22.12.09


UNA NOTA BARTHESIANA

Me acabo de enterar de ha salido a la calle lo que Barthes escribió tras la muerte de su madre. Lo ha publicado Paidós bajo el título de Diario de duelo. La noticia me ha llenado de alegría literaria, el volumen será mi autoregalo de reyes. Inmediatamente me han entrado unas ganas locas, infantiles,de escribir, de analizar y exprimir mis propias desolaciones, y una curiosidad no morbosa por escuchar "la voz" del pensador en semejante trance. Por otro lado he sentido una especie de miedo o de fascinación: lo que nos aguarda en el pasado y emerge de pronto como un fantasma, aunque en este caso se trate de un fantasmidad interesante e ilustrativa. No sabía que Barthes había llevado un diario en ese momento de su vida. Este libro parece responder a esa fantasía que a veces he tenido sobre libros ficticios. El invierno pasado, por ejemplo, soñé que tenía en mi biblioteca un libro de Wittgenstein titulado Lo Algo. Era un volumen viejo, color crema, con las tapas despellejadas, estrecho, alto y de unas cien páginas. Mi desilusión fue tremenda cuando me fui despertando y comprobé que tal libro no existía.
Del libro de Barthes, espero revelaciones fascinantes, jugosas, iluminadoras. Por lo que he podido leer en la red, la escritura en tal situación, en la de duelo, se convierte en una gran operación de sublimación, ya que no sólo afrontas un dolor inaudito, sino que tienes el arrojo, la valentía, de dar testimonio de tus transformaciones íntimas. El pensar tu dolor lo atempera, en cierta medida, no lo borra; lo hace universal al ser expuesto con lucidez, aunque sea, en el fondo, incomunicable. Qué prueba: el estilo de Barthes empleándose en expresar los sentimientos y pensamientos propios ante la ausencia definitiva del ser más amado. Me hace pensar en la tristeza que me espera esta navidades: asistir al festejo de los otros sin poder participar. ¿No se parece esto a la muerte? Sentirse expulsado de la vida, teniendo como las amigas más fieles, por estas fechas, a las cuatro paredes de tu habitación.Dolor sin gloria, el del neurótico. Quizá pudiera invertir eso, experimentar algo de gloria sin dolor, escribiendo sin parar; pero me temo que escribir, liberado de todo dolor, sea ilusorio.

SUEÑO DEL 20 DE DICIEMBRE


Sueño con una especie de cortometraje de animación o película realizada digitalmente. Se ven las sofisticadas habitaciones de una casa moderna: sillas, mesas y lámparas de diseño atigrado. Más que habitaciones, se trata de compartimentos separados por paneles semitransparentes. Es decir, se trata de una especie de loft.
El personaje protagonista se encuentra en algún punto de esa casa. Lo que podríamos considerar como "el enemigo", es un cuchillo que, desde la puerta de entrada, como si fuera queso fundido, va troceando a gran velocidad la casa entera. El cuchillo marcha a ras de suelo, como si siguiera unos raíles, atravesando mesas, biombos, paredes, con la intención de fragmentar la casa y aislar al personaje protagonista en uno de esos fragmentos que se irá separando del resto. El cuchillo continúa su viaje enloquecido hasta que se topa frente a frente con el protagonista, que vengo a ser, más o menos, yo.
Entonces, al verse pillado, el cuchillo se para y descubro que no tiene vida propia: lo articulan unos individuos con gorra, bigote y blusa, el aspecto del proletariado de finales del XIX. Entonces ocurre algo más fantástico todavía: la acción del sueño, vertiginosamente, da marcha atrás, como ocurre con una filmación manipulada, los individuos con gorra y bigote son absorbidos por una bruma y del cuchillo mecánico y de la estrategia que pretendía confinarme en un punto de la casa, no queda la menor huella.
Esta inversión de la acción del enemigo viene acompañada de unos espectaculares y cómicos compases musicales, como si se tratara de dibujos animados.
La motivación del sueño creo hallarla en el encuentro que tuve este sábado pasado, por la noche, con un amigo, quien me dijo que iba al cine a ver Avatar. Yo le comenté, a propósito de los efectos especiales, principal atractivo del film, que la tecnología que ha sido usada en la guerra pasa después al arte.

18.12.09


LECTURAS



En la hibridación de las lecturas se producen las sincronías y convergencias. Leo en Foucault los distintos tipos de evolucionismo que hasta el siglo XX se han utilizado, e incide en la historicidad de la organización cognoscitiva, cuyo proceso a partir del Renacimiento experimenta una desjerarquización y articulación multidireccional, que hasta cierto punto, refleja la dinamicidad propia de la naturaleza. Más tarde, Richet, al defender la realidad de los fenómenos inexplicados, me dice algo parecido, afirmando que, con respecto a la naturaleza, no podemos hablar incontestablemente de determinismo, sino de probabilidad, es decir, sólo clausuramos imágenes de la naturaleza, no podemos estar seguros absolutamente de la eficacia de nuestros cálculos sobre ella. Es cierto que gracias a la ciencia conocemos y controlamos la naturaleza, pero puede suceder que ésta modifique, esquive e incluso invierta nuestros pronósticos. Richet lo explica de un modo particularmente interesante, diciendo que, aunque dos átomos de hidrógeno aparentemente parezcan poseer una semejanza total, jamás serán iguales, porque , entre otras cosas, pueden comportarse de modo diferente. Del mismo modo, es lógico que esperemos desenvolvimientos insólitos en nuestra percepción y estudio de la naturaleza. Foucault habla de la temporalidad de nuestros conceptos, del carácter reciente de nuestra organización científica del conocimiento. Es decir, que nuestro bagaje cultural, siendo inmenso, no agota la realidad que es, según Josef Simon, aquello que se opone a la interpretación definitiva, ultima de los signos; por lo tanto, son esperables otras evoluciones del saber, dimensiones de la realidad no censadas por nuestro conocimiento actual.


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La suma de los textos se nos ofrece como una aventura infinita tanto de desciframiento como de aventura y de placer. Leo sin prejuicio una parte de la abundante literatura que generó el movimiento espiritista a finales del siglo XIX en Europa: Leon Denis, Flammarion, Arthur Conan Doyle, etcétera. Me fascina tanto analizar las causas de porqué surgió ese movimiento, como la articulación de su filosofía, la cantidad deliciosa de anécdotas y de "casos" que se cuentan para ilustrar su ideario. Pero lo más sorprendente es comprobar cómo todo ese relato de sesiones, fenómenos y discusiones, son rastreables en actitudes y tendencias actuales, independientemente de la constatación de lo que se cuenta y supuestamente ha ocurrido. No hablo tanto de que la historia se repita como de paralelismos cuasi autónomos. Creemos que ciertas actitudes o movimientos conceptuales, son fenómenos típicos de la historia que no se repetirán, o que lo harán pero enmascarados, adaptados a las nuevas circunstancias. Bajo mi punto de vista esto no resuelve el asunto, sino que abre meramente una investigación global. La aparición del espiritismo y su consolidación pudo obedecer a causas concretas, cubriendo unas necesidades de orden psíquico desatendidas por la emergente sociedad del progreso, cada vez más alienada. Pero la sociología no puede explicar alguno de los fenómenos insólitos que se produjeron en el ámbito de las sesiones y experimentos espiritistas bajo la mirada de los investigadores más críticos (como se sabe, profesionales de la ciencia, generalmente, de primer orden, y premios nóbel, alguno de ellos).
La sociología no puede sino darnos una respuesta sociológica de los fenómenos. Es decir, que la realidad del fenómeno extraño permanece como la almendra indescifrable a la que le colocamos la cáscara narrativa de la época, interpretándolo como algo exclusivo de tal época, y propio de la mentalidad de entonces.
Lo desconocido va estar, por lo tanto, siempre desconocido, entorpecido por el pensamiento o la retórica del momento. Pero ¿cómo desligar lo que se produce de la forma de percibirlo o interpretarlo? Ahí está el espíritu del tiempo. El misterio es doble.

15.12.09


LOS MUSLOS DE LA DIOSA


Además del siglo XIX, del destino del pueblo gitano y de la música de Hindemith, estoy obsesionado con los muslos de Grace Jones. Echando un vistazo a sus últimas apariciones en público, a los conciertos que ha dado este año, podríamos decir que Grace es sus muslos (o sus piernas, vamos). De su estilizada y admirable anatomía, los muslos son la manifestación más evidente sobre su estado de salud y energía, sobre sus ganas de seguir actuando, sobre su plus de actividad. Me atrevo a colocar aquí una de las mejores imágenes entre las más recientes, original de Anfuny, de esta artista que está por cumplir los 62 años, si no me equivoco. Los 62 años de una diosa. Verla actuar es un baño de optimismo. Es toda cuerpo: plena y única. Ella es sólo ella, pletórica todavía, venciendo al tiempo.

Aquí nos muestra esa esplendidez a través de unos muslos soberbios y firmes, preparados para ser tasados con un par de voluptuosos azotes, muslos poderosos que requieren ser besados con erótica devoción. Parece ser que sus nalgas son menos hermosas que sus muslos, pero la esbeltez de Grace consigue que nalgas y piernas conformen un juego unitario en el que sobresale la actuación de estas últimas, larguísimas e infinitas.

A mí me gusta más como está ahora que el aspecto irritante que ofrecía a finales de los setenta y mediados de los ochenta: una larguirucha mujer-hombre de mirada salvaje. Ahora es una maciza diosa etíope que se pone colorete y que exhibe su cuerpo, palmeándose las caderas al bailar, tan sofisticada y espectacular como entonces, a pesar del transcurrir maldito de los años.

