jueves, 23 de enero de 2014

LA DULCEDUMBRE DE LAS IMÁGENES. OBSERVACIONES.

Parece una imagen antigua, pero hay una "anomalía" que nos impide ubicar  sin problemas la imagen y que nos insinúa la presencia de una superchería: el insólito corte de pelo de la modelo. Efectivamente. Se trata de un daguerrotipo del siglo XXI. 
 


 
Encantadora escena de la filmación de unas ninfas escapadas de un cuadro de Matisse.
Pero la escena es más sincera en el cuadro. ¿Sería imposible que unos ninfos representaran la inocencia o la estadía en el paraíso? 
 


La desconocida del Sena. Según la leyenda, esta es la mascarilla mortuoria de una joven recogida en aguas del Sena, cuyo risueño gesto impresionó tanto a los empleados de La Morgue, que decidieron inmortalizarla de este modo. Qué misteriosos mecanismos tiene el espíritu del tiempo, para producir, a través del azar, hechos o anécdotas, que encarnan el sentir profundo de la época. En 1880 aparece el cuerpo de la joven, convirtiéndose en  espectral musa de las etereidades simbolistas y oniristas.  
 




Con este famoso daguerrotipo - el daguerrotipo por antonomasia, el primer bodegón fotográfico de la historia -  siempre he tenido la fantasía, no sé por qué, de que el espacio despejado de la izquierda, por donde entra la luz, es la ventana recóndita de un alto edificio que da a una inmensa plaza por la que discurre un animado gentío: señores con levita y señoras protegiéndose del sol con paraguas.  Quizá se trate de una donación onírica que yo, posteriormente, he adaptado de modo inconsciente. Pienso en uno de los cuentos de Poe, en el  que la periodista imaginaria que escribe para el diario Blackwood, encasqueta su cabeza por uno de los números del reloj de una torre, dede donde divisa la gente que pasa por la calle,   
 

jueves, 16 de enero de 2014


 
 
 
 
LAS HAZAÑAS DE HÉRCULES
 
He rasgado las puertas de ónice,
He pulido los soles mercuriales,
He deshecho coronas de maleficios,
He plisado yardas de diamante,
He liberado la persignación acústica de las albas,
He demorado el caudal de las horas,
He soñado tu conversión en cáliz y relámpago,
He borrado la constelación de Andrómeda,
He batido rosicleres y odiseas,
He asistido al parto de lo que fluye,
He maniatado saberes y tempestades,
He descrito la bisectriz de tu sonrisa,
He dormido en el látigo de los siglos, 
 
He fluctuado como estrella deshabitada,
 
He sumado ánforas de oro al sueño de tus cabellos,
He desechado las teorías de la muerte,
He contado las anfractuosidades del velo,
He inventado el día bajo los álamos,
He acostado la llama,
doblado el disco,
trizado el obelisco,
He inventado una circulación única del tiempo,  
 
He partido los doseles,
He drenado las balsas,
He compendiado las eras en el verso que concurre,  
He irrumpido en las alegorías como una astilla sigilosa,
He simulado apocalipsis,
Disfrazado a la lluvia de rectángulo,
He canjeado pétalos por gemas trémulas,   
He bifurcado las ansias en marginales tersuras,
He remontado mi nombre,
he dudado de mi resurrección,
He señalado las huellas de la lágrima caída, 
He ignorado la sentencia del desierto,
He rodeado las montañas,
He blandido harmonías y máscaras,
He señalado cauces de agua magnética,
He sitiado al verbo,
He roto planicies y albas,
He soñado este día,
He escrito mi mito,
He franqueado las fuentes y tu cuerpo,
He limpiado los mirtos,
descifrado tantas muertes, 
cegado los laberintos.
 

jueves, 2 de enero de 2014

NO JUZGUÉIS


 
 
 
 

No juzguéis, aconsejaba Gide tras su experiencia como jurado en varios procesos, recomendación sincera de quien, subrayando la necesidad de los jueces y las leyes, dudaba de un repartimiento total y equitativo de la justicia,  advertencia que no es sino el reflejo civil de la famosa sentencia bíblica prometiendo  idéntica contundencia contra quien se atreviera a juzgar.


