19.6.13

44 POEMAS MÁS O MENOS ABSURDOS


 
 
 

Las poéticas de la modernidad han hecho territorio suyo elementos, aparentemente, antitéticos: el prosaísmo de la vida y las vertiginosas sugerencias del sueño; la trágica finitud del hombre y el enorme desarrollo de las potencialidades lingüístico-artísticas.  


La poesía de José Antonio Fernández refleja parte de estos aspectos, a través de un sutil equilibrio. La constatación de los límites de la vida y de los oscuros puntos en los que ésta desemboca, supone la capacidad de saber describir sus barrocos procesos de metamorfosis y disoluciones. Naturalmente, ambas cosas son una sola. En la poesía de José Antonio Fernández la extrañeza ante la cotidianidad, la sensibilidad ante lo patético compensa la amargura de sus percepciones con la capacidad misma para describirlas, asunto que lleva a cabo con lucidez y con un dramatismo seco y realista.

De esta manera, lo metapoético se convierte en algo inherente a la poética que desarrolla: constituye su campo de ensayos y confirmaciones, el límite estético-emocional que se autoimpone. Pero es gracias a este confinamiento de la palabra que ésta se haga más consciente de sus poderes conjuratorios. 

Si bien lo metapoético se presta a variaciones monocromáticas sin fin, ha acabado formando resignada parte del utillaje de quien se afirma poeta o está en el trance de proclamarse como tal. Lo metapoético es el signo que nos indica- que nos vuelve a indicar- dónde se ha quedado la voz poética de la modernidad. Y en autores como José Antonio Fernández creo que esa filiación es tanto una reivindicación como una protesta. En donde su obra alcanza fuerza es, precisamente, en la singularidad de su mirada poética, sobre todo en la afirmación de los procesos que desbaratan las apariencias con el objeto de alcanzar la ardiente esencia que late tras ellas: “Romper la piedra hasta notar la sal”.
José Antonio Fernández no imagina, ni inventa, exactamente, sino que sigue el hilo de esos procesos con certeza, sin arrebatos, con una precisión que a menudo revela combinaciones sorpresivas porque la naturaleza de la realidad es deshacerse en otras realidades laberínticas. 

Como lector regular de José Antonio Fernández debo decir que conozco otros poemarios suyos, y que no es precisamente en esta obra que publica Germanía donde las peculiaridades de su registro brillen con más vigor.
En Recopilatorio de lo absurdo - título demasiado obvio que yo relacionaría más bien con derivas narrativas afines a su poética – el conjunto de los poemas, aunque coherente, acusa una escuetez que debilita el tono de su estilo y aunque lo minimal también forme parte del mismo, la mera nota no puede sustituir al poema plenamente desarrollado.

 
 

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