17.1.13

MUSICÁSTICA





Leo una entrevista hecha a Philip Glass. El músico va estrenar, en breve, una ópera sobre Walt Disney en Madrid y otras ciudades de Europa. Glass se muestra felizmente ignorante de la música europea. Felizmente porque esta no ha condicionado su obra. Ahora bien, el minimalismo no es un invento norteamericano: las músicas monódicas medievales, el mismo canto gregoriano, las obras de Pérotin El clave bien temperado o las músicas orientales son indudable y sustancialmente de carácter minimal. El Glass actual, digamos el Glass neoclásico, es sólo un gran músico que vive del retorno domeñado de las consecuciones anteriores. Comparado con el Glass fieramente minimalista de antaño, resulta un tostón, demasiado localizado en un gusto estereotipado. Si el Glass de los setenta y ochenta realiza obras brillantes y encarna, personalmente, al genio musical, el de los noventa hasta ahora es un autor que ha sacralizado su estilo: conversión de la elocuencia anterior en tempo cadencioso y en juegos de tonalidad agradecidos pero poco sorpresivos. Lo que en la madurez-vejez hace Glass es reciclar lo que ya ha compuesto pero en soportes orquestales y ampulosos. Sus sinfonías me parecen, ahora sí, monótonas: les falta el ritmo y la electrónica que ha suprimido y que era lo que precisamente irrigaba sus obras anteriores con un dinamismo espléndido. De todos modos, Glass, que ha supuesto lo espectacular y lo excesivo, es siempre un excelente músico y quizá pueda darnos sorpresas, aunque en el formato ópera, dudo que ofrezca algo realmente distinto de lo que últimamente compone.



Después de 35 minutos de canto georgiano, (de la ex-república soviética de Georgia), Pérez de Arteaga pide excusas al exquisito publico de Radio Clásica. Al parecer, la bella música coral georgiana es sólo un vocerío salvaje porque resulta ligeramente infrecuente para el oído occidental. Pero esto es dudoso. El Canto de la Pasión, que se escucha por las calles oriolanas días antes de Semana Santa tiene un aire que recuerda los cantos georgianos, del mismo modo que músicas vocales del sur de Italia, especialmente Sicilia, ofrecen la misma semejanza.



El mundo de Disney es, según la clasificación de mundos posibles de Umberto Eco, alotópico, es decir, encantadoramente tontorrón. De ese modo no será, sin embargo, utópico, y mucho menos ucrónico, lo cual dificulta que ofrezca visos de ser metatópico.  
 
 
Dickens, en uno de los relatos de sus viajes a Italia, cuenta que un cochero italiano hablaba rápidamente. ¿Se refería con ello a que el idioma italiano le daba la impresión de pronunciarse velozmente, o a que aquel individuo, en cuestión, se expresaba, en efecto,  sorpresivamente rápido? Debe ser una mitomanía personal, pero se me hace difícil imaginar a alguien hablando rápidamente en en el siglo XIX.              

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