10.12.09



LA MUERTE EN VIDA

André Breton decía conocer la deseperación "a grandes rasgos". Desesperarse: gesto noble del poeta. Yo conozco en finos y pululantes rasgos la neurosis, la acción erosionante y aniquilante de la depresión. La depresión es envejecer un año en una tarde, asistir vivo a tu propia putrefacción. El infierno no es la soledad, que puede ser placentera, voluntariamente buscada, y creativamente fructífera, sino el aislamiento. En la soledad puedo encontrarme bien y trabajar; en el aislamiento, como dice Gadamer, ya no disfruto de la soledad sino que la padezco. Ya no es la casa del verbo o retiro, sino agonía, destierro de la vida.
Escribo esto porque después de unos días de fiesta en los que creo no haber existido mucho, se acercan las temidas Navidades, la cámara de tortura de los solitarios forzosos y los errabundos, y ya se respira ese ambientecillo tan encantador como irritante para quienes tienen que pasar tales fiestas en soledad estricta.
Decía Wittgenstein en uno de los aforismos de su Tractatus que el mundo de los felices y el de los infelices, son dos mundos diferentes. Esto, que podemos verlo como una grosera obviedad, es mucho más denso de lo que parece y quien conozca el pensamiento de Wittgenstein lo comprenderá. Yo lo he experimentado montones de veces cuando la depresión, después de haberme asesinado lentamente y en silencio, se ha ido desvaneciendo gracias a alguna reacción químico-milagrosa del cerebro que ha acudido en mi ayuda para que pudiera sobrevivir. Y hasta tal punto se percibe la diferencia que cuando he buscado el sol, la presencia animada de gente, o me ha motivado alguna actividad, me he visto renacer y aterrizar, literalmente en otro mundo. No se trata de una cuestión de percibir las cosas de modo distinto, sino de que cuando estás mal, esas cosas se tiñen de tu estado de ánimo, estás en otro universo, en un universo degradado. Y ahí tu vulnerabilidad puede ser tan absoluta que uno llegue a desear la desaparición, la muerte. La enfermedad, la depresión es la muerte en vida.
Decía Deleuze que no se escribe con la neurosis, que ésta no es sino un retraso en el proceso de la escritura. Esto parece contradecir ese tópico según el cual es típico de escritores o de artistas poseer un aire de excintricidad o de locura como glamuroso distintivo de su persona. Pero una cosa es ser un excéntrico y otra caer en las lodosas simas de la depresión, circunstancia que, precisamente, borra la gracia de la excintricidad, expresión de una dinamicidad singular. Cuando la locura es productiva, no hay enfermedad sino desatamiento de las fuerzas eróticas, liberación de límites, plenitud. La neurosis, per se, no estimula las energías creativas, todo lo contrario, las ralentiza, las momifica o en su grado más morboso, las impide. La neurosis no actúa sino metafóricamente, como reflejo de una visión crítica d un mundo roto y alienado. Sobra decir que el ejemplo literario más notable de esto es el de Kafka. ¿Era Kafka un neurótico, lo era el mundo en el que él vivió, o ambas cosas, ineludiblemente, a la vez?

2.12.09


BREVIARIO




Los sabrosos discursos de las potencias sensitivas.
San Juan de La Cruz



Ese poderoso acto erótico que es la escritura

Roland Barthes



La conciencia sin comunicación es imposible. En este sentido se puede decir que el diálogo precede al lenguaje y lo genera.

Yuri Lotman



Los parámetros utilizados se escinden y vuelven a converger en el seno de ese discurso que busca una luz construída, más que estados inefables.

Ludovic Serra


En algún momento será posible decir, sin volver a usar un nuevo signo, qué significa un signo. Significados que no sean a su vez signos.

Josef Simon



El símbolo es potencia cósmica concreta.

Gilles Deleuze



La contemplatio es a la vez speculatio

Hans-Geor Gadamer



El modo simbólico está allí donde por fin hayamos perdido las ganas de descifrar a toda costa

Umberto Eco


La duración no es sino un número cuya unidad es el instante

Gaston Bachelard



El infinito sin ley del deseo

Michel Foucault

27.11.09


MEA CULPA


La manía por la corrección política y los pruritos despertados por la ley de memoria histórica están produciendo expresiones tan singularmente pintorescas como hasta incluso francamente patéticas. Esta semana al diputado socialista José Antonio Pérez Tapias se le ha ocurrido proponer la efectuación de algún tipo de compensación a los descendientes de los últimos moriscos expulsados de España hacia el siglo XVII. La propuesta viene adornada con una pretendida justificación contextualizante, en la que se tacha la medida de expulsión de antaño como reaccionaria, intolerante, racista, etcétera. En fin, confusión de confusiones y forma arbitraria de interpretar una época con los baremos de otra.

Esta propuesta llegaría a ser emocionante si no se confundiera con una excentricidad, si no se desprendiera con tan notable evidencia de ese discurso estereotipado en que se ha convertido la coyuntura autopunitiva del postbelicismo y postcolonialismo que vive la sociedad europea, discurso del que el gobierno actual, se muestra, ocasionalmente, como exponente ejemplar. Ejemplar hasta dar grima y provocar las consecuentes reacciones contrarias.

¿Delira este diputado de amor hacia los moriscos o lo que se le ha ocurrido hay que entenderlo como un tic militante que debe satisfacer, aunque la causa de su motivación se encuentre a 400 años de distancia?

La clave cultural de todo esto me la daba el otro día una lectura que hacía de un ensayo de Barthes. El texto trataba sobre el escuchar ("escuchar es el verbo evangélico por excelencia", nos dice el elegante semiólogo). Escuchar es interiorizar conceptos, asumir preceptos o normas éticas, amoldarse íntimamente. Escuchamos las enseñanzas bíblicas, las voces interiores que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Somos, pues, una cultura de la Culpa, frente a otras que lo son de la Vergüenza. Occidente se halla inmerso en un obsesivo complejo de culpa por su pasado colonialista e imperialista. De esta disposición interior a escuchar surgen los famosos remordimientos, que, desvirtuados y manipulados, se convierten en el origen de la justificación teórica de medias legislativas y propuestas de las que surge, tal petardos de una mascletá, el festival absurdo de las "compensaciones".

Habría que recordarle a este diputado y a todo el partido socialista, que si compensamos - con bombones, con cajitas de sándalo, o castos besos por telepatía - a los descendientes de los moriscos, no es porque seamos progresistas, sino, paradójica y fundamentalmente, por ser cristianos.

17.11.09


LA LENGUA DE LA MÍSTICA, PLURILINGÜE Y UNA


A Elena Liliana Popescu se le ha ocurrido una idea mejor que la de publicar un mero poemario: escribir un solo poema y traducirlo a más de cuarenta idiomas. No creo que sean coyunturales ideas de globalidad cultural o experimentaciones lingüísticas lo que la hayan inspirado a llevar a cabo este....libro.

Conocimos a Popescu hace unos años a través del director del Instituto Cervantes de Bucarest, Joaquín Garrigós, recientemente jubilado.Presentamos a la poeta en la sala de conferencias de la CAM, aquí, en Orihuela, acto al que, sorpresivamente, acudió un nutrido y numeroso público. Vegetariana, profesora de matemáticas en la Universidad de Bucarest y con una reconciliadora visión mística de este agitado mundo, su humildad le impide declarar su ascendencia pitagórica, aunque ello sea manifiesto. Se ha repetido que lo único que respalda hoy seriamente a la metafísica es la matemática. Quizá sea esto un punto más a favor de lo que Popescu cree observar y por tanto anhela.

Hay poetas que exploran en las simas y pliegues de su propia lengua, otros que utilizan cualquier medio auxiliar para expresar sus ideas. Creo que en Popescu hay más una aspiración sincera de surcar personalmente otras geografías - es una gran viajera -, conocer gentes y países, que inventar mundos nuevos en el espacio del texto. Popescu prefiere hablar de lo que surge de la verdad de su encuentro con los demás y la enseñanza que de ello se deriva, y esto no porque evite enunciar poéticas sino porque lo espiritual es su fuente y su retórica la transparencia misma.

Daca ( "Si se pudiera alguna vez...") tiene un distinguido e innegable efecto lúdico. En sí, el libro es más un objeto estético que un libro de poesía. En vez de leer, nos contentamos con mirar. Un solo y breve texto se tornasola bellamente en efectos sonoros - la textura de cada idioma - y gráficos - la variedad de alfabetos en que está escrito. Podemos disfrutar de su mera apariencia, o imaginar cómo puede sonar un anhelo de paz en todas esas lenguas.

El poema acaba interrogando sobre la posibilidad de hallar un nuevo comienzo fraterno en las cosas, tras la liberación de las limitaciones conceptuales y servidumbres personales a las que nos sometemos. Ese origen buscado resuena en albanés, en italiano, en hindi, en griego, en danés, en ruso, en serbio, en armenio, en coreano, en persa, en húngaro, en español, en esloveno, en checo, en sueco, en chino, en uzbeko, en indonesio, ¡en catalán!, en japonés, en polaco, en inglés, en hebreo, en portugués, en estonio, en georgiano, en alemán, en náhualt, en árabe, en eslovaco, en latín.....

