23.10.15

Paul Celan. AFORISMOS Y TEXTOS EN PROSA. MICROLITOS


 
 
 

 

Hace algunas décadas, creía que una poesía que no renunciase a la secreta aristocracia del decir hermetizante y que desde tal registro se atreviera a nombrar el temblor de lo real, tendría que apoyarse en una poética semejante a la que un Paul Celan había alumbrado - sin olvidar el apretado y esplendente repertorio que tenía a René Char como padre -. Para confesarse ingenuamente seguidor de la poesía de Celan bastaría con ceñirse a un limitado registro simbólico y creer que esa mística práctica acendraría el producto lírico, desdeñando actualizaciones poéticas menos uniformes.

Evidentemente, es la historia, sucediéndose,  la que distribuye tonos y destinos, y los seguidores de una poética no ensayan sino variaciones de la palabra primera que fundó tal poética. Lo irreductible en un poeta es lo que le hace ser él mismo. En casos extraordinarios, tal propiedad se encarna en un fulgor doloroso …..

Una de las cosas que definían la “pureza” de Celan, era su distanciamiento de la prosa. Imaginábamos al poeta arrebatado por un decir, único en la poesía europea de las últimas décadas. Celan es sus poemas. Por ello, hasta hace bien poco, creíamos que, salvo escasas colaboraciones en prensa, sobre todo entrevistas,  únicamente era autor de un breve texto explicatorio de su poética. Este volumen de la editorial Trota, felizmente, nos muestra a un Celan menos púdico y más productivo, al Celan teórico y aforístico.

En sus notas, Celan se muestra tan esencial como en sus poemas. No hay especulación prescindible, la más escueta anotación posee importancia alusiva. Podríamos decir que estos textos son su poética, confirmando esa correspondencia con sus poemas, y teniéndose en cuenta que más que deseos de formular una poética integralmente, Celan expone, ocasionalmente, algunos de sus aspectos centrales. El tono tenso y oracular no son preferencias  sino consecuencia de una asunción compleja. Para Celan la cuestión de la oscuridad en poesía no se reduce a determinaciones estilísticas, se trata de algo natural, originario, inevitable. El poema viene preñado ya de una oscuridad que le es innata “ como resultado de una individuación radical”. Frente a nosotros y frente al mundo, el poema es universo en formación, mensaje ultimado, fragmento de lenguaje que va a decirnos qué se emprende en él.

Celan se rebela contra las reducciones comunes – ideológicas, literarias – que pretenden comprender la naturaleza del poema. El poema ni es un sistema de signos, ni un texto computable, ni un conjunto de imágenes. El poema trasciende toda componenda teórica para introducir “lo otro”.  

El poema es “la voz del hombre, recuperada”. En esa acción del verbo- recuperada – reside la aspiración profunda, toda la originariedad de la poesía de Celan. El poeta es quien dice las cosas por primera vez y en esa primera vez están incluidas todas las aventuras de la palabra.

Leer desde este lado a Celan no nos devuelve sino al punto central en donde recibir el enunciado poético en su mayor altura – la suya, la que le corresponde – para darnos cuenta, de nuevo, con qué extraordinaria intensidad y belleza despliega la poesía los lindes de sus territorios y cuánto exige sobre los que decide descender.  

 
Difícilmente podrá haber una edición tan exhaustiva como la presente sobre la obra en prosa del poeta Celan, ya que aquí se encuentra la totalidad de lo que anotó, reseñó, ensayó o escribió en ese formato. El trabajo de los editores, comentadores y traductor, es considerable. La única pega es que, precisamente, ese rigor haga que la cantidad de notas aclaratorias interrumpa un tanto la lectura.

 


 

 

 

 

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