Como en años pasados, de nuevo, me veo envuelto en los deslizantes entramados que preseleccionan obras poéticas para un concurso literario de fama suficientemente conocida. Y como en tales ocasiones, se repite la situación de vérselas con un promedio de obras a concurso de diversidad de estilos y procedencias geográficas, y por lo tanto, también de intensidades líricas y expectativas distintas. Formar parte de jurado de preselección viene a ser algo así como hacer un trabajo de deshollinador, limpiamos la morralla, somos los “negros” del “jurado auténtico”. Ya se sabe a qué me refiero. Agradezco de verdad a la persona que me ha elegido el que confiara en mí para hacer esta selección de los poemarios que aspirarán al premio definitivo, pero, como poeta que me siento, me siguen preocupando un par de cosas que, pese a mi remota intervención, se reproducen cada convocatoria:

Por un lado, cierta preferencia europeísta en los temas de los poemas, ( cosa, por otra parte, normal, pues se busca y se valora más fácilmente lo más próximo, lo que resulta, de este modo, más inteligible: véase lo que en Psicología del Espacio, Abraham Moles dice acerca de las leyes de diferenciación de los espacios: “un lugar está tanto más diferenciado cuanto más frecuentemente los individuos se refieran a él en sus discursos y comunicaciones")

Y, por otro, la dificultad en atender convenientemente poemarios procedentes de latitudes, que hablando nuestro propio idioma, se encuentran sumidas en conflictos, experimentando condiciones sociales y económicas muy desiguales. Si la poesía es universal y atraviesa fronteras, alguna vez el premio en el que participo, podría ofrecer más interés en obras originarias de allá, teniendo en cuenta las expectativas que los de allá tienen en la figura que da nombre al concurso.

Lo que sí me llena de alegría es que la poesía continúa, que la aventura poética es interminable, que a través de ella se nos ofrecen tesoros secretos, gratuitamente, y que la gente sigue escribiendo y encomendándose a su más seguro confidente: el poema

Hay algo que me angustia: los bellos poemarios que no ganarán el premio. ¿Adónde irán? Creyendo que son una masa energética que a través del Verbo, atravesarán la tierra, sé que en algún punto de planeta aparecerán, que venciendo el límbico estatus de la virtualidad, se editarán en algún sitio. Pero si no lo hicieran, otros poemas, otros mensajes igualmente fulgurantes, irán a sustituirlos, emergidos del incesante devenir creativo de la gran Mente que somos todos hacia la belleza.  

         
 
 

jueves, 26 de diciembre de 2013

LA VIDA ES SUEÑO


 



Cuando estuve en Madrid, la segunda noche, creo, tuve una pesadilla. Soñé que una tía-abuela, fallecida hace unos 12 años, me llamaba por mi nombre. La voz era como un aullido, procedía de muy lejos, y yo experimenté un auténtico pánico. El miedo específico que se tiene no a una agresión o a una amenaza, sino a lo específicamente espectral. Jamás había tenido un sueño de estas características, es decir, tan explícito.
Dos días después, la primera noche de mi regreso de Madrid a Orihuela, un chillido me hizo saltar de la cama: mi madre sufrió una caída que ha supuesto un antes y un después tanto en su vida como en la mía. Esta mañana, todavía semidormido, la voz fantasmal de mi tía me ha hecho recordar las veces que mi madre, desde su cama, me llama par la que la levante. Cada vez que me llama, siento una punzada  en el corazón que sólo se diluye cuando alcanzo su lecho y entra la luz del día en la habitación y compruebo que no ocurre nada grave. Interpretar, interpretar… ¿Era una suerte de aviso ese sueño, a pesar del terror que me produjo, por qué esta sucesión de voces terribles de seres queridos llamando a través del sueño, del sueño que es también la vida? Para Jung nada de todo esto sería banal. A veces pienso que la interpretación de los sueños se hace confusa y difícil porque éstos se asemejan a emisiones de radio que vinieran de puntos remotos en el espacio y cuya recepción, defectuosa por las grandes distancias  y las interferencias,  no resultara nunca clara para el oyente. De este modo, una música que se escuchara deformada por el ruido que la envolviera, produciendo una sensación inquietante, sonaría muy distinta, inteligible, cercana, "humana", limpia de todo ello. La idea órfica del mundo como una red de mensajes secretos, como "un bosque de símbolos", es algo ya bien conocido, tanto en literatura como en el hermetismo filosófico. Y hay veces en que determinados y casi furtivos hechos, nos hacen pensar que no se trata de algo, exclusivamente, estético.      

lunes, 16 de diciembre de 2013

DIARIO


 



Una escena de una película de serie b de principios de los sesenta titulada El cerebro: Un espectacular coche tipo Dodge, marcha por una carretera bordeada de frondosa vegetación. Me fascina esa imagen. Esta mezcla deliciosa de lujo (el coche) y de arropamiento (la naturaleza). O es quizá mera impostación de mis recuerdos de infancia, o es que esta combinación ya no es frecuente hoy en las películas. Los vehículos marchan por grandes carretas, anchas, seguras, por autopistas o por las hostiles ciudades. La seguridad, el pragmatismo aleja la caricia de la floresta. 