Lo repito. Algo distinto de un libro o de una obra literaria: un proyecto, un mensaje, una idea, las mil músicas de las lenguas universales vehiculando un mismo deseo.
La página web de la autora es: www.elena-liliana-popescu.ro

16.11.09


COMO SUEÑOS APÓCRIFOS


Subí a las habitaciones centrales del torreón. En el centro del salón, se discutía sobre a quién pasar el cetro de los "hogares disyuntivos" (quriendo decir los hogares desunidos). El resultado del sorteo se ve entorpecido por el ruido de los papeles al extraer los votos secretos.


Un reloj de arena horizontal para medir el no tiempo.


Abrían abismos por el placer de sortearlos. La masa de salvajes salteadores era anónima y les acompañaban estelas luminosas.


El castigo era inventarse un auxilio para ningún peligro. Eran las doce de la madrugada....


La unidad harmónica nos persigue salvíficamente. Los muslos juntos hacen un corazón esbelto y voluptuoso.


En las gradas de cuarzo de un pisapapeles colosal el ejército vencido declamaba la victoria de su derrota.


En el interior de la pirámide me daban un pergamino con la clave. Con la clave ¿de qué? Eso es lo que debía solucionar. Estupefacto, prefiero mirar las nubes que se reflejan en la mesa de cristal. Quizá, si me abandono, la inercia del tiempo haga que los mismos dioses me olviden.


Adiós a los cataclismos de opereta y a los esconchados lentos de las paredes.


El tirabuzón de los acontecimientos y el plegamiento de las causalidades.


En el santuario de sus días, deshojó la rosa macilenta de las senectudes. Vestía la clámide opaca de la soledad.

Se propone un análisis semiótico de las pistas de Nazca. Los científicos que participan deciden que las figuras marcadas en el desierto son los macrográficos antropomorfizados de fórmulas algebraicas en las que está cifrada la creación del universo. Son un tipo de escritura perfecta, es decir, anónima. Eso les presta la suficiente veracidad y arcaísmo.


Sendas partes partidas.

Nadie se jactaba de que aquello pareciera una conjunción causal, pero la súbita organización de los acontecimientos construyó un palacio en el aire que el acontecimiento siguiente disolvió.


El discurrir remoto de todo lo que sucece en el presente. así se transcribe el sueño de la realiad.

10.11.09


MARAVILLOSAS AVENTURAS

Jornada extraña y algo convulsa. Es sábado. Me dirijo a Alicante en el regional que va a Valencia. Estoy solo en el vagón. Apenas llegamos a Callosa, sube un tipo extraño que se sienta en la hilera de asientos, simétrica a la mía. Intercambio una mirada con el buen hombre y abre aterrorizado los ojos, o intenta aterrorizarme a mí. Lleva gafas, es pelirrojo, va encorvado, con una verruga bastante perceptible en el cuello y se coloca en la punta del asiento, como si estuviera inquieto. Un verdadero friki. Cuando llega el revisor, se enzarza en una complicada y banal discusión sobre los viajes de vuelta a Callosa, que llega a incomodar al empleado. Su presencia tan cercana, habiendo tanto sitio libre, y la ventana rayada que me impide ver el paisaje, hacen que me incorpore y me cambie de lugar, un par de asientos más adelante. Entrando a Elche, me doy cuenta de que no llevo encima la cartera. Me la saqué del bolsillo y me la puse encima de la pierna, bajo la camisa, porque me molestaba su peso. Miro por todos lados, bajo los asientos, entre los asientos, regreso al lugar que ocupaba cuando subió el callosino extraño. Justo en ese momento, el individuo miope se baja en Elche. Registro el vagón entero, arrepintiéndome de no haberle preguntado in extremis al tipo si había visto una cartera. No hay otra. En el momento de cambiarme de sitio , la cartera se cayó y el friki, sin pensárselo dos veces, la cogió maquinalmente. Admitir eso o que la cartera se ha desintegrado materialmente.

Llego a Alicante sin un céntimo en los bolsillos. Sólo llevo pañuelos de papel. Sensación de desamparo, rabia y desconcierto. Pienso colarme en el próximo regional de vuelta para pillar al tipo, ya que escuché que le decía al revisor que regresaría en un regional, no en un cercanías. Es frágil. Si me lo encontrara lo obligaría a confesar, lo asustaría con un par de palabras graves, le retorcería el pescuezo, le rompería las gafas. Pero ¿y si me pillan a mí en el tren sin billete, y si el tipejo con los sesenta euros que llevaba la cartera cambia de destino y de planes? Voy a la policía y llamo para que vengan a por mí. Mientras tanto, me pongo a vagabundear por Alicante. Curiosamente, el no llevar dinero me libera de la obsesión de comprar algo: un libro, un disco, cualquier chuchería. Me siento insólitamente relajado. Casi floto por las calles. Por otro lado, me siento secretamente hermanado con la gente pobre que va pidiendo. Un individuo, más que borracho, fuera de sí, grita a un grupo de personas que parecen salir de un bautizo o de una boda: ¡Yo soy un camionero de 55 años y duermo en un banco! ¡Los socialistas no dais trabajo! Una gitana sentada en el suelo, lo mira estupefacta. Yo me siento estimulado: siempre hay gente que está peor que uno.
Sigo andurreando. Me meto en el Corte Inglés. Le echo un vistazo a los discos. Veo uno nuevo de Hindemith que me interesaría. El disco lo tengo delante de mis narices pero está a años luz. Sin un céntimo encima, no hay nada que hacer. Es un objeto inalcanzable, remoto. Salgo y entro en el Fnac. Voy a mis rincones favoritos con una leve sensación de bienestar - allí me siento bien acogido -, pero también con melancolía: estoy harto de venir solo siempre al mismo sitio y además, no puedo adquirir nada. Lo único que me hace olvidar mi situación de pobre momentáneo es un vídeo de Dalí que están poniendo. Se trata de filmaciones inéditas realizadas en Estados Unidos, interviús en televisión, etcétera. Dalí aparece hablando muy seriamente de su nueva etapa místico-atómica. La seriedad del entrevistador norteamericano es tan seria como la seriedad de Dalí. Pienso que esta entrevista sería imposible hoy en día. La actitud del periodista es opaca, anacrónica. Se traga todo lo que Dalí le cuenta sin rechistar. Todo eso de lo místico-atómico hoy lo interpretamos cómica, hiperbólicamente, como una jugada daliniana más. El entrevistador es miope a todo esto, no se da cuenta de la sutil burla que Dalí está efectuando contra él y contra todo el público.

La gente a mi alrededor hojea libros, comenta deliciosas tonterías. El ambiente del Fnac, encantador, para adolescentes de treinta años. Me voy. Me siento como un paria oculto entre esta gente que se permite el lujo de comprar libros y discos. En la calle, flujos maquinales de individuos, van para arriba y para abajo. Pienso: toda esta gente es mi prójimo, por qué no podrían prestarme ayuda en el caso de que no pudiera regresar a Orihuela. Pero ¿cómo pararlos, cómo cortocircuitar la marcha de esta masa robótica? La comprensión y la fraternidad serían posibles si se parase este ritmo alocado, alienante. Pero no, cada uno va a lo suyo. Siento vergüenza e impotencia. Se me ocurre entrar en La Casa del Libro, recientemente inaugurada en Alicante, en pleno centro. Unos chicos están dando un recital poético. Hay algunas personas de pie, escuchando. "No - dice uno de los poetas -, no al no, no al sí, no a lo otro..." Poema previsible recitado con la lánguida insolencia de los primerizos que se creen que van a subvertir algo. Siento esa mezcla de velado erotismo y entusiasmo que he experimentado cuando el que recitaba era yo. Un recital es como una confesión en público, te estás mostrando a los demás y se supone que estás hablando de tus sensaciones y sentimientos más íntimos y delicados. Te salva de la desnudez total el soporte del texto. Lo ideal es que tu confesión sea tan bella que seduzca al público. Los poetas llevan gafas oscuras y beben de una botella a la vista de todos. Exhibicionismo. Dandismo juvenil. Salgo y me encamino hacia la estación. Espero el tren en el que se supone que viene mi padre a recogerme. LLega el tren y no llega mi padre. Angustia. Resulta que se ha ido a Murcia creyendo que estoy allí. De nuevo voy a la policía. Ahora está oscuro y percibo con más intensidad el ambiente sórdido y pobretón de la comisaría. Esta pobretería me sorprende en una ciudad como Alicante. Todo me recuerda a la mili, a mis turnos de cuartelero. El viejo portalón de la entrada, la mala iluminación, el suelo, en parte, adoquinado, la mesa desvencijada en la que el policía se apoya, ansioso por sintonizar en una pequeña radio el partido del Madrid. Los policías, atentos, serios, espigados, con bigote, parecen de otra época, personajes concienzudamente diseñados. Espero, de nuevo, con angustia, a que vengan a por mí. Me voy a la estación. Está solitaria. Sólo hay un grupo de jóvenes que hablan de sus cosas y un par de individuos algo sospechosos, de aspecto extranjero, que no paran de dar vueltas lanzando miradas escurridizas. Pienso que son traficantes de droga u homosexuales. Al cabo de un rato, en el último tren de cercanías, llega mi hermano y regresamos en taxi a Orihuela. El taxista es argentino, nos dice que Maradona es un payaso y nos cuenta las vicisitudes de los ahorros volatilizados de su familia con el tema del Corralito. Le comentamos lo de la cartera y nos cuenta que a principios de los ochenta, le ocurrió algo parecido. Alguien, en unos lavabos le sustrajo la cartera en la que llevaba 100 dólares, de regreso a su casa, tras hacer el servicio militar.

