miércoles, 10 de julio de 2019

KIOSCO DE VERANO



Incursiones en lo indecible.
Thomas Merton.

El volumen reúne una serie de ensayos breves que el monje norteamericano acabó de redactar hacia 1966. Esta edición en español es de 1973. En estos textos Merton nos ofrece su talante más comprometido y ecologista. Critica la enajenación y la insensibilidad de la sociedad moderna ante las bellezas y misterios que la naturaleza ofrece de modo gratuito a la contemplación. Merton reivindica el silencio sólo cuando este se convierte en sello de una experiencia real y gratificante y cuenta, en su visión crítica de la realidad, con la complicidad inteligente de los poetas, entre cuyo  casi clandestino gremio, se cuenta. Resulta gratificante constatar con qué material  argumenta Merton sus posiciones, teniendo en cuenta su pertenecía a una orden de clausura: el teatro de Ionesco, Julien Green, la obra del ermitaño Piloxenos, la obra del sufí Ibn Abbad, los beats, Rimbaud, Baudelaire, el periódico Times, la bomba atómica, etc.. Es decir, Merton no emite, meramente, un discurso místico desde la pureza de su aislamiento sino que construye una crítica lúcida a través de artistas, escritores y temas contemporáneos. En sus libros, Merton hace converger lo secular con lo sacro en una misma, densa y sola realidad temática. Uno de los artículos del libro habla de Eichman, el tétrico diseñador de la solución final de los judíos, quien le sirve de pretexto para denunciar que a veces, el mal, se encarna en individuos totalmente cuerdos.





Cuentos de un bebedor de éter.
Jean Lorrain

Jean Lorrain es un producto típico de la Belle Epoque, personaje de saturación y de exceso, emergido de un momento histórico en que el simbolismo y el decadentismo conviven, adensando percepciones e imaginaciones. Lorrain viene a ser con su obra teatral, poética y narrativa una suerte de informador del espíritu de tal momento, sin tratarse de un escritor de primera línea. Precisamente por ello, Lorrain es más un efecto sintomático que un signo del devenir que fue. Hijo de su época, pues, más que profeta de la misma, y hasta la médula: de una época enferma de estética y de vaticinios, de vislumbramientos suculentos y deleitosos hastíos.
Los cuentos, sin ser genialidades en su género, tratan de lo extraño, de lo fantástico y terrorífico y se leen con ligereza entretenida. Es el epígrafe bajo el que se reúnen estas ficciones el que realiza la confesión que justifica su temática alucinada.






La obra gráfica de Félix Vallotton

Estupenda iniciativa de la editorial valenciana El Nadir al crear una colección dedicada exclusivamente a la obra gráfica de pintores, ilustradores y dibujantes pioneros en el género de la estampa, la caricatura o el cómic.
En este caso se nos ofrece el peculiar trazo de Valloton, uno de los fundadores del grupo de los Nabis. El dibujo de Valloton es espeso, globoso, húmedo, pegajoso, de una densidad ambigua, pues nos podemos refugiar gratamente entre sus sombras o interpretarla como tímido signo de oclusivos devenires.  







Franz Grillparzer
Autobiografía, diarios y otros escritos.    

Recuerdo que conocí a este autor austríaco en una mención que Kafka hacía de él en sus diarios. Famoso en su tiempo por su obra poética y por sus dramas basados en piezas de Calderón y de Lope, lo que se nos ofrece aquí es un material que, probablemente, pueda interesar más al lector actual: su diario personal, la autobiografía, otros diarios de viaje y relatos. Interesante resulta la relación del autor con el emperador austríaco y los problemas que le surgieron con los poderes políticos a raíz de la publicación de un poema sobre el país y la monarquía entonces reinante. Los diarios nos ofrecen esas curiosidades que sólo la metamorfosis del tiempo hace surgir en la sensibilidad del hombre. Por ejemplo, cómo abandonó el teatro una noche de noviembre de 1810, en un ataque de irreprimible  repugnancia tras escuchar a un castrato, que visitó Viena y dio un concierto allí; o la sensación espantosa que le produjo la actuación de unos derviches en Estambul, que consistía, al parecer, una sucesión de gritos animalescos, bien distinto, con toda seguridad, a lo que actualmente se ofrece como espectáculo en dicha ciudad. También me han parecido curiosas las notas que en su diario registra sobre la situación política en España y el inicio de las guerras carlistas. Grillparzer celebra la libertad, mostrando sus simpatías isabelinas. La afición de Grillparzer a la literatura del siglo de Oro española, me ha hecho recordar aquellas palabras de Borges, un poco antipáticas, sobre “el autoengaño” a que se sometieron con placer los autores germanos románticos ante las obras teatrales hispanas. Si el ensalzamiento del teatro español clásico fue sólo una singularidad romántica de alemanes y austríacos, ¿a quién culpamos de ello: al poder de febril ensoñación de los germanos, o a la azarosa estrategia de las coordenadas espaciotemporales que la creatividad hispana accionó, sin saber, varios siglos antes? ¿Hasta qué punto la interpretación de Borges es exclusiva o cabe, también, la posibilidad de esa curiosa y episódica sincronización inspiratoria entre alemanes y españoles?





Hermes Trimegisto
Corpus Hermeticum

En español existen varias ediciones recientes del Corpus Hermeticum. Mi única duda ante unos textos, en principio, tan filosóficamente suculentos, es el tema de la traducción y la confirmación de que los textos traducidos correspondan, efectivamente, al tan famoso Corpus, teniendo en cuenta la cantidad de publicaciones sobre, presuntamente, los mismos textos y la libre floración de apócrifos de la época (cuando no, de la propia actualidad). En este caso, la confusión y el titubeo acerca de la originariedad de los textos herméticos, está servida porque la editorial Arca de la  Sabiduría,  ha tenido el detalle de confesar que su edición es la traducción de una prestigiosa versión aparecida en Londres en 1924, es decir, es la traducción de una traducción. De todos modos, aunque estos datos puedan descorazonarnos, si nos conformamos con el texto que tenemos delante, apenas leídas unas pocas páginas,  la satisfacción intelectual no parece que vaya a ser insatisfecha, pues el surtido temático que surge resulta fascinante: “si el alma del hombre no tiene ni hijos ni hijas, se ve obligada a entrar en un cuerpo que no es ni femenino ni masculino; la función de la naturaleza es la extinción y la renovación universales; el Bien es la Luz arquetípica; Dios es el hacedor tanto de las cosas que son como de las que no son: las primeras la ha hecho visibles y comunicables, mientras las otras las mantiene dentro de sí; sólo el pensamiento puede ver aquello que está oculto”, etc…
Teniendo en cuenta que a uno, le ilusionaría considerar este manojo de reflexiones como referentes del pensar por gustarle el pensamiento hermético y considerarse poeta de raigambre simbolista, me surge la duda hermenéutica de hasta qué punto  los que escribieron estas líneas eran pensadores libres de toda tendencia o pertenecían a escuelas neoplatónicas de la época. También, tengo otra dudilla: que si alguna que otra audacia expresiva pertenece a la invención del traductor anglosajón a través de la versión española, o pertenece al lenguaje originario de los seguidores de Hermes.        
  

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