12.10.16

LAS EXPLORACIONES. Manuel García. Ediciones Neopàtria


 
 
 
 

La gran virtud de la poesía es que al recrear mundos no los inventa, meramente, sino que dice la verdad sobre tales  mundos.
La vocación imaginativa del poeta, pues, sortea no solo los mundos que han sido sino los mundos posibles y descubre tanto su razón de ser como el carácter y el destino que a tales mundos les ha deparado no ya su historia sino el capricho o interés de los cronistas.
Consecuente con la naturaleza de la imaginación poética, Manuel García inicia una exploración sobre esos territorios propicios, a pesar de todo, al poder de la palabra: los territorios innominados de la memoria. Innominados porque han sido olvidados voluntariamente o porque no han llegado a constituirse en acontecimiento por su carácter obsceno y culpable.

Podríamos definir las imágenes que nos legan estas exploraciones de Manuel García como las pertenecientes a la España Negra, a la España del franquismo de la posguerra, a las del conflicto bélico mismo, o incluso a las de siniestras épocas anteriores. Estas etiquetas iconográficas nos servirían para situar históricamente la memoria que se pretende rescatar o al menos, invocar o recordar; pero lo importante, yo creo, es considerar esa posibilidad de recuperar en nuestra emotividad las realidades que fueron y que no desembocaron sino en el olvido, para hacer de este modo justicia. Así se demuestra que la justicia poética no sólo hace justicia a través de figuras y sorpresivas rotaciones del destino sino directamente a través de fulgor oscuro de las palabras.

Y para que esa exposición de lo que fue, pero que fue tan horrible que negamos su realidad o simplemente nos confabulamos para olvidar, se materialice en toda su crueldad hay que colocare en el lugar de los ejecutores y escuchar sus operaciones y “razones”: asesinamos porque se aprende inmediatamente y parece puro.
Nada que invisibilice tanto al ejecutor como repetir su crimen.

Y cuando el horror extiende su imperio no habrá piedad ninguna para quien se atreva a cuestionar tal extensión: Quien quiso contar las cicatrices/ fue extirpado de la luz.

Cada poema semeja la secuencia fílmica de una película de terror, pero no del terror de ficción que puedan producirnos seres sobrenaturales sino de ese terror más agudo e indescifrable que practican algunos seres humanos con otros.
Ese terror se ha dado, configura los márgenes más sórdidos de la historia y sólo la poesía puede conjurarlo de un modo específico y satisfactorio. Como decía Mario Benedetti: El olvido está lleno de memoria. De esa memoria enterrada y sumida en el desamparo hace un vívido mapa de sentires y chispazos el poemario de Manuel García.  

 
 
 
 

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