Al llegar a Orihuela, mi hermano y yo nos separamos. De lo único que tengo ganas es de cambiarme y de tumbarme en la mecedora a escuchar música, para recuperar algo el ambiente de sábado destrozado por los incidentes. Al poco rato recibo una llamada de mi hermano, siempre más prudente y previsor que yo, diciéndome que vaya a la comisaría a hacer la denuncia, pues no se sabe lo que pueden hacer por ahí con mi carnet. Voy a la comisaría. Es la una y media de la madrugada. El policía que me atiende me sugiere que regrese por la mañana temprano, pues, están atendiendo a una mujer que está poniendo una denuncia por malos tratos y la cosa puede durar dos o tres horas, por escasez de personal. Regreso a mi casa y al entrar en mi habitación me quedo fascinado al encontrarme el carnet de identidad encima de la cama. No recordaba que lo había sacado de la cartera junto con la calderilla, poco antes de irme a Alicante. Absurdamente, registro la mesa del ordenador a ver si aparece mágicamente la cartera con el dinero. ¿Y si existen conductos espacio-temporales secretos por los que puedan colarse objetos de modo tan inesperado como desconocido? Me desnudo, tras comprobar que la magia no resulta efectiva cuando uno quiere que lo sea: definitivamente la cartera reposa en otro mundo, en otra habitación, o más exactamente, está en ningún sitio. Observo mis libros, mis discos, los contornos lila de mi habitación. La calidez del hogar, recuperada. Pero me encuentro "animosillo". La cantidad de "acontecimientos" ha removido los depósitos energéticos del deseo. Estoy excitado. Sólo pienso en.... después de un buen bocado. Entre fantasías propicias y lecturas, llego a las once y media de la mañana del domingo.

Considerando la nochecita pasada, reflexiono. Compruebo la importancia del pensamiento teórico, la insistencia en conformar y fomentar la cultura. La fraternidad también necesita "construirse". El que asistir a otros en situación de desamparo o de extravío sea tanto un derecho de éstos como una fase admirable de del progreso del bien, se lo debemos a estas iluminaciones del pensamiento. ¿Del pensamiento de quién? No sé, del pensamiento de todos. Aunque nos detestemos, también sabemos que nos necesitamos. Si no hubiera acudido a la policía o a mis familiares, alguien me hubiera echado una mano, o hubiera tenido que perder la vergüenza para mendigar el coste del billete o colarme en el tren.

Hacia la una y media me voy durmiendo, por fin, pero sin dejar de pensar, obsesivamente en aquel tipejo callosino. La tranquilidad con que se bajó en Elche viéndome registrar el vagón, ¿era perfecto disimulo, o es que, en realidad, no vio la cartera y ésta, al caerse al suelo, se filtró en otra dimensión? En fin. Que le aproveche al fantasma callosino o los del otro lado, si es que les hace falta.

6.11.09


STEVE REICH, EL SWING INMARCESIBLE


Este martes pasado actuaba en el Reina Sofía el músico norteamericano Steve Reich y su grupo. Suerte tienen los madrileños de verlo. He saqueado los cortes ingleses murcianos y alicantinos, y los fenacs respectivos (creo que debo ser el comprador exclusivo de sus discos en estas dos ciudades) buscando obsesivamente cedés suyos, que aquí, en Españaña, como decía Satie, llegan con cuentagotas. Reich es el compositor minimalista que más me gusta. Miemtras que Glass te arrebata con la locura de la repetición a escala macrocósmica, o Riley se expande ramificándose harmónicamente sin término, Reich es selecto y preciso, lineal y fundamentalmente rítmico. El universo sonoro que construye es sutil e incisivo, e igual de hipnótico que el de sus colegas.

Música para 18 intérpretes es la pieza ideal para poner en una fiesta o en cocktail, invita a la comunión colectiva, al disfrute erótico del flujo sonoro ininterrumpido. New York counterpoint retrata genialmente la extrañeza ante la gran ciudad convertida en laberinto hostil y fascinador. Las obras para dos y seis pianos, Piano Phase y Six Pianos, son puras gozadas inductoras de un articulado éxtasis. El Sexteto es una obra mistérica, con un final espectacular, ascendente y orgásmico. El Octeto es también una pieza trepidante de notable virtuosismo.

Se ha repetido que la música minimalista es una expresión mística emanada, paradójicamente, del centro de la urbe. ¿Paradójicamente? Glosar esto daría para un largo ensayo - que alguien habrá escrito ya - y que modificaría o añadiría interesantes perspectivas a nuestro concepto de lo que supuestamente tiene que ser música clásica hoy. Aunque les irrite a los europeos, enfrascados en el pulimento académico de la disonancia, y en la experimentación sin fin, la aportación de los minimalistas a la música clásica contemporánea ha sido de primera línea, suponiendo una de las más brillantes recuperaciones de la tonalidad.

A Steve Reich le debo toneladas de placer secreto y un estremicimiento particular. Recuerdo una tarde tristísima en Alicante. Adquirí un disco de Steve Reich, la única novedad en aquella pesarosa jornada. Cuando escuché Tokyo/Vermont Counterpoint, una obra breve para marimba procesada electrónicamente, la música me pareció tan delicada y vigorosa, a un tiempo, tan brillante y encantadora, que, estando como estaba con las defensas bajas, me atravesó y me eché a llorar. Me hizo pensar que la belleza era posible todavía, que ahí fuera estaba el universo, esperando ser descubierto. Escuchando imaginaba cristales de hielo, gotas de agua formando flores heladas. Por ello, me molesta la simplificación con que se prejuzga a la llamada "música minimalista", etiqueta que corre con tanta ligereza entre los comentaristas. A menudo, la expresión artística no responde a la simplificación conceptual que han hecho de ella. Por la soberanía e imprevisibilidad de la propia naturaleza estética, claro.



3.11.09



PILAR RAHOLA, AMANTE DE LOS CORNÚPETAS.


En el debate del programa 59 segundos del día 28 de octubre acerca de la supresión en Cataluña de las corridas de toros, liderada por la tan encantadora como inenarrable Pilar Rahola, el argumento que Sánchez Dragó expuso en contra de semejante proyecto, me pareció más audaz e interesante que la sarta de cansinos estereotipos esgrimidos por la política catalana. Dragó denunciaba la manía legislativa de controlarlo todo, la intromisión compulsiva del estado en los más dispares avatares del ciudadano, cuyo efecto, en vez de civilizar, no hace sino intoxicar el ejercicio de la libertad. Rahola, iluminada por la verdad, fanática expositora - en este punto - del pensamiento políticamente correcto, levantaba el dedo como los ayatolás, al borde del espasmo (como siempre). Ya se sabe, ella es más torera que los toreros.

Es increíble advertir cómo nos pueden cegar nuestras convicciones, sin darnos cuenta de que a pesar de esa certidumbre, tales convicciones pueden no ser sino puntos de vista sobre un asunto que por su complejidad, admita varias interpretaciones.

Si las corridas fueran meramente una tortura a un animal, no hubieran generado los géneros literarios y pictóricos que han inspirado, no tendrían tal grado de representación, no existiría la puesta en escena que todos conocemos ni su tradición hubiera alcanzado tal prestigio. La dimensión simbólica y mítica de las corridas es precisamente lo que no les interesa discutir ni pensar a los antitaurinos. Y ahí radica el problema, puesto que para los protaurinos la consideración de esa dimensión simbólica es indesligable de la ejecución material de la corrida, a no ser que consideremos que las corridas sean un rito milenario degradado, convertido en espectáculo. De todas maneras, para los ecologistas sólo una cosa está clara: las corridas son un anacronismo. Pero también la poesía es un anacronismo para algunos (para bastante algunos); por ello, defender según qué tipo de presuntos anacronismos, es un acto de lucidez y de resistencia a la uniformidad. El sufrimiento no se elimina por decreto. El toro no es torturado, como vulgarmente se dice y se repite, sino sacrificado. Y valorar esto nos introduciría en un contexto denso, en el contexto de lo misterioso y de lo religioso, cuestión, repetimos, bien extraña al discurso ecologista.

En la sociedad de la telebasura, de la manipulación mediática, de la proliferación estupidizante de clichés, de la trivialidad como emblema, ¿cómo afirmar que lo que se celebra bajo la apariencia de una fiesta, es un misterio a plena luz del día? El agresivo cuestinamiento de las corridas de toros hoy no deja de ser síntoma de un abanico mayor de otros cuestionamientos coyunturales. Teniendo en cuenta el complejo de culpabilidad en que se encuentra sumido Occidente por su pasado bélico e imperialista, el virus de exasperante relativismo que recorre el pensamiento filosófico y la sorda volatilización de valores que pende sobre nuestras cabezas, la eliminación de las corridas se añadiría al cuadro revisionista que actualmente nos aturde y sólo podría experimentarse, en el espectro simbólico de la cultura, como una pérdida, -una pérdida más - y muy equívocamente como un progreso.


30.10.09




¡OH, CUERPO!

Estos son los muslos de una mujer de 61 años. ¿Milagro? Sí, milagro natural de la naturaleza cuando esta está bien tratada y se lleva una vida psíquica y física activa y plena, cuando se tienen montones de amigos, cuando se es admirado y querido, cuando es el cuerpo entero el que encarna el misterio de la "significancia", como diría Benveniste, la infinitividad, a través de la opción más saludable y celebratoria de la vida: la expresión artística.

