miércoles, 10 de abril de 2013

UN PELIGRO QUE SEDUCE


 
 

A Michel Foucault le reprochaban el que escribiera bien, como si ello hiciera sospechoso su discurso, como si su destreza dialéctica se hubiera propuesto seducir más que tener razón. Pero lo excepcional estriba, precisamente, que, en tipos como Foucault, la escritura es una parte más de los problemas filosóficos que su obra plantea. En el ámbito del pensamiento, la elocuencia ha sido, según las épocas, una virtud, o un problema si el verbo se quedaba solo en sus ponencias. En Foucault, pensamiento y expresión del pensamiento son una sola y vibrante fluencia expresiva. Foucault piensa originalmente y escribe del mismo modo.
En este libro, que no es un texto inédito, como he leído en alguna reseña periodística, sino el brillante fragmento de una entrevista que se da a la luz por primera vez, Foucault habla de su forma de escribir, de su posicionamiento e intenciones a la hora de dar a conocer su pensamiento a través de la escritura. Paso el de la escritura nada banal, ya que la escritura no sirve meramente para perfilar y fijar los objetivos a estudiar, sino que revela las limitaciones y dotes especulativas del discurso de quien habla. El peligro que seduce es para un filósofo como Foucault dejar que le entrevisten a cerca de su “método”, de su estilo, no sobre el conjunto de sus ideas.
 Esa especie de supresión, de mortificación de uno mismo en el paso a los signos, creo que es lo que también da a la escritura su carácter de obligación. ¿Obedecer a esa ley no es acaso la mayor forma de placer?, dice Foucault.
Para nuestro exquisito interlocutor, la idea del que escribe, su fantasía secreta es convertirse, ser el texto que está escribiendo. Idea, finalmente, algo mística ¿no? para quien confiesa no tener un concepto monumental de la escritura.
Quisiera decir una cosa sobre los textos de los filósofos y los ensayos de los poetas. Yo he leído de Foucault, su famoso Las palabras y las cosas, y una sola página de Octavio Paz hablando sobre el mismo tema, el advenimiento de la modernidad en el Renacimiento, vale por 100 del francés.

domingo, 7 de abril de 2013

SUSPICACIAS SUBSAHARIANAS Y ESTADO POLICIAL


Un amigo que se está iniciando en la fotografía gracias al número casi infinito de prestaciones que ofrecen los nuevos modelos de móviles, me comentaba el otro día que, paseando por la playa, se le ocurrió tomarle una foto a un africano que tenía puesto su tenderete sobre la arena. No había nadie en los alrededores, el hombre estaba a unos veinte metros de distancia y su figura se recortaba sugestivamente sobre el horizonte marino. Sea como fuere, la cuestión es que el africano se dió cuenta y echó una carrera hasta donde se encontraba mi sorprendido amigo, exigiéndole que borrara inmediatamente la imagen porque en internet podrían localizarlo, y que no tenía derecho a grabarlo, y que si esto y lo otro... Mi amigo serenó al escandalizado vendedor ambulante borrando, ante sus ojos, la fotografía tomada, no sin antes, claro, haberla guardado. Vayas cosas que aprenden estos por aquí, bromeábamos, comentando el episodio.
No sé cómo hubiera reaccionado yo ante esta situación, pensaba, hasta que he tenido ocasión de comprobarlo hoy sábado. 

