27.1.16

CASA DE CITAS


 

 
 
 
 
 

Todo aquello que no es indispensable para uno es fundamentalmente frívolo.

Auden

 
 

Que el goce reverbere

Rudolf Steiner

 


Siempre hay dos defectos en nosotros: el que confesamos y el que escondemos.

Saint-Beuve

 

  

Lo misterioso existirá siempre: habrá cada vez más descubrimientos y habrá cada vez más cosas inexplicables.

Edward Munch

 


A menudo, la ciencia enmascara con formalizaciones matemáticas las sugerencias verbales y metafóricas de una epistemología anterior

George Steiner

 
 

Somos, cada uno, uno de tantos, uno de tantísimos cuerpos del mismo universo

Juan David García bacca

 


Este cosmos es una efigie que se va configurando perpetuamente

Plotino

 


La estética del islam es, sin duda, una gramática del asentimiento

George Steiner

 

Soy un hipócrita, parezco inocente pero sólo pienso en la gloria

Saint- Beuve

 

Los astros son cuerpos extasiados

Juan David García bacca

 
 

El alma no podría encarnarse en el cuerpo si no tuviera una amplia zona pasional

Plotino

 




 

22.1.16

MICRORESEÑAS







Soseki. Cuadros del Londres victoriano.

Las crónicas de un extraterrestre que se diera un paseo por nuestras ciudades más populosas. El conocimiento de la lengua y la literatura inglesa no hacen que la extrañeza y cierto apabullamiento desaparezcan del ánimo del señor Soseki, en sus paseos por las calles londinenses. Ineludiblemente se producen escenas cómicas, de las que es protagonista nuestro confidente japonés, acongojado por complejos de bajito ante individuos tan vertiginosamente altos y tan extraños y tan rubios.

 





 

Edward Munch. Escritos.

Munch nos dice que hay planetas fluyendo por su sangre, girando alrededor de sus átomos. Nos cuenta sus sueños, sus visiones. Paralelismo entre sus pinturas y sus textos: una suerte de fiebre irriga al universo, convirtiéndolo en un fluido que atraviesa mundos y épocas. Misticismo, panteísmo, animismo. La tierra es un escenario de aparecidos. La edición recoge la famosa nota en la que Munch explica cómo concibió El grito,- esa obra que, a pesar de las infatigables copias que se han hecho, es imposible de reproducir – y que era la única pieza plástica que daba miedo a Eugenio D´Ors.  

 
 
 
 
 
 
 
Elegías de duino. Rilke.

Al parecer, Juan Rulfo, sin saber alemán, compara las mejores traducciones que conoce y crea su propia versión. El resultado no es ninguna coctelera consonántico-silábica sino un egregio canto de sibilinas audacias, un Rilke particular que llama a la esperanza: ni la infancia ni el porvenir, disminuyen. Una existencia numerosa brota de mi corazón.

 






El Cairo. Viaje a Oriente. Gerard de Nerval.

Los románticos instituyeron el viaje a oriente como destino indiscutible de  las sensualidades y del opio. Si había que buscar la embriaguez como fuera, tal y como pregonaba Baudelaire, había que viajar a Oriente.  Aquí leemos las aventuras de un Nerval recorriendo callejas y mercados, barberías y cafetines, sorprendido por la abundante presencia de esclavos y derviches, decepcionado por el soso amanecer en de los desiertos.

 






 Mujeres de artistas. Alphonse Daudet.

Con ese etilo tan fluyente y limpio, Daudet nos muestra a través de una serie de historias y escenas cómo es la vida de matrimonio de  poetas, bohemios y literatos en general. Encantadores cuadros de una fauna tan singular, aderezados por una perdonable misoginia, que nos hablan del encuentro desastroso del artista con la realidad cotidiana.

 
 
 
 
 
 
 
 

Rubén Darío . Peregrinaciones.

Rubén Darío ejerciendo de cronista de la Exposición Universal de París en 1900. Cronista de lo extraordinario en un lugar, entonces, extraordinario. Rubén Darío se pasea por el laberinto de las novedades de la nueva civilización, se sabe en el centro del acontecimiento. La técnica, la ciencia, el arte componen la articulación de esa nueva civilización. Para Rubén la nueva Isis sin velo es la Electricidad, y aunque la moda parisina sea encantadora no puede compararse a lo que en estética consiguieron griegos y romanos. Es la hora del estrellato de Rodin, de los prerrafaelistas ingleses, de Gustave Moreau y sus ambientes barrocos y mitológicos. París es una ciudad que sueña y Rubén se declara testigo de esa celebración en la que el único contratiempo lamentable es la suerte ignominiosa de Oscar Wilde.  

