La condimentación especulativa no supuso tanto el
incremento banal de proposiciones o de líneas de fuga gratuitamente añadidas a la inflamación retórica del
discurso, como la demarcación precisa y sorpresiva, - he ahí la almendra
contradictoria- , de una satisfacción conceptual oculta en las expectativas
del contertulio, quien, dispuesto a
visionar una posibilidad práctica de esparcimiento en el marco de una
permisividad que incluyera el ascenso arterial
de la competencia hermética, se solazaba simulando no entender el
despliegue variopinto de las palabras y retrocedía hacia parterres imaginados
que no formaban parte sino de esa misma disposición general al abandono
maravillado de la palabra y la sugestión. Algo así como compensarse
secretamente a sí mismo cuando los retozos verbales
pueden sumarse sin reproche a los placeres más inmediatos, como por ejemplo, un
paseo ocasional.
martes, 8 de abril de 2014
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