3.5.10


ARTE DE LOCOS Y LOCAS
En la Sala Municipal de Exposiciones de Elche he estado viendo una exposición muy singular. La muestra lleva por título "Pinacoteca Psiquiátrica de España", y es una selección de obras plásticas realizadas en internados psiquiátricos por los propios enfermos. La muestra abarca desde 1917 a 1990 y aunque predomina el dibujo y la pintura, también hay esculturas. La exposición se completa con varios vídeos en los que puede verse a los propios enfermos ensimismados en su trabajo sublimatorio. Lo primero que me ha impactado, incluso antes de examinar las piezas, ha sido el carácter anónimo de casi la totalidad de las obras. Me preguntaba al comprobar la fecha de cada una de ellas - 1934, 1960, 1975 - qué habría sido del individuo que había pintado aquello, si se habría curado, si estaría vivo, bajo qué circunstancias o anécdotas habría ingresado en el manicomio.
Independientemente del contexto y de la intencionalidad de la exposición, el nivel estético de las obras no es precisamente algo secundario. Me he encontrado con piezas muy elegantes, algunos retratos excelentes hechos a lápiz, pequeñas esculturas que parecían exvotos de una religión remota y desconocida, que podrían estar en cualquier museo de arte contemporáneo.
Lo que me ha fascinado ha sido detectar la presencia de cierto continuum en el carácter de las imágenes , independientemente del marco temático en que la exposición está articulada. Por ejemplo, dibujos que parecen miniaturas medievales bizantinas, figuras delirantes que recuerdan los arcanos del Tarot, siniestros cómics realizados por un niño grande, sofisticadas piezas que me han hecho recordar aquellas pinturas densas de fibras retorcidas y pulpas blandas de José Hernández. Pensaba en los arquetipos jungianos, como si el arte de los locos se hiciera eco de los contenidos del inconsciente colectivo. En conjunto, en la exposición se impone una creatividad fluctuante sobre la autoría concreta. El loco es antes loco que ciudadano o persona. El arte de la locura es anónimo por definición. Esta exclusión es también lingüística, por ello el loco inventa alfabetos, conjuntos de signos imaginarios. Me ha sorprendido la belleza de estas expresiones pictográficas y el notable parecido de algunas con la grafía medieval carolingia. Si los autores no las han copiado de algún sitio, de nuevo, los arquetipos jungianos. Parecen manuscritos de una lengua ignota y aracaica cuya gramática se hubiera perdido en la simas del tiempo y de la historia. Una lengua sin significado, de la que tampoco podemos saber cómo suena. Recuerdo que yo, de crío, hacía algo parecido. Para cada letra del alfabeto inventaba un garabato y luego me divertía "escribiendo" con estos nuevos símbolos. Me gustaba el aspecto formal, la estética que ofrecían mis "textos", sólo comprensibles para mí.
He salido de la exposición con una sensación embriagadora: fascinado con este detritus demiúrgico en el que el nombre del artista, el sujeto creador ha sido borrado y nos queda una masa flotante, a veces rota y herida, otras brillante y enigmática, de signos a la deriva.

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