lunes, 31 de marzo de 2025

¡FUERA LA FILOLOGÍA!



Este sábado pasado, en el debate del programa La Sexta explica, de la cadena, evidentemente, la Sexta, alguien del público, en pleno fragor del combate dialéctico a propósito de las carreras que aseguraran una profesión económicamente ventajosa, ironizaba diciendo: ¡Anda, estudia filología! Fue escucharlo y sentir como un dardo que se me hincara  por sorpresa en plena carne. Se me antojó el grito de un bárbaro, de un supino ignorante.

Hace ya tiempo que se ha impuesto un criterio totalmente economicista a la hora de juzgar la bonanza media de una sociedad o incluso, de un país. Esto resulta de tal manera que una parte importante, casi diría que capital, de la cultura, viene a verse menospreciada o marginada en un balance del estado general de las cosas, al ser absurdamente entendida como económicamente irrelevante. Podríamos decir que la urgencia en las precisiones y ajustes económicos ha desvirtuado de tal manera la comprensión de la realidad, que acaba por determinar la dimensión de ese interpretar.

Todo este asunto es el que denuncia el poeta y semiólogo Jenaro Talens en su artículo El estatuto del lector, en donde señala la imposición perversa de la noción de utilidad en ámbitos universitarios y del conocimiento.

¿Puede juzgarse útil, por ejemplo, el estudio de una lengua muerta como el latín o cualquier otra disciplina que sólo habite en los estantes polvorientos de la historia? Pero, claro, precisamente no es de este modo insólitamente simplificado y caricaturesco como hay que administrar y articular el saber, pues lo que aparentemente parece no útil en un primer momento de observación, se revela como importante y sustancial al enfocar el problema de otro modo. El latín no es una lengua en activo, aparentemente, pero todas las lenguas romances que se hablan en Europa y América poseen un vínculo con ella que la convierte en referencia de una memoria común, lo que se explica a través de una infinidad de términos y conceptos relacionados con la lengua y con lenguajes técnicos. Y este es sólo un ejemplo entre otros más que apunta a aquello que decía Ortega y Gasset, “la barbarie de la especialización”. Explicita Talens a propósito: Como si la idea de especialización implicase por sí misma, un avance ineludible en el conocimiento.

Lo lamentable es que tal percepción de las cosas haya saltado a los circuitos universitarios, atacando a las Humanidades, el sector del saber más vulnerable a la marcha barbárica y reduccionista de ese pensamiento.

Detalla entonces, clarísimamente, Talens, en el mismo texto: La progresiva desarticulación y atomización de las enseñanzas, sobre todo en el campo de las humanidades (las más fácilmente atacables desde la perspectiva “mercantil” de la utilidad productiva) no han hecho sino preparar el terreno para su actual cuestionamiento, con la excusa  de la escasa incidencia social de sus enseñanzas y el número cada vez menor de alumnos interesados en seguirlas.

Es por este panorama, por el avance increíblemente vulgar e ignorante de tales ideas en el ámbito del conocimiento, por lo que las palabras del invitado anónimo se me antojaron un dardo con óxido incluido. ¿Cómo, ante presupuestos tan escuetos por no decir, escuchimizados, vamos a pervertir el camino del saber, a renunciar o fracturar nuestra memoria, confundiendo las incidencias azarosas del progreso con un objetivo exclusivamente económico? Adiós identidades, adiós cultura y lenguaje ante semejante miopía y miseria.  

  

lunes, 24 de marzo de 2025

 

LOS CÍRCULOS VITALES DE VICTORIA CIVERA

Lo que menos podemos exigirle a un artista hoy es que invente climas habitables, que diseñe espacios para soñar lúcidamente, que curse lugares de simbolización específica. Necesitamos distanciarnos lúdicamente de los entornos alienados, respirar un ambiente tan común como distinto del resto, singularizar el aliento. Esta muestra de Victoria Civera sintetiza el tipo de trabajo que la artista realiza y cubre el tipo de necesidades elementales que acabo de exponer. Ya habrá tiempo para desarrollar discursos, extender referencias o llamar la atención de los varios curator que transiten por ahí. Por el momento, dediquémonos a respirar y a propiciar ese sueño reponedor.



















martes, 11 de marzo de 2025

EL SUJETO SEMIÓTICO



 

Así conceptúa Manuel González de Ávila en su brillante y utilísimo libro Semiótica. La experiencia del sentido, editado por Abada, a la persona que a través de la maraña de sucesos contemporáneos y expresiones culturales multivariadas que nos rodean, rastrea su conjunto, implicándose, vital e intelectualmente, en la captación de sentido que cualquier pasaje de realidad pueda albergar o transportar.

