miércoles, 24 de octubre de 2018


 
 
QUE VIVA EL MACHACAMIENTO

Ya hace tiempo que uno no sabe qué demonios está pasando en nuestro  espacio político, en el país. Cualquiera diría que existe una conspiración para que toda estructura estatal sólida se venga abajo: la Constitución, los jueces, la policía, la integridad del territorio nacional etc.. y algunos listillos pretenden hacer creernos que esto es así, puntual y naturalmente, como si a tales entidades les hubiera llegado una presunta fecha de caducidad.  

La propuesta de despenalizar los que hasta el momento son delitos contra el honor de la patria, la bandera, la iglesia…, se viste con la apariencia de crear más libertad, de proteger el derecho a la libre expresión. Pero hace ya tiempo que la invocación a semejantes conceptos no significa lo que antes significaba, pues lo que se supone que benefician tampoco es lo que en otro tiempo podrían beneficiar o beneficiaban.

Yo también estoy de acuerdo en que semejantes delitos dejen de serlo, que por lanzar alguna diatriba contra valores nacionales, no ingrese en prisión de modo automático. Pero vivimos la época del trampantojo, de la ambigüedad, del imperio de lo políticamente correcto y suprimir estos delitos dejando a la intemperie determinados motivos que dan cohesión tradicionalmente al país no implica mejorar la libre expresión que ya gozaba anteriormente de excelente salud. Si al despenalizar estos delitos produjéramos en las nuevas generaciones filósofos como rosquillas…, pero no, lo que hacemos es darle cancha libérrima a personajes como el tal Daltonic.    

Lanzar insultos porque sí a la iglesia, a la bandera, a la nación, no es ejercer ninguna libertad de criterio sobre un asunto sino efectuar una agresión que sorprende por lo sectario, por lo meramente vengativo y  gratuito. Y que, además, no crea ningún ambiente de libertad sino de inquietante e innecesaria ofuscación.
Qué casualidad que lo que se pretenda despenalizar sean los insultos y vejaciones a tales objetivos y no se nombren otros y qué casualidad, cómo no, que esto haya sido una propuesta podemita, seguida por los nacionalistas e, insólitamente, los socialistas, toda la caterva que sueña con desmontar el estado. Por ello me sorprende la falta de matiz y sensibilidad de los socialistas. Lamentables tesituras del momento.

Una cosa es ejercer la crítica y el pensamiento, incluso la astracanada inteligente, y otra es sumarse a este estado de confusión e indiscriminación, a esta desproporción que no hace sino dirigir absurdamente sus proyectiles envenenados a los mismos objetivos: la patria, la figura de Cristo, la bandera…  El ensañamiento temático se explica por la alienación ideológica de la izquierda. Y esta obsesión, todavía,  de la izquierda de hoy con cosas tales como la bandera y la iglesia resulta tan anacrónica como necia, a no ser que vivamos en los años de la posguerra o en la Edad Media, cosa que veo improbable aunque algunos mentalmente sí lo estén.



Me sorprende la falta de tacto de la izquierda. Es cierto que algunos símbolos y representaciones si son injustamente impositivos no emitan sino opresión. Pero esto es típico de otras épocas, no del tiempo presente. Lo que pretenden los de izquierda al proponer esta despenalización  no es crear un óptimo ambiente libertario sino extinguir todo signo de lo que ellos juzgan, por su mera presencia, como autoritario y como tal, enemigo a batir. Por qué demonios tiene que ser la bandera española algo odioso, si según qué coyuntura se produzca puede significar todo lo contrario, a qué peregrino sujeto le ofende la figura de Cristo y se ve irremediablemente forzado a vejarla?

Bueno, supongo que si prospera la cosa, no pasará nada si algún actor, en una representación burlesca se le ocurra limpiarse el trasero con la bandera independentista catalana, o si se convocan a manifestantes en la plaza pública, se giñen a coro en la madre de Sánchez, o en el futuro hijo de Iglesias. No estarán cometiendo ningún delito, no estarán creando mal rollo, ni siquiera ofendiendo: ¡estarán tranquilamente ejerciendo su derecho a la libertad de expresión!  

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