 



Tristísimas tardes de invierno en Orihuela. ¿Dónde está la gente, la vida, "el fulgor de la historia"? Constreñimiento, defunción de todo erotismo, lentitud melancólica de las cosas: el universo de las provincias. 

 


Me compro un volumen que recoge la correspondencia que le dirigió Cosima Wagner a Nietzsche, junto con una selección de sus diarios que hacen alusión a encuentros con el filósofo y otros documentos biográficos. Reparo en el goce que me procuran este tipo de publicaciones biográficas, en el viaje fascinador por épocas y estilos de vida y pensamiento que supone su lectura, en la comodidad que supone tener traducidos, seleccionados y conjuntados estos textos en el volumen que me espera en mi habitación, colocado sobre un montón de otros libros, al lado de la cama. Al pensar, precisamente en este último aspecto, en la comodidad,  en la cuasi lujuria con la que me voy a entregar a saborear el libro, me doy cuenta de una cosa: la condición elemental para que yo disfrute de ese libro no es, obviamente, que alguien haya protagonizado de modo irremplazable un período central de la cultura europea como lo hicieron Nietzsche o Wagner, sino que para que tales hechos se cumplieran fatal y plenamente, para que yo obtenga una imagen nítida de tal aventura en el pensamiento, en la música, en la concepción estética del mundo, ha tenido que producirse entre su acontecimiento y el lugar de mi percepción un espacio de tiempo contundente, franco. Ese tiempo entre la producción de las obras y las peripecias vitales de sus protagonistas y mi circunstancia personal marca una distribución de los seres en el tiempo y en la historia y por lo tanto, de su significación trascendente en la misma. Esto implica que en la consecución de las cosas en el mundo se producen eslabones temporales y circunstancias imposibles de franquear. Para decirlo sencillamente, para que disfrutemos de algo, es necesario que el productor de ese algo y ese algo mismo, hayan cerrado su círculo, que todo ello se haya producido y terminado en el tiempo.
Podré dialogar con las obras de los grandes artistas, pero jamás con ellos en persona. Aunque yo alcance el paraíso no podré tener cara a cara a Nietzsche. Jamás.
Todo esto significa que la muerte es necesaria, que la temporalidad marca el vaivén y determina en absoluto la tesitura de las vivencias de tales tiempos en los artistas que configuran de este modo la historia profunda del arte y del pensamiento.


 
 
 
 


Entrando en el sueño, pero estando todavía lo suficientemente despierto como para hacer un esfuerzo y levantarme y anotar lo que Hipnos me revele, sueño que medito sobre mi cuerpo, diciendo: mi cuerpo soñado puede tener un origen y otro… La expresión se refiere a la simultaneidad material y espiritual de mi cuerpo, que puedo tener o tengo un origen de los dos tipos. Como es corriente, lo percibido en sueños posee una naturaleza alucinante, vibratoria, que es imposible “traducir”. La fascinación de toda construcción intelectual onírica es su comunicarse, es decir, su modo, más que su contenido específico. Al colocar por escrito y en plena vigilia lo que uno sueña, el resultado es decepcionante, es como el pez que vemos evolucionar maravillosamente en las profundidades azuladas y que de repente, colocado en la superfice, en tierra, está muerto, inmóvil, desprovisto de gracia. La fascinación de la comunicación onítrica reside en el elemento en el cual se produce. Es esa forma, ese rumor de sibila, esa vibración, lo que busco al despertar. La frase que he logrado rescatar se convierte en un esquema demasiado simple, en una cosa plana y sin atmósfera, comparada con esa revelación de los dioses que he recibido súbitamente.
 Reparo que en el sueño mismo digo: mi cuerpo soñado. Quizá algo más grande que la consciencia o la inconscencia se exprese también a través del sueño: nuestro verdadero ser que levita momentáneamente sobre nuestras frágiles encarnaciones. 

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....