16.9.14

SUCULENTA PAYASADA






En la foto vemos a la pequeña Julia-Louise Dreyfus (53 años) aproximándose a la cima orgásmica con un payaso (los payasos no tienen edad). La imagen suscita risa y turbación: risa porque la imagen es bizarra, ridícula, grotesca; perturbación porque la mujer se revuelca con un personaje que pertenece al área del espectáculo infantil.

¿Pero qué chorrada es esta, nos estaremos diciendo, otra tontería norteamericana, algún sofisticado mensaje articulado en un escenario morboso, autopromoción de la actriz, anuncio elíptico de algún chocolate afrodisíaco?

Norteamérica no es la corte de los milagros sino de lo delirante. Precisamente el que Estados Unidos se haya convertido en el nuevo emplazamiento de la aristocracia y de sus históricos caprichos extravagantes - véanse personajes como Paris Hilton, por ejemplo -  puede corroborarse aquí: los enanos y los payasos pululan por las películas y series norteamericanas, y no sólo las de género fantástico,  como hace siglos lo hacían por las cortes europeas.

El delirio, lo excesivo definen la naturaleza del espectáculo. Estados unidos es el país de lo espectacular: en el cine, en la música, en la política, etc..

Y el espectáculo busca con avidez elementos nuevos y vírgenes para incorporar a  las producciones de su industria. Aquí el que ha ideado la foto, podría  haber colocado, perfectamente, un Papá Noel aplastando dulcemente el cuerpo blanco de la morena Julia, porque, al parecer, esa compulsión de la prensa y del mundo de los media "made in USA", gastados todos los registros y catálogos, parece haber elegido, inquietantemente, el mundo de lo infantil o sus aledaños, para producir el efecto perturbador.

Podemos hacer breve recuento de alguno de los detalles de la imagen : arriba a la izquierda, se ven los lazos que han envuelto un gran paquete de regalo: uno imagina que dentro de ese gran paquete iba el payaso con el que la perversilla Julia se ha hecho un auto reglo erótico de fin de semana.
Pero la mujer que hace el amor con un payaso comete el riesgo de hacer graves payasadas: efecto de eso mismo es la nariz de payaso que le ha saltado a la punta de la suya: la mujer que fornica con payasos, como si lo hiciera con cualquier otro objeto tan poco erótico como un payaso, se convierte, irremediablemente, en una payasa.

Otra lectura: aquí es la mujer la perversa, la que elige al inerte payaso, que no tiene identidad, para experimentar placeres nuevos. La interpretación antediluvianamente machista se hace evidente. La protagonista exclusiva de la imagen es la fémina que se convulsiona; el pobre payaso hace el payaso, se limita a figurar y que la ley de gravedad haga el resto. 

Si nos hemos acostumbrado a que lo exasperante brote con regularidad entre lo que normalmente consumimos, quizá no haya remedio: será lo mismo ver imágenes como esta o visionar las cristalinas y arrulladoras aguas de los arroyuelos de My Zen, filmadas una mañana de primavera. Nos movemos en el mismo kafkiano cerco.

2 comentarios:

Elena M. dijo...

A algunas personas " les pone" el uniforme .
Quizás a esta pareja les gusta hacer " payasadas " .
El está con el pantalón , pero no se sabe si ella también llevaba el atuendo de " payaso " .
Los norteamericanos en general , van de puritanos .
Así que me ha chocado , que sea made in USA .
Por cierto , que anuncian ? imagenes bizarras ? jajaja
Un cordial saludo

José María Piñeiro dijo...

Pues no sé lo que anuncian. Ella es una actriz norteamericana, que se hizo famosa por una serie de mediados de los noventa.