30.8.11


LECTURAS: EL GEOMETRISMO MESMÉRICO
Ediciones Índigo. Barcelona.
Después de leer esta selección de alguno de sus textos más destacados, se llega a la conclusión de que Mesmer, a pesar de la aureola misteriosa que lo rodea, no dejó de ser un hijo de su época, es decir, un ilustrado. Lo sorpresivo en él es cómo y sobre qué motivos aplicó la razón, qué principio pretendió haber descubierto. Al leerlo, se tiene la sensación de estar leyendo a un vidente, a un pensador hermético, a una suerte de presocrático moderno que nos estuviese dictando la dinámica arcana de los principios fundamentales de la Naturaleza. Personalmente, me hace recordar a un Jung: empírico y oscuro, a un tiempo. En Mesmer hay tanto una exposición teórica como una realización práctica, cuyas sesiones resulta verdaderamente pintoresco imaginar hoy: personas hipnotizadas, cogidas de la mano, alrededor de una cubeta magnetizada - trasunto tecnológico de la mesa espiritista - o bien, ese grupo de personas atadas a un gran árbol, mientras suena la música de fondo de un clavicordio. Esta curiosa puesta en escena, esta suerte de teatralización, constituía la forma ideal de canalizar y concentrar los fluidos del magnetismo animal que atraviesa a todos los seres y cuya correcta articulación aseguraba la salud y bienestrar del individuo.
Aunque su actitud intelectual sea la de un racionalista, Mesmer parece partir, finalmente, de una base animista cuando, a pesar de todas las explicaciones y puntualizaciones que ofrece sobre el magnetismo, no puede explicar el hecho del magnetismo mismo sino su mecanismo. El magnetismo mesmeriano, - el arcano que guarda - ofrece una similitud ilustrativa con la Analogía. Si la Analogía establece una relación universal entre todos los seres y cosas diferentes que existen en la Tierra y en el Cosmos, para Mesmer, es la Salud lo que patentiza la vinculación natural y el grado de estabilidad de los organismos. Para Mesmer la salud es "una línea recta". Es el movimiento lo que hace posible la efectuación de las combinaciones vitales, pero la materia en sí misma, no es nada. La materia no prexiste al movimiento, la materia se hace a través del movimiento. Más exactamente, Mesmer dice que la materia, abandonada a su inercia, no es susceptible de crear nada por sí. Con este pensamiento, Mesmer parece convertir la materia en mero receptáculo de energías, pero lo que imagina es que la Salud no puede ser sino el brillante efecto de la harmónica adecuación físico-anímica de cuerpo y alma en el sujeto. La existencia del flujo magnético nos habla de un origen común, de un orden arcano. La utilización de las ramas de los árboles y sus troncos, de varillas metálicas, del agua, de vasos de cristal o de cuerdas, como conductores energéticos verifica la realidad de su entramado vital, manifiesta la variedad de sus potencialidades.
Simplificando, el magnetismo mesmeriano es una suerte de reflejo en los individuos y en los animales del influjo gravitacional: del mismo modo que todo cuerpo es atraído a la superficie de la tierra por efecto de la gravedad, el magnetismo es la conexión energética que atraviesa todo cuerpo, preservando la regularidad de la salud, lo que revela un vínculo universal entre todos los seres. Ahora bien, Mesmer especifica, sorpresivamente: la gravedad cesa en los puntos donde las corrientes se equilibran. ¿Significa esto que en la adecuación óptima de las corrientes magnéticas podemos levitar, o simplemente que el magnetismo neutraliza molestosas inercias gravitacionales?
Mesmer explica la telepatía, aunque sin utilizar este término, inventado muchos años después, cuando dice que además de nuestros sentidos reconocidos, debemos tener otros de carácter oculto pero sensibles a las ondas magnéticas enviadas por otros individuos a grandes distancias, lo que explicaría la existencia de los presentimientos cumplidos o de las imágenes inexplicables que, repentinamente, nos comunican algo que después es confirmado. Mesmer dice que es a través de la crisis como se producen algunas curaciones, pero que también, en estos estados críticos de gran despliegue nervioso, se manifiestan capacidades de percepción extraordinarias y cita casos concretos de enfermos que él trató.
Los aforismos de Mesmer harían las delicias de un historiador de la cultura, de un esoterista, de un pensador como Deleuze, suenan en ellos los ecos remotos de un Jung, de un Charcot , incluso del Freud que utilizaba el hipnotismo y el relajante diván que permitiría desobturar las fuentes magnéticas del paciente , salvo que Mesmer no encara la problemática desde la psicología individual, sino intentando encauzar bloques de flujos de materia sutil.
Por ello, en el contexto mecanicista de la época sus especulaciones se convierten en expresiones de un geometrismo psíquico nada descabellado: "Todo cambio en la relación y proporción de las afecciones de nuestro cuerpo produce un pensamiento que antes no existía." "Hay tantas sensaciones posibles como posibles diferencias entre las proporciones". " Si nos es posible acelerar las corrientes, podremos, aumentando la energía de la naturaleza, aumentar a nuestro gusto las propiedades de los cuerpos".
Un escéptico dirá que si hubo gente que se curó con los extrafalarios tratamientos de Mesmer, se debió a una casualidad o que, simplemente, creyeron estar curados, pero de nuevo nos empantanamos aquí, porque si lo que queremos decir es que la ingenuidad o la fe les hizo crearse la ilusión de estar curados, nos remitiríamos a la consabida cuestión del placebo, tan embarazosamente explicable para la medicina actual. Por otro lado, lo "extrafalario" de sus tratamientos nos lo parecen simplemente por una cuestión de perspectiva, porque son la arqueología de los sofisticados tratamientos y técnicas que tanto la medicia regular como las alternativas utilizan hoy en día: adviértase la semenjanza entre las teorías de Mesmer y disciplinas orientales como el Feng-Sui o el Reiki, que pretenden harmonizar mente y cuerpo, controlando los distintos "flujos de energía" que desprendemos y nos afectan.
El tiempo añade terminologías nuevas a lo que ya se conocía antes, aunque de modo más imperfecto o tosco. Del mismo modo que en el ámbito de la física el éter, admitido hasta principios del siglo XX, recibe hoy el nombre de materia oscura, el magnetismo animal que definiera Mesmer podría ser hoy lo que actúa cohesivamente en las manifestaciones sociales, en las empatías, en cualquier situación de desprendimiento o revelación anímicas. El propio Mesmer ya lo advirtió: "nada obra sobre el hombre más eficazmente que un semejante".

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