31.5.16

NEXO-BESO





Precisamente es al arte a quien le compete todo evento, la representación de lo humano y lo divino. Sin arte ni hay testimonio ni autoconsciencia ni trascendencia de esa autoconsciencia. Sin arte sólo la nada extendería sus dominios, pero tampoco, porque no habría nada.

De los geométricos y remotos tiempos íberos, de la bisectriz de las épocas prerromanas, emerge esta imagen que suscita nuestra simpatía. La imagen antigua de algo placentero y universal sobre la que han pesado las oscuras e injustas oscuridades de la prohibición, se revela, de pronto, cómplice de nuestros deseos más actuales de reivindicación y libertad. He aquí la sorpresa y la secreta palpitación de la esperanza: el tiempo y la historia, a pesar del ruido de batallas y horrores afines, no hacen sino velar por los motivos universales. El peso ingrávido de un labio sobre otro labio, el nexo fugaz pero de sabor duradero del beso vuelven a transmitirnos su delicado gesto a través de los poros graníticos de este relieve de nuestros antepasados peninsulares.

Todo el tiempo es nada cuando se efectúa nuestro deseo.        


26.5.16

MENSAJES SIN DESTINO PROGRAMADO Y SOBREINTERPRETACIONES




 
 
 
¿Por qué razón los maniáticos buscadores de extraterrestres en la antigüedad no interpretan que esta figura de una sacerdotisa oferente íbera es, también,  una entidad de otra galaxia, si tiene todo el aspecto de serlo? Veamos: Visibilísima escafandra, ojos rasgados tal y como los tienen, presuntamente, los extraterrestres de la civilización de Ganímedes, pequeña estatura que denota la superinteligencia de los seres sacrales de otros mundos, extraños artilugios que maneja misteriosamente entre sus manos…
Umberto Eco se quejaba de la manías interpretativas, esa obsesión, que muy lejos de la crítica literaria y del análisis  simbólico de las obras artísticas, sospechaba de la presencia de signos ocultos en monumentos o  pinturas, y tras cuya localización, nos revelarían un sentido esotérico de tales obras en contacto con otras o con otras misiones ajenas a la estética. Convertir las grandes obras artísticas de la humanidad en un mero entramado de acertijos sería reducir y pervertir el alcance de sus significados reales, transformar pinturas, obras musicales y arquitectónicas en juguetes de un juego mecánico y fútil.

Precisamente, cuando abandonamos por unos momentos la intención totalizante de analizar, poner etiquetas, aplicar enjundiosas teorías, es en esos instantes cuando la obra artística es ella misma, una imagen. Ese es el sumo misterio.

A propósito de esta figurilla íbera podríamos imaginar historias, escribir poemas, concebir mitologías. Su misterio originario continuaría intacto ante todo lo que no sería sino mérito de narradores postreros.          

 

19.5.16

TOMAS FALSAS Y MEMORIA.


 
 
 
Leo en una obra de Emilio Lledó, El surco del tiempo, lo que la escritura supuso para la cultura y sociedad universales: la aparición de una memoria artificial, que tras “amenazar” a la tradición oral, pronto se convirtió en el nuevo medio de transmisión de toda suerte de contenido. Al ser capaz de retener y reproducir el fluir del tiempo, la escritura dejó de ser mero registro de cosas, para estimular proyectos, abriendo las vías “a la esperanza y al deseo”. La revolución de la escritura supuso modificar el sentido y la fatalidad del tiempo, vencer “la absoluta caducidad” a que irremediablemente tendía la existencia humana.   Ya no hablaban sólo los mitos, ya no se escuchaba sólo una voz sino que ahora el tiempo de la vida se enriquecía con nuevas presencias que desde sí mismas abrían corrientes de pensamiento.





Estas lecturas han coincidido con el azaroso visionamiento de algunas tomas falsas de grandes clásicos del cine de los setenta. En pocos instantes hice, superficialmente, la analogía con la escritura. No ya el inmenso arte que es el cine, sino también todo ese material tan variopinto como son las fotos de sesión de rodaje, los objetos y decorados, así como las tomas falsas constituyen un depósito informativo que atraviesa décadas y yo diría que, simbólicamente, milenios.

El cine no es mero registro de cuerpos en acción, tampoco documento de  civilizaciones. Su dimensión representacional abre todas la brechas de lo anímico y lo emotivo.

Decimos que la escritura alteró el carácter monolítico del tiempo al hacer surgir de su percepción voces y diálogos.. Si hay algo, en el cine,  entre su material de bastidores, que sacuda sorpresivamente nuestros recuerdos de la película que vimos hace años, son las tomas falsas.