Desde luego, a lo que se refiere González de Ávila no es a la mera operación intelectiva que analiza textos artísticos, manifestaciones sociales o emergencias probables de signos. A lo que intenta apuntar es a la decisión personal de trascendiendo marcos ocasionales, hallar un sentido a lo que ocurre en el mundo de los hombres, un sentido que tampoco es mero concepto o constructo abierto, sino ligazón, correspondencia soberana de  hechos y realidades.

Si señalo este libro como “utilísimo” es porque además de exponer una redefinición de los objetivos de la semiótica en el plano de las expresiones culturales cualesquiera, marca tal tendencia con una significación sustantiva, vital y harmonizante. Si hallo un sentido, nada más y nada menos, en los transcursos variopintos de lo real, acabo no solo de hallar la justificación argumental de una narrativa derivada de los hechos sino un destino complejo a lo que ocurre. Sentido como dirección y como significación. Esto implica que la vida se recubre no de un plan sino de una razón que trasciende otras menores. Hallar el sentido de algo es una operación importantísima: es confirmar la repercusión cósmica de ese algo, su rango trascendente.

El sujeto semiótico puede ser de un modo lato el investigador, pero a lo que se refiere de un modo totalmente distinguido nuestro autor es a la voluntad de hallazgo del sentido.

Hoy que en Occidente padecemos de un reboso ideológico y de una moralina intolerable, además de una confusión de mensajes y de la pérdida o erosión de la perspectiva humanista, la semiótica como disciplina y ciencia vislumbra en el sujeto semiótico la labor del individuo que está rebasando los marcos analíticos para propiciar otros más receptivos e intentar la descripción de un argumento general, el guión de la cosmo-esfera.  

 

 

miércoles, 5 de marzo de 2025

EL FUNCIONAMIENTO ACTUAL DE UNIVERSOS ANTIGUOS EN LOS PLIEGUES DEL ESPACIO-TIEMPO



Considero muy valiosos algunos de los programas de Cuarto Milenio cuando dan, casi subrepticiamente, noticias con datos contrastados y confirmados sobre asuntos en los que las implicaciones antropológicas, históricas, arquitectónicas y paranormales ofrecen un coctel insólitamente goloso para la investigación tanto académica como alternativa.

Digo que estas emisiones ofrecen información notablemente interesante de forma casi subrepticia porque a pesar de todo lo hallado positivamente e investigado, la aventura de los que participan en tales investigaciones no deja de practicarse con unas intenciones humildes. Humildad que debiera superarse con la implicación de grupos universitarios que ampliaran la dimensión de lo investigado si la curiosidad científica y la implicación cognoscitiva, borrase toda barrera prejuiciosa.

Este fin de semana pasada, el grupo de Cuarto Milenio, abordaba una zona concreta del campo en la provincia de Badajoz. Se trata de un espacio en el que se han hallado tanto restos de civilizaciones megalíticas como restos de asentamientos romanos. Figurillas practicadas sobre huesos, representando dioses tutelares o divinidades semejantes, fragmentos de diverso tamaño de megalitos y menhires, junto a construcciones soterradas de asentamientos romanos, constituyen el grueso de los hallazgos producidos en la zona. Los datos de actualidad relevante  paranormal suman historias de avistamiento de luces y de perturbadores encuentros con personajes espectrales.

En el curso de los últimos diez años, la presencia de lo que semeja ser un niño esclavo de la época romana ha sido vista y muy de cerca por varias personas. La descripción del encuentro resulta bastante elocuente en lo que respecta al “contacto” azaroso con presencias espectrales.

En otras ocasiones, el testigo afirmaba haber visto una figura de aspecto humano al borde de la carretera durante la noche. Al aproximarse con el vehículo e iluminarlo con más potencia, la figura se volvía translúcida y de pronto, emprendía la huida a cuatro patas…

La relación, si es que la hay, entre los extraños avistamientos y la presencia y hallazgo de restos de sociedades antiguas en el lugar, estimula un tipo de  imaginación que antes que ser meramente ingenua, intuye complejas interacciones entre lo que se ha venerado y construido y el funcionamiento ignoto del tiempo y el espacio.