19.1.16

La Senda honda. José Manuel Ramón. Devenir



 

 


Hará un par de años aparecía en el suplemento cultural de un periódico un artículo sobre la actualidad poética en España. Desdeñosamente, criticaba que la tendencia de la poesía escrita en la zona de Levante, se identificara con cierta evasiva  práctica del “locus amoenus”. Vendría a decir esto que la búsqueda de tal motivo impediría la presencia de realidad contemporánea en los versos, sustituida por una barroca evasión a una naturaleza hiperidealizada, anacrónica  y puramente verbal. Bueno. No sé dónde radica el desastre cuando la supuesta evasión se traduce positivamente en un trabajo literario que describe en sí el destino de la obra, como si un producto aparentemente formal no fuera también signo de la época. El criterio de la crítica radica aquí en el concepto de actualidad, y es en ello donde la seguridad de las perspectivas bailan sorpresivamente, porque, como decía Paul Celan, “el poema no es actual, es actualizable”, es decir, la importancia del poema no depende de su asignación a baremos y presupuestos sino de cómo el lector lo rescate, a través de su implicación lingüística y emocional, del limbo de las letras universales.

Por ello nuestra idea de qué sea actual en poesía no resulta tan claro ni definitivo, ni nos podemos pronunciar automáticamente a favor de unos, desprestigiando a otros. En este asunto, el concepto de belleza también está en juego. Por ejemplo, el otro día, leía con placer un poemita del libro de José Manuel Ramón, La senda honda, titulado Alborada. El poema es breve y preciso,  cuasi una virguería gongorina, aparentemente alejado de denuncias y compromisos, atemporal, si se quiere, y perfectamente autónomo. Este poema, con las características denunciadas por el artículo, es un producto tan legítimo como válido en el juego de las distintas estéticas que podamos evocar. Se trata de un poema que sí protesta: su existencia, de por sí,  defiende la belleza.

Es de este modo, considerando el placer y la belleza que una obra poética puede producirnos como debiéramos juzgar tales obras, en vez de legitimarlas al tenor de tal o cuales tendencias. Y es de este modo como prefiero enfocar el libro que José Manuel Ramón nos ofrece sorpresivamente, y digo sorpresivamente porque tras algo más de 25 años, por fin, y más algún poema que contextualiza el silencio de esos años, se publica La senda honda, que su autor dejara tejida allá por el año 1988.

Confieso que desconozco si repasos correctores han ultimado la factura de los poemas, pero poco importa si el poeta hace suyos unos poemas concebidos hace un par de décadas. Ya sabemos lo que supone comentar libros de amigos, operación en la que parece que el mero elogio tiene que ir por delante, pero repito lo dicho: quisiera valorar los libros de poesía por la belleza que crean, por la música que sugieren,  antes de someterlos al estridente análisis que pretende dirimir a qué otros sentidos- políticos, ideológicos, metaliterarios – se refieren. Los poemas de La senda honda me parecen nuevos, redondos, jugosos, musicalmente trazados, sin lentitudes ni apelmazamientos. El verso más escueto sabe de la efectividad evocadora y del contraste. Piezas como Estancia, Origen, Fidelidad del aire, El presente, o Díptico de incierta distante confirman el dinamismo que articula la coherencia estilística, la escritura poética como escritura sutil de la posibilidad.

Feliz regreso a la poesía a este veterano empireumático, que desde el 85, asistió al parto y desarrollo de aquel sueño cumplido que fue la revista Empireuma, aunque me temo que todos estos años no pueden traducirse como un distanciamiento, que José Manuel siempre ha estado al brioso pie del poema.     



7.1.16

LEVES ALAS AL VUELO. Rafael González Serrano. Ediciones CELESTA.







Podríamos decir que el formato breve es hijo de la hiperlucidez, o, al menos, que tal técnica de escritura pareciera asegurar efecto semejantes en sus productos por la mera disposición formal. Lo espectacular de su efecto - certeza y rapidez -  reside en esa colaboración tan esplendente  entre forma y contenido incidiendo uno sobre el otro en una fusión impresionadora: el fogonazo verbal.  

González Serrano aprovecha estas “ventajas previas” para intentar multiplicarlas, conocedor, también, de que lo breve no excluye la densidad.  

El reiterativo epígrafe , leves alas al vuelo, nos ofrece un muestrario de formas breves – dísticos, haikús, aforismos, poema cortos – cuyo pulimento métrico refuerza y confirma la unidad conceptual del libro.
Toda poesía es trabajo formal y González Serrano recurre al empleo de la métrica rigurosa para asegurar la redondez del libro, el trazado de la “virguería” poética.

Lo que cabría preguntarse cuando la cuestión técnica resalta de modo especial en una obra literaria es si el producto final confirma a través de su calidad, tal presunto dominio.

Serrano consigue con regularidad un nivel, pero los hallazgos y revelaciones hay que buscarlos en el curso de estas repeticiones formales, pues hay que admitir que el mero y diestro empleo del formato breve no asegura porque sí una infalibilidad del pensamiento o la ejecución del haikú inolvidable.  

Leves alas al viento se lee con gusto y ritmo, y si la lectura es recolectora de cualidades, podemos encontrarnos, por ejemplo,  con cierto uso común de la paradoja: la suerte es un azar buscado;
con la complicada verificación: En el fanatismo habita la cruel locura que, al domesticarse, deviene satisfecha creencia; con la gracia poética: a dos pasos del /deseo, una daga/vuelta amapola; con la precisión casi matemática del sueño: en los perdidos edenes del estío/ se extravía la memoria del ahora.