miércoles, 24 de junio de 2026

COLECCIÓN PARTICULAR EN EL PALACIO DE ALMUDÍ



Visité el otro día la sala de exposiciones del Almudí. Marchaba tan ávido de imágenes nuevas que no me fijé apenas en el encabezado de la entrada. 



Precisamente a esta pieza, su título le robaba magia por la obviedad de la instalación. Transparencias jaspeadas de agua de lluvia derramándose. Imaginación. Olvidémonos de epígrafes consagratorios. 




Minuciosidad simulada con pinceladas inteligentes. Una pieza de poesía urbana. Sugerente y seria. 





El efecto matérico de la pintura.




El mundo reducido a casi grafías, a signos puros. 





A veces, la línea es tan sólo recuerdo, insinuación de espacios coexistiendo en la memoria enunciatoria. La intensidad del amarillo. 




Cuando lo abstracto comienza a encarnarse en algo no abstracto, sutilmente estimulante.






Población de formas. Por aquí es grato moverse. 




Nada más y nada menos que un Tápies. No deja de sorprenderme, y lo digo sin  malicia ni ironía, la unanimidad que existe sobre la genialidad de su concienzudo miserabilismo, o sea, que haya tanta gente que admita la presencia de  algo superior deslizándose entre lo informe de los grafitis y manchas. Esta unanimidad ¿es una pose o es el resultado de una comprensión exquisita?


 



La fascinación onírica ante las formas geométricas tridimensionales en libre evolución.





Un centinela humanoide nos invita a ver la exposición.


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