14.12.10


INCISOS CONCISOS

Hoy, al parecer, se festeja a San Juan de la Cruz, patrón de los poetas. ¿Nescesita la poesía de los auspicios de un defensor ultraterreno, del mismo modo que el ciudadano puede solicitar ayuda al Defensor del Pueblo? El defensor de la poesía es el propio poeta, en tanto que es quien la produce (y los lectores, en tanto que la rescatan de ser mero texto inerte). René Char afirmaba que él era hermético para defender la poesía. Su estrategia es comprensible. Quería decir que establecía un territorio, el de su propio decir, para diferenciar y guarecer la poesía de las agresiones empobrecedoras de otros lenguajes, ideologizados y comunes. Miguel Hernández, en su poema Oficio Adánico, escribe admirablemente: "Vigilar la blancura, ese es mi oficio", es decir, mi oficio originario, mantener la castidad, el manantial vivo, la plenitud no marchita a través de la palabra. Ambas posiciones, la de Char y la de Hernández, son la misma: el poeta, gracias al manejo privilegiado del lenguaje, se convierte en el guardián del mayor tesoro, frente al caos y "la suciedad" del entorno.


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Todo genio poético habla su propio lenguaje, aunque lo haga en un mismo idioma: eso pasa con Lezama, con Borges, con Mallarmé, con Char.


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Un texto es un fragmento de universo en el que puede producirse la paradoja de que la parte contenga al Todo.


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La muerte de Miguel Hernández siendo tan joven, es un símbolo. El mensaje entrañable de su vida y de su obra quizá no podría autentificarse o alcanzar el grado que tiene, sin esta condición. Lo que implica esto en nuestra interpretación del mundo, resulta tremendo. Finalmente, lo numinoso del símbolo - de lo simbólico, en definitiva - sigue haciendo frente a la muerte y al paso aniquilante del tiempo. En qué espacio, en qué mundo se resolverán las significaciones de lo simbólico es demasiado para nosotros, objeto no ya de un proceso hermenéutico tan interminable como lo son los productos culturales, sino de una suerte de gran metafísica profana. Como dice Eco, el símbolo se percibe, se disfruta, no se descifra.


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Acabo de leer El ano solar, de Bataille, librito que vi en la librería Diego de Marín de Murcia hace siglos. Bataille se ganó el repudio de Breton quien le criticaba su amor especulativo por lo sórdido. Pero, lo que viene a decir este texto, creo que lo suscribiría un Lezama Lima sin problemas. Salvo un par de imágenes deliberadamente exasperantes y muy del estilo malditista francés, el mensaje de la cópula universal de todo con todo, la vinculación de lo luminoso con lo oscuro, de lo exultante con lo aniquilante, de lo bello y de lo repulsivo, activa una función metafórica universal de las cosas que no se contradice con la poética de Lezama.

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Frase soñada: las eclosiones bípedas hacían su agosto en el aserradero de las mandrágoras. Al escribirla, no puedo evitar una carcajada.

1 comentario:

José Antonio Fernández dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada. Muy buenas disertaciones sobre poética.
La frase soñada es retórica pura. La poesía tiene mucho de retórica aunque no sé si la retórica tiene algo de poesía, en fin, eso.