Me dirigía a la estación de tren cámara en mano. El tiempo estaba cubierto, pero el persistente viento había abierto un par de brechas de sol. Al paso, me encuentro con la figura de un esquelético árbol más que propicia para que mi cámara la registrara. Me paro y percibo que alguien se detiene a mi lado. Al comprobar que ese alguien no pasaba, entendí que estaba esperando a que tomara la foto para no entorpecerme la toma. Me giro y veo que es un africano. Le digo que no se preocupe, que pase tranquilamente. Se muestra reticente y cuando por fin pasa delante de mí, se gira y me dice, agitando el dedo, que no se me ocurra fotografiarle, repitiéndomelo varias veces. Yo me quedo a cuadros. Hago un par de fotos más a la melancólica vegetación que crece a ambos lados de la carretera, colindando con la estrecha acera que conduce a la estación, y de pronto, el recuerdo del dedito amenazador del africano enciende mis resortes nerviosos y decido aclarar un par de palabras con el buen hombre. Lo encuentro en el andén de la estación hablando, para mi sorpresa, muy amigablemente con el empleado de seguridad.    
Me dirijo a él con la intención de aplastarlo, enterrarlo y sepultarlo. Lo primero que le espeto a la cara con contundencia es: Caballero, ¿sabe usted lo que es el arte?
El chico pega un salto, empieza a agitar los brazos, dice palabras confusas, entiendo que la idea que quiere comunicarme es que la foto que yo le he hecho dará la vuelta al mundo a través de internet. En ese momento el empleado de seguridad me dice que no puedo hacer fotografías a la gente. Entonces disparo mi ametralladora: no le hecho ninguna fotografía a nadie, ha sido él quien se ha dirigido a mí, si no quiere ser fotografiado será porque oculta algo, yo llevo haciendo fotografías hace más de veinte años y lo voy a seguir haciendo, voy a escribir todo esto en mi blog, te voy a pasar la dirección de mi blog para que lo compruebes. La guinda del pastel la pone un tipo mal encarado quien, apareciendo de pronto, dice que, viniendo en bicicleta, me ha visto hacer fotografías, que quién soy yo para ir fotografiando a la gente. De pronto me veo convertido casi en un delincuente. Ante la situación kafkiana que se está produciendo, al nuevo personaje sumado a la absurda discusión, le digo con el tono ya subido que haré las fotografías que me dé la real gana. Entonces el empleado de seguridad me dice que no le haga caso, que tiene algún problema psicológico y que no razona bien. Yo continúo hablando y digo que si hacer fotografías a un árbol o a las nubes es sospechoso, es que estamos todos locos ya. El empleado de seguridad sonríe y se retira. Yo también intento calmarme y me pongo a esperar el tren. A todo esto, el temeroso africano ha desaparecido, no está en ninguno de los dos andenes. Pensaba hablar algo más con él, intentar aclararle que soy un fotógrafo aficionado y no un policía, intentar, al menos, una reconciliación…

esto no es un subsahariano


La tontería amenazaba con echarme a perder la tarde. Y aunque  en Murcia había un ambiente estupendo porque festejaban el entierro de la sardina, cada vez que quería hacer una foto, veía los ojos de la multitud clavarse en mí, como si estuviera cometiendo algún tipo de pecado contra la inocente humanidad, desvalida ante el visor lujurioso de mi cámara.
El que un travesti de un metro noventa algo bebido se pusiera a hacerme preguntas confusas y el ver cómo un grupo de personas, megáfono en mano, mezclados con los pasacalles del entierro, le hacían escrache al presidente de la comunidad murciana, atenuaron el malestar de la foto imaginaria. Sí se puede, coreaban, y yo, mentalmente asentía: sí, sí se puede y se deben cambiar las condiciones que nos están empobreciendo y alienando a todos.  
Al llegar a casa no he hecho si no lamentar mi reacción con el subsahariano y reparar en el inframundo en que se encuentran los inmigrantes y los sin papeles.
La penetración  de ese discurso de estado policial virtual que el Gran Hermano ha implantado es tan secretamente aplastante y uniformante,  que  va a conseguir que se enfrenten los que son las víctimas primeras  del mismo y los que, perteneciendo a esta sociedad, estamos contra él.    

jueves, 28 de marzo de 2013

VISUALÍSTICAMENTE


 
 
El examen de un breve rosario de imágenes cualquiera, puede resultar el viaje más práctico y rápido para conectar con el misterioso despliegue de los más diversos mensajes y mundos.
 
 
 

 
La portada de este disco me fascina. La música del grupo no
me interesa nada.
Es curioso comprobar cómo, a veces, el contenido es casi secundario con respecto a la expresividad o autonomía del continente.  
 
 
 

 
Fragmento de la hoja de un libro del siglo XVIII.
Literalmente, he escaneado un pedazo de Tiempo:
el rastro de las décadas ardiendo
secretamente en las texturas del papel que empieza a destejerse.




 
Secuencia de un pensamiento de la Mente Divina.
Podríamos dejarlo así, o liarnos espléndidamente en la
interpretación semiótica de todo mensaje que, según Peirce,
no da como producto sino otro signo cuya explicitación
genera otro, y así indeterminadamente.
Si incluso nuestros gestos son signos,
¿es el tiempo el único lector fiable?   




 
Dulces amores castos de nuestros bisabuelos.
Esta postal la guardaba celosamente una tía abuela mía
en un sobre junto con otras.
Mi tía creía que el amor era esto.

