30.6.10

CITAS
Encuentro en un apunte de Schopenhauer, la condición que determina nuestros deseos frustrados de emprender un estudio positivo de todo lo que conceptuamos como extraño e inexplicable y que debería constituir la reflexión de partida obligatoria para todos los que pretenden convertirse en investigadores de lo paranormal:
"Un secreto inescrutable de la naturaleza, es decir, una conexión causal que se diera sin ser cognoscible, supone algo imposible de pensar, ya que cualquier objeto sólo es tal para un sujeto y sus leyes. Toda causalidad que fuera imcognoscible y, sin embargo, estuviese ahí es algo que, simultáneamente, sería y no sería para el sujeto". (Escritos Inéditos de Juventud. Sentencias y Aforismos. 1814-1818)
Escalada de gritos. Nos quejamos de que algunos inmigrantes hablen fuerte por la calle. En los años sesenta, los franceses se quejaban de lo mismo con respecto a españoles e italianos. El escritor Edmondo De Amicis, escribe en 1878, sobre el barrio europeo de la ciudad de Pera, en Turquía:
"El europeo habla en voz alta, gesticula y bromea en medio de la calle; el musulmán se siente en casa ajena y pasa con la cabeza menos erguida que en Estambul". (Constantinopla, Ediciones Páginas de Espuma)

24.6.10


EL CUBILETE DE DADOS

Max Jacob
De la pléyade de autores galos que admiro y con los que me inicié en el camino poético finalizando los setenta y entrando en la década de los ochenta, Max Jacob estaba ausente. Tenía de él una imagen muy desleída, apenas aureolada por la presencia cercana de su amistad con Picasso. No veía en Jacob esa encarnación del verbo fascinante como la veía en Mallarmé, Baudelaire, Char... Cuando di con este volumen, publicado, originariamente, en un año tan remoto como 1905, me llamó la atención la extrema brevedad de estos pululantes poemas en prosa, y lo adquirí creyendo acceder a un autor nuevo. Si la exégesis, el análisis de lo que implicaron las poéticas de las primeras décadas del siglo XX es algo que está lejos de clausurarse y cuyas consecuencias vitales todavía las estamos viviendo actualmente, el nombre de Max Jacob tiene que sumarse a lo que significó toda aquella revolución de la imagen y del pensamiento.
Los textos de Jacob tienen algo de desconcertante. Recuerdan al Apollinaire más travieso y experimental. El breve hilillo argumental de los cuentecillos no sirve sino para articular imágenes chocantes y producir efectos de comicidad presurrealista. Crees estar leyendo algo que comienza a tener sentido y al acabar el texto te preguntas: ¿pero qué ha dicho? Precisamente lo que me intriga de un autor como Jacob es su ubicación imprecisa, es decir, que viviendo en un momento de dinámica y bullente transición estética, todavía no escriba al dictado de un movimiento literario definido y normativizado, como lo fueron el futurismo o el surrealismo. Prueba de ello, por ejemplo, es el que algún crítico de la época quisiera consagrarlo confusamente como el mayor exponente del simbolismo cubista (?).
Leyendo estas prosas, tan festivas y lúdicas, me resulta odioso, me rebelo contra el hecho de que el poeta muriera en las cámaras de gas. El contraste de su final con el carrusel que fue su vida, es trágico, impropio. Subrayo esta frase, en uno de sus poemas: La ciudad a conquistar está en una habitación.

22.6.10


CONTEMPORÁNEOS EN POESÍA

Uno de los últimos proyectos surgidos con ocasión del Centenario Hernandiano ha sido el de editar una colección de libros de pequeño formato cuya intención es la de ser como un muestrario de los que por estos lares nos hemos comprometido con la palabra poética, acreditando cierta veteranía y experiencia editora. La idea parte de la Fundación Miguel Hernández - su hacedor concreto ha sido Víctor Sánchez Balaguer - y lo que se pretende es sacar a la calle 14 libros, los correspondientes a cada letra del enunciado conmemorativo "Año Hernandiano". La colección se llama Contemporáneos a mano, y su practicidad es doble: por un lado, brevedad y y facilidad de manejo, y por otro, la oportunidad de sumarnos de esta manera, poéticamente dosificada, al homenaje de nuestro ilustre paisano.
Los dos primeros microlibros en salir han sido Las llamas de los suburbios, de José Luis Zerón, y Margen Harmónico, cuyo autor es quien esta reseña escribe.
Algún amigo me ha criticado la intención pedagógica, es decir, la idea de hacer accesible, a estas alturas, la poesía a cualquiera, gracias a la brevedad y manejabilidad del volumen pequeño. Bueno. Si tan buenos resultados están teniendo los microrelatos en narrativa, es posible que pueda ocurrir algo más o memos semejante con la poesía. Por otro lado, no es eso lo que se persigue, precisamente, y en todo caso, de ello sólo se responsabilizaría el azar o la curiosidad puntual. La poesía no necesita de torpes defensores, está mucho mejor sin ellos, pero si gana algún lector ocasional, con toda seguridad será ese lector quien salga beneficiado.
Leer poesía puede significar desconectar de las ficciones enlatadas televisivas, de los discursos ideologizados, disfrutar de la fugitiva harmonía de unas palabras reunidas, escapar, paradójicamente, al paraíso verbal artificial más verdadero, ése en el que la expresión memorable, la confesión más entrañable se guarda como delicada joya única. Y leer a la gente que vive cerca de ti pone a las claras unas circunstancias vitales que quizá sólo de esa manera se hacen visibles y gratamente comunicables. Será un honor que con la inspiración de nuestro vate universal, esta colección cumpla con la divisa machadiana de "palabra en el tiempo".