Se hace evidente a través de una fenomenología que escapa a toda sistematización pero no a la percepción natural, que existen leyes del tiempo y del espacio que todavía ni conocemos y  mucho menos, controlamos. Si tales leyes trascienden la linealidad sincrónica del espacio-tiempo que de modo habitual experimentamos desde la normalidad de nuestro diario vivir, no podemos determinar ni acaso imaginar, qué alcances o desarrollos poseen esos otros modos de funcionar del tiempo y el espacio.

Si a esta observación elemental, añadimos recursos cognoscitivos de la hermenéutica, podríamos aceptar, al menos, desde un punto de vista puramente teórico, el carácter extraordinario de lo que el hombre ha experimentado en el éxtasis fundacional de sus sociedades y culturas así como su posterior desarrollo.

Si las civilizaciones muestran una duración concreta hasta su dispersión física que no simbólica y representativa, podríamos seguir imaginando que allí donde han fructificado, han ocasionado  una trascendencia del tiempo y del espacio, continuando su pervivencia en una suerte de cápsula transepocal y transfísica que no podríamos sino denominar como paranormal.

Curiosamente y como adaptándose a todos los tópicos de la sensibilidad romántica, la gran mayoría de los encuentros extraños en esta zona de la provincia de Badajoz que el programa de Iker Jiménez señalaba, se han efectuado de noche, es decir, ese momento del tiempo en que las fronteras de las cosas confunden sus términos, allí donde al abrigo de las sombras y lejos de la luz que da razón a las cosas, se producen las más insólitas metamorfosis y la naturaleza de la realidad pierde toda conceptuación clara de sí misma.

 

Tarde o temprano, desde algún lugar de las ciencias o de las humanidades, gracias a las investigaciones o pensamientos de un asiático, un africano o un europeo, alguien, en suma, dará con la clave de qué son los fenómenos paranormales y accederemos entonces a un universo que todavía ni soñamos.  


miércoles, 26 de febrero de 2025

SÓLO UN INSTANTE DE FELICIDAD




Este texto debiera ser una página de mi diario íntimo, pero a estas alturas, tal cosa ya resulta casi indistinta. En el seno de mi diario, esta confesión se perdería en el silencio ensordecedor que sume al grueso de mis anotaciones restantes; ante el piélago infinito del universo digital, mis palabras naufragarán también infinitamente, en el anonimato internético. Escriba en mi agenda personal o lo haga en las redes, creo que ambas cosas terminan indiferenciándose, confluyendo en un solo espacio verbal que recoge el destino de las dos opciones de escritura.

Antes de ayer volví a experimentar, tras un período largo de abstinencias emotivas, ese momento que sólo puede ser identificado por y definido como experiencia poética.

Fui a Murcia para echar un vistazo a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que entre fines de febrero y principios de marzo se celebra en esta ciudad.  A pesar de las crisis económicas y las irregularidades lectoras en el público, la feria se mantiene aunque con algún que otro kiosco menos que en convocatorias anteriores.

Adquirí un par de libros de filosofía, ensayo y poesía - obras de Schleiermacher, Kierkegaard, Gil-Albert y Philipe Jacottet - y sin hallar otra cosa de interés, decidí encaminarme hacia la estación. Advertí que disponía de casi dos horas para tomar el penúltimo tren hacia Orihuela y por ello, me senté en el exterior de la heladería y cafetería Sirvent, en plena Gran Vía. Pedí un café con leche y una botellica pequeña de agua. Esta local es mi preferido. Me pilla de camino a la estación, tengo localizado el tiempo que tardo desde este punto y siempre hay sitio de sobra. El clima estupendo que hace casi siempre invita a sentarse fuera y entregarse a la degustación generosa de lo que hayas pedido.