Ver tomas falsas de La guerra de las galaxias o  de Tiburón, como me sucedió el otro día, no es, exclusivamente, un chocante viaje al tiempo, implica una reflexión sobre lo que construimos sobre el mismo, es darnos cuenta, de la liberadora falibilidad final de todo (quedando nosotros como los únicos soberanos de toda ficción, de todo mito, de toda utopía) Jugamos a tomarnos el universo en serio, y, efectivamente, lo hacemos, pero el Juego se ha efectuado a través de nosotros, el relato lo ha sido gracias a nuestra carnal mediación, el misterio se representó por nuestra implicación en ello.

Aquellas películas tan emblemáticas, casi fetiches de una época, que visionamos con total inocencia siendo unos adolescentes de quince años, sobre las que no cabía retocamientos, que eran en nuestra memoria una narración cerrada, de pronto, con las tomas falsas, y sin que el mensaje estético quede perjudicado, se “actualizan” revelando su carácter de artificio.

 Es tremendamente significativo de qué manera las tomas falsas nos sacan del recinto cerrado de la ficción y nos devuelven al presente, al ahora mismo desde el que observamos con fascinación nuestro desprendimiento del otro tiempo, del tiempo determinado del film y de su universo imaginario.

Los griegos temían que la escritura obrara en contra de lo que, finalmente, se demostró que perpetuaba y que enriquecía, temían que el pueblo, confiado en las líneas consignatorias de los escribas olvidara de hecho el tesoro preservado por la oralidad. La tecnología cinematográfica nos da un respiro sobre el asunto, y nos dice que, aun labrando las obras más estremecedoras, estas pueden surcar los laberintos del tiempo sin problema de que se pierdan porque sus hacedores volveríamos a ser nosotros que jugamos a idear universos.            

 

12.5.16

Apostillas cuasi reaccionarias al texto Ego-centrismo, apuntes para una historia de Occidente, de La mujer de pie, de Chantail Maillard.


 
 
 

(Espero que estas modestas apostillas sean el mero y lógico producto de la reacción a la lectura de un texto y no alcancen el temible término de reaccionarias, que, entonces, denotarían cambios drásticos en mi persona. Tengamos en cuenta, además, el aceptable rango de “apuntes” que la escritora da a su texto, lo que mitiga la dimensión de la provocación aunque no su carácter incisivo).


Chantail critica el individualismo cristiano y el egocentrismo cultural de Occidente. Parece inclinarse por las modalidades del budismo como opción a encarar la trascendencia.
Por un lado, sin ese individualismo no existirían ni los santos, ni los líderes religiosos ni las órdenes religiosas. Habría que considerar si este detalle es algo importante o no dentro de su crítica; no, claro está para la historia de la iglesia y de las sociedades cristianas. Las grandes obras místicas y literarias de esos santos supongo que son también un fenómeno que podamos hallar en Oriente: las distintas escuelas de budismo por ejemplo.

Chantail insiste en lo del individualismo, pero no sé hasta qué punto ese individualismo es un problema en la música gregoriana o en la vida de retiro de cartujos y benedictinos o en las instituciones de inspiración cristiana que se dedican a la caridad.

Por lo tanto si del cristianismo podemos derivar un humanismo seglar no veo que tal individualismo elimine la práctica o la enseñanza de valores buenos para todos.   







Por otro lado,  a la elocuencia occidental de ese criticado individualismo, está ligada la la noción  tan occidental de “genio”, en las artes, la música, la literatura o las matemáticas, concepto y figura que no veo claramente rastreable en el mundo Oriental. ¿Existe el Leonardo da Vinci tailandés, el Bach mozambiqueño, el Rimbaud hindú, el Mozart nepalés? No hay diferencias, actualmente, entre una obra orquestal de un norteamericano y un japonés porque ambos manejan un mismo discurso sonoro: el que ha inaugurado y vehiculado occidente.
Pregunto si la mayor capacidad de iniciativa de Occidente frente al resto – la Luna roja se funda como imitación de la Cruz Roja – es un problema o no hace sino indicar la carencia de reacción de ese resto.
Podríamos contemplar la Declaración Universal de los derechos Humanos como una manifestación de la prepotencia occidental, pero seguro que todo el mundo agradece que exista tal Declaración.

 





Si Occidente lidera la cultura mundialmente no es por el asunto mediático, sino porque su afán creativo ha resultado mucho más elucubrador y elocuente y es el que ha permitido mixturas en un lenguaje superior.(Me molesta este adjetivo, pero creo que su pertinencia es justa).  

Lezama Lima: No hay la novela de Afganistán ni la metafísica americana. Europa hizo la cultura.  

 
Me temo que el concepto crítico de “antropocentrismo” y eurocentrismo son  conceptos nacidos, cómo no, en Europa o Norteamérica.

Maillard critica el concepto de centro de los griegos y lo juzga como no tan perentoriamente necesario. El mundo cambia y es posible que cambiemos no sólo de gustos y tempos sino de indumentarias mentales. Bueno, ha sido en América donde no sólo se han producido los mayores mestizajes étnicos, lingüísticos y culturales, sino en donde la europeidad ha sido más criticada. En América, se ubica la nueva centralidad cultural hecha, animada, fundamentalmente, por el mestizaje más triunfador.