19.6.10

Aromas de el libro de papel

Este señor no sólo mira, sobre todo huele un Codex Gigante

Y es que andome descargando Calibre ebook management en mi portatil. Es un excelente programa de código libre, versión no oficial que simula algunas funcionalidades del software Sony Reader.

También hay otros, como el kobo eReader, que podrás utilizar. 

Pero todo ello sin poder olvidar el olor de el libro de papel.

15.6.10


INCURSIONES


El localismo de los genios. En una entrevista Claude Levy-Strauss cita a los tres pintores más importantes, según él, del arte contemporáneo: André Masson, Picabia y Picasso. Me quedo a cuadros: Masson, con todos mis respetos, es un surrealista de segunda fila; Picabia resulta simpático, pero dudo que su obra se merezca ese puesto supremo que le otorga el gran antropólogo; y en cuanto a Picasso, hubiera sido un escándalo que no lo hubiera nombrado.


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Escribir es la tentación de seguir escribiendo, de producir una continuidad.


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El despilfarro de la invención gratuita: frases automáticas:
La achacosa serie de los años añejos / La subproducción de incestos
sólido rey de lanas de leche amontonándose bajo su protectorado/
la simulación orgiástica de preámbulos celestes, es decir, socorrida soflama de otras unidades
de formato/ todavía la marea arroja su margen de alforjas/
la predilección del niño rubí era una mañana sin padres


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- ¿Cómo está don Pepito?
- Actualmente, está muerto.
- Y luego, ¿cómo estará?

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Unos seres humanos investigan a otros seres humanos.

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La extrema practicidad de la línea (de la flecha): símbolo de direcciones y de trayectos, indicación esquemática del paso del tiempo, del fluir de la escritura, de la continuidad, del proceso siguiente. Difícil imaginarse el final - apocalíptico, glorioso, desconcertante - de la línea.


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Cuando André Breton se baja de un autobús en marcha porque le ha parecido ver una escena insólita que le ha hechizado, se acerca al escaparate de un comercio y observa, por primera vez, un cuadro de Chirico. Esas "primeras veces", qué difícil que se repitan hoy en el mundo de lo artístico. Y qué extraña melancolía experimento al referir este suceso.

8.6.10


IMAGEN, SOCIEDAD Y MANIPULACIÓN MEDIÁTICA: ¿QUÉ HA SIDO DE LA REALIDAD?

Cada martes de este mes de mayo, en una de las salas de la CAM, aquí, en Orihuela, un grupo de amigos y docentes, amantes del mundo de la imagen, del cine y del lenguaje audiovisual, nos hemos reunido al preclaro llamado de los profesores Manuel García y José Antonio Cayuelas, para discutir la amplia y compleja temática derivada de la publicidad y de los medios de comunicación. El material exhibido ha sido amplio y diverso: videoclips, fragmentos fílmicos, documentales, cortos de animación...

Bajo toda esa variedad, la idea fundamental que se ha pretendido ilustrar ha sido no sólo cómo la publicidad o el cine imponen modelos de mujer, estereotipan conductas y explotan apariencias, o de qué modo la información se sectorializa y divide por intereses económicos e ideológicos hasta el delirio, sino, como consecuencia de todo ello, dónde queda la realidad, qué queda de ella tras la plaga de imágenes y manipulación manifiesta, y, especialmente, a qué realidades se les niega una visualización al no concordar con la estética, con el tipo de realidad que a la industria le interesa imponer.

Se dice que la palabra posee, todavía, un prestigio mayor que el de la imagen, cosa que corrobora la referencialidad que tiene la prensa escrita, por ejemplo, frente a la fugacidad de los telediarios, pero no hay duda de que nuestro siglo XX (y principios del XXI), ha sido una época henchida de imágenes y un interrogante para plantear a nuestro imaginario sería qué estatuto ontológico ha representado la imagen y qué futuras metamorfosis le esperan. Otra pregunta, ineludiblemente unida a todo lo expuesto, sería si existe algún lugar virgen, todavía, a la esquilmación selectiva de la máquina informativa, si es posible crear sin manipular, sin someterse a las exigencias del mercado.