 

viernes, 22 de marzo de 2013

LO QUE NO DIJE EN LA PRESENTACIÓN Y TENÍA PENSADO DECIR


 
 
 
 
Recuerdo que estaba haciendo 6º de EGB. Estaba en el patio del colegio de Santo Domingo durante el recreo, y me embargaba un estado de dulce y entusiasmada embriaguez interior. Aquel estado de fruición, se debía a las vueltas que le estaba dando a un cuento de apenas catorce líneas que había escrito sobre una invasión extraterrestre y que había pasado a limpio en una libreta. Pero lo que tanto me divertía no eran las incidencias del relato como el mero hecho de haber ordenado una serie de sintagmas, de haber condensando un conjunto de frases, es decir, de haber producido un texto. Recordemos que "poesía" viene de poiesis, que quiere decir “producción”, en este caso, de signos lingüísticos, de signos verbales. Había pasado a limpio el cuentecillo de tal manera que lo centré en la página, dejando amplios márgenes en blanco, tanto arriba y abajo como a ambos lados de modo que el texto parecía que estaba enmarcado. Más o menos, podríamos decir que aquel rectángulo vertical hecho de palabras, aquel paquete de signos, el breve relatillo, abstraído de sí mismo y convertido, plásticamente ahora, en una imagen, se convertía, sorpresivamente, en el modelo platónico del relato que había escrito, tal y como el demiurgo observaba las ideas eternas como modelo para configurar la materia informe del mundo todavía inexistente e inarticulado.



La sala de presentación del libro antes y después del acto
 




Aquel bloque de signos flotaba en mi cabeza, fascinándome, como si no lo hubiera escrito yo, del mismo modo que el pasado día 15 de marzo, tenía delante de mí el libro que iba a presentar y a comentar y de quien yo era el autor y que estaba ahí, salido de no sé dónde.
Y si con algún motivo recurrente he soñado – literalmente – exceptuando los pantanos y los alusivos a tormentos sexuales no confesables aquí, ha sido con los libros.
 
 
Yo y el Vicerrector de la Universidad de Alicante
 
 
Hace un año y medio, más o menos, soñé que me encontraba en mi biblioteca con un volumen totalmente desconocido escrito por Wittgenstein. Se trataba de un libro de tamaño grande y estrecho, con portadas en color crema, ligeramente ajado por el paso del tiempo y descosido en algún que otro punto. Su título era Lo Algo. Mi desencanto fue aniquilante cuando al abrirlo y divisar, apenas, unos párrafos, sin poder leerlos, me desperté.
 
 
 
Los cuatro jinetes no apocalípticos de la mesa:
 yo, el Vicerrector, Gregorio Canales y José Luis Zerón
 

Hay una relación evidente entre mi regodeo infantil con el cuentecillo que había escrito y mi fascinación onírica con los libros. En el primer caso, se produce como una temprana fetichización del texto, es decir, una fascinación por el conjunto de los significantes, contemplándolos como si de un monolito de jeroglíficos se tratara, y dejando aparte el mensaje que porta : lo visual, la forma se impone al contenido; en el segundo caso, la fascinación por el libro "aparecido" en sueños equivale a la fascinación por los mundos que sus páginas guardan y que serán por siemmpre ignotos.

 
Yo en plena dicción poético-demiúrgica
 
 
Si el texto es la formalización del sentido a través de la lógica sintáctica  y cuya representación puede adquirir el aspecto de un misterioso enjambre gráfico, el libro es la materialización de textos potencialmente infinitos, el objeto mágico por excelencia, ya que un libro nunca se agota: lecturas sucesivas nos vuelven a hacer disfrutar de su contenido o multiplican su interpretaciones, no hacen fungible la galaxia de signos que contiene.
Libros imaginarios y libros soñados vienen a ser lo mismo. Los imaginarios son los que nos hubiera gustado que existieran, - podríamos incluso, constituir un tipo de género literario con ello-; los soñados parecen indicarnos trastornadoramente que están escritos o están siendo escritos en algún punto indeterminado del espacio y del tiempo, en ése otro lado, por algún clarividente espectro, quizá, de nombre famoso y que nos dejan conocer su existencia, aunque sea límbica, sin mostrarnos jamás su contenido….

 
Las tres personas del Verbo, quizá....
 
 

Algo de todo esto es lo que me hubiera gustado exponer el pasado viernes, cuando “mi” poemario Profano Demiurgo se presentó en Santo Domingo. Los nervios, la falta de rodamiento, el haber aparecido en público sólo tres veces en los últimos siete años, hicieron que lo olvidara todo y me pusiera, casi directamente, a leer los poemas, explicándolos brevemente. En fin.
Creo que sólo la poesía es posible. La vida está llena de belleza esperanzadora. Para Lezama Lima, el poeta era un posibliter, es decir, un generador de imágenes, a fin de cuentas, un pequeño demiurgo, y para un Deleuze, confirmando la idea del cubano, “un poblador de territorios”.
 
