LA PROCESIÓN DE "LOS NO ATEOS"
Debajo de mi casa, ayer por la tarde, desfilaban marcialmente los "armaos", los viles romanos que prendieron a Jesucristo. La Semana Santa ha empezado. Y con ella alguna que otra pequeña polémica. Me entero de que al final parece que han prohibido la otra procesión, la de los ateos, que estaba satánica y belicosamente dispuesta a hacerle la pascua - nunca mejor traída la expresión - a la que sale el Jueves Santo. Y me parece que en esta ocasión las autoridades han tenido buen criterio. ¿Qué significa autoproclamarse ateos militantes a estas alturas de la película? Desde luego otra cosa bien distinta de lo que significaba en otras épocas. Irremediablemente se impone contextualizar. Las asociaciones de ateos tendrían que exponer argumentos interesantes para que el término "ateo" se librara de anacronismos, inventarse otras estrategias en vez de caer en triviales contrajuegos cuyo efecto sea el contrario del esperado. Una cosa es protestar más o menos ingeniosamente y otra el ensañamiento gratuito, fastidiarle la fiesta a otros por cuasi chulería. Ya que la pregunta es ésta: ¿por qué sucede esto y por qué precisamente ahora? Y: ¿es realmente significativo esto que ocurre, si es que, de verdad, está ocurriendo algo? Siempre he visto algo de pedantería en quien se define orgullosamente como ateo, al menos, creo, ha dejado de ser algo muy heroico hacerlo hoy en día, en Europa. Por otro lado, obviemos la locura de quien cree tener vía directa y exclusiva con la divinidad.
Todo este asunto no parece sino golosa materia para sociólogos y comentaristas de la oscilante (e interminable) decadencia occidental en la que se regocija la postmodernidad.









