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lunes, 25 de octubre de 2010


MIGUEL HERNÁNDEZ +JOSÉ LEZAMA LIMA.
A PROPÓSITO DE HOMENAJES Y CENTENARIOS

Las librerías de Orihuela y Alicante rebosan de publicaciones sobre Miguel Hernández: biografías, reediciones de su obra poética completa, epistolarios, adaptaciones infantiles sobre su vida y su poesía, etcétera. Además el número de conferencias, exposiciones, mesas redondas y encuentros en su nombre se producen casi a diario. Demasiado sigilosamente está pasando el otro centenario, el del poeta cubano José Lezama Lima. Inadvertido, habría que decir. No he visto nada en la prensa - habrá sido una extraña casualidad - sobre esta efeméride. Y esta suerte de silencio, es tanto más sorprendente teniendo en cuenta que pocos autores han festejado el lenguaje poético como Lezama. Si por hacer justicia con las cronologías celebramos a Hernández, hagásmolo del mismo modo con un poeta al que también le ha llegado su centenario y que, encima, es hermano de lengua y tradición literaria, y autor de una obra cuya ubicación en la historia de la literatura todavía trabajan los filólogos.
Lezama, podríamos decir, es el "maldito" del boom latinoamericano, el autor que se quedó fuera del reconocimiento y de la fama que disfrutaron Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa. Siendo la obra de Lezama una de las mayores aventuras verbales en español, el que su reconocimiento haya resultado tardío y titubeante, es todo un signo de la escasa capacidad para el lujo intelectual de nuestro estimado y agitado orbe. Me atrevería a decir que Lezama es según la terminología barthesiana, un logoteta, es decir, un creador de lenguaje (como quien crea un idioma propio), pero que a diferencia de otros autores que han engendrado modelos referenciales, resulta difícilmente imitable. Pongo un ejemplo. Cioran dijo que lo malo de Borges es que le habían pillado el tranquillo, es decir, que su propia genialidad traicionó a su misterio: legión son los textos que han imitado-estereotipado el estilo y las temáticas literarias de Borges. Pero, tal y como Luis Cernuda recriminó al propio Lezama, el múltiple cubano no le puso las cosas fáciles a los lectores. Si lo comparamos con Neruda, el hálito del chileno es oceánico, pero resulta claro y lineal en su totalidad; mientras que Lezama, sumando las armas de los depósitos barrocos y simbolistas que en el mundo han sido, lleva a cabo una empresa literaria torrencial en la que la imagen se convierte en expresión suprema de un sistema que integra el azar en una lectura órfica del mundo. La lectura nerudiana fluye, la de Lezama no lo hace sino exigiendo al lector que se introduzca en el magma del lenguaje con el avituallamiento cultural ya deglutido sobre sus espaldas. Lezama es el poeta como demiurgo, un demiurgo no estático: cada verso suyo, cada línea, cualquier artículo o ensayo está magnetizado por esa demiurgia cuya complejidad reside en afrontar la totalidad en movimiento, aliando singularidad y significación estética. El resultado de ambas cosas es la imagen poética.
Conocimiento y sensorialidad, alusión cultural y expresión metafórica, convergen en las aristas de un móvil diamante: el que configura la palabra poética investida de sus más delicadas y laberínticas potencialidades.
Celebremos, pues, ambos centenarios que nos ofrecen la ocasión de redescubrir y afirmar dos tesoros literarios. La vida y la obra de Miguel Hernández son un ejemplo de integridad para un mundo escaso en heroicidades. De Lezama, el ejemplo a seguir es total y converge con el de Hernández: ratificar que, pese a los vaivenes de la sociedad, los poetas deben seguir ahí, guardando el lenguaje, siendo los médiums mal pagados de los misterios y de las confidencias más entrañables.

viernes, 26 de marzo de 2010


LOS MIL Y UN HOMENAJES

De la tonelada de homenajes, conferencias, recitales, mesas redondas, publicaciones y demás que está suponiendo ya el Centenario Hernandiano, lo que resulta admirable es, precisamente, esa fecundidad - crítica, histórica, biográfica - que un personaje puede suscitar cuando confirmamos en este su ejemplaridad, su autenticidad, su significación en la historia. Y aunque puedan levantarse voces criticando una explotación del poeta o señalando cierto empalago, tal eclosión de actos debe interpretarse como una fiesta, como una celebración de la poesía misma, lo que por un lado hace justicia al poeta, y por otro, satisface de ese modo - festivamente - una necesidad numinosa de identidad colectiva, de pertenencia entrañable a un acervo cultural colectivo.
Tengamos en cuenta, hablando en términos hermenéuticos, que la "popularidad" es un acuerdo, es decir, el término feliz de un recorrido y de una aceptación, de un camino de reconocimiento que la sociedad emprende a favor, finalmente, de alguien, un acuerdo que, como ha ocurrido tantas veces con poetas y artistas, no se consagra definitivamente sino tras la muerte.
Miguel Hernández es virgen a todo comentario y a toda exégesis, ajeno a la mole de publicaciones y versiones que sobre él han aparecido y aparecerán, extraño a toda hagiografía, a todo elogio, a toda reivindicación. Jamás oirá todo lo que se escribe sobre él, sea bueno o malo. Hernández es ya un clásico, ya no pertenece a los vaivenes de la contingencia, aunque unas y otras biografías, pretendan arrastrarlo hacia ella. Ahora está en los libros, en la memoria de la cultura, y lo que nos interesa fundamentalmente es su obra, su poesía, la dimensión de una voz. El desglose de las circunstancias vitales es, propiamente, tan indefinido, cuantitativamente, como variable en perspectivas y tendencioso según la dirección de las mismas, y aunque resulte valioso todo ese caudal informativo, es la rotundidad, lo entrañable de sus versos lo que llega a nosotros, inalterable.
Un texto genera otros textos. Semióticamente hablando, podríamos decir que Miguel Hernández es un Texto, un gran símbolo. El seguimiento de la peripecia vital de ese Texto, de ese cuerpo, de ese productor de un mundo llamado Miguel Hernández, supone la emergencia de toda la pululante literatura crítica , cuya misión es reconocer y retornar al gran valor del Texto originario después de haber definido e identificado todas sus vinculaciones, ramificaciones y significaciones. De ahí, que, en definitiva, el mayor homenaje al poeta consista en leerlo. Simplemente.
Resulta envidiable la popularidad de Miguel Hernández. ¿Existen hoy en día poetas populares, es posible que un poeta en la actualidad, sea capaz de vehicular el sentir general de la gente, que goze de una simpatía prácticamente unánime porque lo consiga? ¿O es que los poetas actuales están atrincherados porque el pueblo prefiere otros "voceadores" de sus deseos: el cine, las novelas, la televisión...? Quizá no haya pueblo sino "masa" y la poesía no tenga otra opción que dar cuenta de ese secuestro, haciéndose, a veces, oscura y antipática a nuestros ojos lectores. Miguel Hernández cubre una etapa reciente de nuestra historia, signada por el acontecimiento épico-dramático de la Guerra Civil. Nuestras circunstancias son muy otras. Pero ante el misterio del mundo y de su constante devenir, podemos decir, utilizando un admirable motivo hernandiano, que hay otros poetas que acechan ese misterio, dispuestos a desbrozarlo.

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....