Cuando el chico me trajo el café y empecé a tomarlo cadenciosamente mientras hojeaba las páginas del libro del poeta Jacottet, se produjo la súbita y también eurítmica metamorfosis del entorno, o para ser más preciso, de la percepción de ese  entorno. Desde mi posición estática, de pronto, todo comenzó a adquirir un movimiento que integraba la totalidad de los elementos en un solo ritmo: gente diversa que pasaba, las otras personas sentadas que tranquilamente charlaban y consumían su merienda, los reflejos de los escaparates y los calmos interiores de las tiendas, el ruido del tráfico… Todo esto se iba mezclando con los pasajes del libro que iba leyendo: los términos rosa, hojarasca, nubes, luz, se plegaban en una sola dirección que confluía con el resto de cosas percibidas en la realidad espacial inmediata. Tras este movimiento conjuntamente unánime de lectura y fenómeno exterior, de pronto, vi o sentí que la poesía no era sino una confirmación escrita del carácter poético de la realidad y fue entonces cuando una sensación absolutamente deliciosa de dicha me atravesó mente y alma para poco a poco, ir atomizándose hasta quedarse en una advertencia algo más remota en la superficie de las cosas percibidas.

Supe ser un pícaro cuando esa sensación de felicidad intensa me atravesó de tan encantadora manera, pues en el instante mismo de producirse la experiencia, arriesgué una suerte de análisis de lo que estaba sintiendo, llegando a la conclusión de que el paraíso existe y no en enclaves etéreos de ningún teórico más allá, sino ubicado en la realidad inmediata y ya mismo. La ventura del alma se está realizando ya, ante tus ojos, en el día de hoy, en la jornada presente, en la hora en la que respiras y miras. Y que es la poesía el código tácito que articula todo ello con harmonía y absoluto sentido.

Terminé mi café, cerré el libro y poco después me levanté, dirigiéndome a la estación. Aunque la sensación de paz y bienestar no me abandonaban del todo, me producía cierto contratiempo interno el hecho de poder vislumbrar estos estados de dulcedumbre mística a costa de mi irremediable soledad. Sé que mi estado habitual es excepcional, es decir, no normal: sin trabajo, sin familia propia, sin pareja, sin hijos, con una capacidad muy complicada para poder socializar con éxito y provocar al azar para que esta me surta de amigos a mi edad insólita. Cualquiera en mi situación ya habría hecho cualquier cosa para huir de una soledad convertida en amargo aislamiento. Y lo peor es que he estado siempre así. Algo me arrebató el acceso a la realidad. Son los otros, los demás quienes la ocupan y conquistan.

Yo no vivo la vida, la sueño. En mi caso, declaro que esto es absolutamente así. La enorme demora de la vida en mí, supone una infinita muerte en vida. Por ello una mezcla de estupefacción y de felicidad secreta me sumen en un solo trago ante experiencias como las del otro día en la cafetería. Entiendo tales experiencias como expresiones de una esperanza posible, como respuestas semiconscientes de mi propio imaginario. Pero sabiendo que nada en mi no-vida va a cambiar, ¿sigo creyendo en el mensaje de la poesía o espero a que la decadencia de la carne o de la psique me borre del mundo?

La simplicidad con que se me ocurre comunicar estas cosas aquí, se corresponde con su total verdad. Para salvarme e ir tirando, no puedo sino convertir en literatura el conflicto que me impide vivir como cualquier persona. El tema radica en hasta cuándo voy a resistir esta suspensión de la vida jugando conmigo mismo.     

      

martes, 18 de febrero de 2025

VIAJES Y LITERATURA / VIAJES EN LITERATURA La narrativa latinoamericana del siglo XX en cinco expresiones: José Eustasio Rivera, Ricardo Güiraldes, Juan Carlos Onetti, Jorge Amado, Álvaro Mutis




Siempre se ha dicho que el provincianismo y los prejuicios se curan viajando. En principio nada más lógico, para contrastar las propias limitaciones conceptuales con respecto a cosas más o menos comunes, que practicar el viaje. El contacto con otros territorios, con otras personas, con pueblos y culturas distintos, surte el efecto de una irrigación interior y personal. Es en este sentido que se dice que un viaje puede ser una revelación. Yo opino que todo viaje es en el fondo, un viaje iniciático: nos inicia a otras sensibilidades, a otros ritmos vitales, en definitiva, a otros mundos. Recordemos a propósito de todo esto cómo las grandes figuras de la Generación del 98 - Azorín, Unamuno, Baroja - redescubrieron España recorriendo sus ciudades, pueblos y rincones pintorescos.