 
Maillard critica los excesos de la cultura occidental y las servidumbres que produce la complicada asunción de determinados conceptos. Los abusos del lenguaje, la no necesidad de conceptos como la identidad, vista como un lastre, o la de esencia y sustancia, cuyo origen explica.

En cuanto a lo de la identidad.  Estoy de acuerdo: la identidad como concepto es un fardo, una vaciedad, una etiqueta pesarosa, pero basta echar un vistazo una tarde a un álbum de fotos para que nos sumemos en fascinaciones interrogativas con respecto a quiénes somos y a quienes hemos sido, a la belleza que hemos encarnado. Por otro lado no sé si lo que pretende Maillard es que olvidemos nuestra “gracia” particular y nos zambullamos en ese limbo de la indistinción oriental para solucionar expeditivamente el problema.

En cuanto a toda la rebosante producción de metafísica de siglos pretéritos, bueno, convirtámoslo todo en literatura y disfrutémoslo así. A fin de cuentas le ocurrirá como a la escolástica, su destino será convertirse en  sacra retórica.




 

En Maillard se nota un cansancio de los trabajosos e innúmeros conceptos tradicionales occidentales, como vemos. Un cansancio que es tanto mental como vital. Afirma que lo que estrictamente aporta Occidente al mundo es la tecnología. Meridiano, pero taxativo. Lo que podríamos denominar “el lenguaje de las vanguardias plásticas” que nace en o se articula desde Occidente también se ha vuelto universal: todo artista turco, japonés, senegalés incluso iraní, utilizan ese lenguaje así como  conocen bien la historia del arte europeo, y la de sus propios países aplicándose a sí mismos un concepto netamente occidental: historia.   

  
Maillard culpa a la raza blanca de haber modificado, alterado o roto el ritmo de algunas sociedades o culturas. Obviando que eso no es algo típico de ninguna raza porque es lo que todo grupo poderoso, tanto militar como culturalmente ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad, - imperio romano, imperio persa, imperio español, inglés, etc – también se queja de que se haya violentado el reino de las bestias, es decir, de los animales. Espero no tener que imaginar a una incipiente fanática del partido animalista agitándose en las interioridades de nuestra admirada Chantail.

 
Maillard critica la mercantilización del arte, asunto antipático, pero que, finalmente, los artistas saben capear. A pesar de su realidad, no creo que este asunto determine inspiraciones ni coarte la producción artística. Los artistas salen vencedores, a pesar de todo. Los artistas como los actores son luchadores y su trabajo está en la brecha de lo relevante.


Estamos de acuerdo en que el lenguaje es una facultad que desatada, provoca las servidumbres y los equívocos más desquiciantes para nuestro intelecto, pero también para nuestras vidas. Para Maillard no hace falta que la facultad lingüística esté fuera de control, ya contiene en sí cierto mecanismo pernicioso. Si algún tipo de relación o de sensación no está contemplada por el lenguaje, simplemente tal cosa no existe. Por otro lado, su poder materializador es tan fuerte que basta con nombrar lo que tememos para que se instale en nuestro ánimo: soledad, muerte, etc.. Hay, pues que poetizar el lenguaje, educarlo de nuevo, doblegar esa lógica cuando se vuelve inercial y maniática. Pero el lenguaje se modificará sólo y cuando seamos nosotros quienes hayamos dado el paso y cambiemos un poco de perspectiva, cuando enfoquemos los conceptos desde otro punto más vibratorio y menos fijo, cuando no hagamos tan automáticamente frontal la vivencia de la realidad y de sus realidades.  Entonces, será cuando el lenguaje reflejará paulatinamente nuestros virajes.


 Creo que se trata de una buena idea, de una apreciación interesante y justa considerar el idealismo filosófico del XIX como un epígono del hinduismo; ahora bien, no veo tan claras las conexiones del lieder alemán con las ragas hindús, como tampoco la mórbida explotación de las ruinas románticas con los ribetes dorados de los templos de adoración. Ahora bien, si Chantail advierte esto, algo, por otro lado, que la crítica y la historia no niegan, yo podría reivindicar del mismo modo la presencia e influencia nada trivial de lo gitano en las músicas populares de España, Bulgaria, Rumanía o Hungría, reconociendo que muchos de los episodios de la historia cultural de Europa han sido posibles por la incorporación de elementos foráneos aunque llevando a cabo tal incorporación a través de una metamorfosis y potenciación paradigmáticas.






En definitiva, casi suscribo todo lo apuntado por Chantail Maillard; lo que molesta es que la crítica adquiera una sola dirección mientras el mundo oriental permanece engastado en no sé qué pureza estática.