25.10.11


TRIFULCANDO
Pretender saberlo todo es ilusorio, una ingenuidad. Percibirlo todo nos volvería locos: "No podemos ver sin peligro de enloquecer" (Octavio Paz, El Mono Gramático).
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Las imágenes de Gadafi linchado. Desagradable. Barbarie. Me han producido, exactamente, la mismas sensaciones de náusea y lobreguez que cuando emitieron las imágenes de la captura de los Causescu y de sus cuerpos tirados sobre la nieve, tras ser fusilados. Del liderazgo absoluto a convertirse en harapos. Parecen relatos de otras épocas.
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La soledad es una cosa y el aislamiento, otra. La soledad puede ser productiva. Hay soledades profesionales: la del monje, la del vigilante de seguridad, la del artista... El aislamiento es un proceso, un proceso de erosión, de momificación, de desecación del alma. La soledad puede ser un estado deseable. El aislamiento es la perversión de la soledad, su conversión en algo patológico.
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Reflejos de luz en la pared como signos de una escritura enigmática.
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Me pregunto si el texto que Borges titula Sueño soñado en Edimburgo es una elaboración intelectual más del autor, en este caso, durante su estado durmiente, o si se trata de una conexión súbita con lo arquetípico más allá de la mente individual, una revelación concedida por el Tiempo o el Cosmos, a través de la permeabilidad receptora que ofrece el estado onírico. Con seguridad esto sea indistinto, aunque un sueño tan espectacular y perfectamente trazado, resulte algo improbable que lo sueñe el tendero de la esquina.

1 comentario:

José Antonio Fernández dijo...

La definición de soledad y aislamiento son muy certeras. Realmente es eso.
Lo de Gadafi, totalmente penoso, por el hecho en sí y por la gente que disfruta viendo esas imágenes, que por eso las ponen, por el share de pantalla. Me queda la sensación de que me han echado la carnaza.