3.5.11



SORPRESIVAS PROXIMIDADES

Hace un par de madrugadas, cuando emitieron por la televisión la noticia de la muerte de Bin Laden, entre otras filmaciones, pusieron una foto, probablemente de mediados de los setenta, en la que aparece él, adolescente, vestido de forma muy hippie, junto a un grupo de amigos también jóvenes. En ese grupo hay una chica rubia con minifalda. Esta imagen me produjo una extraña melancolía. Considerando la historia del personaje, viendo la imagen y a la chica sonreír encantadoramente junto al líder, ya inexistente, del terrorismo global, esta fotografía se me ha antojado una suerte de oximoron, un nudo desconcertante del tiempo. Poco después, recordé otra foto, ésa en la que aparecen juntos el filósofo Wittgenstein y Hitler, ya que, al parecer, estudiaron de niños en el mismo colegio. El paralelismo entre ambas fotografías impresiona y asusta: Bin Laden al lado de una joven occidental, de cuya civilización se declarará enemigo frontal; el imberbe Hitler, compartiendo aula con un judío, Wittgenstein, de cuya raza se convertirá en exterminador. Sólo hay una diferencia entre ambas imágenes. Mientras que Bin Laden no se distingue de sus compañeros de pose - naturalmente, entonces él no era ni remotamente el Bin Laden que la historia ha conocido - , en la imagen del colegial Hitler, ya se hace ostensible en su rostro infantil el gesto tosco y antipático del Hitler adulto. Pareciera como si el destino fatal de Hitler ya se hubiera urdido en el vientre materno, mientras que el verdadero rostro de Bin Laden no apareciese sino tras su conversión a la guerra santa.

2 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Mi duda es saber si un monstruo nace o se hace. Mirando al Hitler también siento unos ciertos escalofríos.

Blanca Andreu dijo...

Otra curiosidad: Wittgenstein era adoptado, así que en realidad no se a ciencia cierta si era de raza judía o no.

Me ha encantado la foto, y me tomo la libertad de llevarla a mi blog ( citando tu fuente, of course )