26.11.13

AFORISMOS DE RAMÓN SIJÉ




 

Sijé es un hábil perceptor de sustancias, un gozador del detalle literario, un creador de poéticas y dinámicas nomenclaturas (autodescontuctivas, por tanto).
He divido mi selección de párrafos aforísticos e intuiciones líricas de su obra La decadencia de la flauta en dos grandes partes: la que dedica al examen de la poesía, por un lado,  y la que analiza la comedia teatral, los pormenores de la novela – la prosa – la función del chiste y el porqué de la decadencia del espíritu clásico (la flauta), por otro.
Aquí va la segunda entrega.
Ocioso repetir que la sorpresa y el gusto intelectual persisten. Particularmente originales son los conceptos de prisa y chiste que Sijé utiliza en su febril investigación.  
 

La muerte es una idea clásica de personalidad

 

Comedia española, palabras de la prisa traídas al oído por los pies de la ilusión

 

Cristal es la forma de la comedia española; cristal parecen, a veces, sus contenidos, y sin embargo, tienen la lógica dura del tiempo y la muerte.

 

La novela española ha de quedar reducida a la intervención de un tercero- el novelista – en la vida real de las figuras.

 

La pausa de Stendhal, por ejemplo, está en la novela, en la misma masa de la novela, y la pausa de Miró se encuentra en la prosa, en la masa de la prosa novelesca: en la masa poética o poemática.

 

Gabriel Miró, por tanto, está situado en una constante de precisión estilística, que concibe la prosa como una masa de lentitud, como un elemento de barroquismo.

 

Considerada como estilo, la novela española, no existe

 

No hemos tenido novela porque hemos conquistado Europa y América; no hemos tenido novela porque nuestras palabra se oyeron en Trento y porque nuestras palabras formaron el sistema agónico, duro y crítico, divino ruido de cristales rotos y de sangre evaporada en forma de pensamiento, del conceptismo.

 

El Quijote es – hoy y ayer – un tema vivo sin novela concreta, un tema para novelas futuras e imposibles.

 

El tribunal de la santa imaginación

 

Hacer una novela histórica es preparar un espejo para la historia, un espejo para los muertos.

 

La finalidad del aprendizaje del pastiche, considerando a éste como pequeño ideal de arte.

 
 
 
 

Paisaje en nosotros.

 

El queda-tiempo se venga del pasatiempo y del metatiempo.

 

Masa novelística de Miguel de Unamuno. Masa, sensación de abismo, prosa abismática, fondo negro y duro de las cosas, cosas negras y duras sin fondo, abismo de prosa y de novela.

 

La nitidez y la netitud del paisaje, cristales y azules del paisaje absoluto.

 

El paisaje será siempre para el autor una preparación sentimental.

 

El paisaje es una ocupación provinciana

 

A Mesonero le encanta el justo medio del humor; porque él pasa por todos los hombres y todas las cosas, la mano de su cansancio. Cansancio es la prosa de Mesonero, solemne ademán de cansancio.

 

En la formación estilística del conceptismo ha influido extraordinariamente, la figura dialéctica del chiste.

 

El chiste es un objeto, da siempre carácter a algo o a alguien. Caracteriza a un pueblo, a un hombre, a una mesa; caricaturiza…


En el siglo XVIII  se sigue cultivando el chiste, pero se ha perdido la fuerza polémica de su empleo y la angustia determinante de la formación chistosa. El chiste va confundiendo su límites con los del disparate al desaparecer la higiene racional del estilo del conceptismo, que distinguía, netamente, los ámbitos estilísticos de las formas y de los materiales de creación.

 

 Hay siempre operación de dominio voluntario, aún cuando parezca que sólo hay chiste.

 

El chiste de inspiración angélica es la entrada del ángel en el mundo superior del hombre y de la persona, y el chiste por voluntad de chiste es una manifestación colérica de la razón dominada.

 

Si en el terreno místico existe una unión de entendimiento y voluntad, más perfecta cuando el entendimiento está más purgado, como lo acredita el testimonio excepcional de san Juan de la Cruz, en el terreno chistoso, y, en general, en el terreno de la formación ingeniosa, puede haber no una unión de potencias, sino, solamente, un acercamiento que haga posible la intervención voluntaria en la razón-intelecto; por un momento que llamamos rasgo de ingenio, chiste.

 

Hay humor, pero el humor deviene triste por la existencia de la operación chistosa.

 

El chiste recuerda la soledad, el silencio y la muerte. Por esta razón, el humor, movido por el chiste, se convierte, inevitablemente, en lección moral.

 
 
 
 
 
 
 

Un chiste en la boca de un ángel, debe ser como el rumor abstracto – como el gozo – del pensamiento.

 

El agua produce un sonido cristalino, con figura de luz, en el silencio; el ruido de la sangre que cae es un ruido sordo, que espesa – a pesar de lo vivo de su color y de su pintura -. El silencio más silencio.

 

La misteriosidad viene a cristalizar en la rima de Bécquer, como puro temblor lírico.

 

El poeta afirma, nada menos, la incapacidad poética de la palabra.

 

La vida íntima - y el temblor que es la traducción poética de la intimidad vital – refleja más exactamente lo que se sueña que la palabra misma.

 

Era Gustavo Adolfo Bécquer, el pájaro solitario sin nombre, el principio absoluto del fin relativo del romanticismo poético, pío maravilloso en la soledad aterradora de los silencios absolutos.

 

La realización de todo poder de creación es una suplantación de la personalidad por el mismo poder.

 

El poder vive y muere independientemente del sujeto poderoso.

 

El clasicismo es arte de hacer personas.

 

La hispanización o cristianización española del mundo , tiene su origen en un móvil de pura religión individual; así como el cristiano hace conocedor al prójimo de su debilidad, España, mediante una política clásica de imploración, hace al universo circundante, recientemente creado por ella, testigo de su impotencia.

 

La mística, esa voluptuosidad lívida

 

En España se sobremuere, románticamente se sobrevive

 

El problema del estilo era el problema del alma

 

El estilo de pensar contra el pensamiento (en el espíritu) y de amar contra el corazón (en el alma); y que en España se manifiesta o se convierte en fruto, en la crítica más severa que se ha hecho del pensamiento desde el pensamiento mismo (el conceptismo), y en la crítica más apurada del amor.

 
 
 
 

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