31.5.16

NEXO-BESO





Precisamente es al arte a quien le compete todo evento, la representación de lo humano y lo divino. Sin arte ni hay testimonio ni autoconsciencia ni trascendencia de esa autoconsciencia. Sin arte sólo la nada extendería sus dominios, pero tampoco, porque no habría nada.

De los geométricos y remotos tiempos íberos, de la bisectriz de las épocas prerromanas, emerge esta imagen que suscita nuestra simpatía. La imagen antigua de algo placentero y universal sobre la que han pesado las oscuras e injustas oscuridades de la prohibición, se revela, de pronto, cómplice de nuestros deseos más actuales de reivindicación y libertad. He aquí la sorpresa y la secreta palpitación de la esperanza: el tiempo y la historia, a pesar del ruido de batallas y horrores afines, no hacen sino velar por los motivos universales. El peso ingrávido de un labio sobre otro labio, el nexo fugaz pero de sabor duradero del beso vuelven a transmitirnos su delicado gesto a través de los poros graníticos de este relieve de nuestros antepasados peninsulares.

Todo el tiempo es nada cuando se efectúa nuestro deseo.        


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