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Vivimos una época de exasperación en las modas que se traduce en un tratamiento convulsivo, tácitamente sádico del cuerpo: las modelos anoréxicas; los tatuajes, piercing y colgantes atravesando partes delicadas del cuerpo ;la sistematización del uso del tanga;la imposición pornográfica, la inaudita crudeza que ha alcanzado esa industria. Todo tiende no ya a comprimir o a exhibir, y muchísimo menos a sugerir, sino a pellizcar, hender, a sajar la carne, a casi herir el cuerpo. Parece que la próxima fase en este más que desnudar, zaherir el cuerpo, fuera la de arrancar la piel, directamente. Mientras, al otro lado, en el universo oriental, gracias a su ¿sabio? estatismo milenario, las curvas naturales se esquivan sumiendo al cuerpo en el blando corsé de tules, mantos y velos. El Islam, por ejemplo, escamotea el cuerpo de esta manera. Pero el problema subsiste. Ni una cosa ni otra: ni la hipersexualización de Occidente, empeñado en mostrarlo todo y especializado en marcar y delimitar, obsesivamente, el cuerpo como un mapa de zonas voluptuosas no para la caricia sino para la vulneración, ni la insostenible y supersticiosa tendencia a negar el cuerpo bajo la indescriptible prescripción de un dios de la vergüenza recostado en un diván de 800 años que sólo sabe legislar aniquilando.






19.10.09

SUEÑOS
La podredumbre ganaba terreno en las pistas de aterrizaje.Pero mis familiares impedirían que me subiera a un vuelo con tan pocas garantías hacia países que tuvieran más de una X cirílica en su alfabeto.

La cabeza de Stravinsky es un gran huevo de mármol negro posado sobre un receptáculo de terciopelo también negro, y colocado en una habitación pequeña, en una especie de cámara. En la forma oval, reflejo de una fotografía del músico con algo de escorzo, creo advertir el carácter hermético de su creatividad musical.

Veo texturas explotadas, como el molde en el aire de una voz o de un rostro.

La parte se desvinculaba del Todo, pero en los gajos que la componían, latían las dinámicas desconcertadas de un Todo virtual. Y de pronto, todo cesaba como por encargo remoto de aquella parte que en realidad lo quería todo.

Veo platillos volantes en la lejanía, por la noche. Voy recogiendo huellas de su paso por la playa. De pronto, los diviso a lo lejos, acercándose. Siento un pánico indescriptible, como el que el hombre primitivo experimentase ante lo arcano.

Tina Turner es una giganta de unos tres o cuatro metros. Se encuentra atravesando un áspero terreno. Yo, que a penas le llego a la rodilla, le ayudo a escalar pendientes, acariciándole disimuladamente, el muslo.

Recuerdo un sueño tremendamente angustioso. Estoy solo en mi casa y llaman al dictáfono. No sé quién es o lo que representa, pero me aterra que alguien le abra la puerta y pueda subir. Voy recreando imaginariamente cómo esa criatura, cosa o persona, va subiendo las escaleras, tomando el ascensor y subiendo a mi casa. Entonces, cuando tuve el sueño, vivía en un sexto piso. Después de unos minutos de angustia, escucho con pánico que tocan la puerta. Es como en las películas, cuando el asesino acosa a su víctima. Pero aquí no hay miedo a una agresión física. Se trata de un terror a algo oculto, indefinido. Yo me escondo en los rincones de la casa, por las habitaciones, tras los muebles. El timbre continúa sonando. Haciendo acopio de valentía, me aproximo a la puerta y me atrevo, con mucho cuidado, a echar un vistazo por la mirilla para ver al monstruo. Sé que está ahí, noto su presencia abstracta, pero no veo a nadie.

Estoy en la biblioteca de Borges. No hay demasiados libros. El mobiliario es de un sofisticado rosa-violáceo. Borges dormita en un sillón. Yo aprovecho para curiosear. Sobre las estanterías, veo pequeñas gemas que recogen la luz en su interior. La luz de las gemas se hincha y se deshincha con suavidad, como si respirara.

Sueño que vuelo por los osarios del siglo XIX. Atravieso ciudades sombrías, campos desolados, ruinas con verjas oxidadas. Las imágenes tienen el aspecto de los disparates de Goya.

Subo al segundo piso que nos quedó en herencia de mi tía abuela. Arriba me encuentro con un lago, en el que sobre una espesa maleza que flota sobre el agua sin dejar vela, diviso objetos antiguos a la deriva. De pronto pasa un sarcófago egipcio de bronce. Yo me desespero porque no sé cómo atrapar esas reliquias que se va llevando la corriente.

Las mujeres-vampiro asolan la ciudad. Atacan de noche, aunque siempre es de noche. Yo y un grupo de amigos decidimos escapar al campo. Cuando estoy preparando el equipaje, de un rincón de la habitación, y como emergiendo de los trastos allí tirados, se levanta una figura oscura. Es una mujer-vampiro que ha entrado en mi habitación. Yo le ataco con una espada y queda convertida en un grafiti sobre el suelo. Huimos. Por las calles las mujeres-vampiro van corriendo, de un sitio a otro.
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Sueño que en la habitación en la que estoy es el presente. Afuera, en el pasillo, oigo la voz de amigos y familiares de la época de los noventa. Yo me pregunto qué pasaría si abriera la puerta y me enfrentara al pasado. Lo hago. Abro la puerta, salgo al pasillo y un conocido, al verme, pega un alarido, aterrado y echa a correr. Para él soy un fantasma. Más tarde estoy con unos amigos discutiendo lo ocurrido. Mientras hablamos me doy cuenta, a través de la ventana, de que en el mirador del piso superior hay un personaje del siglo XIX, un tipo romántico, con levita y el pelo muy repeinado, a lo Cheautebriand. Yo le increpo, molesto: "¿Qué eres tú con respecto a mí? ¡Eh, di! ¿Yo soy el presente, tú el pasado?" El personaje se retira lentamente, mirándome con una sonrisa sarcástica.



13.10.09


ITINERARIOS DE LA MEMORIA
EL PASEANTE DE LAS DOS ORILLAS,
de GUILLAUME APOLLINAIRE

El gusto por un tipo de literatura, se explica por la fascinación o el grado de identificación que experimentemos con la ficción en cuestión, con el ambiente, la fauna de personajes y la gama de acciones que esos personajes protagonicen en tal ambiente. Si elegimos una obra literaria en concreto, será porque nos interese tanto el imaginario a ella vinculado como el tempo en que se encuentren sumidos personajes y escenarios. Pero ese gusto, podría justificarse en ocasiones, y si se me permite la artificial escisión entre literatura y vida, al revés, es decir, que la percepción poetizada de una determinada época hiciera que me interesara por la literatura y por todo lo que tuviera que ver, específicamente, con tal época. Esto es lo que personalmente me ocurre con el siglo XIX francés y, sobre todo, con sus últimas décadas. Claro está que tal período es tan "poético" en sí, tan fecundo literaria y artísticamente, que más que hablar de un momento de la historia habría que referirlo como una geografía decisiva de la modernidad o del símbolo. Apollinaire es, en este sentido, un curioso personaje. Ya lo dijo Octavio Paz y yo siempre lo he percibido, también, de este modo: Apollinaire tiene algo de misterioso. Pertenece tanto a la Belle Époque como a la vanguardia, vive en un siglo que todavía anda sumido en rituales y cadencias del pasado, y al mismo tiempo, vislumbra con una gran lucidez - si no me equivoco el término "surrealime" fue una sugerencia suya - lo que está emergiendo con ímpetu de esa espesura decimonónica final que se diluye melancólica y voluptuosamente. Apollinaire se encuentra, pues, entre dos mundos, entre dos tiempos, es el testigo pecualiarísimo de una transición que en el ámbito del pensamiento y del arte será definitiva.

La editorial cordobesa El Olivo Azul publica este libro de recuerdos, El paseante de las dos orillas, que es el primer libro que salió a la calle después de su muerte. Curiosamente, en Francia, acaba de aparecer una nueva edición de sus Caligramas. Ejercicios de memoria en ambos casos. Si la vida le hubiera dado oportunidad, probablemente, este volumen sería más extenso y no sólo una colección de artículos, o bien, tendríamos un verdadero libro de suculentas memorias escritas con más conciencia y menos apresuramiento, pero aun así, el material, que se nos sirve, basta. Apollinaire evoca personajes, poetas, editores, libreros, anécdotas, calles, el mundo de la bohemia, el gusto por lo popular. Las referencias espaciales me fascinan singularmente: la laberíntica casa de Pierre Mac Orlan, con el paisaje fantástico de la fábrica de gas en frente durante la noche; el sótano en que vivía Vollard, el famoso coleccionista de arte, convertido, también, en ocasional taller de imprenta de almanaques y revistas;los muros de la calle Berton, acribillados de grafitis, alguno de los cuales, transcribe.... El episodio de cómo conoce al caricaturista Ernest La Jeunesse es extraño y algo confuso. Lo que Apollinaire hace en este libro me recuerda las caminatas que un Atget tuvo que hacer con su pesado equipo para fotografiar íntegro todo "el viejo París" a través de miles de negativos. Ambos hacen memoria de una época, de un mundo que la Primera Guerra Mundial trastoca definitivamente: uno a través de la escritura, el otro a través de imágenes fotográficas. La condensación del tiempo ya se ha efectuado, y ello justifica la eclosión del testimonio, del recuento. A Atget sólo,le interesan las calles viejas, las calles históricas y las gentes que viven en ellas. Apollinaire escribe teniendo todavía ante sí a los protagonistas de quienes habla, pero con la conciencia de que algo ha cambiado, de que algunas heroicidades pertenecen ya al pasado, de que el tiempo empieza a acumular nombres y actitudes. Una época demasiado fascinante para recuerdos escuetos. Pero extensión mayor de ese testimonio lo tenemos en el resto de su heterogénea obra, en la libertad de su palabra poética, lúdica, ligera y audaz: la imaginación de quien se lamentaba de la vejez de Europa y hacía poesía visual cuando las señoras aún no se habían liberado del corsé.