En suma: si la definición de lo real está en peligro, o bien dejamos de ver televisión y leer periódicos; o bien, nos sumergimos con escafandra protectora en el océano catatónico de la "información", dispuestos a llevar a cabo nuestra propia lectura recopilatoria, a sumirnos con gozo perverso en el naufragio de la realidad.



"Ser es ser percibido", según reza el famoso motivo idealista explicitado por Berkeley que un Borges evocara con interés aunque fuera para cuestionarlo. Pero no creo que Antena 3, La Sexta, Telecinco y tampoco La Primera, (a mi pesar), nos ofrezcan percepciones puras de la realidad, sino versiones, es decir, lecturas determinadas por un modelo que selecciona y dosifica, concienzudamente, el material disponible. De este modo, el "espectáculo de realidad" que cada cadena ofrece es distinto, y su misión es satisfacer las expectativas de un tipo de público que, ocasionalmente, puede desplazarse a las emisoras de la competencia, según guste o se harte de la clase de noticias que se le suministren.
En fin, ojalá nos volvamos a encontrar en sesiones futuras para seguir destrenzando cuestiones semejantes y que la CAM nos sea propicia.

3.6.10

A PROPÓSITO DEL VELO DE LAS NARICES
(DE LAS NARICES A LOS PIES)
Roland Barthes "ratifica" el origen pecaminoso, la causa de la prohibición de mostrar el cabello en la mujer:
"Desde un punto de vista antropológico, y gracias a una antiquísima metonimia que se remonta a las más lejanas eras, ya que la religión prescribe a las mujeres que la oculten (la desexualicen) al entrar en la iglesia, la cabellera constituye la Mujer misma, en su diferencia fundamental.
Desde un punto de vista poético, es una sustancia total, próxima al gran medio vital, marino o vegetal, océano o bosque, objeto fetiche por excelencia en el que el hombre se sume (Baudelaire)."
Roland Barthes, en "Erté", 1973.
Recogido en el volumen Lo obvio y lo obtuso, Paidós. 2009.

2.6.10


EL ESTIGMA DE SER INMIGRANTE

Iván es ucraniano y me comenta, quejándose, la poca actividad, la falta de iniciativa que se respira en Orihuela. Iván tiene un bar, El Quinto, y su idea es la de hacer de su bar un punto de encuentro selecto en el que tanto autóctonos como personas inmigrantes puedan conocerse en un ambiente relajado y amistoso. Lo que está haciendo Iván con este proyecto, es luchar contra ese veneno semántico que se ha ido depositando sobre el término "inmigrante", hasta hacerlo significativo casi exclusivamente de exclusión, sospecha, miseria o marginalidad. Iván ya ha hecho todo lo posible para publicitarse: anuncios en periódicos locales, apariciones en televisión, rebajas inauditas en sus menús, ofertas de platos búlgaros, ucranianos, rusos... pero nada. Excepto un par de parroquianos autóctonos, vecinos del bar, y menguado personal inmigrante, que toman un par de copas, y sobre todo, una buena ración de televisión a través del monitor que permanece encendido, presidiendo el local, la gente que entra en el bar es escasa y la consumición resulta mínima e insuficiente para el mantenimiento del negocio.
Iván tiene mala suerte. Quizá a su bar le falte, qué se yo, algo más de iluminación, o quizá el que esté ubicado en una calle de Orihuela que en los últimos años se ha poblado, casi mayoritariamente, de personas inmigrantes, le esté perjudicando a la hora de querer atraer a gente nacida en la ciudad.
Iván me habla con toda la franqueza e ingenuidad del mundo: no comprende por qué los autóctonos, los españoles no entran en su bar y sin embargo, lo hagan en uno, situado justo en la esquina de enfrente, que no es ni mejor ni peor que el suyo, pero que lo llevan otros españoles.
Iván insiste en que se ha establecido como una pared, inmaterial pero de una solidez de acero, entre los inmigrantes y los españoles, entre ellos y nosotros, y que, propuestas como las que me comenta, por ejemplo, la que chicos y chicas de países distintos junto con los españoles se conozcan en su bar, debieran servir para derruir esa pared, esa suerte de frontera que lejos de la geográfica, se ha erigido dentro de la misma sociedad. Escuchándolo a la puerta de su bar, además de impotencia, he sentido, de pronto una aguda tristeza, como si estuviera asistiendo al devenir de una nueva era extraña y confusa, como si el futuro, lo que se vislumbra en esta primera década del siglo XXI, en vez de significar progreso y cultura, trajera consigo un retroceso, un período de extravío y de pobreza. Pobreza y desolación que junto a la crisis, son los inmigrantes, esos integrantes de una nueva casta, los que la están experimentando por partida doble.