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martes, 17 de febrero de 2009

PATAFÍSICAS DEL SIGNO. SECUENCIAS


Las secuencias fibrosas del signo son susceptibles de reducirse a mixturas temáticas según la calidad del arraigo de cada fibra en colisión-convergencia y la red de implicaciones con los orbes semánticos aludidos.



Tampoco podríamos hablar de la colisión de fibras sígnicas, sino más bien de la sucesión dialéctica del desciframiento, según la linealidad clásica operativa.



Si hablamos de fibras semióticas designamos breves comunidades de signos que se constituyen en bloque informativo suficiente, gracias al acontecimiento que los ha relacionado eventualmente, aunque autodestruíble, por los condicionamientos de su conjunción, o bien reciclable en bloques más complejos. Desde luego no estaríamos hablando de un símbolo sino de proteicas bandas de alusiones concretas condensadas en una emisión compartimentable (en rigor no es compartimentable tanto el hecho inmaterial de la emisión como el conjunto del objeto cultural, aunque, y evitando la dispersión del abanico de las interpretaciones ¿qué diferencia cabe entre objeto cultural y recepción del mismo?).



Un texto antiguo ¿se descifra o se disfruta?



A cada signo le corresponde algo así como un contrasigno: el que se deriva de una interpretación aberrante que como tal se inserta también en el orbe de las referencias y que tendría la realidad del estereotipo, del error, del parásito cultural; o bien, el que, popdríamos decir, le corresponde en el proceso desconstructivo: un admirable signo vacío, ebrio de contextualizaciones a la deriva.


martes, 25 de marzo de 2008

PATAFÍSICAS DEL SIGNO I


La escisión de los ángulos no dificulta, sin embargo, la uniforme geometrización de otros sucesos. Para no ir más lejos, la disformidad subatómica del punto posibilita, pese a ello, el establecimiento libre de coordenadas en un plano generosamente espacioso, es decir, la ubicación precisa del nacimiento portátil de una línea que termine configurando el perfil de un cuerpo real proyectado de esa manera.


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No se trata tanto de que logremos hacer de la conciencia el milagro cerrado sobre sí mismo de un fecundo dossier de datos, como que desbloqueemos la posibilidad de experimentar a partir del material consignado. La conciencia no puede ser un depósito, pues tampoco lo es, meramente, la memoria.


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Si los cubos huecos juegan a hacer danzar los ecos de lado, eso no es óbice para que en el plano de la inmanencia deleuziano se estratifiquen y fusionen acontecimientos de signo opuesto. Los valores quizá emerjan de diferenciar ese conglomerado a la luz de una estrategia que podría ser, en principio, puramente semiótica, pues sabemos que en el heterogéneo mundo del ahora, la máscara desparramada del mito no hace sino subrayar el impacto absoluto de las formas.


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Las abluciones participativas no son reducibles a la síntesis de legalizadas propuestas de información provenientes de fuentes distintas, sino que podrían definirse por la cantidad de intercambio de testosterona en la movilidad comulgante de los cuerpos no sectorializados políticamente.


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En las vetas transformativas del discurso que deviene discursos, podemos constatar esa silmutaneidad vibrante de I : presencia articulada del significado y II : dinamicidad del signo (las interpretaciones posibles) que puede erosionar tanto como multiplicar las implicaciones del significado privilegiado. Barthes sugiere metafóricamente una guía de investigación para la futura recuperación del significante: no la profundidad marina, puesto que ésta, al final, tiene un fondo que se convierte en límite, sino la extensión indefinida del cielo, en tanto que la noción de límite se diluye y es difícil imaginar una forma concreta para el espacio aéreo. La investigación y la imaginación deben aliarse aquí tanto para posibilitar nuevos desenlaces semióticos como para alumbrar la meta de salida de una palabra poética renovada.

LIBROS SOÑADOS, LIBROS REALES

Ya me ocurrió con otro libro. Me refiero a la situación de no saber con total certeza si un determinado libro se encontraba o no en mi bibli...