30.9.09



POEMA SIN DESTINO


DESDE LO UNO

La inteligencia es esférica
Hermes Trimegisto



Ser sólo tránsito, vislumbramiento,
remitencia de término a término,
cifra de augustos preceptos.



Ser especulación altiva, pulimento,
depredador de la teoría,
centro de todos los homocentros.


Ser movimiento y cauce de los ritmos,
diapasón de irisados estremecimientos,
fulgor intermitente en los dédalos del pensamiento.


Ser uno mismo en cada entendimiento comprendido,
surcar la hora de los lugares esclarecidos,
reflexión del propio acontecimiento.


Ser rumor del enunciado no acabado,
esa vacilación tras la promesa de cada venero,
adivinando rocíos, éxtasis y extrañamientos.


Y a partir de la brecha abierta,
desde el calmo naufragio de lo uno en lo diverso,
invocar todas las potencialidades
para que la multiplicidad converja,
se certifique el bello canto
y el verbo se diga como un encantamiento.


Se me ha ocurrido colocar aquí este poema que sirvió de exordio a un poemario que envié al Premio de Poesía Mística Fernando Rielo. Una de las condiciones, si no recuerdo mal, del premio era que las obras no premiadas no podían enviarse de nuevo para el premio del año siguiente. Al parecer los del Rielo no quieren morralla ni éxtasis repetidos. Cosa complicada frecuentar los linderos etéreos para toparse con frutos virginales cada vez. La producción sustituye a la experiencia. Final de la poesía, inicio de los fuegos de artificio, la poesía forzada por la propia palabra. En fin.. El poema lo coloco tal y como me salió, no está escrito con métrica y nada más extraño que un poema que pretende la percepción de la harmonía perdido en el vacío del papel, huérfano absoluto de cualquier lector. Bueno, quizá ese sea su destino auténticamente místico.

24.9.09


LIBRERÍA DE VIEJO:
VIAJES EN GLOBO, DE CAMILLE FLAMMARION

A pesar de que las nieblas epocales nos lo intenten escamotear, Flammarion se nos presenta como un científico ejemplar al no perder nunca el horizonte humanista de su profesión y el entusiasmo con el que la emprendió en sus más diversas facetas. La no escisión entre metodología - objeto de estudio y finalidad social de lo estudiado, responden a esa visión unitaria del mundo, propia del romanticismo, que exigía tanto la responsabilidad moral del científico en el trabajo que desarrollara como la comunión con la naturaleza y los misterios que de esta se pretendían dilucidar. Esta actitud ante su labor y las circunstancias, fue lo que impulsó a Flammarion a estudiar con la misma decisión las órbitas siderales que los fenómenos extraños. Su libro Las casas encantadas, un extenso dossier de casos de apariciones fantasmales y de lugares hechizados, puede leerse con delectación, ya lo interpretemos como literatura o como documento histórico de investigación. Aunque pueda parecernos chocante, tal implicación en Flammarion, como en tantos otros de los colegas de su tiempo, era absolutamente lógica. Suponía la consecuencia de un desprejuiciamiento a la hora de investigar todo lo que se creía que era competencia de la ciencia, ya que Flammarion, del mismo modo que nuestro Estanislao Sánchez Calvo, juzgaba que los fenómenos que hoy denominamos paranormales, pertenecían al orden de lo natural, como lo son el magnetismo o la electricidad, pero con la particularidad de que la articulación y las causas de tales fenómenos, nos eran desconocidas todavía. Por ello, era la obligación de los científicos descubrir su misterio aparente, su génesis oculta.Flammarion es, pues, un astrónomo poeta, enamorado de su trabajo que emplea como una actividad específica para sondear los misterios sensibles y manifiestos, aunque no del todo conocidos, de la naturaleza.
Olañeta publicaba en 1983 una reproducción facsímil de los Viajes en globo, de Flammarion. El libro recoge los viajes que Flammarion realizó en globo a través de Francia, Bélgica y Alemania, desde 1867 hasta 1880. Tanto el invento del globo como los viajes en el mismo, constituían, entonces, un acontecimiento. Sobrevolar los campos y la ciudades se producía por primera vez. Los dibujos de los mapas dejaban de ser trayectos gráficos para materializarse en desfiladeros y cúspides bajo la barquilla de los aerostatos aventureros. El libro de Flammarion es, sobre todo, un bloc de impresiones. Efectivamente. El interés del texto radica más en este carácter originario de las sensaciones y asociaciones que realiza Flammarion al desplazarse en un medio nuevo, que en la estricta relevancia científica de comprobaciones físicas o teóricas. No podía ser de otra manera. Si importante era comprobar la eficacia de todos los componentes del artilugio esférico que entonces se ponía en marcha, más aún lo era la forma en que el mundo se percibía desde las calturas y lo que ello significaba como dimensión naciente en la aventura del saber que se inauguraba: la conquista de los aires. Las medidas de peso, altura, temperatura son apuntes secundarios que acompañan a lo que verdaderamente maravilla al científico: la visión del espacio. Un visión que al efectuarse desde arriba se convierte en omnivisión, símil de la omnisciencia divina. Y Flammarion, en sus anotaciones es más que sensible a este destello místico que produce la la visión harmónica de la diversidad viviente percibida desde las alturas purificadoras. La perspectiva aérea supone una percepción nueva, dilatada, gratamente fluctuante y unitaria, a la vez, de las cosas. La tierra al divisarse desde arriba, a veces borrosa y otras, precisa como un plano, se convierte en fuente de imágenes y de sonidos que, aunque comunes, se revisten de misterio al desplegarse a través de una dinámica distinta, dispersándose en la inmensidad: el murmullo de ríos que de pronto desaparecen en la umbría, silbidos y gritos, el súbito sonido de bandas militares, humaredas lejanas, los pitidos de trenes invisibles, gentes petrificadas en medio de las calles observando el extraño objeto volante, la visión del Arco del Triunfo sumido en las llamas quedas del sol poniente....
Es curioso constatar el papel que el "escuchar" adquiere para poder guiarse durante la noche. Flammarion realiza un trabajo de clasificación semiótico al ir anotando los tipo de sonidos captados como índices de algo: el croar de las ranas señala zonas pantanosas o grandes estanques; el ladrido de perros localiza poblaciones; el silencio continuado, la presencia de valles o de montañas. Para poder escribir de noche, llega a utilizar una esfera de cristal llena de luciérnagas.
Hay anotaciones sutiles. El silencio absoluto de la noche comienza levemente a diluirse hacia las tres y veinte minutos de la madrugada con las titubeantes notas lejanas del canto de los pájaros. Flammarion a través de una comparación, nos brinda una reflexión poética de la harmonía natural: "Su voz es pura en el orden del sonido, como la aurora en el orden de la luz". Es decir, el canto de los pájaros es la anécdota que anuncia la expansión del universo del sonido, como la aurora es el preludio a la eclosión de la Luz.
La evocación del párrafo final del libro hace converger ciencia y hombre, conocimiento y experiencia. El hombre es un "aerostato viviente" y los periplos en globo metaforizan el transcurrir de la vida misma. En suma: el encanto del libro reside en el carácter pionero de su investigación, y adquirí el volumen pensando literariamente en ello, en el ambiente de "la primera vez". Quizá nuestra capacidad de asombro esté cada vez más erosionada por la cantidad de estímulos que recibimos, quizá ese aura que Walter Benjamin definió se haga en cada ocasión más inaccesible por la lluvia de imágenes mostrencas que nos rodean, pero de pronto, la lectura ingenua de una obra como esta de Flammarion, sin ser, desde luego, ningún gran texto, nos puede comunicar algo de la magia de la primera vez, de la primera vez que se percibía y estudiaba el mundo de una determinada manera y de lo que ello implicaba en el concepto y en el progreso real del conocimiento.

PATERAS DE JUGUETE Y PIC-NIC SURREALISTAS


Dos noticias de esta semana pasada que, por venir de donde vienen, deberían hallar más eco en los medios de comunicación actuales. Primera: una periodista y activista marroquí, en frontal oposición al ayuno prescrito por el Ramadán, sale a calle a almorzar, junto con un número de personas que le acompañan y apoyan en su gesto de rebeldía. Segunda: una lancha hinchable, adquirida por cien euros en un bazar chino, es interceptada, próxima a las costas españolas, ocupada únicamente por niños. El líder del grupo es un muchacho de quince años. Cuando los medios de comunicación no sólo buscan ávidamente el acontecimiento sino que lo producen directamente, no comprendo cómo este tipo de noticias, y lo repito, viniendo de donde vienen, no sean comentada de un modo específico, yendo a engrosar, casi rutinariamente, con otro tipo de sucesos semejantes, en el catálogo de lo insólito al que nos estamos acostumbrando. La primera noticia parece un número montado por un grupo surrealista. La segunda, más surrealista y desconcertante que la primera, nos está mostrando el grado de fractura y dramatismo que está experimentando una sociedad. Ambas noticias nos indican que en el mundo presuntamente cerrado y monolítico del Islam están ocurriendo cosas, hechos que pueden ser la simiente de un cambio futuro en ese paisaje cuyo inmovilismo Occidente desprecia, pero que cuando estalla silenciosamente, tal y como lo ilustra el viaje suicida de los niños en su patera de juguete, debería provocar una respuesta urgente de solidaridad humana.

