7.3.17

ESTOS DOS LIBROS, POR EJEMPLO





LA SINFONÍA IMAGINARIA.
Marcel Schneider

Edición española de 1983. Edición original en francés de 1981, aunque sospecho que los ensayos sobre música y músicos de este libro son anteriores. Lo sospecho por el tono y la selección de temas y compositores. Schneider, tras ofrecernos, muy curiosamente, las distintas definiciones históricas que ha tenido la música, nos dice que sólo con la llegada de la sensibilidad romántica la música toma fulgurante carta de naturaleza, y encuentra un concepto óptimo que llega hasta nuestros días. Schneider nos habla de alguno de los grandes maestros del XIX y de los grandes clásicos del XX, es decir: de Wagner, Schuman, Berlioz, Verdi, Debussy, Falla, Satie, Stravinsky, Poulenc… Referente no secreto de Juan Eduardo Cirlot en las lecturas sobre simbolismo universal, Schneider nos vuelve a demostrar, con este libro,  la necesidad que hay de una adecuada bibliografía musical que vaya más allá de los meros repasos históricos.

 
 
 
 

EL ITINERARIO DE EGERIA

Texto del siglo IV, escrito por una misteriosa dama emparentada con el emperador Teodosio El grande y originaria de la provincia romana llamada – atención señores – Hispania. El texto narra el viaje que esta señora, Egeria, hizo con su comitiva por todo el Oriente cristiano: Palestina, Egipto, Siria, la zona mesopotámica, tierras de ascetas y monjes. Penetrar en la historia antigua no es sólo alucinarse con los ámbitos, costumbres, discursos e indumentarias, sino sumirse con delectación en cartografías sorpresivas, en descripciones de naciones o regiones fantásticas, percibir lo ingente que ha sido el tiempo histórico y a qué poco puede quedar reducido en tanto que invoquemos las necesidades de la criatura humana. Resulta sorprendente oír hablar a Egeria del “santo obispo de Arabia”, entonces región perteneciente a Egipto. Del escueto texto de Egeria se desprende una imagen oriental – a reivindicar teniendo en cuenta el estado actual de cosas por allí -  y milenaria del cristianismo junto a una sensación admirativa ante su historia, la misma impresión que obsesionaba a Buñuel y le hizo rodar, por ello,  Simeón del desierto.            

No hay comentarios: