29.1.08

La arena del reloj IV.

No hay mayor mimetismo que el de los actores: más se esconden cuanto más se muestran. Un actor al que hemos visto perseguido por malhechores, torturado, herido; o una actriz a la que han violado, matado o raptado, aparecen de pronto en una fiesta donde se les va a premiar por sus aventuras, vírgenes y rutilantes, como si todo lo que hemos visto y nos ha impresionado, no les hubiera ocurrido a ellos. Los actores asumen todas las evoluciones sentimentales y espirituales de sus personajes para verse recompensados con la liberación de tales evoluciones. He ahí la catarsis paradójica de la interpretación.
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Decir que las cámaras de vigilancia dan seguridad, es como agradecer que existan mafiosos a los que se pueda contratar para defendernos de otros presuntos delincuentes.
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En el discurso científico no hay escritura, es decir, no hay discurso científico modulado, expresado. En el momento en que se da, hay que hablar de una autoría, de una mixtura, de una incursión literaria, de un elemento divagatorio. A no ser que intente parodiarse a sí mismo. Iniciaríamos, entonces, el camino de la especulación transgresora, de la ironía, de la patafísica, incluso.
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Los adictos a los ovnis tienden hacia una mística estereotipada. Los que investigan fenómenos paranormales, se aproximan más a una metafísica, a una suerte de nueva ontología. Los ovnis son manifestaciones externas de lo extraño, y acaban siendo interpretados en clave religiosa. Los fenómenos paranormales son manifestaciones internas, es decir, profanas, vinculadas al mundo invisible que se encuentra ligado de forma ignota al visible.
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Un escritor, un periodista, un crítico social o literario, basan la articulación de sus discursos en la firmeza construida de la frase. Un poeta no piensa, precisamente, con frases, sino en correspondencias, en nexos. Lo característico del poema consiste en no depender meramente de la lógica de la frase y mucho menos de su significado, sino del enlace musical que va creando. El poeta quiere expresar, no confirmar, ultimar un discurso.

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