30.4.14

EL LÁPIZ DE LA NATURALEZA



 
 

Los ingleses compensan la humillación de que fueran los franceses quienes dieran a conocer universalmente la fotografía, diciendo que fue un compatriota suyo, Fox Talbot, el inventor de la misma. Con respecto a este debate, no estaría mal recordar que  un militar español apellidado Navarro, obtuvo, por su cuenta y más o menos, por las mismas pioneras fechas,  una imagen fotográfica que se borró al cabo de unas horas. A lo que sí se adelantaron los británicos fue a publicar el primer libro ilustrado con fotografías.

El lápiz de la naturaleza salió a la calle en Londres en 1844. En esta obra, Fox Talbot, inventor del negativo fotográfico, nos expone 24 imágenes, comentando las incidencias diversas en la obtención y toma de las láminas.

Resulta curioso observar que apenas surgido el invento, enseguida aparezcan también la cuestiones técnicas y artísticas que a día de hoy, continúan siendo ineludibles a la hora de definir una buena realización fotográfica, junto a los debates y polémicas sobre el nuevo estatus que debía ostentar la fotografía en el mundo de la representación visual y gráfica: la importancia de la calidad del papel fotográfico, la deuda ineludible con la iconografía pictórica, la utilidad de la fotografía como archivo universal de todo tipo de documentos, el concepto de la fotografía como un arte (nuevo)…
Con la aparición de la fotografía, todo se convierte en objetivo fotográfico, o, mejor expresado, todo aspecto de la realidad se vuelve interesante, estetizable. Todo un catálogo de objetos domésticos sobre los que la mirada estética se había posado excepcionalmente se llenan ahora de de poesía y bella rareza.
Asistimos a la metamorfosis infinita de los objetos y la naturaleza: desde vistas panorámicas de paisajes, monumentos y ciudades, hasta fotografías de encajes, hojas, escobas, bustos, texturas, los efectos de la polarización de la luz refractada en micrrocristales…




 
En las imágenes antiguas, la materia se transforma, es decir, el sentido de pesantez con que vulgarmente investimos este término, se pierde. Todo viene a atomizarse para adquirir una apariencia duradera en lo remoto. Veo la memoria hecha imagen. Algunas de las imágenes de Talbot, tienen algo de prototípico. La famosa fotografía de la escoba emite cierta aura de cuento, parece la materialización de una imagen que sólo recordáramos a través de la pintura y que, de pronto contempláramos, extrañamente, frente a nuestros ojos, como perteneciente a la realidad, una realidad igualmente fantástica.

1 comentario:

ALBERTO PISANA dijo...

Es curioso ver en esta fotografia esas ramas secas que adornan la entrada , si procede de un lugar de Inglaterra