17.9.09


IDENTIDADES NÓMADAS:
LOS DIARIOS DE ISABELLE EBERHARDT
Borges nos hablaba en uno de sus cuentos de aquella inglesa que, capturada por unos indígenas, se convierte en una integrante más de la comunidad, o bien, de la transformación que experimentaba un bárbaro llegando a ser un tribuno romano. Borges quería decirnos, a través de la ficción, que la pertenencia a una identidad cultural puede ser ilusoria, franqueable, tanto por la voluntad como por el empuje de las propias - y, ocasionalmente, venturosas -, circunstancias. El mensaje no es nada trivial. Adoptar otra cultura es, ni más ni menos, que ingresar en otra sensibilidad, someter el cuerpo a otros ritmos y maquillajes, enfrentarse al conjunto simbólico de un imaginario nuevo, aceptar otras ritualidades. Los europeos, por ejemplo, parece que cuando han elegido viajar a Oriente, lo han hecho para escapar de las rigideces, del control, del "exceso de significado", como diría Barthes, que nos rodea en Occidente.
Isabelle Eberhardt (1877-1904) no se limitó a viajar al desierto buscando los efectos terapéuticos de un relajante distanciamiento del mundo europeo, sino que abdicó de su identidad europea para investirse de una bien distinta, la que el mundo de los beduinos y el Islam le procuraron.
Rebelde impenitente, viajera, escritora de novelas y de cuentos, su documento más íntimo y revelador de esta decisión, de este transvase a otro universo, lo constituyen sus diarios que la editora Backlist , adjunta a Planeta, nos ofrece en su edición española.
Suele decirse que nadie más temible que un converso reciente a una religión, a un credo, a una ideología. Lo extraordinario del caso de Isabelle Eberhardt es que no podemos hablar de conversión iluminada, ni de decisión causada por el revelamiento súbito de una "verdad", sino que se trata de la elección soberana de su voluntad. Isabelle lo confiesa en estos diarios: lo que le ha llevado a huir de Europa no ha sido el ir contra ella o el asumir meramente una postura provocadora contra su entorno, sino su inquietud personal, su incapacidad para radicarse en un lugar, su deseo de libertad, de búsqueda de otros horizontes. Cierto es que el paso de Isabelle "al otro lado" y que implica mirar a los europeos como una extraña, produce manifestaciones contundentes en estos diarios. Abomina de los burgueses, de la agitación idiota de las ciudades, de las mujeres europeas, de la arrogancia colonialista, del aspecto ridículo de los atuendos militares. Y es totalmente sincera en lo que dice. Se nota. No se trata de la condena o de la maldición del converso, sino del rechazo a unas formas y a unas actitudes que pretenden pasar por ser los modelos de una educación y de una civilización superior. Eberhardt se enamora de la monotonía del desierto, del perfume de los jardines sumidos en los oasis, del silencio, de la simplicidad. Pero no se olvida del todo de Europa. Sabe que si desea triunfar literariamente, París es la plataforma mundial del momento. Y, naturalmente, Eberhardt escribe tanto sus diarios como sus novelas en francés.
Hay algo que me ha llamado la atención en sus notas: las repetidas alusiones a la sensación de misterio que el paisaje, las tonalidades del desierto, la caída de la tarde, el aspecto de montañas, horizontes y mares, le producen. Hay en estas constataciones un abandono voluptuoso mezclado con una admiración temerosa, como la confianza trémula en una deidad innombrada. Está claro que Isabelle se instala en el mundo errático del desierto y se convierte al Islam no tanto por una belicosa oposición a su cultura original ni por buscar la comunión extática con la cultura islámica y con los hombres de esa cultura, con quienes tuvo más de un roce - intentaron asesinarla - como por razones prácticas: Isabelle, simplemente, está más cómoda en el nuevo mundo elegido. La generosidad espacial, la sensualidad del ambiente, la languidez de las formas, experimentar el tiempo de un modo más flexuoso, unido a la sencillez de las gentes y su estilo de vida, constituyen un medio en el que Isabelle no sólo ubica su sensibilidad sino donde encuentra el amor y la pasión.
Sin dejar de ser una mujer europea, porque escribe y reflexiona sobre sí misma, porque es ferozmente individualista, elige un ámbito que precisamente por su rudeza se adecua a lo que está buscando. Le bastan un par de caballos y una estera sobre la que recostarse. En el mundo civilizado, como dice "sobro". Las aventuras de la libertad.
Resultan impresionantes y reveladoras las últimas palabras de su diario, escritas poco antes de morir. Son la rúbrica de alguien sin patria, la confesión de una persona eternamente errabunda a la búsqueda de un hogar imposible: "Muchos otros lugares de África me fascinarán todavía... y luego, mi ser solitario y dolorido desaparecerá de la tierra por la que habrá pasado en medio de los hombres y de las cosas siempre como un espectador, como un extranjero".


9.9.09



VIRUTAS ASIDUAS
Lo fractal es la metástasis de la forma: pequeñas unidades dan lugar a otras que se multiplican, eclosionando nuevas figuras que son la inversión de las primeras a la vez que su potenciación multidireccional : contracción, implosión, explosión, en un abanico-cadena indelimitable.
La cuestión es que ahora, todo es fractal: la literatura, la música, las artes plásticas, la arquitectura, el terrorismo de ETA...
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Se va la luz: retorno inmediato a la era de las cavernas.
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Positivismo y "franqueza" del conocimiento: Según Josef Simon, los signos irresolubles son un solo signo. La irresolubilidad es lo que los caracteriza como tales signos y unifica en uno solo : el de la irresolubilidad. Crear grados de irresolubilidad pertenece al área periférica de lo especulativo. Lo que es irresoluble es irresoluble. Esa es la interpretación del signo irresoluble: que es irresoluble. Lo paranormal, el porqué de los accidentes mortales, el principio y el fin del universo, etcétera, aunque su solución futura abra universos alejadísimos unos de otros, están ubicados en el mismo compartimento del casillero.
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Soñé con yardas abstractas (con el concepto puro, no con ningún trayecto).
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En La isla del hada, Poe reivindica las formas de vida que no vemos o solemos depreciar por insignificantes, la vida de la naturaleza en sus dominios más fugitivos. La figura del hada ejemplifica la realidad de las múltiples existencias que escapan a nuestra percepción. A través de cierto animismo, Poe defiende la realidad de esas bellezas no perceptibles, diciendo que para la eternidad nosotros mismos somos tan ínfimos como tales existencias escurridizas. Surge de nuevo la idea, el modelo arquetípico de la esfera como figura que mejor expresa la inclusión o imbricación harmónica de existencias y de seres - lo menor dentro de lo mayor - repitiendo, en pasajes del cuento, casi literalmente, lo que dice al final de su Eureka. Para la esfera divina que nos contiene, para esa suma sublime, somos "una noción" (una noción reducida de ella misma, del universo). En apariencia, de la naturaleza no percibimos sino su materialidad rotunda, su colosal inercia. Pero bajo esa cáscara, mejor dicho,esa misma cáscara material está compuesta de múltiples existencias, de otras realidades vivas. La conexión de la filosofía de este cuento con las ideas de Eureka está clara. Ser soberano, alcanzar la plenitud, significaría remontar los círculos concéntricos, retornar a la unidad esplendente del punto originario de la vida siendo conscientes de todo lo que, en principio, no vemos. A través de ese despliegue de círculos , se despliegan las distintas realidades, diversidad que es una en la combinación ordenada que nos ofrece la esfera. El envejecimiento que experimenta el hada en sus sucesivas entradas y salidas del perímetro de sombra que va rodeando durante su fugaz navegación, expresa la realidad de los ciclos o de los microciclos del mundo atómico y subatómico, es decir, gradaciones de tiempo distintas a las que vive el hombre.
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Sensación equívoca tras leer Electrones de Carlos Marzal. Si el aforismo se cultiva como un género más, entonces estamos consumiendo literatura. Lo prioritario no es tanto decir verdad como el despliegue de un perspicaz juego lingüístico.
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La cita puede ser un arte no tan banal. Pierre Henry compone la Décima Sinfonía de Beethoven uniendo y mezclando grabaciones de fragmentos de las nueve sinfonías anteriores. El resultado es fascinante. Es como si estuviéramos escuchando el ruido demiúrgico, el fragor de todas las piezas musicales de Beethoven en el cerebro del propio Beethoven. La décima sinfonía, la obra que no se compuso, que no existió, se convierte, a través de Henry, en el agitado palimpsesto, en la memoria, en el punto de eterno retorno de las otras nueve.






2.9.09


LA POSTPOETIFORME POSTPOESÍA DE FERNÁNDEZ MALLO


Este invierno pasado, en una de las emisiones del programa de Sánchez Dragó Las noches blancas, en Telemadrid, se dedicaron durante un rato a vapulear Nocilla Dream, de Fernández Mallo, calificando la novela de bluff literario, hasta que alguno de los invitados sugirió que si Mallo era tan poco interesante, cambiaran de tema (he aquí una de esas capacidades envidiables, la de crear polémica). Cuando me enteré de que había quedado finalista en los premios de ensayo Anagrama, fui a adquirir el libro con mucho interés, pero un amigo me advirtió con perspicacia que quizá la obra fuese una broma, recomendándome que dejara el libro en el estante de donde lo había cogido para que "madurara" (que-madura, quemadura). Sin ser tan descortés como los invitados de Dragó ni queriendo dar la razón automáticamente a mi amigo, admito que algo, sin embargo, vislumbraron sobre lo que Mallo comunica (a su pesar o no) después de haber leído Postpoesía.