 
El poeta firmando compulsivamente junto a un auténtico Demiutgo
 
 
Al escribir libros ¿escribimos el libro? Mallarmé lo intentó y el resultado que consiguió fue el de una virginal nada que, a su vez, se convirtió en un signo-interrogante para nosotros, los lectores del futuro. Como dice el novelista, el mundo es ancho y ajeno. Por lo tanto sigamos escribiendo y creando. Posibilitemos lo posible, porque en lo posible también emerge lo luminoso y la palabra que creíamos haber dicho y consumado. 


jueves, 14 de marzo de 2013

SECUENCIAS TEODOMIRIANAS: EXPOSICIÓN DE MANOLO SORIANO EN LA CAM DE ORIHUELA




No quisiera convertir la reseña de la primera gran exposición pictórica en Orihuela de mi amigo Manolo, "Teodomiro", en un convencional listado de influencias, nombres de artistas famosos y datos académicos. Prefiero abordarlo de un modo más libre, más sensible y salvaje a la vez. El propio Manolo y su obra me llaman a ello.
El artista, como todo creador, en general, parte, inicialmente de un caos. En el caso particular del artista plástico este caos adquiere un carácter más netamente matérico y específicamente tangible. El pintor trabaja con volúmenes no con palabras. Pero es posible que lo que nos parezcan brochazos, entresijos de pincelazos, mixturas de color y explosiones de luces rotas, no sean los rastros de una agitada exploración sino las formas que el artista  ha vislumbrado finalmente, el resultado de lo que el artista ha hallado.



cuadro a la deriva




Creo que Teodomiro intenta definir ese caos que habita sin poder deshacerse del todo de él. La metralla de brochazos bajo la que se adivinan figuras heridas o alucinadas, esas nubes leprosas en las que apenas se esboza un rostro anhelante, son la pulsión de una impotencia, de un desarreglo interior que se ha resuelto en expresión.
 



Halos irisados o verdosos, llamas de azules metálicos sobre incandescencias rojas, lianas glaucas insinuando sobre fondos verdiazulados una suerte de mandalas a punto de desplomarse, constituyen la convulsa grafía de un hacer balbuciente, potencialmente prometedor, que delimita un territorio: el de su propia agitación creadora.



 



Uno de los cuadros que más me ha impresionado es el que representa esa cruz en llamas, cuya significación el artista me corrige: no es que la cruz arda sino que atraviesa las llamas, luchando por vencerlas, intentando que su mensaje de redención atreviese toda destrucción.



el artista rodeado de la energía demiúrgica

Si el artista nos brinda este tipo de imágenes no es sólo porque se produzcan en su mente, sino porque nos dicen algo de la realidad que nos rodea: la violencia, la exasperación, el apocalipsis que, intermitentemente, vivimos y en el que otros, se hunden definitivamente.
Por muy errático o bizarro que nos parezca lo que los artistas nos ofrecen, no dejan de informarnos profundamente acerca de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.


la pareja adánica

Mi amigo Teodomiro podrá evolucionar su lenguaje pictórico de esta o de aquella manera, pero lo que nos muestra en esta exposición es lo que le ha sucedido a su sensibilidad. Cada cuadro es el eslabón flamígero de una investigación: el de la propia receptividad y su posterior respuesta creativa resuelta a nuestros ojos en un lienzo.


la amante del artista suplicando a los dioses
que las musas no les abandonen y que los cuadros se vendan
por docenas


 
 
Teodomiro y dos "hijos (acrílicos) suyos"
 
 
 
artista y entorno
 

miércoles, 13 de marzo de 2013

CASA DE CITAS






Proust tenía el aspecto de una lámpara encendida en pleno día, de un timbre de teléfono en una casa vacía.
 
Jean Cocteau
 
 
 
Las piedras preciosas no sólo engendran y conciben, sino padecen enfermedades y mueren. Su generación es en las peñas. Cuando la virtud y la sustancia que tienen se destila en sus mismas concavidades y partes vacías, imitan la manera de concebirse la criatura en el vientre de su madre, que es por medio de su sangre menstruosa.
 
Tesoro de diversa lección
Ambrosio de Salazar
 
 
 
Señalado por Bacon: idea de que las grandes invenciones no vienen de un perfeccionamiento de las cosas conocidas, sino de una mutación, de algo inaudito, heterogéneo. Ejemplo: la seda (cito a Bacon porque el texto es bello): " Del mismo modo, si antes del descubrimiento de la seda, alguien hubiera hablado de un hilo para la fabricación de vestimenta y muebles que superara ampliamente al hilo de lino y a la lana en finura y resistencia a la vez, tanto como en brillo y suavidad, los hombres habrían pensado que se trataba de alguna planta oriental, o del pelo más delicado de un animal, o de las plumas o plumones de algunas aves; pero, ciertamente, ninguno habría imaginado que se trataba de la obra de un pequeño gusano, y de una obra tan abundante, que se renueva y reproduce todos los años".
 