La siempre espléndida ocasión para viajar nos la ofrece en este caso, el último libro de Rodica Grigore, profesora de Literatura Comparada en la universidad de Sibiu (Rumanía). Grigore no busca exactamente documentos históricos sino experiencias simbólicas que atraviesen la propia historia: las obras literarias de algunos de los grandes nombres de la literatura hispanoamericana. Y localizadas estas, analizar la significación que la narrativa de viajes comporta en tales obras.  

Sabemos que las literaturas nacionales fundan el mito de los orígenes de los países modernos en cuestión. La característica de la literatura hispanoamericana, consiste en ser la expresión concreta de un proceso mayor: el descubrimiento y conquista de América. Teorías actuales son las que, con notable retraso diríamos, señalan el descubrimiento de la América Hispana como la primera globalización cultural de la época moderna. Una misma lengua, una misma religión y una misma administración prestaban a los territorios descubiertos y colonizados, una base segura para que el deslumbramiento del Descubrimiento disfrutara de una continuidad.

Con el surgimiento de los nuevos países tras la progresiva independencia de cada uno de ellos del reino de España, la literatura, esa aventura de la imaginación, se encargaría de inaugurar los nuevos mundos americanos: fijar imaginarios, modelar temperamentos y personajes, situar referentes nacionales.

El trabajo de Rodica Grigore se centra en las obras de Guiraldes,  Álvaro Mutis, el brasileño Jorge Amado, Onetti y Eustasio Rivera.

Casi podríamos decir que nos movemos en terreno tautológico, pues las obras viajeras de estos autores pertenecen al imaginario que progresivamente se iría desplegando de un continente descubierto gracias a la empresa aventurera de los viajes. El Renacimiento no sólo supuso un renacer espiritual y cultural: lo fue también desde el punto de vista geográfico y de un modo tan significativo que inicia, entre las cosas referidas, la Modernidad. La historia experimenta un viraje total, los horizontes espaciales se multiplican, y el Nuevo Mundo supondrá riquezas y audacias civilizatorias, nuevas aportaciones legales para articular y gobernar los nacientes territorios. La “universalidad” adquirirá carta de naturaleza real, será algo más que una noble aspiración o comprensión teórica.

Rodica Grigore, al prestar su atención docente a estas literaturas, no deja de recordarnos en qué mundo vivimos, lo que supone la diversidad real de la modernidad: la presencia o  identidad de una serie de territorios históricamente nuevos, que implican espacios simbólicos propios, formas específicas de sentir e imaginar. Actualmente, experimentamos el mayor fenómeno comunicativo interplanetario a través de las redes. La literatura sí supone un viaje, el más sustancial, a nuestros orígenes, a nuestro futuro.

Agradecemos de veras a la profesora Rodica Grigore esta incursión en el mundo hispano desde la perspectiva de la literatura de viajes. Recordar los contextos en los que las literaturas florecen y considerar el mensaje de tales literaturas, nos recuerda a su vez lo que no debemos descuidar con respecto a nuestra memoria común de habitantes de un planeta diferente al tiempo que globalizado.   

 

martes, 11 de febrero de 2025

Sir Jhon Herschel divisando lo inenarrable




Siempre me ha fascinado esta foto del científico inglés Jhon Herschel. Recuerdo, hace años, cuando la descubrí, cómo me impactó ese gesto sufriente, dramático, y el punto insólito hacia el que dirigía la mirada, allá, en un cielo entendido más como altura espacial insondable e inexplicable que como algo meramente celestial. También es verdad que sin que nosotros nos hayamos esforzado nada, el azar y los efectos directos de la luz, pueden hacer emerger expresiones que creíamos controladas y que nos sorprenden por la contundencia de su revelación.  ¿Nos miente, entonces la fotografía o hace todo lo contrario? Quizá la literalidad física no se corresponda con la tónica del ánimo.

En la imagen, parece que el rostro del científico, desde una órbita remota, soñado, quizá, por no se sabe qué divinidad, se encuentre mirando, aterrorizado, el misterio  del universo. Como aquel personaje de Borges  mirando furtivamente el centro vertiginoso del Aleph.

Herschel al borde del llanto, del grito ante el abismo que se cierne sobre él, es captado milagrosamente por la cámara un segundo antes de desaparecer en el infinito.

 

¡FUERA LA FILOLOGÍA!

Este sábado pasado, en el debate del programa La Sexta explica , de la cadena, evidentemente, la Sexta , alguien del público, en pleno fra...