15.7.10



DIARIO DE VERANO


Ya está aquí el calor furibundo. Se encendió el torbellino. Agobio, hiperexcitación física que en mí se traduce en una auténtica gula de lecturas: Borges, Barthes, Dunne, y en unas ganas locas de escribir, de producir textos como bloques compactos de palabras. Es lógico. Los estímulos me hacen rebosar y necesito algo que contenga este derrame, algo que ponga orden a este delirio. Embriaguez, confusión. Principio de entropía.

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A propósito de mi obsesión por el tiempo, significativa sincronía de lecturas: me encuentro leyendo al mismo tiempo Contra el tiempo de Agustín García Calvo; Un experimento con el tiempo de Dunne y uno de los ensayos de Borges que figuran en su volumen Otras inquisiciones, titulado Nueva refutación del tiempo. Pequeña orgía de especulaciomes intelectuales.

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En primavera todavía puedes habitar el espacio con una grata conciencia de ello. En verano, con el exceso de luz y calor, hay que buscar refugio, huyendo del rayo flamígero. La intensidad y los contrastes en las sensaciones físico-anímicas, embriagan, emborrachan. Tener en cuenta: mucha luz ciega. En el caso contrario: una casa de hielo en el Polo, nos protege del frío. A propósito de todo esto, recuerdo una extraña anotación de Flaubert en su diario Viaje a Oriente. Estando en Egipto, escribe: "Soledad. El mar es inmenso. Efecto siniestro de la luz deslumbrante que tiene algo de negro".
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Mundial de fútbol 2010. Sorpresiva sensación al reparar, en medio del estallido y del éxtasis colectivo, que el país vencedor era éste. Había imaginado que España era otro país.
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Dunne postula que todo acontecer viene a estar contenido en otra dimensión temporal y ésta, en otra, de modo que pasado, presente y futuro pueden converger. Pensando en ello, reparo en una de las fotos comentadas por Barthes en su libro más singular e inolvidable, "La cámara lúcida", y que podría servir como ejemplo de lo que Dunne expone. En 1865, un tal Lewis Payne, intentó matar a un importante político norteamericano. Fue detenido y sentenciado a la horca. Poco antes de ser ejecutado, le hacen una fotografía en su celda. La foto es bella y rara, sobre todo por su extraño fondo. Se ve al magnicida mirando a la cámara, esposado y apoyado sobre lo que se supone que es una pared, pero que semeja una plancha metálica. Barthes escribe: "Dándome el pasado absoluto de la pose, la fotografía expresa la muerte en futuro. Lo más punzante es el descubrimiento de esta equivalencia. " Perplejo y horrorizado, la acotación final de Barthes a esta foto reza: "Él ha muerto y él va a morir". Es decir, se produce la confusión, la mezcla abismática, inextricable de tiempos: la mirada del homicida nos indica su presente que es ya su pasado. Está siempre a punto de morir pero ya murió.

1 comentario:

José Antonio Fernández dijo...

Una buena fota es eso, saber captar una muerte que ha de venir, moverte en el tiempo, escapar de lo estático, conseguir que tenga movimiento. Te dejo el enlace de Chema Madoz, que posiblemente conozcas y que a mí me encanta, pues consigue que el observador vea otra perspectiva del objeto. Ah, sin Fotoshop.
Un saludo.