8.7.09


CORRESPONDENCIA ENTRE OCTAVIO PAZ Y TOMÁS SEGOVIA



El Fondo de Cultura Económica de México, publicaba el año pasado este volumen que recoge la correspondencia que Octavio Paz mantuvo con Tomás Segovia entre los años 1957 y 1985. Es decir, el libro sólo contiene las cartas enviadas por Paz a Segovia, no las de este último. Teniendo en cuenta el carácter altamente notable de este diálogo intelectual hubiera sido interesante conocer las respuestas y las cuestiones expuestas por Segovia ante las respectivas de Paz.

La India influyó poderosamente en el espíritu de Paz irrigando por sus venas la fluidez del pensamiento iluminado, porque las cartas pertenecientes a su estancia en Nueva Delhi, son de una gran brillantez y precisión especulativa. Paz, exultante y motivado por las inquietudes e interrogantes que Segovia le plantea, reflexiona agudamente sobre el mensaje poético, sobre la naturaleza fantasmática del yo, sobre el lenguaje y el tiempo. Rebosante, Paz llega a citarse a sí mismo, no sé si pensando en otros lectores, además de Segovia. El epistolario es un semillero  inédito de hallazgos y reflexiones dignas de antologarse independientemente como aforismos:

"El yo es función del tú, pero el tú no es función del yo"; "Hay algo demoníaco en la risa moderna"; "El solipsismo poético opera a favor del lector, es decir, de la realidad. El solipsismo psicológico (y el metafísico y el dialéctico) es contradictorio e incompleto: no me abarca, no me comprende".

Quizá corran malos tiempos para la metafísica, pero no, obligatoriamente, para la grata intimidad escrutadora que se produce entre dos poetas, en cuya comunicación, el atisbo de lo sublime o el roce de la belleza no tienen porqué ser infrecuentes sino signo de una gozosa comprensión secreta: Has escrito algo que ha estremecido a "los anales diáfanos del viento", a la palabra impalpable que duerme (¿pero realmente duerme?) en las palabras de nuestro idioma.

Una nota curiosa. Paz escribe un poema largo y piensa titularlo Como nada. Cree haber hecho un auténtico hallazgo lingüístico con este epígrafe, pero más adelante se rompe el hechizo cuando se entera (estamos en el año 1966) de que se trata de una expresión corriente. La inocente ignorancia de Paz implica un par de cosas: por un lado, cuestiona que el mensaje que la gente lea y lo que el creador literario observa sean la misma cosa (la expresión ordinaria "como nada" ¿tiene el mismo significado que la complejidad que Paz advierte en la conjunción insólita de estos dos vocablos opuestos?); por otro lado, nos recuerda el reto que pesa sobre todo poeta: el redescubrimiento del lenguaje y del mundo, todavía, a pesar de los estereotipos y las repeticiones.

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