El tono de las críticas que han aparecido en la red sobre el libro, confirman también ese tono de déja vu que parece ser el signo distintivo de lo que Mallo nos propone.

Definiendo rápidamente lo que es la Postpoesía, podríamos decir que tras todo lo que las vanguardias, postvanguardias y transvanguardias han descubierto y producido, tras todos los surrealismos y neosurrealismos, tras las poesías del silencio y de la experiencia, tras las que han traído consigo las nuevas tecnologías - poesía holográfica, cibernauta, residual - , tras todos los mil y un experimentos, nos queda la postpoesía que aprevechará todo lo que estas poéticas y tendencias han hecho aparecer, con la novedad de integrar en su producción elementos pertenecientes a otras áreas del conocimiento, especialmente contenidos de la ciencia.

La postpoesía, como concepto no significa nada, es algo demasiado global. Se trata mas bien del término indicador de una topología, de una tersitura estética general. La presencia del prefijo ya lo señala todo, es más sustancial que la propia palabra. Lo que es post nos está indicando lo que viene "después de"(después de lo ya acontecido), por lo tanto, implica, en el ámbito que nos atañe, repetición, reciclaje, diseminación, multiplicidad sin origen, anonimato, horizonte abierto a la mixtura y al experimento, transición.Esta es la base elemental de la postpoesía. Ya no nos movemos en un campo de referencias metafísicas o estáticas, por eso Mallo destaca el carácter performativo de la postpoesía, su rechazo a cualquier filiación o escuela estética (el prejuicio de lo gravitacional) y la reivindicación del apropiacionismo. La postpoesía es, pues, sobre todo, una práctica, ya que es en la inmanencia desde donde partimos para crear. Tal inmanencia no implica sino que la poesía sea expresión de la realidad y ejecutada en la piel de la misma realidad, emergida de ella. La postpoesía es, pues, un continuum en el que la vinculación con el entorno, con las otras obras, o con cualquier otro tipo de ciencia o lenguaje, se constituye en alimento informativo periódico del proceso creador. Es el devenir mismo de la realidad y de los conocimientos, no la musa inspiradora o el trabajo enclaustrado del poeta, lo que potencia y sustenta el progreso creativo. El poema se libera de los confines del libro, cambia de medio vital y se convierte en acción plural y anónima. Las servidumbres de una autoría o las obligaciones normativas del poeta tradicional enfrentado a una composición se ven sustituías por la misión poética de establecer relaciones entre los conocimientos que van aflorando desde las distintas áreas del conocimiento. Estas relaciones crearán imágenes inéditas, serán la fuente de la nueva analogía.

Hasta aquí nada nuevo o que no supiéramos o sospecháramos. Mallo, para apuntalar su teoría, utiliza una serie de motivos y conceptos que han acabando por convertirse en lugares comunes de la crítica actual debido a una utilización sistemática que va erosionando su significado: la cansina "muerte del autor", el imprescindible rizoma deleuziano, la viviseccionada deriva, la vinculación de la física newtoniana con la imagen del mundo transmitida por la literatura tradicional, mientras que la revolución artística de las vanguardias se correspondería con la revolución einsteniana, etcétera.

Es con referencia a la poesía y a los poetas "ortodoxos" donde ha saltado la chispa de la polémica. Mallo califica de poetas ortodoxos a todos los que siguen anclados a un concepto numinoso o elitista del verbo. Estos poetas, desconectados, presuntamente, de la vida, desarrollan su obra poética en redes aisladas en las que la "información" no va más allá del contacto solipsista con otras obras o con otras poéticas pertenecientes a la misma red, determinadas, todas ellas, como decimos, por esa percepción tradicionalista y sacral de la palabra a la que se la retira del contacto vital con el azar y su fuerza configurativa.

Entendiendo perfectamente la perspectiva que articula Mallo y la estrategia en la que se involucra, se hace complicado no registrar los equívocos y las contradicciones que surgen en este punto - y en el plano general de su poética post - así como no percibir cierta ligereza programática.No queda claro, a pesar de todo, a qué se refiere Mallo con lo de poesía ortodoxa. Su entusiasmo teórico le lleva a despachar sumariamente toda poesía que no se corresponda con los nuevos cánones de la ultimísima postpoesía, como si la experiencia humana fuera tan simple o se redujera a aquélla. Es cierto que existe una ingente producción poética, con toda seguridad mediocre, sumida en los tersos sepulcros de docenas y docenas de libros que se van amontonando tristemente en las librerías; es cierto que hay mucho poeta -los ejecutivos del verso - que convierten sus poemas en meras actas notariales de estados íntimos sin mayor acontecimiento, pero no se puede dar un alegre carpetazo a la aventura que supone el escribir por no tener como deidades inspiratorias motivos tales como la deriva de los fractales o el último grito en informática. Ojalá fuera todo tan lúdico. Este año pasado leí Carne de píxel de Mallo, y no sé si eso es poesía postpoética. Si lo es, mucho más lo será Prosa de Observatorio, de Cortázar, El mono gramático, de Paz, e infinitamente más, la mallarmeana Jugada de dados. No está mal que Mallo defienda el apropiacionismo, porque la cita que hace de un libro de Vicente Luis Mora, Singularidades, sobre el tipo de poesía que se premia últimamente, es más explícita que todo lo que expone en su ensayo sobre la poesía ortodoxa. Mallo no da ejemplos de autores postpoéticos (curiosamente, tampoco habla de poesía visual o sonora) y eso, unido a la parcialidad con que juzga la experiencia poética, achica el salero final del ensayo.¿Es postpoesía la obra de un Roberto Juarroz, de un Juan Gelman, de un José-Miguel Ullán, de un Eduardo Scala?

Está claro que para Mallo lo prioritario es el desenvolvimiento, el medio, la fisionomía de la superficie, no las gravideces del contenido, y los llamados poetas ortodoxos parecen representar, temiblemente, el contenido puro (son la autoridad a despejar).

Mallo está obsesionado con la forma, por eso confunde el poema con la inercia del texto, demostrando escasa conciencia hermenéutica. En este punto, dudo que haya leído de verdad a Barthes, a quien nombra en más de una ocasión. Más bien creo que se trate de estratégico consejo de segundos.

Cuando dice que la poesía ortodoxa produce la verdad, mientras que a la postpoesía le acontece, queriendo demostrar con ello su mayor autenticidad, pretende entusiasmarnos, pero me extraña que haya menos elaboración en cualquier performance, postpoética o no, que en un texto ordinario. Cambian las motivaciones o la estructura, no la intención representacional o informativa. Además no queda claro lo que quiere Mallo: negar toda demiurgia o desplazarla de origen. El problema, de todas maneras, subsiste: tan irritante puede parecernos, a veces, el ensimismamiento del poeta en lo puramente verbal, la gravedad del libro, como mistificador afirmar que sea el acontecimiento lo que genera el fenómeno postpoético (un acontecimiento que, al menos, se deberá buscar o saber ver).

Habría que recordarle a Mallo que un poema no es ninguna imposición, se trasnsforma, desaparece al ser leído. Mallo parece desconocer lo que pasa cuando, ni más ni menos, un poema se convierte en canción. Reducir la poesía a ser meramente la extensión del mundo tecnológico en que vivimos, y afirmar enfáticamente que la postpoesía es la única respuesta posible a los nuevos patrones culturales, demuestra un dogmatismo cuasi adolescente. Los dibujos y diagramas que ilustran el movimiento fenomenológico de la postpoesía y la poesía ortodoxa, son clases de patafísica. Aquí le doy la razón a mi amigo: el ensayo tiene algo de broma, es literatura, en el mejor de los casos. En cuanto a que la ciencia produzca belleza, es una afirmación que precisa de alguna matización.El gráfico reproducido en la página 24 sobre el impacto de un protón y de un kaón atravesando una cámara de burbujas de oxígeno sometida a campos mágnéticos, nos parece bello sólo porque refleja nuestros propios códigos estéticos, porque se parece a una pintura de Klee o de Miró. Para un hombre de otra época (y de esos hay muchos ahora) serían sólo rayajos. ¿O lo que nos quiere sugerir Mallo es que hay que suponerle una intencionalidad de escritura a los protones?Si es así, que lo diga claro: Estaríamos ante las puertas de una suerte de nuevo animismo, muy interesante, defendido por Deleuze, en su momento.

Dejando de lado las parcialidades teóricas de Mallo por la logística con la que se identifica, el que un físico escriba poesía y teorice sobre ella ¿no es un signo en sí mismo a estudiar, no debería interpretarse como un estímulo para la creación misma? La literatura y el arte están llenos de "perifericos". El miedo al intrusismo, en el generoso campo de la estética contemporánea, es hoy una actitud supersticiosa. Yo creo que no vamos hacia un nuevo paradigma, sino que estamos ya en él, y ello supone aceptar y emprender prácticas poéticas que recojan la imagen del mundo que desde las distintas competencias del saber emerge, indiscutiblemente, sobre un horizonte de vibrante heterogeneidad.