9.9.11




REFLUJOS DEL TIEMPO.
TRINO TRIVES EN LA CORRESPONDENCIA DE SAMUEL BECKETT
 
Por una serie de rocambolescas cuestiones y, sobre todo, por mi vergonzante impericia, todavía, con los entresijos internáuticos, no ha sido sino hasta hace un par de días que he podido acceder a mi cuenta de correo gmail, anexa al blog que abrí hace cuatro años. Entre los mensajes de cuya existencia no tenía ni idea, el más interesante y que más me ha sorprendido, ha sido el de Eduardo Paguagua, profesor de la Emory University de Georgia, en Atlanta, y que data del mes de marzo del 2010. Paguagua me comunicaba que había leído el artículo que publiqué en Orihuela Digital en 2003 sobre la muerte del director de teatro Trino Trives, distinguido paisano nuestro, y el primero que tradujo, en España, a Samuel Beckett. Resulta que Paguagua se encuentra estudiando la traducción pionera que hizo Trino de la obra de Beckett En attendant Godot (Esperando a Godot ) y me comunica que en la recopilación de la correspondencia del autor irlandés, aparece varias veces su nombre - no especifica si como remitente de alguna carta, o aludido por Beckett o por terceros. En su correo, Paguagua solicita información sobre Trino, sobre su trayectoria última, me pregunta cuándo prescindió de su apellido "Germán", firmando con el aliterativo y más artístico Trives, pues en artículos publicados en los años 1957, 1959 y 1963, va alterando su nombre, y sobre todo, insiste en las incidencias sobre su traducción. Confieso que sobre este asunto - el que Trino fuera el primer traductor e introductor de la obra de Beckett en España, - albergaba alguna duda, más que nada, por la ausencia de confirmación concreta del hecho. Esto se debió, supongo, hablo antes de consultar fuentes pertinentes, a que quizás, no fue su traducción la que se publicara antes y se popularizara. Por otro lado, nunca se me ocurrió preguntarle sobre la cuestión y, además, el propio Trino tampoco alardeaba sobre ello, que yo sepa
Lo que Trino sí que nos contaba eran anécdotas divertidas vividas con los personajes que conoció durante su estadía crucial en el París existencialista de los cincuenta: cómo se quedó encerrado en casa de Ionesco, con el propio Ionesco dentro, cómo el escultor Brancusi, después de haber llegado andando a París desde su Rumanía natal se hacía sus propios yogures , y sobre todo su memorable, bekettiano encuentro con Beckett.
Supongo que este correo de Paguagua y el estudio que está llevando a cabo, despejarán dudas y si se publica, acabe convirtiéndose, al menos, en un justo homenaje a la labor de quien nunca lo tuvo en su tierra natal. Aunque no he podido ponerme en contacto con Paguagua todavía, a pesar de haberle enviado varios mensajes a su correo personal y a la dirección de la universidad en la que trabaja, el malestar de esta frustración se me ha atenuado en parte recordando un par de cosas relacionadas directa e indirectamente con Trino.
La última o penúltima vez que mis padres, durante un paseo, - venturas del azar - se encontraron con Trino por la calle, éste les recordó que la única persona que durante su estancia en París, le escribía dándole ánimos, era el tío de mi padre, Gregorio Piñeiro. A mi tío-abuelo se le recuerda como un caballero, como un caballero de la época, atento, grave y guardador de apariencias... Al parecer encargaba una reserva para él en un palco del Teatro Circo de Orihuela y otra en el palco de enfrente para su amiguita secreta, cauta estrategia para evitar chismorreos de parroquianos y sobre todo los celos de su hermana (mi tío-abuelo estaba "casado" con mi tía-abuela: ambos vivieron juntos y murieron solteros); pero desconocía que su afición al teatro arrancara de tan lejos. A propósito de cartas y de estos curiosos reflujos del tiempo, descubrí, recientemente, en una caja, mezcladas con un montón de viejas fotos, unas cartas suyas escritas desde Melilla en el año 1928. La lectura de estas cartas ha resultado un placer. Por un lado me han fascinado las introducciones y giros retóricos, típicos de la época, la ortografía de entonces, ese extraño acentuar la preposición á , por ejemplo, y por otro, me ha sorprendido el nivel crítico de los comentarios de las obras teatrales que entonces pudo ver por aquellos lares: habla de la ligereza de las adaptaciones de comedias norteamericanas, cita piezas de los hermanos Quintero sin mayor elogio, y se deleita con la viveza de los diálogos de una obra de Benavente, a cuyo estreno asiste.
Curioso resulta que, precisamente ahora, que ando dándole vueltas a las umbrías de mi genealogía, investigando dónde empieza histórica -míticamente el origen de tantas frustraciones personales, encuentre estas cartas de mi tío, reciba noticias de las probables cartas de Trino a Beckett, que Trino tuviese un buen recuerdo de las misivas de mi pariente, que Alejandro Jodorowsky acabe de sacar en Siruela un tocho considerable sobre la influencia de nuestros antepasados en nuestra vida y que ande por ahí, en la red, un programa, Heritage no se qué, que ayuda a reconstruir el árbol genealógico del usuario. Las coordenadas de una sincronía jungiana, vamos...
Si recupero el contacto con Paguagua, intentaré que me envíe copias de los artículos o cartas de Trino, y en cuanto a mi tío-abuelo, continuaré sondeando los transfondos de la memoria familiar intentando definir qué fantasma dicta sibilinamente nuestro destino. Pendiente queda para posteriores disquisiciones mi vinculación, a través de mi abuelo materno, con Ramón Sijé, el compañero del alma de Miguel Hernández, pero de esto no hay documentos, sólo un par de imágenes brumosas en los recuerdos de mi madre.

No hay comentarios: