2.3.09

59 SEGUNDOS DE CLEMENCIA


Confieso que envidio a los periodistas. Utilizando el mismo instrumento que me es más querido, la palabra, tienen el trabajo asegurado : dar testimonio, ni más ni menos, de lo que ocurre, informar sobre la inabarcable realidad, como diría Borges, o si queremos ser más claros, "crear el acontecimiento"(nada sucede hasta que es narrado).


Autores como Baudrillard y Agustín García Calvo ya han metido en vereda a los mass-media y yo no voy a extenderme ociosamente al respecto. Tan sólo querría señalar el empobrecimiento a que se viene sometiendo el presunto debate que se nos ofrece en el programa de televisión 59 segundos, de Televisión Española. El debate (presunto), como digo, se reduce casi exclusivamente al enfrentamiento que mantienen los simpatizantes del PP y del PSOE, aderezado por las posiciones, más o menos equidistantes y movedizas, aunque siempre con reservas que no son expuestas de modo contundente, de voces que se pretenden intermedias con respecto a las de sus colegas periodísticos: las del ABC actual, por ejemplo.

Se trata de un debate de periodistas. ¿Dónde están los intelectuales, los sociólogos, los filósofos?

¿Por qué hemos de contentarnos con el antagonismo irreductible de dos posiciones únicas y exclusivas? Es decir, ¿por qué hemos de contentarnos con una lectura política, ideológica de la realidad, y no profundizar algo más en lo que ocurre, trascendiendo los límites estratégicos que nos marcan esos sofistas, muy conscientes del diseño y mantenimiento de su discurso que son los periodistas?

Se me dirá que no son los periodistas en concreto, los individuos, los culpables de colapsarnos con un discurso maniqueo y lineal, aparentemente hiperjustificado por las masas ciclópeas de información que manejan, que son las grandes empresas, los propietarios económicos los que obligan a producir noticias de este o de aquel lado.

La chica que lleva el programa, Ana Pastor, cuando entorna lánguidamente los ojos, parece demostrar esa tranquilidad de su colectivo, la seguridad que tiene quien sabe llevar las formas de una tertulia casera, de un "debate" que se queda en casa.

Cuando los artistas y los filósofos han renunciado o han sido expulsados de los medios por la corrupción de los mismos, supongo que tendremos que contentarnos con los formalismos de los "debates civilizados".


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