Entre las publicaciones que han escapado al inventario de la biblioteca oculta de mi tía abuela Isabelita, se encuentra el libro "El Camarada", de José Dalmau, con el que, supuestamente, aprendió a leer. De ese libro-cuaderno, de 1913, extraigo las páginas siguientes. A mi se me antojan auténticos poemas visuales, o bien, muestras de poesía fonética, como la que los dadaístas Hugo Ball o Kurt Schwitters practicaron en sus sesiones. Sin pretenderlo, encarnan a la perfección esa dimensión estética de las primeras y más escandalosas tendencias vanguardistas. El alfabeto se ha vuelto loco, explota en tipografías repetitivas, construye frases idiotas. El surrealismo de la energía pura de la lengua en acción.
viernes, 3 de febrero de 2012
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