31.7.12

DIETARIO







Rimbaud representa el signo inquietante del destino del poeta moderno, pero su malditismo, sus correrías y desastres, sacralizados por sus críticos, me hartan, llegan a cansarme. Mallarmé me fascina. Desde la quietud y el retiro realiza una obra breve pero de una sofisticación sorpresiva que inaugura definitivamente la modernidad en poesía. Aunque sean ellos dos, precisamente, según Steiner, los responsables de la crisis de la poesía, del límite inventivo de lo expresable. 


Cuánta delicadeza en las cosas que por ser real, las vuelve deliciosamente etéreas y precisas, cuánta dignidad emanada de las personas cuando dicen en ausencia absoluta de violencia, con soberanía, su palabra y brilla su rostro y su persona, sin imposturas, con fluidez.


Aún somos jóvenes puesto que aún somos raros.
Rafael Cansinos -Asséns


Las pisadas sin historia sobre la arena


El blog como diario íntimo es una impostura. La exhibición internáutica contradice el carácter secreto de la confesión. Pienso en los cuatrotopecientos mil manuscritos de los diarios de Amiel, ése héroe de las blandas anfractuosidades de la subjetividad que confiaba más en la pluma y el papel que en la comunicación humana.   



La significación del verano es meridiana: distensión, relax, tregua a las complejidades psicóticas. El paraíso del no interpretar: sol, playa, manantiales de sensaciones envolviendo el cuerpo. Precisamente el verano es la hora del cuerpo, de su atención y disfrute exclusivo. Pero incluso en esos momentos, el pensamiento no cesa de viajar: se inicia el período de las lecturas no obligatorias, de las lecturas gozosas. 



Piénsame, pensamiento, para que me encarne en vértice de mí mismo, para que llegue a ser la excelencia concreta que soy



Las tapaderas redondas de las alcantarillas son redondas porque no son cuadradas.

25.7.12

UN POEMA EN UN BLOG





Dónde se cumplen estas palabras que digo
sino en el espacio inmaterial del ciberespacio,
imagen etérea de la dilatable memoria;
dónde se sumen las palabras preciosas
sino en el seno multitudinario del hipertexto
confundiéndose con otras
de distinto timbre e intención.


 
Un poema en un blog
es como una lámina de cristal
en el agua.
Parece una suerte de tautología,
como si el verlo flotar
en un continente virtual y sin límites
supusiera una repetición de su sustancia.


 
Y la impronta de su gramática
no evitará que pronto
se convierta en “entrada antigua”
deglutida por el frenesí incansable
de las actualizaciones.


 
Un poema en un blog
no es un blog en un poema,
o casi:
la maquinaria de los versos
dan constancia de un ardor, de un pensar,
son la crónica de las aventuras
de un cuerpo
o de las anécdotas que marcan
tal secreta aventura.


 
Si la red pierde en el piélago de sus circuitos
estas confesiones,
qué memoria sino la de un lector,
 - ocasional y proverbial -
rescatará de la verbosidad ciega
la comunicación poética.

22.7.12

DIARIO CASI ÍNTIMO






Leo una nota de Barthes sobre los motivos nucleares de algunas culturas. La culpa, por ejemplo pareciera atravesar la cultura cristiana : de ahí las complejidades psicológicas y patológicas con el tema del pecado, las especulaciones teológicas sin fin. Otras culturas pueden serlo de la vergüenza, dice Barthes y yo pienso en la islámica, por sus tabúes sobre lo sexual  y las arcaicas obsesiones sobre las impurezas de la fe y las costumbres gastronómicas. Unos días después, viajando en un tren de cercanías, una joven árabe sentada delante de mí, discute acaloradamente con alguien a través del móvil. No sé por qué pienso que discute con su novio. De pronto, le espeta a su interlocutor en castellano: “Por tu culpa”, como si no tuviera un término en árabe equivalente.



Sueño con el título de un poemario: Variaciones de lo semejante.




A propósito de sueños: tras un breve encuentro en la calle con Blanca Andreu, tengo un sueño que viene a ser el reflejo de lo que no me dio tiempo a decirle acerca de lo que proyecto escribir. Nos encontramos en las habitaciones destartaladas de una casa vieja mientras le cuento lo que quiero, literariamente hacer con el legado de mi tía abuela – montones de revistas, postales, fotos y libros antiguos – . Conforme voy hablando, Blanca abre cajones y armarios, a toda velocidad, tirando por el suelo ropas y bultos. Tras esta un poco enloquecida exploración, acabamos, ella y yo encerrados con otras personas en una de las habitaciones de la casa. Comprobando que no podemos salir, nos acomodamos en el suelo como si las extrañas circunstancias o alguien decidieran que pasáramos por una breve prueba de Gran Hermano. Entra otra persona en la habitación. Blanca se levanta, se dirige a la puerta y protesta dando gritos. Yo admiro su gesto de rebeldía. Dos de las personas anónimas que se encuentran con nosotros, deciden acabar con este encierro suicidándose. Salen fuera y se lanzan al mar. Poco después, hacen entrar los cuerpos recatados del agua. Son como dos enormes capullos de gusanos de seda. Observo en un punto del fondo de los envoltorios manchas de restos orgánicos. Me dirijo a Blanca que está sentada junto a mí en el suelo y digo con tristeza: no es interesante morir.   




