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Y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz del Abismo |
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Heráclito se espetó, de pronto, a sí mismo: ¿cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece? |
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Y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz del Abismo |
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Heráclito se espetó, de pronto, a sí mismo: ¿cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece? |
Nunca he visto nunca a un apache conversando con un mejicano. Los políticos y las mujeres árabes parecen ser inmunes tanto al frío...
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