Roland Barthes 
Lo Neutro
 
 
 
 
¿Y quién puede vijilar siempre su pensamiento? La conciencia también duerme, como Homero
 
Juan Ramón Jiménez
 
 
 
Hay también por allí unos hombres que alcanzan una gran velocidad corriendo hacia atrás, ya que no tienen los pies situados por delante, como el resto de los mortales, sino al revés. Hay seres humanos que nacen con ambos sexos, a los que denominamos hermafroditas, en otros tiempos llamados andróginos y tenidos por seres monstruosos. Hoy sirven para dar placer.
 
Aulo Gelio
Noches Áticas
 
 
 
 
Si Jesús en vez de haber sido crucificado, hubiera sido lapidado, ¡qué cambio en la suerte del cristianismo!
Julien Benda   
 
 
 
El olor a flores y moho de las paredes de los teatros
 
 Afonso Daudet
 
 
 
Podría narrar cosas sobre las campanas errantes , es decir, el alma de herérticos fallecidos que habrían estado preservadas durante siglos debajo de fanales de vidrio en los claustros medievales, la perduración de cuya vida se anunciaba mediante una vibración unida a un interminable y lúgubre tañido... En esa época se me pusieron en la cabeza un número demasiado repetido de veces "escorpiones", masa de tejidos tenues semejantes a cangrejos o arañas. En muy repetidas ocasiones se produjo milagrosamente en mí un así llamado "gusano pulmonar", del que no puedo decir en absoluto si se trataba de un ser zoomórfico o de una hechura psicomorfa.

 
Daniel Paul Schreber
Memorias de un enfermo de nervios
 
 
 
Parecerá paradójico, pero es cierto: pocos hombres aman la vida.
 
Isabelle Eberhardt
 
 
 
Sin dejar de ser lenguaje - sentido y transmisión del sentido - el poema es algo que está más allá del lenguaje. El poema es mediación: por gracia suya, el tiempo original, padre de todos los tiempos, encarna en un instante. La sucesión se convierte en presente puro, manantial que se alimenta a sí mismo y transmuta al hombre.
la poesía, ritmo perpetuamente creador.
 
Octavio Paz

 



lunes, 4 de marzo de 2013

POETIFORMEMENTE

 
 
 
 

Resulta curioso comprobar cómo en tiempos de crisis tanto económica como, supuestamente, de valores, la demanda de consumo de determinados espectáculos, de cine y de literatura, experimenta ciertos y significativos auges. Aquí, en Orihuela, tras un largo período de horizonte plano de acontecimientos, llevamos unas jornadas de celebraciones culturales y poéticas que a ojos foráneos podrían sorprender.

El pasado jueves, último día de febrero, en las salas del auditorio de la CAM la compañía teatral Auralaria rendía un homenaje al poeta José Luis Zerón. Tras el acto, hubo una charla con el autor.
Mi larga amistad con la persona no debiera eximirme de realizar un comentario sobre el poeta, pero a ello me animaría en un medio más oficial que el que me presta este mero blog personal. 




Deleuze describía de un modo preciso y brillante al poeta: El poeta es un poblador de territorios. 
Yo añadiría, rememorando la hiperfamosa frase orteguiana, que, con respecto a su obra, el poeta está preso “maravillosamente” de sus circunstancias. Cada poemario es un tramo esclarecido de su existencia, del conjunto de sus vivencias, de esas circunstancias, que al ser expresadas, son reveladas y liberadas. Esto podría aplicarse meridianamente a la obra de José Luis Zerón: hay un relato biográfico que intuimos vertebrado tras cada libro publicado, y ese relato es el de una experiencia irresoluble: la lucha contra los propios temores, contra el mito que nos hemos hecho de la realidad, contra las heridas de un amor que se dispersa, contra la propia violencia que ejercemos en nosotros mismos, contra la desolación y el paso del tiempo.
La naturaleza del poema es paradójica: es la forma en que lo irresoluble es expresado-representado sin que ello determine la resolución feliz de lo que dice, y sin embargo, tal forma es lo máximo que puede decirse de tal asunto, experiencia o motivo. 



EL ASALTO JUBILOSO A TIERRAS DE JAUJA Y LA MENTALIDAD ORIENTAL

De lo ocurrido en Ceuta el jueves pasado, independientemente de la indignación y el pasmo, lo que más me ha chocado ha sido la actitud de l...