El otro día, duchándome, cruda fantasía ocasionada por la exasperación nerviosa y la fragilidad de estar desnudo. Me veo bajo el agua con todos los tendones y las venas al aire. Cada gota de agua es como una hoja de afeitar.




Para ser justos con los grandes autores, hay que esquivar la caricatura. Después de leer, seguidas, un buen número de críticas literarias del joven Borges, éste acaba pareciéndome un lúcido impertinente. La crítica es también un ejercicio de estilo.

18.7.12

VERSIONES CROMÁTICAS DEL HÉROE





 COMANDANTE FERNANDO PIÑEIRO PIÑEIRO
De Sagunto a Estella,
De Barcelona a la Habana,
Acribillando de plomo
A los tenaces carlistas,
Maniatando caribes
Y poblando de piñeiros
Las dulces y lejanas islas.
Para, tras ser varias veces
cautivo de enemigos
en el sur de la Galia
y merecedor de ascensos y medallas alfonsinas,
acabar arrendando tierras de levante
y veranear plácidamente en Torrevieja
con hijos y sobrinas.

15.7.12

UNA POÉTICA NATURAL


 
 
 
Toda percepción es alucinatoria, porque la percepción no tiene objeto, escribe Deleuze. De ahí que para el poeta un mero paseo se convierta en motivo de embriaguez continua, en un modesto éxtasis secreto. La realidad no es el realismo, es una fuente energética de estímulos, un espectáculo de cuerpos, colores, perfumes y vibraciones que la perspectiva del observador relaciona y articula. Y esto es especialmente intenso ahora, en verano, cuando la oposición entre lo interior y lo exterior se ablanda, se hace más tenue y el horizonte del espacio visible y habitable se hace dulcemente expansible. Si el invierno es tiempo de interiores e impone ciertos límites de espacio y luz, el verano es la exterioridad rabiosa y total. Es en verano cuando el asedio de sensaciones e imágenes es continuo, cotidianamente agobiante. Otro apunte del mismo Deleuze, confirma : los barrocos sabían, perfectamente, que no es la alucinación la que finge la presencia, es la presencia la que es alucinatoria. La clarividencia no consistiría, pues, en evocar o adivinar mundos extraterrenos, sino en saber ver el tesoro de lo ostensible, en leer las reverberaciones de las apariencias. La Realidad es Superreal, inabordable, orgásmicamente dinámica y multidireccional. Y es en la imagen donde esta realidad locamente viva y pródiga, halla la conciencia de su relato (Lezama Lima). El poeta se convierte en un descifrador de lo visible, en un cazador de lo fenoménico, aparente paradoja que haría alusión a aquello de que ""vemos lo que ocurre sin saber qué está pasando"". Por ello necesitamos intérpretes: sociólogos, periodistas, analistas, escritores, y finalmente, en el escalafón más singular que trasciende todo escalafón, el poeta que no puede sino decir siempre la verdad a riesgo de dejar de ser lo que es.        

9.7.12

LA GRACIA DE LO PERCEPTIBLE

Una mitificación de lo delirante prestigia lo invisible ante lo visible, como si lo visible fuera menos fascinante y complejo que lo invisible. El sentido más importante es la vista, decía Aristóteles. Y me parece que tenía razón, dándole, además, a tal sentido (o no) las interpretaciones metafóricas que queramos.


 



 













4.7.12

Venetian Boy




Ya sabemos que el tiempo existe y no existe: aunque envejezcamos o las energías no se muestren tan insolentemente como antes, siempre somos los mismos. El presente está embadurnado de pasado y sometido a un devenir incesante de modificaciones y movimiento. También conocemos de sobra los derrames sentimentales y de extrañamiento que una fotografía, aureolada por las décadas, puede producirnos.
Pero a veces, esta maldición del tiempo, puede quedar sorpresivamente conjurada.
Esta foto de Stieglitz , Venetian Boy, tomada en 1887, siempre me ha fascinado desde que la descubrí, pero no por los efluvios melancólico-fantasmales que una imagen antigua pueda desprender o de los que pueda estar impregnada, sino por todo lo contrario: por cómo tales ebriedades están aquí disueltas, dispersas, inexistentes. Veo tan claramente al chico mirarme con el descaro y con el arrojo que le ha prestado la vida callejera, lo veo tan nítidamente ahí que la fecha de la imagen - 1887 - me parece tan remota como ilusoria. Tan sólo los vagos elementos arquitectónicos del fondo y esa cuerda de golfillo con la que se sujeta los pantalones, parecen ser datos específicos de otra época. Pero su mirada no está sometida por el tiempo sino por las circunstancias: Venetian Boy, chico veneciano, que se ganaría la vida mendigando o robando, o quién sabe qué. Esa mirada de desafío, de resistencia, no sabe nada de romanticismos ni de desfallecimientos líricos. Nos mira desde su circunstancia y su juventud, es decir, desde la actualidad. Las lánguidas idealizaciones que asociaríamos al  fin de siécle, se ven rebatidas aquí, sorpresivamente, por una imagen contemporánea del simbolismo y del decadentismo. Una imagen tranquila, escueta, pero rebelde, una imagen que, ajena a fantasías literarias, restituye la marcha del tiempo al paso corriente de todos los días, a la dura cotidianidad sólo remontable por la energía que esa mirada contiene y retiene. Mirada que se dirige directamente a nosotros, desde su ahora a nuestro ahora, del que, probablemente, poco difiera.