta la forma al contenido. Leo las conocidas rimas del poeta romántico con delectación. Admito que tengo que luchar contra los versos más famosos, los más estereotipados. Cuando atravieso esos prejuicios instalados en nuestra cabezas durante tanto tiempo, los poemas parecen bullir, las imágenes rebosar. El diseño del libro, el color de las páginas, la tipografía, todo es tan encantador que el texto fluye en la lectura.

 




Leyendo la poesía de Andrés Sánchez Robayna. Este autor siempre me ha parecido algo secreto y elusivo. Nunca lo he visto en televisión, en ningún programa cultural, en ninguna entrevista. Ha tenido que venir Internet para que podamos escuchar su voz. Supongo que toda esta intriga no será por su simple ubicación geográfica: vivir en Canarias.  Al final, supongo que va a ser esto. Su poesía, en principio me gusta. Es meramente descriptiva: imágenes de la naturaleza como plásticas expresiones anímicas. Si lees mucho, acaba pareciendo algo monótona. Pero su delicadeza guarda el misterio.

 

 



Leyendo la obra poética de Barral publicada por Lumen. En principio sorpresa por lo rebuscado y complejo del estilo, luego, cierto fastidio porque el poema, ahogado por un proceso de intelectualización que pretende potenciar los recursos expresivos, se ve ahogado y pierde inteligibilidad. A continuación, intento perdonar al poeta por estas maniobras e intento aceptar  la presunta complejidad que me ofrece como camino legítimo  de la escritura poética, pero no acaba de resultar. Cuando el poema no explicita en sí mismo sus laberintos sino que se precisa de notas a pie de página o algo semejante para descifrar lo que pretende comunicar, se produce una incomodidad que aprueba, a su vez, el legítimo el deseo de dejar de leer y abandonar el texto a sus pretensiones. De todos modos, como estamos en el campo de la plasticidad sin límite que supone la musa poética, procuro, finalmente, que sean las propias palabras las que me sugieran pasajes placenteros en vez de descifrar prioritariamente lo que significan.

IMAGEN NUEVA, MUNDO RENOVADO

  El otro día mi hermano, gracias a una de esas carambolas que propician las redes, se encontró, en la página de facebook del Colegio Jesú...